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Perú ocupa un lugar clave en la historia americana. Fue el centro de la cultura precolombina más importante de Sudamérica, la de los incas, y luego fue el centro del poder hispánico durante la colonia y en su territorio se libró la última batalla de la independencia, Ayacucho.
Es una tierra donde es mayoritaria la presencia y la cultura de los pueblos originarios, con fuerte impronta colectivista, tierra que ha dado intelectuales como José Carlos Mariátegui (1894-1930), considerado el principal teórico de la izquierda latinoamericana, que insistía en la necesidad de adaptar el socialismo a nuestras condiciones y no copiar a Europa; con estas ideas fundó y dirigió entre 1926 y 1930 a larevista Amauta(el amauta era la autoridad intelectual en el mundo inca) y como Víctor Raúl Haya de la Torre (1895-1979) que fundó en México, durante su exilio, a la Alianza Popular Revolucionaria Americana (APRA) con un proyecto de centroizquierda y de unidad indoamericana y que llegó a ser el partido político mayoritario del Perú.
También en su territorio se implantó el primer experimento neoliberal antes que se inventara ese nombre, un modelo similar al neoliberalismo chileno que Pinochet iniciara 25 años después y que luego seguirían Videla y Martínez de Hoz; en la última década del siglo XX volvió a la senda neoliberal y hoy Perú nos muestra el destino de Argentina si continúa esa política, la de Menem, Macri y Milei.
Esto surge de un trabajo de Oscar Ugarteche, investigador de la Universidad autónoma de México (UNAM), que publicó la revista “Realidad Económica” de Buenos Aires (N° 378 de fecha 16 de febrero-31 de marzo del 2026) y del que hemos tomado varios datos para esta nota.
En 1948 Perú sufría una fuerte inflación que había comenzado en 1945 y que amenazaba a la estabilidad económica y política del país. En esas condiciones tomó el gobierno el general Odría que aplicó una política represiva y de liberación económica: se hizo un ajuste ortodoxo, se liberó el tipo de cambio, cuyo valor se dejó flotar, se desreguló la economía y abrió al crecimiento exportador y al capital extranjero. Como el costo social fue muy alto, se suprimieron las protestas y se deportó a los líderes opositores.
Hay que remarcar la fecha en que se da (1948) para ver lo asombroso de este caso. En las Naciones Unidas se había acordado el tipo de cambio fijo en relación con el dólar y en Perú se aprobó el tipo de cambio libre y flotante; las economías latinoamericanas se cerraban pensando en su desarrollo mientras que Perú se abría al libre comercio y al capital extranjero; Prebish y la CEPAL (1949) iniciaban su actividad promoviendo la industrialización sustitutiva de importaciones y Perú desregulaba su economía.
Odría mostró que el neoliberalismo es incompatible con la democracia: gobernó sin congreso, se proscribió el disenso, se deportaron a los líderes del APRA y del partido comunista, se prohibieron esos partidos y se persiguió a sus militantes.
Luego de Odría la historia del Perú sigue carriles similares a la del resto de Sudamérica, con cierta oscilación política pendular y con interrupciones por golpes de estado de origen militar. De este período sobresale el gobierno de Juan Velasco Alvarado (período 1968-1975) que, surgido de un golpe militar, desarrolló una política de carácter popular, nacionalizó actividades industriales claves, mejoró la distribución del ingreso e, incluso, determinó que el quechua fuera también idioma oficial del país.
Perú, al igual que el resto del subcontinente, sufrió la crisis de la deuda externa a principios de los años ’80; al finalizar esa década, la llamada “década perdida” para América Latina y el tercer mundo, Perú estaba sumido en una guerra interna, con una hiperinflación de tres dígitos, en “default” desde 1984 y tenía 57 juicios internacionales con las cuentas bloqueadas en el exterior.
En las elecciones de 1990 se presentaron Vargas Llosa como candidato de la derecha pro libre empresa y el ganador, Alberto Fujimori que, a pesar de sus promesas preelectorales, intentó aplicar un programa con las reformas del FMI; como en el congreso la mayoría era de izquierda e impedía esa política, el mismo Fujimori en 1992 dio un golpe de estado. Hubo reforma de la constitución (pro libre empresa) y restricciones políticas. Las medidas de liberación económica y privatización de empresas públicas llevaron a la quiebra de empresas industriales, a la desaparición del movimiento sindical y acentuaron el carácter primario de la economía.
Con el movimiento sindical anulado, la captura de las universidades por el pensamiento neoliberal y el debilitamiento del movimiento estudiantil, se debilitó la resistencia en la calle y se originó una nueva época donde se separa lo político de lo económico. Se considera al liberalismo económico como un dato y apenas queda espacio para un conservadurismo político que transita otro carril.
Fujimori fue reelecto en 1995 y luego fueron electos una seguidilla de candidatos como Alejandro Toledo (2001), Alan García en su segundo mandato (2006) y Humalá (2011) que actuaron igual que Carlos Menem en Argentina: discurso progresista para ser electos y política claramente neoliberal para gobernar. El banquero Kuczynski fue el primer candidato de derecha abiertamente neoliberal que ganó las elecciones. Luego hubo un período de inestabilidad política (hasta este año se sucedieron siete presidentes) con denuncias de corrupción y una fuerte confrontación entre el Poder Ejecutivo y el congreso que dio lugar a destituciones (la acusación habitual es “incapacidad moral permanente”), como la del último presidente electo, Pedro Castillo (2021).
Un dato curioso: en el Perú neoliberal, por una razón o por otra, han terminado todos los ex presidentes, desde Alberto Fujimori hasta Pedro Castillo, en la cárcel, con la excepción de Francisco Sagasti. Empezando con Fujimori que estuvo 19 años en la cárcel por corrupción.
El 12 de abril de este año fueron las elecciones presidenciales y de renovación del congreso. Con mas de 30 candidatos a presidente resultó primera Keiko Fujimori (conservadora, hija de Alberto) con el 17,2% de los votos y segundo Roberto Sánchez (ex ministro de Castillo, progresista) con el 12% que participarán de una segunda vuelta el 7 de junio próximo. Pero la fragmentación política y la dispersión de votos hace pensar que el panorama seguirá en forma similar al actual.
Dice Ugarteche que “el neoliberalismo (anticipado en Perú por Odría en 1948 e instalado en forma continua desde 1990), es una ideología que aboga por el liberalismo económico con el conservadurismo político y en esa medida se construye socialmente a partir de la conquista de las conciencias en la batalla de las ideas. el triunfo es la destrucción de los sindicatos y de los partidos políticos que los cobijan. No hay bien común, solo bienes individuales. No hay sociedad, hay personas… el resultado final es que estas ideas repetidas por los medios de comunicación masivos se vuelven sentido común y terminan en la despolitización social y en un manejo de cuerdas separadas entre lo económico y lo político. Las protestas sociales se vuelven irrelevantes en este esquema y se deja que se apaguen con el tiempo;y la falta de empleo y la caída de los salarios…”.
El gran logro es la estabilidad económica: hace 20 años que el banco central es dirigido por la misma persona, la inflación es del 1,51% anual, las exportaciones mineras de Perú alcanzaron los 62.800 millones de dólares mientras que las reservas internacionales del Banco Central oscilan en los 100.000 millones de dólares. Es el sueño de Milei y su equipo para nuestro país.
La contrapartida, el costo, es la fragmentación social, la pérdida del interés social en la política, la destrucción o fracturación de los partidos políticos (en las últimas elecciones se presentaron unas 40 organizaciones) y de los sindicatos. El 75,7% de los puestos de trabajo son empleos informales y aproximadamente el 70% de los mayores de 65 no recibe nada en términos de jubilación o pensión. La falta de futuro originó la emigración de 4,5 millones de peruanos.
El neoliberalismo olvida que el objetivo de la política en general, y de la económica en particular, es el bienestar material de toda la población y que el equilibrio macroeconómico es un medio posible aunque discutible, e invierte los términos: ese equilibrio se convierte en objetivo y el medio es la acumulación concentrada de riquezas para que “derrame” en la población, la pérdida de toda solidaridad y responsabilidad social con el individualismo del “sálvese quien pueda”, la precarización laboral, el ajuste permanente en educación, investigación científica y salud y el cruel desprecio por los vulnerables, sean niños, viejos, pobres o discapacitados.
Ese es el Perú de hoy. Y una especie de espejo donde mirar el futuro argentino de continuar la política económica actual.
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