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Entrevistas
31/07/2016

Liliana Herrero

“No es momento de estridencias, es momento de pensar”

“No es momento de estridencias, es momento de pensar” | VA CON FIRMA. Un plus sobre la información.
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La cantora entrerriana aseguró que los gobiernos neoliberales destruyen los pilares de la sociedad. Indicó que con Imposible, su último disco, quiso poner sobre la mesa una memoria política, poética y cultural.

Diego Colao

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Liliana Herrero, la cantora de voz áspera y marrón como el río Paraná, tanto en la música como en la vida, establece un territorio. Plantea que quiere “volver muchísimo mejor de lo que fuimos” y considera que la “globalización es el huevo de la serpiente”. Propone como “fundamental” el camino de “resistir e inventar sobre aquello que te ahoga” y asegura que lo imposible “es aquello donde vibra una esperanza”.

- En su último disco hace una versión de “Luna Tucumana” y le cambia una parte de la letra: “a mi patria querida cantaré”; ¿cómo siente que está la patria?

- Me parece que cambio la letra ahí por cómo está la situación justamente. No puedo dejar de tener ese sentimiento de enorme tristeza por esos planes perversos en relación a un país y en relación a la pobreza y a la gente que sufre, y a lo que se viene. Estos planes neoliberales no dan otro resultado más que la destrucción de los pilares fundamentales de una sociedad que son la amistad, el trabajo, el bienestar. Le cambié la segunda parte a la zamba de Atahualpa Yupanqui, cuando él nombra en ese caso a Tucumán nombra una totalidad, y en este caso es la patria. Me parece que él hubiera estado de acuerdo con esa idea de patria. Nos canta una memoria musical, poética y política, y eso es una patria. La voz tiene recuerdos, el canto tiene memoria, piensa; pero el canto cuando piensa no piensa en la globalización, piensa en una memoria geográfica, poética, política, musical, en batallas, en fiestas. Me parece que la globalización es un peligro enorme, el bombardeo de Francia a Siria es una cosa espantosa, me parece que no hay lugar en el mundo.

- Volviendo a la memoria, ¿Cómo funciona la memoria política de un pueblo que parece que no puede aprender de lo que vivió y votó de la forma en que lo hizo en diciembre?

- Ese es un tema, muchas veces me pregunto cómo es que hemos venido a parar acá. Yo no lo sé. Muchos errores, pensamientos que no estuvieron en el momento adecuado, es muy difícil comprender la época que se vive, ser contemporáneo a una época y pensarla al mismo tiempo. Y la política es muy compleja también. Pienso que hay algo mucho más poderoso que cualquier gobierno y es la globalización, yo veo ahí el huevo de la serpiente. Veo la televisión, esa lengua apresada, el tiempo apresado, todo está predeterminado, prefijado. Excepto que pase alguna cosa extraña, como el otro día que fue mi marido Horacio González al programa de Mauro Viale a las 7 de la tarde y habló incluso de Trotsky, de que era un gran crítico literario que se preguntaba si era lícito matar a alguien o no; habló de que hay un océano de militantes y no un océano de bolsos.

 La posibilidad de volver dependerá de la capacidad que tenga este pueblo de reaccionar ante su propio victimario

- Hay ciertas grietas, por suerte, dentro de la globalización y de este sistema.

- Siempre las hay, no comparto la idea de los que hablan tan peyorativamente de las grietas, yo las celebro. La música es una de ellas, la poesía, la política, el arte, la vida cotidiana; no aceptar sin más las cosas, estar alerta también. Estar alerta a lo que necesitan los gobernantes que pensemos, a no caer en esa comodidad. Tanto para el gobierno que se fue, porque en todo caso hay que volver pero muchísimo mejor de lo que fuimos. Yo pienso como Fernando Cabrera en esa canción “El tiempo está después” cuando dice “nada podrá disolver lo que fuimos”. Pero si volvemos tenemos que volver mil veces mejor de lo que fuimos.

- ¿Cómo ve esa posibilidad de volver?

- Siempre está la posibilidad, si la sabemos tomar con lucidez. La política, la cultura y la realidad tienen muchos pliegues, muchos claroscuros, no son una representación directa. Dependerá de la capacidad que tenga este pueblo de reaccionar ante su propio victimario, por ahora eso no está sucediendo. Desde el punto de vista de la cultura hay una resistencia que se puede profundizar y llevar a un momento más feliz. Las declaraciones de Lopérfido, por ejemplo, fueron desde todo punto de vista espantosas, abominables. Reducir el tema de los desaparecidos a términos numéricos es un disparate, así le haya pasado a uno sólo. En un punto están todos los puntos. En un hombre están todos los hombres. Eso no puede ponerse en términos cuantitativos. Logramos que se vaya Lopérfido y ponen a una persona, a este señor Mahler, sin ninguna experiencia en la gestión cultural. Cuando reabren Tecnópolis vuelven a poner en un panel que los desaparecidos son 9 mil. Ésta gente me recuerda mucho al golpe libertador del ´55. Un espíritu vengativo muy alto, acusan inmediatamente de todos los problemas al gobierno anterior, no tienen libros, no tienen músicas. No tienen una memoria histórica. Son empresarios. Como dijo Beatriz Sarlo: “yo no sé quiénes son, son empresarios, yo no me siento a tomar un café con un empresario, no los conozco”. A mí me pasa lo mismo.

- ¿Siente que hay una persecución por haber apoyado al gobierno anterior?

-  En mi caso no. En estos 8 años de gobierno del Pro en la ciudad nunca trabajé para ellos. Pero es una decisión personal. La misma Teresa Parodi iba a ir a tocar a Corrientes y fueron tantas las cosas ofensivas que le ponían en las redes sociales y las amenazas al lugar donde iba a tocar, que los mismos dueños del lugar suspendieron el proyecto. ¿Eso cómo se llama?

 No comparto la idea de los que hablan tan peyorativamente de las grietas, yo las celebro

- Su último disco, “Imposible” es un disco muy íntimo, muy cercano.

- Porque no es momento de estridencias, es momento de pensar. Por eso quise hacer un disco austero, memorioso, y poner sobre la mesa una memoria. Es fundamental, sino ¿sobre qué pensamos? Yo no digo que el pasado no se termine, pero no podemos pensar sin el pasado. El pasado es siempre interrogado por el presente. El presente no es nada si no interroga al pasado. Y eso es lo que yo hago con la música desde hace mucho tiempo. Este disco yo lo hice mucho antes.

- ¿Cómo nació la idea de cómo se concibió ese tema?

- Fue una idea de Ariel Naón, el contrabajista del grupo; fue hermoso y después lo trabajamos entre todos. La música es una comunidad, una promesa de comunidad emancipada. Para mí era muy importante la frase “Todo en el aire me llama aquí” como dice Juan L. Ortiz en esa poesía. Es una cosa muy conmovedora. Es como un imposible también, el imposible es aquello donde vibra una esperanza. 

 Es muy difícil ser contemporáneo a una época y pensarla al mismo tiempo

- Como dice Holderlin, donde hay peligro, nace la salvación...

- Así es, eso es imposible; no es la negación de algo, no es “no se puede”. Tampoco es omnipotencia, que yo puedo hacer lo imposible. Es la tensión entre el abismo y la salvación, en términos de Holderlin. Esa es mi idea de imposible, como el folclore también es una tensión, la idea de que debemos sentirnos obligados por la tradición y no hacer ninguna intervención en esa tradición y la posibilidad de la invención. Y de ahí sale una música, o no. Eso depende de muchas cosas. Del talento, de la sensibilidad, de que tengas ideas. Por eso lleva tanto tiempo hacer un disco. No es una pavada. O cantar. Cuando uno sube a un escenario porta en su voz una memoria y eso es una responsabilidad enorme aunque no digas nada literal en relación a lo que está pasando.

- Se pone en juego algo mucho más profundo.

- Si hacés un acorde complejo, estás poniendo una tensión extraordinaria que el oído no está acostumbrado a escuchar y yo voy a combatir siempre la idea de que estamos condenados a no escuchar más de lo que ya sabemos. Yo no estoy de acuerdo con eso. Ese es un problema de la televisión, del mercado y de las empresas, no es un problema mío.

- Eso es Imposible también

- Ahí está el horizonte de lo imposible. De lo posible ya sabemos así que hablemos de lo imposible. Prendemos la tele y de eso ya lo sabemos todo. Es fundamental que tengamos una actitud de batalla, de combate, en el sentido más metafórico del término. En el sentido de resistir y proponer e inventar sobre aquello que parece que te ahoga. Si uno lo ha hecho a los 17 años porque no lo va a hacer a los 60.

29/07/2016

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