





Además de terminar con la industria, el trabajo, la soberanía y demás, Milei encarna una amenaza de desmembramiento territorial. Esta semana fue la reforma laboral, la baja de la punibilidad y la entrega de los glaciares. Los facilitadores de estas calamidades son algunos gobernadores. Sea para fortalecer su poder político o para engordar el bolsillo, se desentienden de los intereses nacionales. El imán de estas claudicaciones se puede llamar minería, petróleo, gas o litio. Con la ley de glaciares se han juntado el hambre con las ganas de comer: el compromiso de Milei con los yanquis por los minerales críticos y los gobernadores en plan lobistas de las multinacionales. El huevo de la serpiente fue el traspaso de los recursos naturales a las provincias con la reforma del 94. Cuando abandonan los principios, estos adalides del “federalismo” pasan a ser el eslabón más débil de la soberanía. Si algún día no alcanzara con eso, los alentarán a promover la secesión territorial.


¿De qué se ríen los mandaderos del poder económico verdugo del pueblo argentino? Lograron convertir en ley un presupuesto que profundiza el vaciamiento de la educación superior, la ciencia y la tecnología. Otro tremendo ajuste sobre la sociedad argentina. Había que cumplir con las exigencias de Trump y del FMI, y ya está. El país se hunde, pero habrá fondos para pagar la deuda y para que los amigos de Caputo y el J P Morgan sigan con la timba financiera. Cumplió dos años el gobierno que está fundiendo al país y empobreciendo a las mayorías. Cerraron 20 mil empresas, se perdieron cerca de 250 mil empleos. Se hipotecó el futuro con una deuda impagable y se entregó la soberanía como nunca antes. Pero Santilli, Bullrich y Martín Menem dicen que “no conocen la calle déficit”. Lo que no conocen es la vergüenza.
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