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Entrevistas
22/03/2026

Historias Desobedientes: “Ella también bajó un cuadro”

Historias Desobedientes: “Ella también bajó un cuadro” | VA CON FIRMA. Un plus sobre la información.

Néstor Rojo, un militante de la agrupación que nuclea a familiares de genocidas que repudian los crímenes de sus padres, cuanta la historia de su madre, una colaboradora de la represión que le ocultó su identidad y llegó a tirar su cuadro a la basura.

Marcelo Castro

El protagonista de esta historia se llama Néstor Rojo. Nació en Azul, provincia de Buenos Aires, en 1969. Hijo de padre comisario, Oscar “Cacho” Rojo, y madre ama de casa, Olga Chaves.

De adulto, Néstor confirmó mediante un ADN que no era hijo de Rojo, sino que fue producto de una relación clandestina de su madre con un comisario llamado Mario Rubén Maití.

Un día, Néstor leyó en Google, mientras buscaba algo sobre la vida de Maití, que quien fuera comisario en un pueblito llamado Parish estaba siendo juzgado por crímenes de lesa humanidad en la megacausa Base Naval Mar del Plata.

Poco después enfrentó a su madre por haberle ocultado no solamente su verdadera identidad, sino también por haber avalado y mantenido en silencio lo hecho por Maití.

En diálogo con Va Con Firma, Néstor Rojo confió que su madre participó en sesiones de torturas a detenidos en la comisaría de Parish y que descolgó y tiró a la basura un cuadro suyo que colgaba en una pared del living de la casa familiar. De ahí el título de esta entrevista.

Maití murió en 2018 mientras cumplía prisión domiciliaria.

Actualmente Néstor es empleado de la Agencia de Recaudación de Buenos Aires (ARBA) en Azul.


-¿Podés hacer una breve reseña de tu familia?

-Mi familia está compuesta por mi madre, Olga Chaves, y mi papá, Oscar “Cacho” Rojo, muy conocidos en Azul. Como padres, excelentes personas. Me crie en el barrio Luis Piedrabuena, pero antes había vivido, como dato no menor, en el paraje Parish, en la zona rural. Un poblado de 5 casas, una estación de trenes y el destacamento policial del que mi padre estaba a cargo. Mi madre venía de una separación de un hombre de apellido Vincent y mi padre era viudo de una mujer, que se suicidó, con la que tuvo tres hijos. Cuando yo nazco, tenía un padrino y una madrina. Mi padrino era Mario Maití. No era un hombre ausente; iba con frecuencia a mi casa, me acompañaba, me hacía regalos, siempre aparecía con un karting o una bicicleta, Hablaba mucho con mis padres. Nunca vi nada raro. Maití era un tipo con el que se podían hablar muchos temas. Con mis siete, ocho o nueve años estaba orgulloso de él. ¡Era mi padrino el comisario! Fue jefe de la Unidad Regional 11 de Azul. Maití tenía una esposa de apellido Ferreyra y dos hijas, Cecilia y Marina, mayores que yo. En un momento dado se van a vivir a Mar del Plata y, por alguna circunstancia, desaparece de escena y pierdo contacto con él. El 9 de marzo de 1995, aparece en mi trabajo. Recuerdo esa fecha porque al día siguiente me casé con Mónica, quien hasta hoy es mi compañera. Me preguntó si necesitaba algo. Inocentemente le dije que no. Se despidió, me dijo que no iba a venir a mi casamiento. Lo raro es que no había una comunión entre las familias, aunque hablaba mucho por teléfono con mi madre. Mi padre “Cacho” Rojo murió el 19 de junio de 1996. Alcanzó a conocer a mi hijo mayor, pero no a mis mellizos. Tengo la particularidad de que mis tres hijos, Facundo el mayor nacido en 1995 y Gerónimo y Martín los mellizos, de 1996, nacieron el mismo día pero con un año de diferencia. Los tres son del 11 de octubre. Pasó el tiempo hasta que en 2016 me pregunté qué habría sido de la vida de Maití, de quien hacía mucho no tenía noticias. No sé por qué, pero comencé a mirarme al espejo y me di cuenta que no tenía ningún parecido con Cacho. Revisé los Facebooks de Cecilia y Marina Maití y al ver una foto familiar en la que estaba Mario, me vi reflejado allí: la misma boca, la misma pera y casi el mismo peinado. Aunque cualquier persona puede parecerse a otra, me quedé intranquilo con ese parecido. Ahí comienzo a indagar, hablo con una de mis hermanas, Estela, y le comento mis dudas. Ella me dice que con frecuencia Maití llamaba a mi mamá y ella salía en el Peugeot 404 a las dos de la madrugada. Se iba a ver con él. O sea que la relación de amantes nunca dejó de existir. Eso ya me daba un indicio. Entonces hablo con policías compañeros de trabajo y uno de ellos me confiesa, con miedo por lo que podría ocurrirle tras ello, que toda la familia policial sabía que soy hijo de Maití y no de Rojo. Desde ese momento, creo que era octubre de 2016, hasta ahora, jamás volví a hablar con mi madre. Mi respuesta hacia ella fue el silencio absoluto. A tal punto que llegué a casa y le planteé a mi esposa y a mis hijos que la relación entre mi madre y yo se había cortado para siempre. Mi madre es una mujer muy fuerte, tiene una mirada que asusta. Mi esposa iba con frecuencia a visitarla y mi madre le preguntaba qué me pasaba a mí, hasta que un día se sentaron a hablar. Mi esposa le dijo: mira Olga, no te voy a mentir, me cansé y no te puedo seguir evadiendo, entonces le contó lo que yo había averiguado sobre ella y Maití. Se puso a llorar y admitió que era real lo que había pasado. Yo seguí la búsqueda por redes y en Google encuentro a Mario Rubén Maití relacionado con delitos de lesa humanidad. Resultó que lo estaban juzgando en la megacausa 4447 Base Naval Mar del Plata. Él era comisario en Miramar cuando ocurrieron los hechos y fue uno de los policías y militares que fueron juzgados.

-Para corroborar tu relación con Maití ¿te hiciste una prueba de ADN?

-Ahí le dije a mi esposa lo que quería hacer y me sugirió hablar con la abogada Silvina Gutiérrez. Con ella inicié un juicio por identidad luego de la pandemia. Allí citaron a mi madre, a mí, a las dos hijas de Maití, a su pareja, y a Estela –mi hermana e hija biológica de Oscar Rojo- para hacernos muestras de ADN. Las hijas de Maití se negaron a la prueba de ADN. El resultado dio que soy 99.99 por ciento compatible con Mario Rubén Maití.

-¿Cómo y cuándo te enteras de lo que había hecho Maití durante su ejercicio como comisario de la Policía?

-Me entero al mirar en Google los pormenores de la causa 4447 Base Naval Mar del Plata.

-¿Qué pasó con el resto de tu familia?

-Mi familia siguió en contacto con mi madre. Uno de mis hijos, Martín, un día fue a lo de su abuela y cuando regresó me dijo que a partir de ese momento su abuela dejaba de serlo. Cuando le pregunté por qué, me comentó que mi madre le había explicado algo que se llama electrólisis, que es que cuando a una persona la colocan en una “parrilla” para someterla a una sesión de picana, si toma agua inmediatamente de ser torturado, se muere. Mi madre era la encargada de que la persona a la que estaban torturando no tuviera agua durante 8 horas. Esas torturas eran efectivizadas en Parish.

-¿Por qué decidiste unirte a Historias Desobedientes?

-Cuando me entero de todo eso, aparece en casa una señora que ya sabía que yo era hijo de Maití y de todo lo ocurrido. Yo ya estaba militando, antes de confirmar todo, en Historias Desobedientes. La gente me pedía que confirmara bien la información antes de meter la pata, porque por ahí el ADN salía negativo y me esperaban frotándose las manos esperando que lo que yo decía fueran mentiras. Cuando todo terminó siendo cierto, tuvieron que cerrar la boca y esperaban hacerme un juicio.

-¿Qué pasó con las hijas de Maití?

-Una de ellas, Cecilia, vive en Tres Arroyos y es psicóloga; Marina es abogada y vive con la madre en Necochea.

-¿Integran también Historias Desobedientes?

-No, en absoluto. Ni siquiera tienen trato conmigo.

-O sea que no reniegan de la historia de su padre…

-No, es más, Marina fue la abogada de su padre en el juicio por los delitos de lesa humanidad en la Base Naval Mar del Plata.

-¿Qué encontraste en Historias Desobedientes?

-Encontré, sobre todo, una familia que perdí. Si bien yo estoy muy feliz con mi esposa y mis hijos, Historias Desobedientes es un sentido de pertenencia. Nuestra referente, Analía Kalinec, es la hija de Eduardo Pedro Kalinec, el encargado del circuito El Banco, el Atlético y el Olimpo. Un tipo que sabe dónde están los desaparecidos, a quien torturó y a quien mató, y hoy está en libertad.

-¿Qué sentís por el gobierno argentino que niega el genocidio y piensa en indultar a los que fueron condenados?

-Creo que es la misma derecha que nos gobierna con otros nombres. Son los mismos de los 70, les falta matar o desaparecer gente, pero es la misma matriz económica, con un país para pocos y hambre para muchos. Eso es lo que siento y veo junto a una gran mayoría de argentinos, y el dolor de tener una hija obediente como vicepresidenta de la Nación, porque no nos olvidemos que Victoria Villarruel es hija de un genocida. Yo creo que la Justicia no le va a dar la oportunidad de indultar. Pero, además, es todo un supuesto porque Milei no lo ha manifestado aún. Si eso ocurriera sería un retroceso muy doloroso para este país. Historias Desobedientes no nos consideramos víctimas. Las víctimas son las Madres, las Abuelas, Hijos y los nietos que faltan. Somos un colectivo formado por hijas, hijos o familiares que rompimos mandatos con la familia pero no somos víctimas.

Antes de finalizar la charla, Néstor me dejó dos detalles sobre su madre, que me llevaron a destacarlos en el título.

“Yo escribí un artículo sobre mi vieja en uno de los libros de Historias Desobedientes, que le puse como título “Ella también bajó un cuadro”, parafraseando a la acción de Néstor Kirchner cuando bajó los cuadros de los genocidas. El cuadro que mi vieja bajó fue uno mío que había en el living, lo puso en la basura; mi hijo mayor lo recogió y me lo trajo a casa. Hoy está colgado en una pared del living”.

“No entiendo cómo mi madre, con 94 años, prioriza seguir en silencio, defendiendo la causa de los milicos asesinos, desaparecedores y torturadores, por sobre el amor a su hijo”.

29/07/2016

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