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Pudo pensarse, con lógica propia de las ciencias naturales, que una eventual reconciliación entre Cristina Kirchner y Axel Kicillof suponía un activo para el peronismo progresista, toda vez que tal avenimiento -imaginario- instauraría a ese progresismo en una especie de pole position con vistas a las presidenciales de octubre de 2027. Sin embargo, la física de materiales puede estar sugiriendo otra cosa: que tal vez el que no quiera esa reconciliación sea Kicillof y no Cristina. Así, el gobernador estaría -según esta irresponsable conjetura propia- convencido de que, para ganar una elección en la Argentina, tiene que pulir una imagen de acentuada lejanía respecto de la máxima dirigente del peronismo. Ser un hombre de Estado o un hombre de mercado, esa sería la encrucijada del gobernador y en ambos casos se requiere personalidad y autonomía propias, habría concluido.
Por su parte, Máximo Kirchner parece percibir, en el gobernador, a un enemigo principalísimo. Y no se entiende por qué su enemigo no es el peronismo "macrista" que se hallan rejuntando, cada uno por su cuenta, Juan Manuel Olmos y Emilio Monzó, que son quienes, en verdad, detestan a Cristina, les viene bien su proscripción y, si pudieran, la expulsarían de la vida política nacional. En ese nido empolla también Tolosa Paz, una albertista de paladar negro. Pero el enemigo de Máximo es Kicillof (¡...!) que, por otra parte, es el único que podría asegurar, si el futuro lo ungiera al podio de los notables, la libertad de la ex Presidenta, indulto mediante.
No se entiende tanta obcecación en la estulticia, como tampoco cabe que se viva como una ofensa que Kicillof intente construir su candidatura presidencial al margen de CFK. Todo el mundo tiene derecho a hacer algo bien en esta vida, y esta máxima no está tomada de las estoicas Meditacionesde Marco Aurelio sino inspiradas en el Porco Rex del Indio Solari, y a declamados devotos del ídolo popular recién fallecido les haría bien tomar nota de ello.
Insistir en que el gobernador le debe su gobernación a Cristina es como decir que Cristina le debe la presidencia a Néstor, y que éste se la debe a Duhalde. Se trató en todos los casos de decisiones políticas, no de liberalidades reguladas por el derecho de Familia, ¡caramba...!
Y encima, tanta ofuscación en la banalidad tiene lugar cuando pueblo y país soportan una amenaza inusual y extraordinaria a su propia existencia. Colma toda medida de irresponsable inanidad agregar, como repetitivo conjuro, que Kicillof "no la va a visitar". Increíble pero cierto. Pues cuando Cristina decidió no ir a Ezeiza a solidarizarse con su vicepresidente preso (Boudou) o con su superministro de Planificación (De Vido), sencillamente no fue, y sostuvo esa decisión -suponemos- en consideraciones de orden político, no ético.
Pues el argumento de los quejosos parece moral, y la moral no cabe aquí. Sobreentienden que con Cristina proscripta se ha violentado la ética de la democracia y que quienes, en ese marco, construyen sus propias candidaturas, en realidad y antes que nada están aprovechando en su beneficio una agresión del enemigo contra todo el peronismo e, incluso, contra la democracia argentina. Y eso sería, según esta mirada, un quebranto ético.
Dos más dos puede dar cinco
A pura aritmética, Agustín Rossi acaba de señalar que si se juntan todos, a Milei se le gana una elección. Pero además de ganar hay que gobernar, y hacer un frente antimilei con Jaldo y Jalil es como juntarse con Mussolini para combatir a Hitler. Si Rossi, cuya calidad como dirigente está fuera de toda duda, cree eso, podría poner en consideración la construcción de un "centro" que es lo que se barrunta en las oficinas de Juan Manuel Olmos, pues el peronismo que se referencia en la ex Presidenta o en el actual gobernador nunca se amucharán en aventuras ya sancionadas por la derrota.
Después de escuchar al marsupial en jefe cuando "expone" y suelta epítetos de una obscenidad inaudita, una disertación de Agustín Rossi suena como la política devenida hecho civilizatorio, ya sea que se esté o no de acuerdo con los conceptos vertidos por el ex ministro de Defensa. Por eso, decimos que ese "frente antimilei" que propone tal vez esté pecando de formalismo aritmético, ese que tal vez sirva para hacer fuerza en una elección pero no para gobernar. Pues, ¿se le puede decir al votante, sin engañarlo miserablemente, que se van a restañar las heridas de este atroz experimento pro mercado aliados a Florencio Randazzo? Lo primero que habría que hacer es renegociar los términos de una deuda impagable y para eso se requiere homogeneidad ideológica en cualquier elenco gobernante.
El caso es que la tasa de desesperación social es muy alta en el conurbano porteño. En ese escenario, si a Cristina hoy la dejaran recorrerlo un poco, sólo en un mes se lleva puesto al gobierno y tal vez al sistema político en su conjunto. Esa es la razón por la cual la quieren, hoy como ayer, muerta o proscripta. Lo quiere así el mismo sistema político que acaba de mostrar su catadura: el Pro y la UCR cerraron filas para encubrir a un sinvergüenza. Y en Córdoba pavimentaron el "derrotero" de Barrelier en la administración pública. El Pro y la UCR, ese es el maridaje obsceno.
En tanto, mientras Freud interpreta los sueños y Messi los hace realidad, la vida argentina transcurre menos escindida de lo que pudo suponerse, y el infame negocio mundialista no ha podido desplazar a la política de la consideración general, tal vez porque -con impotente resignación- las víctimas de la "libertad" van sabiendo, de a poco, que uno y otra son dos formas del negociado donde la corrupción raras veces no es invitada de honor.
A su turno, el pueblo empadronado que votará el año que viene está sometido a fuertes presiones mediáticas y tiene igualmente fuertes incentivos para considerar que entre Adorni y "el kirchnerismo" no hay diferencias sustantivas. Si encima de eso, el peronismo se pelea consigo mismo, el país está en el horno.
Encima, hay que lidiar con las mugres que depara la "libertad de expresión", a saber, subir al escenario mediático a Miriam Bregman y a Insaurralde es lo último en materia de operaciones políticas orientadas a debilitar electoralmente al peronismo de cara al año que viene, bien entendido que un granuja afecto a la holganza y la procacidad insulta, con su sola presencia en la política, a los que hacen política con honestidad.
Por lo expuesto, lo mejor sería que si La Cámpora no lo quiere ni ver a Kicillof como candidato, le oponga un entenado propio que, al abrigo de toda proscripción, pueda competir en una interna y eventualmente, en la general a nivel nacional. Y una cosa es abogar por la libertad de Cristina y otra hacerlo por la candidatura presidencial de Cristina.
Presa o muerta
Su prisión es un escándalo ahogado entre los opacos muros de un poder judicial con menos prestigio que un deudor incobrable, porque es de manual lo actuado para perseguirla y proscribirla. "Me quieren muerta o presa" no es un eslogan de campaña. Es lo que sucedió en la realidad política y social de este país. Es malicioso y de una estupidez insanable el argumento de que "no está presa por sus ideas", como escriben una y otra vez los voceros de la judicatura que la proscribió. No tienen vergüenza.
Las declaraciones del empresario Gerardo Ferreyra y de Julio Silva en la causa "cuadernos" son precisas y concordantes, pero nadie investiga las eventuales imputaciones que de allí surgen. De ser ciertas esas aseveraciones, la justicia argentina contaría con alguien severamente descalificado haciendo las veces de fiscal. Ferreyra ya avisó que Stornelli lo apretó para que inciminara a "estos mugrientos" (el kirchnerismo), en particular a la ex Presidenta, a cambio de lo cual se lo excarcelaría. Ahora, el portero de Juncal y Uruguay (Julio Silva) dijo algo parecido: que lo amenazaron diciéndole: "...no te olvides nunca de que tenés dos hijas..." (¡ ...!). Cuando le preguntaron quién lo había presionado, nombró al juez Bonadío y al fiscal Stornelli.
Asimismo, la negativa del supuesto redactor de los "cuadernos" -el chofer Oscar Centeno- a contestar preguntas, afecta, de manera escandalosa e inocultable, el artículo 8 de la Convención Americana sobre Derechos Humanos (Pacto de San José de Costa Rica), que consagra taxativamente el "derecho de la defensa de interrogar a los testigos presentes". Los jueces LE PERMITIERON A CENTENO NO DECLARAR, y ante tamaña aberración no cabe mirar para otro lado. No hubo, para la ex Presidenta proscripta, "derecho a ser oído con las debidas garantías" (art. 8° inc. 1° del texto citado), a todo lo cual se suma el origen absolutamente mafioso que tuvo una causa basada en unos "cuadernos" que habrían sido "redactados" y luego quemados y después vueltos a aparecer como fotocopias en poder de un zumbo de la Gendarmería. Este es el mamarracho pretendido como "causa judicial" que fue, originariamente, impulsada por el gobierno de Macri acusado, en su oportunidad, de armado de causas y espionajes ilegales para perseguir opositores o disciplinar empresarios.
La Comisión Interamericana de Derechos Humanos (CIDH), según todo lo indica, se aprestaría a solicitar informes y formular recomendaciones al gobierno argentino con base suficiente como para que por donde corresponda se decrete la nulidad de todo lo actuado por persecutorio, proscriptivo y violatorio de derechos y garantías constitucionales. Además, el artículo 19, inciso c.- de los estatutos del organismo le atribuyen la potestad de solicitar a la Corte Interamericana de Derechos Humanos "medidas provisionales en asuntos graves y urgentes", como es el caso en la situación a que ha sido reducida la ex Presidenta.
Recientemente, Hugo Yasky señaló que una candidatura de CFK culminaría en puro testimonialismo, lo cual es verdad aun cuando sería posible otra variante: que la ex Presidenta sea candidata, pese a su proscripción, con un candidato a vice que, cuando la justicia electoral la excluya de la competencia, pase a ser el candidato oficial del espacio. Por su parte, tal vez el gobernador de Buenos Aires -lo decíamos en el primer párrafo de esta nota- esté mirando más allá del 2027 dando por muy probable la reelección de Milei y, por eso, reservándose para más adelante. El 2030/31, al fin y al cabo, no está tan lejos, y el hombre todavía es joven. Tal vez apunta a que el tiempo lo unja líder de un peronismo que, con su conducción, será socialdemócrata o no será nada. Pues, habría que ir sabiéndolo desde ahora, ni el gobernador ni la ex Presidenta ignoran, a esta altura de la globalización, que sin equilibrio fiscal, Estado sobrio y estabilidad macroeconómica, no se puede gobernar. Tampoco se puede hacerlo sin renegociar unos compromisos externos contraídos por un especulador de bolsa metido a ministro de Economía. La Argentina está endeudada hasta el cogote. Todo surgiría con mayor claridad si se conocieran las diferencias de proyectos de país que separan al gobernador de la ex Presidenta.
Y no se trata de que ambos dirigentes no se reúnen porque los separa la distancia. La verdad es que no hay explicación para lo inexplicable. Y lo inexplicable es que ese encuentro no se produzca. Y ese encuentro no se produce porque nadie, de un lado u otro, se toma el trabajo de empezar a prepararlo con negociaciones previas a cargo de delegados instruidos en ese sentido y con "competencia" para hacerlo. Es así -aquí y en todo el mundo- como se preparan las "cumbres" políticas.
Malthus o Xi Jinping
En todo caso, la gravedad de la encrucijada en que se encuentra la Argentina es tal que no habría tiempo que perder, a estar al señalamiento de Ricardo Aronskind, realizado el 28/6/26 en el medio porteño para el que escribe, donde plantea que lo esencial de la actual coyuntura nacional pasa por la unidad en la defensa de la salud popular y el repudio al ajuste criminal que efectúa el gobierno nacional sobre las finanzas de la provincia de Buenos Aires. Dice el columnista que "siendo el estrangulamiento de fondos un dato contundente de la realidad, parece no tener ningún peso en el debate interno (del peronismo)...y, peor aún, «no está entrando en la conciencia colectiva de la población bonaerense de quién es la responsabilidad por las carencias que no puedan resolverse y por las penurias —de vivienda, de transporte, de salud, de empleo, de inseguridad— que se prolongan en el tiempo. En el tema comunicacional, para variar, hay un muy escaso conocimiento público del crimen del desabastecimiento de fondos que ejecuta Caputo» (Ver enlace). Es atinadísima la advertencia de Aronskind. Después, cuando se pierda la elección en la Provincia -parece decir-, ya será tarde. Y habrá responsables, agregamos.
Y así las cosas, el asunto relativo a qué se piensa hacer con este país cuando una ya próxima elección eleve a tal o a cuál al tope del sistema político, no es menor.
Acaba de decir Pablo Gerchunoff que en un proceso de "destrucción creativa", «no darles una salida a los perdedores no es una crueldad; es, antes que nada, un error político». (Ver enlace).
Pero la idea de que el proceso de "destrucción creativa" tiene que incorporar a los perdedores implica una incomprensión (o una miopía interesada) de lo esencial del proyecto económico gubernamental. Este proyecto no implica un cambio de patrón productivo; descansa en la minería, el campo y la energía, es decir, commodities; y renuncia expresa o tácitamente a cualquier nivel de elaboración local. Por eso, un proyecto semejante no puede incorporar a nadie, ni siquiera a los perdedores, y sólo le cabe repetir, como un sonsonete, “compitan o mueran"; implícitamente, es un designio que se basa en la idea de población sobrante y de sectores enteros de la economía sobrantes. Cuando es esto lo que está ocurriendo, no pelearse entre las víctimas no es una opción más o menos conveniente; es una obligación.
En China, un "gran relato" de los que florecieron en la pluma de Francis Fukuyama y que ya debería estar muerto sigue vivo, y el muerto es Fukuyama. Todo el avance tecnológico de aquel país es compatible con un objetivo civilizacional que el Partido Comunista mantiene allí, según parece, como sentido final de todo el acontecer global: una Humanidad ordenada, sin guerras y con la economía planificada en la "casa común" que, para el "pensamiento Xi", es todo el mundo. La alternativa que ofrece occidente es Palantir y Peter Thiel. A esa alternativa se la vende como "libertad".
Al parecer, los chinos han entendido muy bien el meollo del funcionamento del sistema capitalista: el "cálculo económico". Y han llegado a la conclusión de que lo que calcula muy bien ese cálculoes cómo circunscribir el salario estrictamente a lo que necesita el obrero para reproducirse como obrero. Porque la teoría del cálculo económico (Mises) nació cuando todavía existían conglomerados fabriles donde había gente que trabajaba a cambio de un salario. Perpetuar ese sistema es una inicua miserabilidad en la que incurren los apologistas de la "mano invisible del mercado", que les conviene que sea invisible para no quedar expuestos como sujetos activos de un delito atroz y deleznable como es el de someter de por vida a masas enteras de población a la urgencia y la estrechez material y a no conocer nunca el privilegio de vivir.
Todo esto nunca deviene narrativa de ningún medio "serio". Néstor Kirchner le tomaba el pelo a Clarín desde el púlpito presidencial y las conciencias elegantes de la época simulaban escandalizarse y consideraban eso como un insulto al periodismo y como la prueba irrefutable de que la democracia había entrado en un cono de sombra y que "Venezuela" acechaba a los argentinos. Ahora, esa extraña criatura que hace las veces de presidente de la Nación se despacha con groserías sólo reproducibles en horarios de protección al menor y La Nación, Clarín y paniaguados de tevé nada dicen o dicen algo como para salvar las apariencias. La diferencia no es menor y señala la doble vara: Milei trabaja para el mercado incluso privando del derecho a la vida a los que necesitan la medicina o el alimento; Kirchner, en cambio, era un bienestarista que, encima, se despachaba a veces con unas cargas de profundidad "a las grandes fortunas" que lo hacían, con toda evidencia, un camarada de ruta del avance colectivista sobre la iniciativa privada que, como se sabe, crea prosperidad y riqueza para todos y todas, aunque a veces no se note o se note poco.
Cuánto tiempo deberá pasar para que "kirchnerismo" deje de ser sinónimo de corrupción, es un misterio insondable de la política argentina. Como la Mazorca rosista, que fue durante medio siglo imagen de tajo en la garganta, así se debate hoy la formación liderada por CFK, quien debe aguantar con estoicismo filosófico afrentas insólitas, como que Kicillof pretenda ser candidato sin su anuencia. Decir "kirchnerismo", todavía hoy, es como decir abracadabra. Son significantes que valen por el sonido, pues no remiten a nada concreto, pero con su sola pronunciación ya modifican la materialidad de los hechos.
Toda tensión de opuestos invita implícitamente, a tomar partido por uno u otro de esos opuestos. No hacerlo significa quedarse en el medio y ganarse el sitio de la extranjería a ojos de ambas tribus en conflicto. El problema se resuelve identificando y clasificando los conflictos según su estatura estratégica, y este método indica que la opción deber ser, más allá de los dirigentes, por la soberanía nacional, la industrialización y la justicia social, o por el país pastoril y extractivista.
Esa es la verdadera opción y lo otro es mera y pura frivolidad y su superación aprovecharía a todo el pueblo argentino que sería el primero en celebrarlo. Si no lo entienden por la razón, deberían hacerlo por las razones más profundas que a la política le dicta el arte: “a menudo la rosa florece junto a la ortiga” (Ovidio dixit).
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