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Neuquén, Miércoles 07 de Diciembre de 2022
8:21 PM
 
 
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Minería urbana en un caos de desechos tecnológicos

Teléfonos celulares, equipos de audio, planchas, lavarropas, heladeras, CPUs, monitores, tablets, cámaras fotográficas, televisores: una extensa variedad de artefactos son desechados diariamente y constituyen una problemática por ser altamente contaminantes y generar altos volúmenes de residuos que aumentan año tras año y necesitan ser tratados en un marco adecuado.

Pepe Mateos

Una sigla, RAEE (Residuos de aparatos eléctricos y electrónicos) para definir a todos los aparatos eléctricos y electrónicos y sus componentes a partir del momento que dejan de cumplir su función y son desechados. Un alto porcentaje de ellos, por distintas razones, permanecen en los hogares.¿Quién no tiene una vieja radio o equipo de audio o celular o cualquier aparato en algún rincón de su casa? Otra gran cantidad es arrojada a la basura y en el mejor de los casos es destinada a empresas o cooperativas que se dedican a su desguace.

Algunas cifras

A nivel mundial se estima una generación de RAEES que supera los 50 millones de toneladas al año, que para darnos una idea esuna cifra superior al peso de la Gran Muralla China -la construcción más pesada de la Tierra- y que año tras año se ve incrementada.

En Argentina se producen anualmente alrededor de 470 mil toneladas al año, siendo uno de los países de América Latina con los índices más altos, detrás de Brasil y México. La mitad de esa cifra se concentra en el AMBA (Área Metropolitana de Buenos Aires) y los municipios vecinos. De esa cantidad solo se llega a tratar adecuadamente apenas entre un 3 y 5%. El resto va a parar a los grandes basurales, donde se mezcla con todo tipo de residuos y es un factor altamente contaminante.

Reciclando Trabajo y Dignidad

Armando Alonso es el referente de la Cooperativa Reciclando Trabajo y Dignidad ubicada en el barrio de Villa Soldati en la ciudad de Buenos Aires. ¨Empezamos hace 12 años con un grupo de compañeros desocupados y una cooperativa de cartoneros haciendo un curso de armado y desarmado de computadoras y ahí vimos la posibilidad de encontrar una salida laboral, ya que el recambio tecnológico es permanente. Formamos la cooperativa Reciclando Trabajo y Dignidad y en principio trabajamos con un acuerdo con el SUTERH (sindicato de trabajadores de edificios). Y cuando el Gobierno de la Ciudad llamó a licitación para el tratamiento de residuos sólidos urbanos nos presentamos y hoy somos una de las 12 cooperativas que tiene el sistema de la Ciudad para la recolección de residuos y la única de RAEES. En la cooperativa trabajan 54 personas y le ofrecemos nuestros servicios a empresas, instituciones y organismos públicos que por una legislación de la Ciudad están obligados a entregar los aparatos que desechan para su tratamiento adecuado”, relata Armando.

Reciclando Trabajo y Dignidad es un exponente donde confluyen varias problemáticas: la desocupación, el tratamiento de residuos y el rol del Estado para definir políticas en distintos ámbitos.

El tratamiento de los dispositivos

La cooperativa recibe importantes lotes de RAEES provenientes de lo que denominan grandes generadores, es decir empresas, instituciones y organismos públicos que desechan tecnología. El tratamiento de los dispositivos desechados consiste básicamente en la separación de sus componentes, un trabajo artesanal para valorizar los materiales que se extraen y garantizar que no vayan contaminados para optimizar su reciclado: plásticos de distintos tipos; minerales, principalmente cobre, aluminio, hierro; y las plaquetas que se destinan a la exportación para la extracción de minerales como oro, plata y cadmio que requieren una compleja y costosa tecnología de la que no se dispone en el país. Finalmente hay un porcentaje, aproximadamente un 5%, que no se puede reciclar y va a disposición final.

Una economía vinculada a la sustentabilidad

Federico Sánchez hurga entre las computadoras, CPUs y monitores que se acumulan en el galpón de la cooperativa con ojo experto, intuyendo qué partes puede extraer para refuncionalizar. Es uno de los compradores de materiales que mantiene un fluido vínculo con la cooperativa. Con distintas partes arma ¨frankesteins¨ tecnológicos que luego vende. No es solo una estrategia comercial sino que constituye un posicionamiento político frente a un sistema que necesita descartar y producir cada vez más, en una carrera que parece no tener fin.

Mucho de lo descartado es reutilizable y sirve para generar un circuito que aporta a una economía “informal” que es un potente factor de integración de trabajadores excluidos.

Problemas en la legislación

Para Daniel Berman, Doctor en Ciencias Naturales, especialista en gestión de residuos, uno de los principales problemas con los RAEES es la falta de una legislación nacional que entienda la responsabilidad extendida del productor. “La clave -sostiene Berman- es legislar la gestión postconsumo, algo que ya está legislado en países de Europa hace muchos años”. Lo que es decir que los fabricantes, los productores de dispositivos, tienen que hacerse cargo del tratamiento de los aparatos luego de cumplido su ciclo, algo similar a lo que se plantea con respecto a los envases. Temas que son resistidos y boicoteados por las empresas para impedir su tratamiento parlamentario.

Arqueología futurista, una película de terror

Imaginemos que un equipo de personas a quienes hoy denominaríamos arqueólogos o antropólogos recorre un extenso campo de residuos de todo tipo provenientes de nuestra civilización, ya desaparecida para ese momento. Asombrados, quizás azorados, cubiertos por trajes que los protegen contra todos los contaminantes presentes, se preguntan cuál es la razón de tanto desecho. Posiblemente arriben muy rápidamente a la conclusión (quizás simplista) de que la civilización que pretenden descifrar sucumbió ante la irracional forma de producir, consumir y descartar.

Puede parecer una película de ciencia ficción tipo Mad Max, pero no estamos muy lejos.

29/07/2016

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