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En estos días y en estos precisos momentos, casi nadie en Argentina -y lo mismo ocurre en la mayor parte de las naciones- habla de otra cosa que no sea la final del Mundial de Fútbol. Y está bien que así sea. Pero esta columna de opinión fue escrita horas antes del partido definitorio y se ocupa de otros asuntos. Perdón por el “descuelgue”. (Y de todos modos, algo se dirá en párrafos siguientes respecto del “único” tema importante de hoy).
Nuestro país tiene una parte de su territorio ocupado por una potencia colonial desde hace prácticamente dos siglos. Las Malvinas y otras islas del Atlántico Sur fueron invadidas a partir del 3 de enero de 1833 por el Reino Unido de Gran Bretaña, un Estado europeo de composición compleja y conflictiva donde Inglaterra es el país hegemónico, y que además casi 90 años más tarde también tomó el control de una parte del territorio de Irlanda (Irlanda del Norte), por lo cual modificó el nombre del “Reino”.
(Acerca de dicho Estado, puede tomarse como referencia una “ficha” de datos publicada por las autoridades españolas a través del ministerio de Asuntos Exteriores, Unión Europea y Cooperación. Información del gobierno de España sobre el “Reino Unido”).
Pero además de la bicentenaria usurpación territorial, en los últimos dos años y medio Argentina está gobernada por un régimen político y corporativo de ultraderecha, encabezado por Javier Milei, que paso a paso va creando las condiciones para que la Nación vuelva a ser una colonia dominada por intereses extranjeros, aunque los gobiernos y parlamentos surjan de procesos electorales.
Barco de guerra
Como uno de los muchos efectos contrarios a la dignidad nacional que provoca la actual situación política, entre los días 2 y 3 de este mes un buque patrullero británico -es decir un buque de guerra- atravesó aguas argentinas en tránsito desde las Malvinas hacia el Estrecho de Magallanes, rumbo a Chile.
Y lo hizo sin informar de su curso de navegación a las autoridades de nuestro país, a pesar de que existen normas internacionales que lo obligan a hacerlo. Sin embargo, el gobierno mileísta demoró diez días para realizar algún tipo de protesta oficial.
El navío inglés, que lleva el nombre de “HMS Medway”, se desplazó en jurisdicción del mar argentino frente a las costas de las provincias de Santa Cruz y Tierra del Fuego-AIAS (por Tierra del Fuego, Antártida e Islas del Atlántico Sur, tal el nombre oficial de la provincia más austral del mundo).
Una de las primeras confirmaciones oficiales del episodio fue un “enérgico repudio” precisamente del gobierno fueguino, realizada a través de Andrés Dachary, integrante del gabinete provincial. El funcionario, que es titular de la secretaría de Malvinas, Antártida, Islas del Atlántico Sur y Asuntos Internacionales de la provincia, calificó al hecho como “una provocación” y “una nueva muestra de mala fe británica”. (El pronunciamiento fue resumido, por ejemplo, en una crónica del “Portal del Beagle”. Nota del 08/07/26).
Poco después, un grupo de diputados/as nacionales de Unión por la Patria presentó en la Cámara un “pedido de informes” para que el Ejecutivo nacional diera explicaciones y dijera si autorizó la navegación del buque británico en aguas argentinas. (Información del diario Página 12, nota del 13/07/26).
Ya habían transcurrido dos semanas desde la ostentación de impunidad militar inglesa, cuando el gobierno de Milei presentó una protesta oficial por vías diplomáticas. Lo hizo mediante una nota formal de la Cancillería (ministerio de Relaciones Exteriores) de Argentina, entregada en la embajada del Reino Unido en Buenos Aires.
Firmado por el canciller Pablo Quirno, el documento manifestó “el más enérgico rechazo” al paso del navío, se quejó porque el desplazamiento no fue “debidamente notificado de conformidad con los acuerdos y declaraciones bilaterales vigentes que involucran el tránsito por el Mar Territorial argentino”, y afirmó que los hechos “contravienen compromisos recíprocos sobre medidas de fomento en el orden militar vigentes entre los dos países”. (Ver reseña del portal “M1-Minuto Uno”, nota del 16/07/26).
Bandera de la selección
El pasado miércoles (15/07), la épica e inolvidable victoria futbolística de la selección de Lionel Messi frente a su equivalente inglesa, permitió llegar otra vez a la final 2026 del máximo espectáculo deportivo universal.
Y revivió, y recreó para nuevas y diversas generaciones, la gloria de Diego Maradona y todo el equipo nacional en el Mundial 1986, y la incomparable sensación colectiva de haberle ganado a un rival muy diferente de cualquier otro.
Ese triunfo histórico en la cancha tuvo una derivación, también histórica, en el gesto de los jugadores que en pleno festejo dentro del campo de juego exhibieron ante los ojos del mundo una sábana (un pedazo de tela) a modo de bandera, tomada de alguien que la tenía entre el público, con la inscripción “Las Malvinas son Argentinas”.
Como se ha dicho infinidad de veces desde entonces, esa imagen recorrió/recorre el espacio público en todo el planeta. Pero aún más trascendente que su repercusión en el exterior, es su contribución para recuperar tal vez algún tipo de autoestima o sentido del decoro nacional dentro de la sociedad argentina.
Nuestro país es un caso absolutamente extraño -y la historiografía quizás podría precisar si ha existido algún otro a nivel internacional-, en el que un jefe del Estado se proclama “admirador” de una jerarca extranjera que pocas décadas atrás decidió perpetrar una guerra contra la propia Nación que él gobierna.
(Solo como forma de repasar ciertos detalles, se pueden recordar algunas de las veces en que Milei se refirió de ese modo a quien era primera ministra británica en 1982, Margaret Thatcher. Lo hizo por ejemplo hace algo más de dos años, tal como lo informaba Página 12. Nota del 07/05/2024).
“Lo que le importa a la gente”
La ocupación inglesa sobre una parte del territorio argentino es ocultada de forma permanente por los factores de poder que inciden en la conformación de la opinión pública.
Los medios de comunicación más influyentes expresan una ideología oligárquica, opuesta a los intereses del país, y por lo tanto no tienen la menor intención de producir contenidos que exalten los derechos soberanos argentinos en las islas usurpadas.
Igual que las cadenas mediáticas, y como parte de un mismo bloque de poder, actúan y predican las derechas y ultraderechas partidarias e institucionales. Sus esencias ideológicas apuntan a instalar como sociedades “modelo” -a las cuales debiéramos parecernos- a las de Estados Unidos o Europa Occidental, es decir países que históricamente generaron su riqueza mediante las guerras y las invasiones para someter a otros pueblos del mundo y saquear sus recursos.
Encima, ahora Milei agrega como país ejemplar a Israel, cuyo gobierno comete un genocidio a la vista de toda la humanidad contra la población palestina en Gaza, y además bombardea zonas de la república del Líbano como parte de su plan expansionista, y asimismo en febrero pasado inició junto a EE.UU. una guerra de agresión contra Irán.
En cuanto a las fuerzas populares de Argentina, su habitual abandono de la reivindicación de la causa Malvinas quizás se origine en concepciones “economicistas” y marketineras, muy empobrecidas de profundidad ideológica y contenido político sustancial. La mayoría de su dirigencia cree que la economía es lo único de lo cual deben ocuparse en sus discursos públicos, porque lo demás “no le importa a la gente”.
Es humanamente imposible saber si en algún momento del futuro se podrá revertir el dominio de la potencia invasora en las islas del Atlántico sur.
Pero una de las primeras condiciones para dar vuelta esa derrota territorial de casi dos siglos frente a los ingleses, será que en el corto plazo histórico -por ejemplo a partir de la elección presidencial del año que viene- Argentina tenga un gobierno nacional y mayorías parlamentarias que sean portador/portadoras de un elemental sentido de defensa del país.
Las dirigencias que aspiran a representar a las mayorías nacionales, y también -aunque con responsabilidades muy distintas- las/los referentes comunicacionales que genuinamente sienten un compromiso con los derechos e intereses de la población, en este Mundial de fútbol tienen a su alcance nuevos aprendizajes acerca de lo que piensan y sienten millones de personas aunque no lo expresen todos los días.
El colectivo humano aludido por lo general como "la gente", también es portador de sentimientos y valores profundos, humanistas y patrióticos, que coexisten con sus deseos esenciales de lograr las mejores condiciones materiales de vida que fueran posibles.
Así como en Qatar 2022 se hizo popular la canción que en uno de sus versos exaltaba a "los pibes de Malvinas que jamás olvidaré", esta vez los sentimientos nacionales volvieron a conmoverse con la bandera que mostró la selección en el festejo tras el partido contra Inglaterra. Allí radica quizás una fortaleza potencial para emprender los desafíos más difíciles y trascendentes.
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