-?
Cuando pensamos acerca de las sorprendentes motivaciones que tuvo el electorado nacional al depositar su voto a favor de Cambiemos el 22 de octubre próximo pasado, encontramos una variada gama de explicaciones.
Así, se ha dicho, que salvo De la Rúa ningún presidente después del 83 salió perdidoso del test electoral a mitad de mandato, por lo tanto con el triunfo de Cambiemos se cumplió la regla.
Por otra parte, es poco el tiempo para rectificar el signo del voto que ungió una fórmula presidencial y su ratificación en elecciones legislativas que se celebran a los dos años.
A su vez, el caudal electoral de Cristina tiene un techo superado esta vez en el distrito de la provincia de Buenos Aires.
La Argentina es un país de derechas, afirmación avalada por el antecedente de haber recibido en su territorio después de la Segunda Guerra Mundial a cientos de refugiados nazis, además de haber sido servido por un clero católico que en sus máximas autoridades mostraban un sesgo marcadamente conservador.
Existe una parte del ánimo colectivo que va del 30 al 40 % del electorado, que vota derechas. Y ese ánimo queda ilustrado en una acotación de varios representantes de esa voluntad cuando se observa la trágica desaparición de Santiago Maldonado. Suelen decir, reflotando la teoría de los dos demonios: “¿Acaso hay muertos buenos y muertos malos? ¿Qué hacía ese tarambana en ese lugar?”
Pensé que el valor que estaba en juego era el valor de la vida, por ello estábamos frente a algo que merecía la unanimidad del repudio social. No fue así y varios, en especial, septuagenarios y muchos comunicadores oficiales acordaron entre ellos que la represión a esos “indios de mierda” estaba muy bien.
Pero quienes no piensan de ese modo, pero igual votan a Cambiemos, deberán admitir que no les perturba un gobierno que invita ideológicamente a reprimir y que, en ese marco, produce la desaparición forzada de un ciudadano.
Esa situación me lleva a pensar que gente nacida a mitad del siglo XX se habría formado en el autoritarismo más repudiable. Que los valores democráticos no llegaron a ponderarlos con suficiente convicción como para reivindicarlos por encima de las acciones represivas que fueron el emblema de los gobiernos militares en el siglo mencionado.
En todo caso este último es un aporte que va a favor de la explicación que alude a que nuestra sociedad es una sociedad de derechas.
Llegamos así a los argumentos que señalan que con su voto, el electorado argentino le ratificó la confianza a un modelo económico que lo empobrece y le resta derechos legítimamente adquiridos.
Veamos:
-La muerte de Santiago Maldonado y su encubrimiento no incidió en la elección. Por el contrario, hay un claro direccionamiento a adherir a las políticas de represión social por parte de un numeroso electorado con distritos claramente reaccionarios como la capital federal.
-Política económica y especulación financiera mediante formas y métodos aplicados por Martínez de Hoz.
-Propósito inocultable de erradicar las tradiciones políticas populares de la Argentina. Ya han sometido a la Unión Cívica Radical, al socialismo y ahora van por su máxima presea: el peronismo.
-Seguimiento incondicional de los Estados Unidos en política internacional.
-Desarticulación de las alianzas políticas preexistentes entre pueblos democráticos de América latina.
Todo esto, es suficiente para abordar el camino de las coincidencias entre lo que hace el Pro y lo que hizo el último gobierno militar. Lo que revela que el sentir del electorado se vuelca a favor del autoritarismo y algunas de sus variantes de presentación: (verbigracia gatillo fácil, gobiernos “fuertes”, derogación de derechos laborales y previsionales, represión de la protesta social) legitimados por una elección legal. Falta consignar que solo puede llevarse adelante las líneas de ese programa de gobierno, cuando el que lo aplica no respeta el estado de Derecho.
Algo parecido sostenía la élite de economistas de la Escuela de Chicago cuando recomendaban a los chilenos pinochetistas, que su programa monetarista solo podía aplicarse en países sin garantías constitucionales.
Por ahora cumplir con los preceptos constitucionales no es preocupación para la élite gobernante.
Sus electores votaron Pro porque antes no pudieron votar Proceso de Reorganización Nacional.
Va con firma | 2016 | Todos los derechos reservados
Director: Héctor Mauriño |
Neuquén, Argentina |Propiedad Intelectual: En trámite