-?
La Inteligencia Artificial (IA) generativa implica “una transformación mayúscula, que opera en muchos niveles. En el nivel macro, que no vemos los usuarios finales, hay procesos productivos a gran escala que están siendo absolutamente modificados. Pero también en la masividad y velocidad que involucra a los usuarios finales”, afirma el docente e investigador académico Martín Becerra.
También advierte que el Tratado de Libre Comercio firmado por el Ejecutivo nacional con Estados Unidos “habilita la transferencia de datos de los ciudadanos argentinos a ese país, que es sede de las empresas de Internet más poderosas”. Acerca del empresario Peter Thiel, quien ha mantenido diálogos directos con Javier Milei, destacó que “es proveedor de la tecnología utilizada para cometer un genocidio en Gaza”, también provee al Estado norteamericano, y “además de hacer negocios es un propagandista de la guerra”.
El diálogo con el especialista ocurre un mes después de conocerse la encíclica papal “Magnifica Humanitas”, lanzada el pasado 26 de mayo. Tal vez la fecha sea recordada como una advertencia, pero solo el tiempo dirá si la humanidad fue capaz de escucharla. En el Aula del Sínodo, en el corazón del Vaticano, León XIV dio un golpe sobre la mesa y advirtió sobre la “no neutralidad” de la IA. También resaltó la necesidad de que sea el poder político, y no el tecnológico representado por los megas millonarios de Silicon Valley, quien controle la tecnología.
Un rato más tarde y ante el mismo auditorio, fue Chris Olah, cofundador de Anthropic (una de las compañías con más desarrollo en el rubro), quien terminó de poner las cosas blanco sobre negro. Pidió tomar con seriedad la discusión en torno a la revolución tecnológica, después de admitir que encuentran “cosas misteriosas, incluso inquietantes” en el desempeño de la IA.
Ambos pedidos, que bien podrían formar parte de una novela de ciencia ficción o del cine distópico, resultan hoy estremecedores, cuando la Inteligencia Artificial generativa atraviesa los procesos productivos y la economía, la guerra y el control social, los modos de informarnos y de comunicar, el trabajo y la vida cotidiana.
Becerra, especialista en comunicación, profesor en las universidades nacionales de Buenos Aires y de Quilmes, y asimismo investigador del Conicet (Consejo Nacional de Investigaciones Científicas y Técnicas), propuso durante esta entrevista “pensar qué tipo de relación proyecta tener la sociedad con estas tecnologías”.
Noticias de ayer
- La irrupción de la Inteligencia Artificial (IA) generativa está transformando los procesos productivos y la formas de acceder a los distintos saberes y a la información, pero también la vida cotidiana y los modos en que nos relacionamos ¿Qué tan profundos y duraderos son estos cambios?
- Estamos frente a una transformación mayúscula, que opera en muchos niveles. En el nivel macro, que los usuarios finales no vemos, hay procesos productivos a gran escala que están siendo absolutamente transformados. Pero también en la masividad y velocidad que involucra a los usuarios finales, como vemos en el uso del Chat GPT, de Gemini, etcétera. Es decir, hay ocasiones en que los propios usuarios buscan la Inteligencia Artificial generativa para desarrollar algún tipo de actividad. En otros casos, son las propias compañías las que imponen el cambio mediante la configuración de algunas de sus aplicaciones. Por ejemplo, en el motor de búsqueda de Google o, en el caso de Meta, en WhatsApp.
-En el plano de la información y de las noticias vemos de qué manera hay máquinas y robots que avanzan sobre periodistas y trabajadores de prensa, pero también sobre los medios tradicionales, a los que, incluso, les quitan contenidos ¿Cómo puede afectar esto el futuro del periodismo y de los medios de comunicación?
- Es cierto que hay un reemplazo, sobre todo en algunas actividades propias del quehacer periodístico. Pero en el contexto latinoamericano, lo que observo es más bien una mayor precarización y presión sobre los periodistas para que produzcan más, lo cual degrada las condiciones de trabajo y la calidad de los productos finales. Al mismo tiempo, las empresas periodísticas sufren una mayor debilidad económica, favoreciéndose las grandes plataformas digitales. Si bien pueden encarar la actual transformación tecnológica con otro temperamento, las veo aturdidas y presionando por salir con mayor cantidad de contenido, aunque no sea un contenido profesionalmente editado, curado, supervisado.
- La vorágine de los cambios, ¿resta margen para intervenir en los nuevos escenarios?
- En América Latina, más que en los países centrales, parece no haber tiempo para reflexionar hacia dentro de los procesos productivos y reconocer si en la IA generativa hay herramientas que vayan en beneficio de la calidad periodística. Y tampoco para pelear, incluso a nivel judicial, contra las empresas tecnológicas que desarrollan esas herramientas, por el uso de las fuentes de entrenamiento, que en muchos casos son, obviamente, contenidos periodísticos que están bajo derechos de autor.
- ¿Es exagerado afirmar que los medios de comunicación, tal como los definíamos hasta comienzos de este siglo, están dejando de existir?
- La transformación tecnológica que atraviesa a los medios es una especie de resumen del cambio tectónico que sufre todo el ámbito sociocultural, de su impacto en enormes grupos sociales. El valor social de lo que es noticia o de lo que es información está cambiando. Si bien no es un proceso concluido, ya no es igual lo que hasta fines del siglo XX considerábamos noticia o información. Pero no es solo un cambio tecnológico. Las organizaciones de medios tradicionales por ahora no tienen un mapa establecido, hacia dónde va esto, cómo comportarse, qué ofrecer y qué no. Hay mucha incertidumbre. Y junto con todo esto hay un cambio que es económico.
Medios eran los de antes
- ¿El periodismo basado en la noticia y en la información dejó de ser rentable?
- Hacer periodismo era un buen negocio hasta fines del siglo pasado, porque el periodismo vendía, interesaba a públicos masivos. Tratar de interpelar a distintos sectores sociales con un mismo producto o servicio era económicamente rentable, si el producto era bueno. Eso ya no ocurre. También por este motivo vemos que casi no quedan medios generalistas. Lo que hay son medios más de nicho, con líneas editoriales cada vez más obvias, más pronunciadas, menos disimuladas, porque ya no tiene costo social tener una línea editorial, al contrario. Resignan la posibilidad de interpelar al conjunto, pero apuntan a una minoría intensa, a una minoría temática. A algunas empresas esto les resulta más beneficioso.
- ¿Es parte de este proceso la preeminencia del entretenimiento sobre la información que se observa en buena parte de los medios?
- Siempre se trató de una relación de convivencia. En algunos casos constituyó una especie de trampolín que catapultó a algunas empresas periodísticas. Clarín, por ejemplo, a partir de 1976, posiciona a nivel tapa noticias que solemos denominar “blandas” de deportes, en una época donde deportistas como Guillermo Vilas tenían un buen desempeño a nivel internacional. A eso uno podría llamarlo entretenimiento, lo mismo que toda la zona farandulesca de la televisión y de la radio. Esto está, entonces, en el ADN de los medios. Pero ahora la información “dura” va mermando y, al mismo tiempo, tal vez como estrategia para tratar de seguir sosteniendo en parte ese ADN, muchos medios van mutando el formato en el que brindan opinión.
- En este sentido la televisión anticipó lo que después profundizarían, vía Internet, las redes sociales y el streaming…
- Si analizamos tiempos más largos vamos a encontrar antecedentes. Pienso, por ejemplo, en la dramatización de las noticias policiales, con lo cual podríamos remontarnos a la década de los años ‘80, donde había música incidental, e incluso recreación ficcional, de casos policiales. Eran noticias duras en un noticiero televisivo, donde cada vez más veíamos dramatización y espectacularización de la información. Es decir, una invasión de lenguajes que no eran propios del quehacer noticioso clásico, en aras de ganar masividad, de impactar más a la audiencia, etcétera. Todo esto, por supuesto, es previo a la masificación de Internet.
Técnica, control y quiebre democrático
- Hace poco más de un mes el ministerio de Capital Humano de la Nación anunció la creación del primer “gemelo digital social”, un sistema que se propone predecir escenarios futuros a partir de la integración de “información de múltiples fuentes en una base unificada” ¿Esto supone mayor eficiencia en la asignación de recursos, o es lisa y llanamente la sofisticación de los mecanismos de control social?
- Son mecanismos de control y vigilancia social, por supuesto. La perspectiva es básicamente punitiva, sin el menor ánimo de producir conocimiento o prevención. Esas herramientas, sobre todo el gemelo digital social y el uso de inteligencia artificial con fines de identificación y prospectivo, para trazar un perfil delictivo futuro, tipo Minority Report, para diagnosticar si una persona va a cometer algún delito, son mecanismos peligrosos, reñidos con la democracia y con principios constitucionales como la presunción de inocencia y el derecho a defensa.
- La escasa repercusión social que este tipo de iniciativas parece indicar la prevalencia de una mirada celebratoria, tanto del uso de la técnica como de sus instrumentos.
- No sólo es preocupante que el gobierno impulse estos proyectos, sino que el resto del arco político no parece interesarse demasiado en estas cuestiones. Y las organizaciones de la sociedad civil que han manifestado preocupación tampoco son tantas. Son temas que no están en la agenda de la discusión pública y eso es también un síntoma del deterioro democrático que tenemos.
- La llegada a la Argentina del magnate tecnológico Peter Thiel, dueño de la empresa Palantir Technologies, que realiza análisis de datos a escala gubernamental, y las múltiples reuniones que mantuvo con el presidente Javier Milei, ¿aumenta el riesgo de que una empresa, en principio privada y extranjera, sea la gestora de los datos personales de todos los argentinos?
- Sí, absolutamente. Y está facilitado por el Tratado de Libre Comercio que firmó Milei con los Estados Unidos, habilitando la transferencia de datos de los ciudadanos argentinos a ese país, que es sede de las empresas de Internet más poderosas. No deberíamos olvidar tampoco que Peter Thiel es proveedor de la tecnología que se utiliza para cometer un genocidio en Gaza; es proveedor del Estado de Israel, y del Estado estadounidense, del gobierno y de su aparato militar. Además de ser un señor que hace negocios, es un propagandista de la guerra. Las actividades de Palantir, el propio Peter Thiel y los manifiestos que firma, son muy elocuentes.
- A través de la encíclica “Magnifica Humanitas” el papa León XIV advirtió sobre la no neutralidad de la IA y se pronunció por el control político del poder tecnológico. ¿Es una voz en soledad?
- Es la única voz, por lo menos a nivel global y de esa envergadura, de penetración social y global. Es coherente con cierto desempeño que ha tenido la Iglesia Católica en el pasado, vinculados al quehacer comunitario. La revolución tecnológica tiene un impacto no solo en los procesos productivos sino también, como no puede ser de otra manera, en la subjetividad. Además, de mercantilizarla. Y en ese sentido, aunque parezca un poco provocador decirlo así, es una especie de competencia hacia instituciones que tienen un quehacer espiritual, como las instituciones religiosas.
- ¿El dominio de la IA significa un desafío mayor en la disputa por la subjetividad?
- Vemos que hay gente que chatea con un bot y desarrolla procesos subjetivos a través de una máquina, que lo que hace es devolverle respuestas probables a las inquietudes que esa persona plantea. Un trato de contenidos absolutamente amoral, con falta de ponderación acerca de en qué medida los consejos que te brinda el bot se inscriben en un contrato que preserve la integridad física o la salud mental de los individuos que lo consultan. En ese sentido, me parece lógico que la Iglesia Católica, y yo quisiera creer que otras religiones también, se preocupen. Hay ahí un desplazamiento radical en la construcción de subjetividad y de los efectos que puede tener. Y sería necio subestimarlo.
El futuro llegó
- Durante la presentación de la encíclica “Magnifica Humanitas” en el Vaticano, Chris Olah, cofundador de Anthropic, dijo: “Seguimos encontrando cosas misteriosas, incluso inquietantes (en la IA). Encontramos estructuras que reflejan resultados de la neurociencia humana. Encontramos evidencia de introspección. Encontramos estados internos que reflejan funcionalmente la alegría, la satisfacción, el miedo, el dolor y la inquietud. No sé qué significa esto, pero creo que justifica un análisis continuo”. ¿Es esto conmovedor, inquietante o simplemente terrorífico?
- Anthropic ha desarrollado, probablemente, las herramientas de inteligencia artificial más sofisticadas. Si ellos dicen esto, algo debe haber. Yo no lo sé. Al nivel rudimentario que entiendo estas cosas, no es difícil confundirse en la atribución de sentimientos. Las máquinas operan con miles de millones de datos al ser entrenadas. Pero si lo dice alguien de Anthropic, a mí, al menos, me resulta verosímil.
- ¿Hay que salir a romper las máquinas como lo luditas en la Inglaterra de comienzos del siglo XIX, o hay que buscar algún tipo de adaptación de la Inteligencia Artificial a las necesidades del ser humano?
- Las posiciones extremas en revoluciones tecnológicas tan avasallantes pueden funcionar bien en términos de principios éticos, pero a la larga no son operativas. Miles de millones de personas usan hoy herramientas de inteligencia artificial. Además, mucha gente lo necesita para poder vivir e incluso para sobrevivir. El gran desafío es cómo adaptarse. Tanto por el lado estructural, es decir, qué reglas habría que pedirle a las empresas que trabajan en este sector, qué tipo de recompensación pública exigirles en función del daño ambiental, moral y económico que producen, y de la captura de beneficios que realizan; como también a nivel colectivo, respecto a las capacidades y habilidades, al capital cultural, simbólico, de la ciudadanía.
- ¿Una discusión con matices?
- Me parece que no es dicotómico tener o no celulares en las escuelas, usar o no herramientas de Inteligencia Artificial. Me resisto a mirarlo en términos de prohibición o habilitación total. En todo caso hay que preguntarse, por ejemplo, qué tipo de habilitación es deseable en entornos formativos. Me parece que son debates interesantes porque obligan a pensar qué tipo de relación proyecta la sociedad con estas tecnologías. No me sorprende que sean los países con sociedades menos desiguales los que están más avanzados en esta discusión.
- ¿Por ejemplo?
- Pienso en los países nórdicos o en Australia, donde la cohesión social no está tan rota como en Argentina y en otros países de América Latina. En nuestra región, imaginar este debate es imposible porque tenemos gobiernos que son una especie de groupie de la destrucción de todo lo que hay, incluido el sistema de convivencia social que teníamos. En aquellos países donde la cohesión social está menos dañada, el avance sobre qué hacer con esta tecnología permite no ser tan pesimista, porque habilita discusiones acerca de todo esto. En definitiva, de qué manera vamos a proyectar el futuro de los próximos 20 o 30 años.
Va con firma | 2016 | Todos los derechos reservados
Director: Héctor Mauriño |
Neuquén, Argentina |Propiedad Intelectual: En trámite