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Columnistas
07/06/2026

Aguafuertes del nuevo mundo

Los que se van, lo que permanece y lo que necesitamos

Los que se van, lo que permanece y lo que necesitamos | VA CON FIRMA. Un plus sobre la información.

En los últimos días sucedió un torbellino de acontecimientos que aunó adioses desgarrados con celebraciones necesarias. Lloramos a los que se fueron y festejamos a quienes permanecen defendiendo el derecho a una vida digna.

Ricardo Haye *

Este portal tiene el privilegio de contar entre sus plumas la del maestro Humberto Zambón, al que ningún achaque lo amilana y sigue dando cátedra desde sus columnas.

Humberto fue docente y decano de la Facultad de Economía de nuestra Universidad Nacional del Comahue. Durante años también fue compañero de ruta de una figura que acaba de abandonarnos: Julio César La Sala, sociólogo, ex vicerrector de la citada casa de estudios y el mejor decano que la Facultad de Derecho y Ciencias Sociales de General Roca se haya dado nunca.

Lector impenitente, verborrágico, comprometido, apasionado, Julio fue fiel representante de una generación que no transigió en la defensa de sus convicciones más nobles.

Ambos son ejemplos de académicos que honraron sus ideales. Y Humberto aún prolonga sus enseñanzas a través de este sitio. Cualquier universidad que se precie debería procurar tener muchos docentes como ellos.

La semana pasada la Universidad Nacional del Comahue tuvo elecciones que renovaron sus autoridades. Tras esos comicios, una anécdota pequeña fue reveladora de realidades angustiantes. Un posteo de Facebook mostró al decano electo de la Facultad roquense, que curiosamente también se llama Julio (Monasterio), celebrando su victoria junto a parte de sus votantes. La publicación suscitó un cúmulo de mensajes violentos, rústicos, intolerantes de quienes no saben/no pueden/no quieren disimular su odio atávico. El canto clásico que reivindica la consigna de “universidad de los trabajadores” los violenta hasta límites insospechados. Les hace bufar contra “zurdos”, “kukas” y demás improperios que, antes que otra cosa, testimonian su propia incomprensión del mundo y su utilidad funcional y estúpida a un sistema que también arrasará con ellos.

¿No sirvieron de nada las enseñanzas que durante décadas compartieron los La Sala y Zambón a través de sus cátedras, en los pasillos de las facultades o en la mesa de un bar?

Afortunadamente, otra pléyade de personas expresó su dolor, su pena infinita ante la partida de Julio, y otro conjunto de quienes escribimos en Va Con Firma pudimos festejar los diez años de este portal, agradeciendo la ocasión de compartir espacio junto a Humberto.

En estas horas también nos abandonó un joven y estupendo fotógrafo que, además era una bellísima persona, amigo leal, compañero generoso. Gerardo Fernández nos deja el desconsuelo gigante de ponernos de frente a nuestra propia fragilidad.

Gerardo Fernández, fotógrafo, interesado por los aspectos artísticos y también por la dimensión humana que entraña la práctica de la comunicación.


Con Gerardo compartimos la desazón y la bronca por el trato impiadoso que las políticas oficiales dispensan a las mayorías populares, mientras hacen la vista gorda frente al saqueo de nuestros recursos. Y también nos conmovimos cada vez que el conjunto de medios públicos sufrió los embates de una dirigencia cómplice o genuflexa del libreempresismo depredador.

Son generaciones distintas las de ellos, pero tienen en común la pertenencia a sectores resistentes a la desmemoria, infatigables en su reivindicación de la fraternidad por encima de los egoísmos, cultores del buen gusto antes que de los mamarrachos y exabruptos con que los regímenes antipopulares pretenden adormecer la conciencia de sus genuinos mandantes.

En los lejanos años 80 me tocó dirigir un proyecto de dinamización social y promoción comunitaria que escogió a la comunicación social como instrumento de trabajo. Montamos cabinas populares de producción de contenidos y creamos una boca de salida para esos mensajes: fue la querible “Antena Libre” FM, emisora de la Facultad de Derecho y Ciencias Sociales que hace pocas horas cumplió 39 años.

Julio La Sala (a la izquierda de la imagen) acompaña al autor de esta Aguafuerte (centro) en la inauguración de la Cabina Popular “Pueblo viejo”, ubicada en la localidad de Stefenelli (1988).

 

La radio, construida como fuente emisora propia del proyecto de Comunicación Alternativa, quedó preñada de esa fragancia comunitaria, incluso cuando la base que le dio origen dejó de funcionar.

Nada fue fácil para esas dos iniciativas, la de la producción de contenidos comunicativos por parte de los propios protagonistas del acontecer barrial y la de una emisora pública y universitaria decidida a sostener también su espíritu alternativo al servicio de los sectores populares.

La propia Facultad albergaba sectores recalcitrantes, muy poco dispuestos a abrir cauce a propuestas transgresoras del orden establecido, ganosas de transformaciones superadoras del inmovilismo social y anhelantes de la reparación de asimetrías sociales que solo puede garantizar un proceso impostergable de redistribución de la riqueza.

Julio La Sala fue inclaudicable en su defensa de estas iniciativas, frente a todos los palos en la rueda que el pensamiento académico reaccionario intentó colocarles. Por eso, a principios de este siglo nos pareció un acto de estricta justicia el escogerlo como padrino de la emisora.

El artista plástico Chelo Candia pinta el mural que, desde sus paredes, ilustra parte del ideario que sustenta Antena Libre FM.



Todo se amontonó en estas horas: los dos adioses desgarrados y las celebraciones necesarias: de la vigencia esclarecida de Humberto; de la década de Va Con Firma y de los 39 abriles de Antena Libre.

Y también el fortalecimiento de una convicción: necesitamos pensadores, cátedras y medios con sensibilidad social, claridad de ideas y abundante imaginación para dar batalla, hasta que logremos restablecer valores hoy desnutridos como la solidaridad colectiva, el resguardo y protección de los sectores más vulnerables de nuestra comunidad o la voluntad de defensa de lo propio ante la entrega que propicia la contumacia del régimen.

Precisamos que esos espacios de pensamiento incorporen inteligencia, compasión y ternura en dosis suficientes para comprender que semejantes dones no pueden quedar anclados allí y para sí mismos, sino que deben ramificarse, expandirse hasta alcanzar a la totalidad del pueblo, con el propósito de evitar que vuelvan a gobernar las caricaturas sub-humanas de crueldad inverosímil que hoy controlan los poderes del Estado.

Ojalá el ejemplo de los nombres mencionados y la luz de las experiencias citadas alumbren el camino que nos conduzca a una vida más digna.



(*) Investigador científico
29/07/2016

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