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Columnistas
19/07/2026

Ecos de un mundial que termina

Ecos de un mundial que termina | VA CON FIRMA. Un plus sobre la información.

La histórica remontada de la selección nacional contra Inglaterra puso nuevamente a “la política” en el escenario. En los días recientes, en México y en Argentina se destacaron tres comunicadores que por razones aparentemente distintas convergen en lo mismo: odio, mala leche y mentira contumaz.

Oliverio Jitrik

En el momento de publicarse estas palabras nos encontramos a unas pocas horas de la gran final de la Copa del Mundo 2026. Hemos, tácitamente, aceptado la potestad total de ese estado-nación llamado FIFA, que maneja sus intereses con independencia total de países y estados en apariencia soberanos, pero que se somete temporalmente a los caprichos del poder central, otorgando a discreción concesiones a los poderosos. Desde la designación de Infantino a DJT como heraldo de la paz mundial, simultáneamente al ataque a Venezuela y previo al de Irán, el destrato en plena competencia a la Selección Nacional de Irán, obligándola a viajar desde Tijuana a Seattle por sólo el tiempo necesario para cumplir con sus partidos, o el permiso para que jugara un futbolista expulsado en el partido previo de la Selección de Estados Unidos. La discrecionalidad de la FIFA sólo enfatiza la imposibilidad de no rozar “lo político”, aun cuando se suponga, inocentemente, que el mundial se trate únicamente de la manifestación de un mero hecho deportivo, en el que deba “ganar el mejor”, en “un juego nada más”: eso únicamente sirve para consolar al que pierda este domingo. La histórica remontada de Argentina contra Inglaterra puso nuevamente “la política” en el escenario, con la frutilla del postre, que fue el sorpresivo despliegue de la tela blanca que recuerda la propiedad de las Malvinas. Y de ahí, empezaron a boquear los ingleses, a multiplicar los lloriqueos, intentando invocar el artículo 34.3 del reglamento de la FIFA, que prohíbe a los jugadores “exhibir mensajes o eslóganes políticos antes, durante o después de un partido”. Afortunadamente, la FIFA es hipócrita y también para bien: finge que atenderán el asunto y, a lo sumo, impondrá una sanción económica a la AFA. Parece improbable que se dispare al pie afectando la cornucopia que representa la Selección Argentina/Messi y de paso toda la Conmebol. Desde luego, los lloros británicos emanados de las oficinas del avieso Starmer fueron heredados, por necesidad, en la colonia genuflexa nacional y ahí salieron Bullrich y Milei a condenar la manta desplegada. Sin embargo, Milei no tuvo de otra que decretar asueto para el lunes, se gane o se pierda en la final.

Se destacaron en los días recientes tres comunicadores, por aparentes diferentes razones, pero que convergen en una sola: odio, mala leche y mentira contumaz. A todos estos atenderemos en forma, como merecen, una vez terminado el mundial. Por de pronto, hacemos un adelanto, empezando con el infeliz de Álvaro Morales, un antiargentino furioso nacido guatemalteco pero que finge ser mexicano, en la cadena ESPN. Lleva 6 años atacando a la Selección y, en particular, a su capitán Lionel. Lo único que hizo fue radicalizar la falsa competencia futbolística entre México y Argentina y alebrestar a toda una clase media convencida sin remedio de que nuestra Selección ha ganado con trampas y la ayuda de Infantino. Puro ardor del bueno, que comparten ingleses y hasta progres mexicanos de corta memoria, que alentaban fervorosos a Inglaterra pese a que fue su verdugo en octavos de final. El efectismo de Morales fue el detonante suficiente para que alguno mordiera el anzuelo y respondiera de manera escalada. Y tenía que ser uno de su calaña o peor, la conciencia pública del facho argentino, el máximo exégeta de Milei (después de Fantino en realidad), el impresentable de Feinmann, quien declaró que “odiaba a México” y que quiso, en el mismo paquete, ridiculizar su habla, y sólo faltó que, como la hortera de Ayuso, endiosara al Capitán extremeño, lo que no hizo, por simplemente ignorar su existencia. Esto mereció un comunicado de desagravio a México por parte de argentinos que sintieron que deben remarcar -sobre todo si viven o son cercanos a México- que no son parte del conjunto de argentinos insoportables, tal como son vistos en varios países y, en especial, en México. Y que pagamos justos por pecadores. Hasta la Presidente Sheinbaum le contestó al enano de tacos altos (¿de verdad es con doble nn?), que muy bueno nos salió para atacar estudiantes de secundaria. El último en esta lista infame es Piers Morgan, el cotidiano amarillista inglés, vapuleado favorito y constante del prof. Marandi. Afirmó: “Classless pricks. I hope Spain beat them as badly in the Final, as we beat them in the Falklands war”. Palabras más o menos, que España reviente a Argentina como se los hicimos en las “Falklands”. Lo de “classless pricks” (algo así como “odiosos sin clase) le viene de recóndito DNA inglés, a raíz de toda aquella historia de los “Animals”, causada por la limpiada de la mano de Rattin en el banderín de la Union Jack, en 1966. Prueba de que lo que hizo la Selección produjo el efecto deseado y formará parte de la “política” que no desea la FIFA, aunque no supieran como multar al hombre que se mantuvo de pie vestido como Lumumba en los partidos del Congo. Batallas culturales necesarias… las que llevan metal son las que se libran en Ormuz y en el frente ucraniano, por la supervivencia de la civilización, y no hablamos por supuesto de la “civilización” euro-occidental. Es a misilazo limpio y las malas lenguas conjeturan que los Iskander de la última andanada a Kiev podría haber dejado en malas condiciones a Lindsey Graham, el verborreico senator que estaba en uno de los blancos casualmente y murió uno o dos días después, ya en territorio norteamericano, sin que se diera alguna información de su causa. Es harto improbable que misil y defunción fueran hechos sin relación. En cualquier caso, se hizo justicia poética.

A ganar dentro de un rato. Si no, no pasa nada: nos quedaremos con el cabezazo de Lautaro en lo que nos quede de vida.

29/07/2016

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