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En junio, Argentina tuvo 3 mil desarrollos petroleros, de los cuales el 95% fueron en Neuquén. Apliquemos ya el Impuesto Neuquén Futuro.
Para ese récord bombeamos 600 mil toneladas de agua, complicando las rutas de la región, obviando que la comarca petrolera Cutral Co-Huincul no tiene agua propia y hasta perdió su laguna natural y su aeropuerto, aunque muestre el monumento a Messi más alto del mundo.
En junio tuvimos un récord de actividades petroleras, aunque algo estaría fallando, porque por algunos errores logísticos dejaron 1.029 etapas sin ejecutar.
Recordemos que “etapa” petrolera es una de las fases del proceso de producción, en un ciclo que sería:
Pero (como comenta Cristian Navazo) parece que no todo son flores, pues, se están verificando “algunas etapas perdidas, porque detrás de los números en verde asoma una luz amarilla que preocupa a las operadoras que han dejado en el camino 1.029 etapas ‘disponibles de fracturar’. El problema no fue falta de equipos ni otras limitaciones, la verdadera razón es que la descoordinación logística y una agenda no unificada provocaron una parálisis de 12 días completos de inactividad operativa. La velocidad que exigen las operaciones satura los tiempos y cualquier interrupción mínima o demora en el abastecimiento de agua y arena, impacta negativamente en los cronogramas de trabajo”.
Además, las unidades de restauración, mantenimiento o incremento de la producción de pozos (workover) se estabilizaron en un 23% por debajo de los niveles de 2025, pendientes de las futuras campañas de abandono de pozos que diagraman las petroleras para los convencionales maduros
Aunque la modernización tecnológica acelere la tasa de penetración de los taladros, el objetivo anual de 540 pozos horizontales luce lejano. El desfasaje cronológico persiste y obliga a las compañías a recalibrar metas.
Por eso, algunos neuquinos están imaginando una nueva etapa de desarrollo energético: como el acuerdo entre la Provincia e YPF para impulsar el proyecto de Gas Natural Licuado, abriendo una oportunidad estratégica que no se limita únicamente a la exportación de gas, sino que también involucra infraestructura, servicios, empleo, inversiones y nuevas cadenas de valor asociadas a Vaca Muerta, prometiendo:
Accederíamos a mercados internacionales que permanecían cerrados para el gas neuquino y reduciríamos la estacionalidad de la producción, otorgando mayor previsibilidad para la actividad, las inversiones y el empleo.
Esa estabilidad tendría apoyos concretos en las comunidades de Cutral Co y Plaza Huincul mediante bonos destinados a obras estratégicas, avanzando a medida que se completen las etapas de ingeniería y los procesos administrativos previstos dentro del Régimen de Incentivo para Grandes Inversiones (RIGI).
Más allá de estas visiones futuristas, sus posibles obstáculos tecnológicos y la desigual y asimétrica distribución de población en la provincia, observemos la realidad cotidiana en varias noticias recientes (particularmente algunos de sus títulos):
Esta problemática de la salud mental, configura principalmente en Añelo y Rincón de los Sauces, una crisis social grave, que sigue aumentando con el crecimiento desordenado de las ciudades, el aislamiento de los trabajadores y el colapso de los hospitales, sin que a ninguno de los poderosos empresarios petrolatos se le mueva un solo pelo.
El acelerado crecimiento petrolero sigue atrayendo a miles de personas que buscando trabajo terminan viviendo en condiciones de vulnerabilidad, saturando los sistemas de salud y afectando los servicios básicos.
Durante semanas, muchos trabajadores viven lejos de sus familias, su soledad y el estrés laboral son factores de riesgo que los afectan. Por eso, en hospitales como el de Rincón de los Sauces, el área de Salud Mental está colapsando, con pocos profesionales para atender las depresiones, el consumo de sustancias y la violencia. Algunos Intendentes piden que las personas no se muden con sus familias sin tener trabajo y vivienda asegurados.
De todas maneras, el acelerado crecimiento de los yacimientos, junto a la decadencia de las economías regionales, continúa atrayendo a miles de personas que terminan viviendo aislados en precarias condiciones de vulnerabilidad, saturando los sistemas públicos.
Asumimos la ambigüedad de que nos va bárbaro con el petróleo de Vaca Muerta, al tiempo que sus tremendos daños socioeconómicos, serán muy difíciles de restaurar en el futuro.
Como decía Simón Feldman, la discursiva ambigua es normal, nos han castigado, con una domesticación que viene creciendo. Ese cinismo instalado en el discurso político-económico, nos autoriza hoy a reclamar y proponer que, antes que se vayan (como en Chubut) tienen que pagar su parte del daño socioeconómico que están dejando, especialmente en el hábitat petrolero, pero también en nuestras desmanteladas economías regionales.
Tendrán que aportar cuanto antes a la restauración de rutas, redes y equipamientos urbanos deteriorados y sobre utilizados, relocalizando población en las economías regionales vaciadas y reconstruyendo las áreas rurales dañadas por la excesiva inversión inmobiliaria y el ataque invasivo de los pozos de fracking.
Es hora de cobrarles el “Impuesto Neuquén Futuro” con una política impositiva clara pero implacable, sobre los inmensos daños producidos, porque los usaron para enriquecerse sin medida, y hoy, con todos esos recursos, todavía están aquí haciendo daño sin pagar un peso.
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