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Columnistas
02/04/2017

La “sensación económica”

La “sensación económica” | VA CON FIRMA. Un plus sobre la información.

La administración actual parece decidida a emular a los meteorólogos, incorporando un nuevo indicador. Nos informan que la recesión quedó atrás pero “la calle” todavía no lo siente.

Humberto Zambon

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Los meteorólogos, a los datos de la temperatura ambiente, en la segunda mitad del siglo pasado incorporaron también el informe sobre la “sensación térmica”, que refleja la temperatura que realmente sentimos en función de lo que marcan los termómetros y de la velocidad del viento; en algunos casos, los llamados “sensación térmica efectiva”, incluyen también como variable la humedad relativa del ambiente.

La administración actual parece decidida a emular a los meteorólogos, incorporando un nuevo indicador que podemos denominar “sensación económica”. Así, nos informan que la recesión quedó atrás pero “la calle” todavía no lo siente; es decir, la “sensación económica de la gente” parece negar el hecho indudable que, según los gobernantes, estamos mucho mejor. Tendríamos recuperación económica pero no la sentimos. En última instancia, la culpa sería nuestra por no darnos cuenta de la realidad.

Está bastante estudiado, especialmente después de Keynes, el papel que cumplen las expectativas en la evolución económica de una sociedad; si “la gente” cree que la situación mejora está más dispuesta a gastar sus ingresos, lo que incrementa la demanda global y fomenta las inversiones, en una especie de círculo virtuoso de crecimiento. Es el caso de la profecía auto-cumplida: si una autoridad reconocida nos convence de que estamos mejor, se ponen en marcha mecanismos económicos que hacen que, finalmente, las cosas mejoran.

Ante el fracaso en lograr estímulos concretos que impulsen a la actividad económica, como la esperada “lluvia de inversiones” que vendrían del exterior o el cambio en la actitud de los empresarios existentes, el gobierno parece jugarse a modificar las expectativas del público en un intento de cambiar el curso de la economía. Con este fin en los últimos días los funcionarios compitieron en informar la supuesta mejoría de las variables que están en su área de responsabilidad y que la recuperación económica está en marcha.

Así, el Presidente Macri trata de dar mensajes optimistas respecto a la marcha de la economía; por su parte, el ministro de la Producción recientemente aseguró “que se superó la etapa de la recesión que hubo hasta el tercer trimestre de 2016” y que “en el gobierno son optimistas respecto al crecimiento de este año”.

Pero, si existiera el premio de “la imaginación al poder” (como se proclamaba durante la rebelión estudiantil de fines de los años ’60 del siglo pasado), la distinción le hubiera correspondido al ministro Triaca por el manejo que hizo de los datos estadísticos para concluir que, a pesar de los despidos y suspensiones en las grandes empresas y del cierre de las pequeñas y medianas, la situación laboral está mejorando.

Sin embargo, el problema fundamental que se les presentó fue que, en simultáneo con esa ofensiva optimista, el Indec ha dado a conocer los datos correspondientes a febrero de este año. Pareciera que el Indec se ha contagiado de la mala “sensación económica” de la gente y no ha percibido que la recuperación está en marcha: los índices oficiales conocidos muestran que la construcción cayó un 3,4% en la comparación interanual y la industria un 6%, con lo que arrastra 11 meses con resultado negativo, con caída en todos los rubros, especialmente textil (22,5%), la industria láctea (14,4%) y la molienda de granos (13,7%) la siderurgia (9,3%) y la metalmecánica (8,5%).

Hay que entender que el cambio en las expectativas económicas requiere hechos objetivos en qué basarse. Con estos datos negativos y con la experiencia personal de cada uno de nosotros de la realidad que se vive, suponer que nos van a convencer de que llegaron los famosos “brotes verdes de la economía”, que se  ha producido un cambio en la tendencia y construir la “sensación” de que la economía empezó a mejorar parece un exceso de voluntarismo. En este caso, más que buscar nuevos recursos retóricos o publicitarias originales, deberían esperar un milagro.

29/07/2016

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