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Neuquén, Miércoles 07 de Diciembre de 2022
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Columnistas
02/10/2022

Fascismo y periodismo en el mundo global

Fascismo y periodismo en el mundo global | VA CON FIRMA. Un plus sobre la información.

La derecha es el actor hegemónico en la Argentina de hoy. Pues si lo que no es la derecha, que dispone del gobierno, está a la defensiva ante la derecha, estamos en el horno. Cuando sean gobierno nos pasan por arriba.

Juan Chaneton *

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Una Argentina atravesada por una tragedia de época. Y no son sólo las inflaciones nacionales disparadas, en todo el mundo, por la guerra en Ucrania. La tragedia consiste también -y patéticamente- en que sus víctimas primeras anhelan diversión. Sus víctimas primeras son los jóvenes. Y con razón anhelan diversión. Si se va la juventud, se va la vida y si se va la vida y no has sonreído y no te han conocido feliz al menos una vez, entonces tu muerte, cuando llegue, será tu segunda muerte, no la primera, podemos inventar esta pesarosa reflexión. Sin embargo, los ruidos que provienen de afuera son, por ahora, los que produce el tránsito de vehículos, o algún niño que llora, o un perro que se queja de soledad; no es el ruido ni de obuses ni de morteros. Ya llegarán, no obstante, esos ruidos, sordos ruidos, y serán ruidos en serio, no los de una épica de utilería.

Una Argentina en la que los hechos son noticia y las noticias son la causa de los hechos, de algunos hechos, de unos hechos abominables de tan ruines.

Los periodistas millonarios que surfean la desgracia nacional siguen sonriendo estúpidamente ante las cámaras. Como Sabag Montiel, a quien le dijeron que había que aborrecer y que había que matar lo aborrecido, a estos periodistas millonarios y estúpidos les han dicho que son periodistas y que ejercen la libertad de expresión. Y se lo han creído. Y los que no se la creyeron, negociaron, y el resultado es el mismo: la escasez de fantasía y la subordinación del lenguaje a la desgracia colectiva.

No puedo decir nada nuevo y no se me ocurre nada sobre Hitler, pero escribiendo sobre los periodistas argentinos me acordé de Hitler. Y de Karl Kraus, claro, ese periodista en serio. Nada que no se haya dicho ya. Pero siempre se puede hablar del sucedáneo, del sucedáneo del nazismo. Es éste más visible en el escenario global que en el local. La Ucrania de Zelensky, la Italia de la Meloni-Mussolini, la inmediata -por reciente- Suecia de Jimmie Åkesson, un nazi de ley, o el Brasil de Bolsonaro, a quien le picaron el boleto pronto y ya ha despuntado que ni para nazi sirve.

En Ucrania, los ucranios de uniforme con el sol negro pintado hasta en el codo -para decirlo con decoro-, reptan como víboras en los entresijos de las catedrales, y las bombas caen sobre las catedrales que los nazis de Ucrania usan como puestos militares. Y también se esconden en escuelas y hospitales. Se trata de una guerra proxy-así llamada-, esto es, de una guerra tercerizada y encomendada a un golem, es decir, a un retardado utilizado y previamente patriotizado para que los idiotizados crean que lo mueve una motivación altruista y no sus odios y sus cuentas en el exterior, Panamá Papers, dixit.Se trata de una guerra semejante a todas las guerras que libra Estados Unidos en el mundo: cada tanto es preciso transformar los mercados en campo de batalla para que de éstos vuelvan a surgir nuevos mercados. Una guerra sin laureles para los defensores de la patria o, más bien, con los laureles metidos en una mochila a la espera de exhibirlos en medio del aplauso. Esperarán sentados.

Pero los que no esperan sentados son Raytheon y Dassault, empresas dedicadas a la fabricación y el tráfico de armas, como los antitanques Javelin, de USA con amour, para la amada Ucrania, suculentos contratos con el Pentágono ahí, patria contratista estadounidense y europea.

Tampoco esperan sentados los restos de la opulencia Rausing, filántropos suecos mentados alguna vez en la investigación sobre el asesinato de Olof Palme; otra vez, como evasores contumaces mediante el recurso de domiciliar sus empresas fuera de Suecia; y otra vez, con expedientes abiertos por sospechas de tráficos aberrantes. Hans y Sigrid, padre e hija, dos filántropos, que benefician con su filatropía, incluso, a buena gente progresista del tercer mundo, del mundo tercero, módico ese mundo mudo, que nunca decide escribir, para siempre, su historia, esa historia que deberían escribir los más, los mayoritarios en todos los aspectos, los que acumulan con su trabajo las riquezas, crean los valores, hacen andar las ruedas de la Historia y que nunca despiertan del largo sueño embrutecedor al que los viene sometiendo el capitalismo desde hace dos siglos, así, poco más o menos, se filtró ese discurso, hace ya varias décadas, devenido hoy nudo lenguaje que habla por sí solo: si no hay sujeto, ¿quién habla?, preguntó el filósofo; la palabra, repuso Mallarmé quien, como Hermann Broch, creía que cuando la poesía se degrada, se convierte en literatura.

En cuanto a la fascista Giorgia Meloni que acaba de ganar las elecciones de Italia y presidirá, como primera ministra, un gobierno de ultraderecha, no hay que esperar demasiados cambios en lo que realmente importa: en Ucrania, la señora es acérrima camarada del pronazi Zelensky; y en cuanto a la política interna y la crisis económica, la heterodoxia inspirada en el Brexit no es el programa de Meloni sino el fiel y estricto cumplimiento de las metas fiscales fijadas por la UE, esto es, restricción financiera o, en términos más nuestros, ajuste. Su alianza con Mateo Salvini, el otro fascista, a lo sumo la surtirá, a la nueva gobernante, de masa crítica para cacarear pour la galeriecontra los inmigrantes y a favor de “la familia” y sus valores. El tercer mosquetero en esta carnestolenda obscena, es Berlusconi, a esta altura un impresentable. La Historia exhibe el dato duro de que Italia ha sido mejor produciendo belleza que produciendo política, por cierto.

Pues el fascismo nunca fue ajeno a los negocios y al contubernio con los bancos y el capital financiero. Ingresó en la historia política para impedir algo que ya en ese entonces los medios demonizaban como “bolchevismo” (que no era otra cosa que el comienzo de democratización socialista de las relaciones sociales); y también arribó, el fascismo, para, en simultáneo con el anticomunismo, instrumentar el aparato del Estado como disciplinador social necesario (como máquina de represión) para reconducir el proceso económico hacia una mayor concentración de la gran propiedad privada en una dinámica hegemonizada por aquel capital financiero. Después de Mussolini, el fascismo nunca había vuelto a gobernar en Italia ni en ningún lugar de Europa. Ahora sí. Ahí están, esos son, delicias de la globalización.

Por su parte, por la parte que a otros les toca, hay quienes quieren neoliberalismo pero no quieren fascismo. Paradigma de utopía, si las hay. Veamos.

Es muy razonable que Gianfranco Pasquino esté triste y enojado (sobre todo con Giuseppe Conte) por el triunfo de Meloni. Pero si tanto detesta al fascismo, lo cual es muy razonable, no por eso debería ser un atlantista empedernido, pues es este atlantismo paneuropeo fallido y trucho el que convoca al fascismo: la catástrofe social italiana y la pésima performance del país entre las economías Schengen, en buena medida se deben a la permanencia defectuosa del país en la Unión Europea. Esto es así, y los Fratelli d'Italia han marchado sobre Roma. Lo han hecho en modo farsa, pues la tragedia la protagonizó Mussolini en 1922. Nada es igual, todo tiene su singularidad. Contra la homofobia y a favor de los inmigrantes. Por ahí pasa -según lo acaba de decir el reputado cientista político Pasquino- lo esencial de la política italiana. Pero el costo de la vida y la calidad de esa vida de los italianos, sobre todo de los obreros y trabajadores italianos y de su clase media, se deterioran sin prisa y sin pausa debido a las "restricciones" que al país le impone la Unión Europea. Una socialdemocracia avanzada espera en el horizonte a Europa si lo que se quiere es consolidar la democracia y alejar las crisis y sus efectos sociales sobre los pobres, desempleados y trabajadores. Pero una democracia avanzada, tanto en Italia como en Francia, no debería identificarse con un programa bienestarista en modo intenso con la ilusión de que Bruselas financiará ese programa. La utopía, para Europa, como para cualquier actor de la globalización que pretenda estar a la altura de la Historia, se nutre de una posición clara ante la OTAN, una organización guerrerista, una opción igualmente nítida ante la soberanía nacional conculcada por el seguidismo de las élites a la agenda de Washington y, consecuentemente, se nutre también de una definición, frontal y sin complejos, del vínculo con los dos actores globales que pugnan por fundar un orden multipolar, esto es, China y Rusia. Obligar a Europa a romper con el vecino ruso es el botón de muestra del daño que le hace al pueblo europeo el interés de clase burgués de unas élites preocupadas, de modo prioritario, por mantener sus privilegios y, de modo subsidiario, por mantener acallada y confundida la sorda protesta social que atraviesa a ese continente y que es, en buena medida, lo que explica las tumoraciones fascistas que surgen aquí y allá en ese continente cansado, con mucho pasado, poco presente y ningún porvenir.

La internacionalización que implica la globalización encuentra resistencias en las turgencias soberanistas que suscita tal extensión de las relaciones de producción capitalistas a todo el orbe (en eso consiste la globalización). El caso es que tales emergencias antiglobalizadoras adquieren o bien la forma proteccionista filonazi (Trump, Suecia, Italia, Alemania, Hungría, Polonia, etc.), o bien la de una propuesta de democratización de las relaciones internacionales a partir de reordenar el mundo en clave multipolar (Rusia y China, algunas izquierdas europeas en proceso de recuperación electoral y, en América Latina, Cuba, Venezuela y Nicaragua). En nuestro vecindario continental, Colombia y Brasil parecen procesos políticos inmersos en una tendencia que desembocaría en la inequívoca participación de esos países en el bloque partidario de la democracia y contrario al elitismo hegemonista de Estados Unidos.

Lo mejor que tiene la globalización es que nos acerca al fin del capitalismo en unos pocos siglos más, acépteseme esta primera módica ironía. Lo peor que tiene es que parece que la humanidad estuviera sometida para siempre a la economía. Y hay algo tal vez peor en este presente globalizado: la prensa. La vida parece ser sólo la forma impresa de la prensa. Los medios aseguran que sus noticias sobre el acontecer es el verdadero acontecer. Y el pueblo lo cree. Los medios informan sobre los hechos antes de que los hechos hayan ocurrido. Y el pueblo cree. Sesudos profesionales del arte de informar nos entregan datos acerca del calor del fuego y del sabor de la sal. El resultado de tales extravíos parece romper toda relación de conexidad con la estupidización colectiva pero no la rompe, es su causa. Ese resultado no puede ser otro que una carencia de fantasía que hace que la humanidad acepte con resignación una guerra de exterminio contra sí misma.

El bloqueo a Cuba, el criminal obstáculo puesto al ingreso de vacunas e insumos para luchar contra la pandemia, a causa de lo cual murieron niños en Cuba; la cárcel todavía activa instalada en Guantánamo, territorio cubano, por los Estados Unidos, cárcel en la cual, a esta hora exactamente, se está torturando a un ser humano culpable de ser árabe o musulmán... todo ello no suscita, o nada de ello suscita, el más mínimo acto reflejo moral en un periodismo argentino que es malo no porque sea de derechas y haga del "populismo" un enemigo a exterminar por cualquier medio, sino que es malo porque ser malo o bueno, en materia periodística, no depende de la ideología sino del talento y del talante que se tenga para acercarse a lo creativo artístico en lo que hace a informar al pueblo acerca de lo que ocurre. La prensa que no es de derechas tampoco es buena en la Argentina. Poco o nada habla y dice esa prensa de lo que tiene que hablar y decir, tal vez porque no sabe que, para ser buena, la prensa debe tener, en primer lugar, un programa político cuyo norte y meta sea la transformación de la sociedad en clave de planificación económica y cultural democrática y soberanista. Y de estos dos conceptos duros que acabo de expresar el más importante, sin dudas, es "democrática". Y democracia, en materia periodística, es abandonar los caminos trillados, abrir picadas, inventar lo nuevo, debatir a calzón quitado y no venerar vacas sagradas sin primero preguntarse en qué corral pastaba esa vaca en el pasado cercano. La prensa, si aspira a ser algo más que la primera versión de la historia, debe autoimponerse el imperativo de abogar por las víctimas de la oferta y la demanda.

EE.UU. ha iniciado otro intento de desestabilización en Irán, esta vez tercerizándolo en Noruega y en Gran Bretaña, se follaron a la reina, Dios mío, quién habrá sido, como dice un chiste parido en las cercanías de Alcalá de Henares, pues es española la prosapia del chascarrillo que transcribe el texto completo que ganó el primer premio de un concurso de cuento breve que debía tener, por lo menos, cuatro ingredientes: sexo, aristocracia, religión y misterio. Dos monarquías, dos, allí, en las tierras hiperbóreas de Europa. Serán corruptas y estarán al divino botón, esas monarquías, pero son unas monarquías nuestras, se dice al otro lado del Atlántico. Que se follen a las reinas, vaya y pase, pero que esos transatlánticos de Washington lo hagan con nuestro periodismo debería inquietarnos.

China y Rusia no se van a quedar con Latinoamérica aunque nos cueste la vida o la vida de los pueblos de Latinoamérica y aun cuando tengamos que llevar a Latinoamérica, desde el Río Bravo a Ushuaia, al estatus de Estado fallido, en eso estamos. El peronismo gobernante, en el cual nunca es hegemónica su línea popular soberanista, colabora, vía su ministro de Economía, en tal designio. Ha dado el puntapié inicial: Vaca Muerta para Chevron. A Menem, en aquellos infaustos '90, lo votó hasta el Partido Comunista, además de los peronistas. De la madre de estas defecciones nadie dice nada. ¿Será, tal vez, que la inconsecuencia nace en una falla de origen, por caso, que Cooke y Walsh, al fin y al cabo, son dos apellidos con inocultable tufillo anglo? Acépteseme esta segunda módica ironía.

De Estados Unidos y del diario La Nación tiene mucho para decir el periodismo progre: ambos le dieron luz verde a Videla. Están en su derecho, si se quiere. Siempre supieron defender sus intereses de clase sin reparar en medios. Pero nosotros, como periodistas, cuando los escuchamos hablar y perorar, oralmente o por escrito, sobre democracia, derechos humanos y garantías, no incurramos en la miserable conducta de ocultarle a nuestra propia audiencia cómo fueron las cosas.

Se dirá que esas miserias ideológicas las perpetró el gobierno de Estados Unidos con el apoyo activo de su vocero oficioso en la Argentina -el diario La Nación- hace ya casi medio siglo. Y eso es cierto. Pero esa política criminal venía desde lejos, y luego no cesó de ocurrir como política de unos Estados Unidos convertido ya en peligro y en obstáculo para la existencia misma de la humanidad.

El terrorismo de Estado en la Argentina, apoyado por Kissinger, cesó formalmente en 1983. Pero ya ocho años después Estados Unidos asesinaba a mansalva poblaciones civiles en Yugoslavia y fabricaba "Estados independientes" (como Kósovo) a su antojo y en línea con sus necesidades geoestratégicas.

En 2001 iniciaron la guerra de Afganistán, que duró veinte años, y de la cual Estados Unidos salió derrotado dejando el país en manos de fundamentalistas talibanes, cuya erradicación había sido, precisamente, el objetivo-pretexto alegado por el Departamento de Estado para invadir el país. Aquí, como en todas la intervenciones criminales norteamericanas, participó la OTAN y países europeos militarmente satélites de Estados Unidos como Inglaterra, Alemania y Australia.

En 2003 le tocó el turno a Irak sobre la base de una mentira ruin: que Saddam tenía armas químicas, algo que resultó, al cabo de investigaciones rigurosas, una mentira. Destruyeron otro país.

Luego, lo de Libia fue un crimen de lesa humanidad, un crimen de guerra de los expresamente fulminados por el Tratado de Roma. El raid delictivo estadounidense se va acercando, así, en el tiempo, hasta este presente de la guerra en Ucrania. Fue en 2011 que la "primavera árabe" se desató en Libia con la participación estelar de la Francia de Sarkozy. Asesinaron al presidente del país (Kadafi) y cometieron toda clase de crímenes de guerra y de violencia sexual. Libia, un país hasta ese momento, desarrollado y próspero, dejó de ser el tapón natural que absorbía mano de obra subsahariana e impedía, de ese modo, las migraciones masivas a Europa a través del Mediterráneo. Hoy, los nazifascistas europeos dicen que la inmigración nació de un repollo y no de guerras como éstas y del deterioro constante del nivel de vida de los pueblos europeos debido a la aplicación de políticas de ajuste neoliberal.

Lo mismo ocurre con Siria y la agresión estadounidense que soporta su legal gobierno desde 2011 en adelante. Las "nuevas amenazas" migratorias que produjo el crimen de la guerra en Libia tiene su deplorable complemento en la generación de grupos terroristas financiados y organizados por las propia inteligencia anglosajona en Siria, que era un Estado laico y secular donde el terrorismo no tenía ningún asidero.

El corolario, nada arbitrario, por cierto, sino basado en hechos, es que la naturaleza criminal de los objetivos nacionales de Estados Unidos viene de lejos y está a la vista nuevamente ahora en Ucrania donde cuentan, como siempre, con la mayordomía europea, mientras que en Argentina y en el mundo cuentan con el periodismo de guerra adicto al que presentan como prensa libre pero que, en realidad, es una función política al servicio de ocultar aquellos crímenes y la propia naturaleza criminal de las políticas injerencistas e imperialistas de Estados Unidos.

La pregunta del millón, a esta altura, es: el gobierno argentino, ¿toma partido en el partido que se está jugando a nivel global? ¿Tiene conciencia el gobierno argentino de que lo que está ocurriendo en el país que ese gobierno gobierna es un epifenómeno de las globales dinámicas de conflicto que atraviesan las relaciones exteriores?

Pues Cristina, pese a la tentativa de magnicidio que la justicia no quiere investigar a fondo, ahora es perseguida con un nuevo pronunciamiento de la justicia "independiente" que la procesa por un "peculado" consistente en que mandó muebles y diarios al sur en un avión oficial. Y la "amenaza" mapuche en el sur accede todos los días a la primera plana del diario La Nación en lo que no es sino una búsqueda febril de los elementos socialmente relevantes que justifiquen, junto al narco desbocado de Rosario, la consideración de la Argentina como un Estado fallido que, si ése llegara a ser el caso, ameritaría desde una invasión, hasta un golpe de Estado, hasta una secesión y amputación de parte de su territorio. Estados Unidos y su amor americano a una Latinoamérica siempre que ésta funcione como su sirvienta.

La derecha tiene las cosas claras: Cristina eliminada del escenario con legitimidad política asegurada por el miedo y la ignorancia inoculada de a poquito pero con persistencia por los medios que, en aquel ayer tan cercano, mostraron, en toda su brutal desnudez, una foto en la que aparecen Mitre-Magnetto-Videla. Su espíritu, el espíritu de estos tres, sigue planeando sobre las tinieblas, y pero nada bíblico, ahí.

La derecha en la Argentina actúa en el conflicto del Neumático sin perder de vista que el conflicto social en la Argentina es una función del conflicto global. Ellos defienden su modo de vida a como dé lugar. Nosotros no, porque no hacemos como Gerardo Morales, que reunió a sus "representantes del pueblo" en la Legislatura, les dio el guion, votaron, y plin caja, a otra cosa, la reforma constitucional para consolidar en Jujuy la estructura social que amenazó Milagro Sala ya está en curso: un Estado policíaco-judiciario que a La Nación no molesta, a TN tampoco, pues Morales será un dictador pero es un dictador de ellos.

La derecha es el actor hegemónico en la Argentina de hoy. Pues si lo que no es la derecha, que dispone del gobierno, está a la defensiva ante la derecha, estamos en el horno. Cuando sean gobierno nos pasan por arriba. Botón de muestra de por qué ocurren así las cosas. Lo que está ocurriendo hoy, entre muchas otras ocurrencias, es que, como dice Crespo -el dirigente trotskista del Neumático-, un gobierno que se dice nacional y popular convoca al "diálogo" y no invita a los trabajadores a dialogar, sólo se reúne con las multinacionales del caucho y convalida el "aumento" del 37 % que ofrecen las patronales cuando el propio gobierno reconoce que la inflación va a terminar, este año, en el 90 por lo menos, es la prueba de que este gobierno no es genuinamente ni nacional ni popular. Coherencia, digna de mejor causa, con la política petrolera del ministro Massa. Gobiernan ellos, no el pueblo.



(*) Abogado, periodista, escritor.
29/07/2016

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