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Columnistas
07/06/2026

El posible regreso de la paz armada tras el salto del “Tigre”

El posible regreso de la paz armada tras el salto del “Tigre” | VA CON FIRMA. Un plus sobre la información.

Abelardo de la Espriella fagocitó a la derecha tradicional con un discurso que amalgama las estrategias de Milei, Bukele y Bolsonaro. El 21 de junio, frente al oficialista Iván Cepeda, el país definirá no sólo su gobernabilidad interna, sino su autonomía geopolítica ante la abierta presión de Washington.

Leandro Etchichury

La noche del 31 de mayo pasado no fue una jornada electoral ordinaria,fue el quiebre de los diques institucionales y partidarios que contuvieron las tensiones de Colombia durante las últimas dos décadas. Los resultados de la primera vuelta no representan una posible alternancia, sino una ruptura estructural: el colapso de la política y la sustitución de la maquinaria de partidos por un modelo de personalismo egocéntrico, hipermasculinizado y digitalizado. La victoria de Abelardo de la Espriella, con un 43.78% de los sufragios, frente al 40.98% de Iván Cepeda, sitúa al país en la ola neofascista global.

El dato político más arrollador no es tanto la ventaja de "El Tigre" (como se apoda al candidato ganador) o la derrota del oficialismo, sino la canibalización de un importante caudal de las bases del Centro Democrático. La derecha tradicional, encarnada en una Paloma Valencia que apenas alcanzó el 6.9%, ha sido devorada por su versión más extrema. Colombia tiene altas probabilidades de pasar a convertirse en parte del laboratorio sudamericano de esa derecha oscura, donde el antipetrismoanuló cualquier atisbo de moderación.

Todo ello se definirá el próximo 21 de junio, en la segunda vuelta electoral.

Abelardo de la Espriella: La metamorfosis del "Tigre"

De la Espriella no es un político; es el síntoma de un sistema que se muestra agotado, en el marco de una crisis global de las democracias representativas. Su ascenso como outsiderse ha cimentado en la intersección del espectáculo y las zonas grises del poder real. Su discurso desde un buque con protección blindada, portando la camiseta de la selección nacional (que ahora la justicia le prohíbe usar), es la síntesis estética de su propuesta: una mezcla de chovinismo, militarismo y éxito empresarial de origen cuestionado.

Su familia modelo es objeto de exhibición, tanto que llegó a afirmar que “nadie sabe quién es su familia (por Cepeda) porque nunca los muestra; lo único que muestra son fotos con personas malas”.

El periodista de investigación Daniel Coronell, al radiografiar al candidato estrella, señaló algunos puntos oscuros:

 

* Nexos paramilitares: Su carrera temprana estuvo ligada a la promoción de La Fundación Iniciativas Para la Paz (FIPAZ), organización que la Comisión de la Verdad identificó como fachada de las Autodefensas Unidas de Colombia (AUC) para proselitismo de los grupos paramilitares.

* La sombra de Alex Saab: A pesar de que el candidato ha intentado distanciarse de Saab tras su inclusión en la Lista Clinton (ver enlace) en 2019, existen registros de al menos tres transferencias realizadas en 2014 que suman 375.000 dólares. Estos fondos provenían de empresas controladas por Saab, como Group Grand Limited. Saab es un empresario colombiano, que fuera un cercano colaborador del secuestrado presidente venezolano Nicolás Maduro y que en el pasado mes de mayo fue deportado de Venezuela a Estados Unidos, donde se lo acusa entre otras cosas de lavado de dinero.

* Hombre de fortuna: Coronell cuestiona la ostentación de De la Espriella (avión privado, propiedades y relojes de lujo), sugiriendo que su fortuna no proviene sólo del derecho. Destaca que, tras cuatro años de litigio contra el propio periodista, por una demanda de difamación en EE.UU., el abogado prefirió retirarla justo antes de ser obligado bajo juramento (discovery) a declarar sobre el origen de sus bienes y sus vínculos con Saab.

* Guerra cultural: Su campaña ha estado marcada por un tono misógino y homofóbico. Desde el infame incidente del "zoom" genital (ver enlace) en radio para alardear de su virilidad, hasta los ataques directos contra Juan Daniel Oviedo (candidato a vice de Paloma Valencia) por su orientación sexual, De la Espriella ha importado la retórica de la "machosfera" global.

 

Para dar barniz de seriedad técnica a este híbrido autoritario, "El Tigre" se apoyó en José Manuel Restrepo, buscando tranquilizar a unos mercados que, aunque temen su inexperiencia, celebran su promesa de desregulación total. Restrepo es un economista y académico que fue una de las figuras más visibles del gabinete de Iván Duque (2018-2022), donde se desempeñó inicialmente como ministro de Comercio y, posteriormente, como ministro de Hacienda.

La propuesta estética y política de De la Espriella amalgama tres modelos latinoamericanos y se sostiene con el más fuerte del continente: Trump. De Javier Milei toma la "motosierra" fiscal y discurso anticasta, con el que promete recortar el 40% de la burocracia estatal. De Nayib Bukele utiliza la idea de megacárceles militarizadas y seguridad total, para proponer construir diez centros de confinamiento masivo. Y de Jair Bolsonaro adopta el nacionalismo estético con valores religiosos, bajo el lema "Dios en las escuelas" y el uso de la selección nacional de fútbol.

La injerencia geopolítica

En caso de triunfar De la Espriella, Colombia se convertiría nuevamente en un activo estratégico valioso de Washington en el hemisferio. La alineación con la "Doctrina Trump" sería total. “Debido a sus enormes logros en la vida y a su apoyo político hacia mí, personalmente, es un honor para mí darle a Abelardo mi respaldo completo y total”, escribió el mandatario estadounidense en su cuenta de Truth Social.

Además, las declaraciones del actual secretario de Estado, Marco Rubio, calificando al gobierno de Gustavo Petro como "problemático", no son retórica vacía; son una hoja de ruta.

Rubio ha sido enfático en que EE.UU. garantizará elecciones "libres y justas", una advertencia que, en lenguaje diplomático, implica una amenaza de deslegitimación si el oficialismo retiene el gobierno. Este respaldo externo explica la paradoja del uribismo: el expresidente Álvaro Uribe ha aceptado ser el vagón de cola de De la Espriella, permitiendo que su legado sea resignificado por una caricatura extrema.

Así, la lógica del "voto útil", considerada por la analista Laura Lizarazo (ver enlace), ha forzado un bloque compacto donde la prioridad no es la doctrina, sino la decapitación del proyecto progresista sudamericano.

Mientras la derecha colombiana aplaude el respaldo de Trump a De la Espriella, reputándolo como un líder "tenaz" y descalificando a Cepeda como un "marxista radical”, acusa de "injerencia inaceptable" a la mandataria mexicana Claudia Sheinbaum por expresar afinidad con la propuesta del Pacto Histórico.

Ernesto Samper. Presidente de Colombia 1994-1998


Iván Cepeda y el Bloque del Pacto Histórico

Frente al espectáculo de "El Tigre", el oficialismo presenta a Iván Cepeda, el cuadro militante. Cepeda es la antítesis de su rival: inalterable, ideológico y centrado en la defensa de los derechos humanos. Sin embargo, su candidatura carga con el desgaste de una administración que, si bien muestra hitos sociales, enfrenta un dilema fiscal y de seguridad.

Con éxitos en materia de reducción de la pobreza (9,9%) y desempleo (8,9%), y una política de transición energética que logró avances históricos en cuanto al desarrollo de energías renovables −pero que a su vez comprometió la seguridad energética y la sostenibilidad fiscal al restringir la exploración de hidrocarburos−, el gobierno de Gustavo Petro sigue lidiando con graves problemas de seguridad, asesinatos políticos, déficit fiscal (6.4% del PIB) y caída de la inversión privada.

A lo largo de su campaña, Cepeda insistió en que el programa de su rival implicaría desmontar varias de las transformaciones impulsadas durante el actual gobierno. En esa lista incluyó las reformas sociales, el sistema de pensiones (jubilaciones), la reforma agraria, la Jurisdicción Especial para la Paz y las políticas de reparación a las víctimas del conflicto armado.

La apuesta para el balotaje es la "territorialización" a través de su militancia y en particular de la figura de Aída Marina Quilcué Vivas, una destacada líder indígena, defensora de los derechos humanos, viuda de Edwin Legarda (asesinado por el Ejército en 2008) y actual senadora de la República. Ex Consejera de la Organización Nacional Indígena de Colombia (ONIC), Quilcué no es sólo una fórmula vicepresidencial, es el puente con la Colombia profunda que polariza irremediablemente con sectores acomodados urbanos, que ven en su discurso de soberanía indígena una amenaza. Por ello, el Pacto Histórico deberá buscar también apoyos de sectores centristas y entre quienes no fueron a votar.

Si bien la participación ciudadana fue de las más altas, en el orden del 57,8%, la abstención se situó en un 42,15%, mientras que el voto en blanco fue de apenas el 1,71%, su tercer nivel más bajo en el presente siglo. Aunque porcentualmente la participación es récord, el crecimiento del censo electoral a 41,4 millones de personas arroja una cifra a considerar: más de 17,5 millones de ciudadanos habilitados decidieron no hacerlo por diversos motivos, que van del escepticismo a la dificultad de acceder a los centros de votación.

El escenario poselectoral

La gobernabilidad de Colombia después del 21 de junio es una incógnita. El Congreso está fragmentado. El mapa legislativo que ha quedado configurado tras los comicios del pasado 8 de marzo presenta un desafío de gobernabilidad mayúsculo para cualquiera que resulte vencedor en el balotaje del 21 de junio. El escenario es de una división profunda en la que ninguna fuerza política ostenta una mayoría absoluta, lo que anticipa un cuatrienio de intensas negociaciones o, en el peor de los casos, de parálisis legislativa.

El actual bloque oficialista, que respalda a Iván Cepeda,logró consolidarse como la fuerza con mayor representación individual. El Pacto Histórico mantiene la primera minoría con 25 escaños en el Senado (de un total de 103) y 37 en la Cámara de Representantes (de un total de 161).

A esto se suma el factor de la desconfianza electoral. Petro ha posicionado una narrativa sobre la existencia de unos 800 mil votos fantasma y ha cuestionado el software de Thomas Greg & Sons, señalando un monopolio de facto que vulnera la soberanía. Esta narrativa ha encontrado un eco inesperado en el exterior: Claudia Sheinbaum, presidenta de México, ha respaldado abiertamente la necesidad de "llegar hasta lo último" en las denuncias de Petro. Esta postura choca con los reportes de la Organización de Estados Americanos (OEA), el Centro Carter y la Unión Europea, que calificaron la jornada de mayo como ordenada. El riesgo de desobediencia civil es real si el margen en el balotaje es estrecho.

Tenemos entonces que,tras el cierre de la primera vuelta presidencial, el mapa de coaliciones de cara al balotaje del 21 de junio se reconfigura bajo una intensa puja por el respaldo del espectro de centro y las condiciones de gobernabilidad futura. En este contexto, el expresidente Ernesto Samper ventiló públicamente la viabilidad de un acercamiento estratégico entre los exaspirantes Sergio Fajardo (centro-moderado) y Claudia López (centro-progresista) con el candidato del Pacto Histórico, Iván Cepeda, con el propósito de estructurar una "alianza ética-política" y tender puentes hacia un gran diálogo nacional. Sin embargo, esta propuesta de aproximación coexiste con la férrea resistencia del sector empresarial; el Consejo Gremial Nacional cerró filas y ratificó su rechazo a mantener encuentros institucionales con Cepeda, condicionando cualquier acercamiento a que se ofrezcan certezas absolutas sobre el respeto a la Constitución, la propiedad privada y la estabilidad de las reglas de juego para la libre empresa.

La geopolítica del balotaje

Colombia es hoy protagonista en el escenario de la reconfiguración global en marcha. Siguiendo la teoría del ex canciller mexicano Jorge Castañeda, los presidentes estadounidenses debilitados internamente (ante la proximidad de unas elecciones de medio término que en principio no se le presentan favorables a la presente administración) suelen buscar victorias rápidas en el exterior para proyectar fuerza. Colombia debe ser una “victoria contundente” para el trumpismo: un aliado que entregará el control de los recursos energéticos y renunciará a la transición verde a cambio de legitimidad política.

La victoria de Abelardo de la Espriella consolidaría tres escenarios críticos:

1. Alineamiento automático: Una subordinación total a la agenda de seguridad y petrolera de Washington.

2. Reacomodamiento regional: Un choque frontal contra México y Brasil -este último tendrá su batalla electoral (ver enlace) en noviembre-. Vale recordar que en poco más de un año fuerzas de derecha salieron triunfantes en Costa Rica, Honduras, Chile, Bolivia y Ecuador.

3. Guerra de posiciones: El fin de la "Paz Total"(ver enlace) y el retorno a una paz impuesta por las armas.

El 21 de junio, Colombia no sólo elegirá un presidente; decidirá si mantiene su autonomía regional o si se lanza al precipicio geopolítico de un experimento autoritario que busca revertir el camino hacia la normalización política y social. El "Tigre" está al acecho.

29/07/2016

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