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Columnistas
14/06/2026

La expropiación de las capacidades políticas

La expropiación de las capacidades políticas | VA CON FIRMA. Un plus sobre la información.

La sociedad desposeída en tiempos de pluriempleo, deuda e inteligencia artificial.

Sacha Pujó *

La crisis económica impone un modo de vida de supervivencia que obliga a una disciplina activa que se expresa en el aumento del pluriempleo y el endeudamiento familiar. En ese sentido, los datos del mercado laboral del cuarto trimestre de 2025 en Argentina muestran la consolidación de una tendencia creciente del pluriempleo, esto es personas que deben tener más de un trabajo para poder subsistir. Ello es tanto producto de la pérdida de empleos formales, fundamentalmente en la industria y la construcción, como de los bajos salarios en general. El aumento de los cuentapropistas contribuye con la tendencia a una mayor precarización dado que se reemplazan puestos de trabajo formales con derechos por otros sin protección ni seguridad jurídica.

Cada vez más personas combinan dos o más trabajos, hacen horas extra, trabajan para aplicaciones, realizan actividades paralelas o hasta buscan monetizar cualquier habilidad plausible de ello. El trabajo calificado en la industria y la administración es sustituido y/o complementado por repartidores, choferes y creadoras de contenido para adultos, formas precarias de acceder a un ingreso. La novedad en este capitalismo de plataformas es que ya no hay tiempos muertos o improductivos: el espacio de descanso se convierte en una oportunidad para “capacitarse” o generar ingresos. El tiempo de ocio y entretenimiento es consumo de datos que alimentan y afinan el algoritmo.

Según un estudio publicado por la Fundación Encuentro en base a la EPH del INDEC, 1,6 millones de personas tienen más de un empleo, lo que representa el 12,2% de las personas ocupadas. Dentro de ese universo las mujeres concentran la mayoría con el 56,6% vinculado a trabajos de cuidados y limpieza de casas particulares, tareas que tienen ingresos bajos y jornadas fragmentadas. En términos de edad el pluriempleo se concentra en etapas centrales: casi 9 de cada 10 pluriempleados/as tienen entre 30 y 65 años, y a nivel territorial, el Gran Buenos Aires concentra el 54,8% de los casos nacionales, lo que refleja tanto el peso demográfico del aglomerado como la mayor densidad y heterogeneidad del mercado laboral, donde coexisten más oportunidades de inserción, pero también mayores necesidades de complementar ingresos.

Sin embargo, algo característico de este problema es que el pluriempleo se da en todos los sectores sociales, es decir no responde solo a la necesidad de compensar ingresos bajos, ya que en sectores medios y de mayores ingresos también aparece como una intensificación del trabajo fuente para aumentar los mismos. La coacción muda de las relaciones puramente competitivas del mercado se impone tanto a los trabajadores que deben competir entre sí para así acceder a puestos de trabajo, como a los empresarios que son desplazados por la avalancha importadora tras la apertura y desregulación económica.

La deuda como método de disciplinamiento

La otra dimensión clave de este modo de vida de supervivencia es el endeudamiento y la mora. Según un reciente relevamiento de la consultora Analytica, el 26,9% de los deudores está en mora, esto implica que de los 19,8 millones de deudores, más de 5,3 millones se encuentran en mora tardía con al menos un crédito impago hace más de 90 días, y siendo la 18° suba mensual consecutiva de este dato. Y la situación se presenta más crítica en las provincias del norte y en los jóvenes de 18 a 30 años, donde la cifra roza el 40%, en línea con el deterioro laboral de esta franja. Los gastos fijos se llevan aproximadamente el 55% del ingreso promedio, que luego de la baja fuerte de los últimos años no logran recuperarse a pesar del ancla cambiaria y la desinflación, lo que explica, en parte, los altos niveles de deuda. Es decir que el principal amarre a la inflación son los ingresos cada vez más deteriorados que deprimen la demanda en el mercado interno.

En esta línea, los datos recientes de encuestadoras a trabajadores asalariados indican que el aguinaldo será destinado en primer lugar, y siguiendo la tendencia del año previo, al pago de deudas como tarjetas de crédito o financiamiento en cuotas. En otro tiempo el crédito estuvo asociado a la posibilidad de acceder a bienes durables ya sea vivienda, vehículos, electrodomésticos o invertir en materiales y obras para mejorar condiciones de vida. Hoy para amplios sectores funciona básicamente como un mecanismo para llegar a fin de mes, mientras que el salario del mes siguiente ya está comprometido antes de ser cobrado.

La deuda opera entonces como una colonización del futuro. Aquí retomó el análisis de Lazzarato con “el hombre endeudado”, sujeto paradigmático de las relaciones sociales de este capitalismo financiero. La deuda no solo produce una obligación económica sino también una subjetividad disciplinada, individualizada y orientada a cumplir compromisos financieros. El endeudado reduce su horizonte temporal, las urgencias del presente lo determinan, vive calculando para honrar los compromisos, y lo hace en forma privada sin sostén institucional público, y por eso ya han surgido organizaciones de la sociedad civil que intentan contener y asesorar por los abusos que están sufriendo.

Este modo de vida que quita tiempo, energía y agota a las personas impacta políticamente porque la administración de las urgencias domina todo. Además juega el hecho de que esa gestión cotidiana empresaria de si es algo realizable individualmente, mientras que la organización colectiva, la movilización por el futuro o al menos por la resistencia, implica poner el cuerpo, involucrarse, juntarse con otros, accionar y proyectar sin quizá ver los frutos de ello, todo eso es tiempo no “productivo” para una concepción empresarial de la vida. En este modo de vida el tiempo no laboral es colonizado por consumo de pantallas, entretenimiento personalizado y adictivo, y gestión individual del tiempo. Pareciera que no hay espacio entonces para la imaginación política, la vida comunitaria y lo que queda es adaptarse individualmente y cómo se pueda.

El avance del pluriempleo y el endeudamiento son tanto síntomas de un modelo económico, como expresiones de una transformación cultural y subjetiva. La vida organizada alrededor de la supervivencia reduce el horizonte temporal, debilita los vínculos colectivos y dificulta la construcción de proyectos políticos compartidos. En una sociedad donde cada vez más personas viven entre trabajos, cuotas y urgencias, el principal efecto político no es necesariamente la despolitización, sino el agotamiento de las condiciones materiales y simbólicas que hacen posible la acción colectiva.

Más allá de las limitaciones de tiempo y energía vital que este tipo de vida en modo supervivencia impone, hubo también una expropiación de las capacidades políticas de la población. O sea que además de una ciudadanía cansada por una vida de sobreexplotación, competencia y consumo, hay una sociedad desposeída de capacidades políticas y transformadoras. Hago referencia a los explotados, a los sectores populares, a los que viven de su trabajo, porque sabemos que los sectores dominantes tienen a su mano la permanente coerción de la huelga de inversiones con la que someten a los gobiernos amenazando que no recibirán inversiones en tanto no aseguren las condiciones más beneficiosas para sus intereses. Lo que habitualmente se dice crisis de la democracia o de representación es producto de ello, por el sometimiento de la actividad política a esos poderes.

La expropiación de las capacidades políticas podría definirse como el proceso mediante el cual los individuos no pueden trasladar sus experiencias de sufrimiento y sensación de injusticia en proyectos colectivos de transformación porque perdieron los recursos culturales, organizativos, y simbólicos para convertir esas experiencias. Esto se traduce en falta de innovación en métodos de participación colectiva, nuevos repertorios de acción de protesta, desapego e imposibilidad de involucramiento en causas comunes.

Este fenómeno puede entenderse como el reverso del triunfo del politicismo, esto es, la creencia de que los problemas económicos y sociales pueden resolverse exclusivamente mediante acuerdos entre élites políticas, reformas legislativas o alternancias electorales, mientras la sociedad permanece relativamente pasiva. Es decir la política sin protagonismo de la sociedad, que redujo su acción a votar candidatos cada tantos años de modo de elegir una mercancía más por las apariencias adheridas al producto. Luego vienen las frustraciones acumuladas porque el producto no ofrece lo que vendió y cada decepción aumenta el desapego y el desinterés. Entonces aparece el candidato mesianico que viene desde afuera como una invitación a romper todo.

El cinismo de los poderosos se entiende en una sociedad con los lazos rotos y sin registro del otro, pero la indiferencia de la gente explotada es lo que se debe comprender. Es claro que las personas sienten el malestar y tienen demandas pero se perdieron las capacidades políticas para transformar ese malestar en acción colectiva. El malestar se privatiza porque ya no hay mediaciones institucionales de pertenencia y formación tales como partidos, sindicatos, asociaciones vecinales o movimientos de estudiantes, que inducían una socialización y una forma de interpretar los problemas y asuntos del mundo. El malestar en privado, el repliegue hacia la interioridad, produce aislamiento de los otros en común, y problemas de salud mental. La precarización laboral, el pluriempleo y el endeudamiento se interpretan como fracasos o desafíos personales. El estallido de los malestares privados conecta así con los odios sociales promovidos por la derecha y solo así pueden entenderse las irrupciones electorales inesperadas.

El Estado como plataforma IA

El impacto de la IA en la dinámica contemporánea tampoco es alentador para las capacidades políticas ya que se normaliza delegar la voluntad humana, entregar decisiones trascendentales que involucran a lo común en un dispositivo técnico neutral que es una verdadera “caja negra” de corporaciones tecnológicas en cuanto al manejo de los datos y algoritmos, y que emite una decisión de aspecto meramente técnica. En el marco de un nuevo régimen de la verdad, la IA es el nuevo dios, sus decisiones son incuestionables y, por eso, el presidente Milei quiere convertir a la Argentina en el primer Estado IA del planeta.

De esa manera con la automatización de la decisión pública, la sociedad quedará desposeída de herramientas para intervenir por sí misma. Las capacidades políticas y las opciones de intervención de la sociedad se reducen cuando cada vez más decisiones aparecen como problemas puramente técnicos. Es decir que pasamos de la delegación en la profesionalización de la política y su actual crisis, a una nueva delegación hacia sistemas algorítmicos y no humanos de toma de decisiones que se presenta acaso como la superación de la crisis de representación.

¿Quién va a decidir qué es una distribución justa de recursos? ¿Qué provincias o sectores deben recibir mayor inversión? ¿Qué decisiones estratégicas tomar contra el cambio climático y en ese marco qué actividades deben priorizarse? Son algunos ejemplos que hacen a los asuntos comunes que podrían ser delegados en instancias autónomas y automáticas.

Si durante las últimas décadas la ciudadanía fue reducida al papel de electorado consumidor, la configuración de una gobernanza algorítmica corre el riesgo de reducirla al de usuario de una aplicación. El ejercicio de la política podría ser así reemplazado por sistemas opacos y menos participativos.



(*) Licenciado en Sociología por la Universidad de Buenos Aires y magister en Políticas Públicas para el Desarrollo con Inclusión Social por la Facultad Latinoamericana de Ciencias Sociales. Autor del libro Subjetividad Confinada. La pandemia como hecho social catalizador de transformaciones (Ciccus, 2021).
29/07/2016

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