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A medida que se acercan las elecciones de medio término y empantanado en el conflicto con Irán, el gobierno de Donald Trump busca una salida de emergencia para su encierro y cree que puede ser Cuba.
Como ya hemos analizado desde
, la isla atraviesa un escensario de asfixia, (ver enlace) proceso que se agravó con la escasez de petróleo tras la intervención de los Estados Unidos en Venezuela. Ello ha provocado un creciente malestar entre la población y el secretario de Estado norteamericano, Marco Rubio, entiendeque es el momento de cambiar de tema en el complicado escenario internacional.
En un mensaje hablado en castellano (Rubio es hijo de cubanos) y transmitido por la red YouTube, el pasado 20 de mayo −Día de la Independencia cubana tras liberarse del dominio español y finalizar la ocupación estadounidense en 1902−, el funcionario propuso al pueblo cubano una “nueva relación” con el poderoso vecino. “La verdadera razón por la que no tienen electricidad, combustible ni alimentos es porque quienes controlan su país han saqueado miles de millones de dólares, pero nada ha sido utilizado para ayudar al pueblo”, enfatizó en su llamado.
Días antes, el Departamento de Estado había reiterado su ofrecimiento de 100 millones de dólares, advirtiendo que la ayuda sería a cambio de "reformas significativas al sistema comunista cubano”. "La decisión recae en el régimen cubano: aceptar nuestra oferta de asistencia o negar ayuda vital para salvar vidas y, en última instancia, rendir cuentas al pueblo cubano por obstaculizar dicha asistencia", dijo Rubio, indicando que la asistencia humanitaria se distribuiría en coordinación con la Iglesia católica y organizaciones humanitarias "confiables".
La oferta ha sido calificada por el canciller Bruno Rodríguez como una "fábula" política. Desde La Habana se la interpreta como una maniobra para fracturar el control estatal bajo condiciones de asedio.
En paralelo, el fiscal general del Departamento de Justicia de los EE.UU., Todd Blanche, anunció la imputación de Raúl Castro, hermano de Fidel Castro y quien fuera jefe de Estado (2008-2018), por el presunto papel que habría tenido en el derribo de dos aeronaves de “ayuda humanitaria” (febrero de 1996) pertenecientes a un grupo de exiliados que realizaban operaciones clandestinas en el territorio de la isla. Toda una amenaza de repetir la operación secuestro llevada a cabo en Venezuela a comienzos del presente año.
Cronología de la escalada: De la revocación al bloqueo total
La administración Trump ha utilizado el tiempo como un arma táctica, escalando desde decretos administrativos hasta la movilización de activos militares. Los hitos de esta progresión evidencian una estrategia de estrangulamiento quirúrgico:
Como ya detallaremos más adelante, Washington ha sustituido la institucionalidad diplomática por una personalización agresiva de la política exterior. El protagonismo de Marco Rubio no es sólo administrativo; simboliza una ruptura con el protocolo tradicional, sugiriendo incluso una "toma amistosa" de la isla.
En esta ofensiva, el uso del sistema judicial como arma estratégica es evidente. La imputación de Raúl Castro por el Departamento de Justicia basada en el derribo de dos avionetas en 1996, busca revivir incidentes del siglo pasado para legitimar una futura intervención.
¿A qué incidente está haciendo referencia el Departamento de Justicia? Se trata del derribo de dos Cessna Skymaster que organizaciones anticastristas (la Fundación Nacional Cubano Americana y Hermanos al Rescate) utilizaban en el marco de un plan de organización de campañas de desestabilización y terrorismo (como el ataque a instalaciones turísticas), violando el espacio aéreo cubano. De todo ello da cuenta la película del director francés Olivier Assayas, La Red Avispa, que narra la operación de infiltración de agentes cubanos dentro de esos grupos con base en Miami.
Es el mismo Departamento de Justicia que días atrás anunció (ver enlace) la creación de un fondo de 1.776 millones de dólares para indemnizar a los participantes del asalto al Capitolio en 2021.
Hace tres décadas, el entonces gobierno de los EE.UU. estaba al tanto de las actividades y programas de los grupos de opositores armados residentes principalmente en el estado de Florida, así como también de las advertencias del gobierno cubano de que ya no toleraría nuevas violaciones del espacio aéreo. No está demás preguntarse, como lo hace el analista estadounidense Benjamín Norton, qué actitud asumiría el gobierno de ese país si disidentes que abiertamente llamaran a derrocarlo, intentaran ingresar al espacio aéreo e ignoraran las advertencias de las autoridades estadounidenses. De haber sabido que los aviones del 2001 se estrellarían adrede contra las Torres Gemelas de Nueva York, ¿lo hubieran permitido?
La respuesta cubana
La agencia Vatican News ha señalado que el presidente cubano Miguel Díaz-Canel calificó la imputación de Castro como un acto político sin base legal, destinado a justificar una agresión militar contra Cuba. El gobierno cubano también subrayó, en una declaración emitida el pasado 20 de mayo, (ver enlace) que Washington "omite, entre otros detalles, las múltiples denuncias formales presentadas por Cuba en aquel período ante el Departamento de Estado, la Administración Federal de Aviación de los Estados Unidos (FAA) y la Organización de la Aviación Civil Internacional (OACI), sobre las más de 25 violaciones graves y deliberadas del espacio aéreo cubano" por parte de la organización anticastrista Hermanos al Rescate, con sede en Miami.
La retórica revolucionaria ha escalado hacia una doctrina de resistencia total. Díaz-Canel, en declaraciones a Newsweek, ha advertido que cualquier agresión militar será enfrentada con una "guerra de guerrillas" que infligiría "inmensas pérdidas" a las fuerzas de EE.UU. Informes de inteligencia estadounidenses (según el sitio de noticias Axios) señalan la adquisición por parte de Cuba de 300 drones militares, con planes de contingencia para atacar objetivos estratégicos como la Base Naval de Guantánamo o Key West (Cayo Hueso). Según el citado portal, las autoridades en Washington no consideran que Cuba represente una amenaza inminente. Sin embargo, la inteligencia indicaría que los mandos militares de la isla han debatido escenarios de guerra con drones en caso de que las hostilidades se intensifiquen.
En el plano interno, la movilización "Mi Firma Por La Patria" —con más de 6 millones de rúbricas— busca proyectar una imagen de cohesión inquebrantable frente a la amenaza de la vecina superpotencia: “No es una simple convocatoria de recogida de firmas, sino un dispositivo de producción de subjetividad social revolucionaria”, afirma el historiador cubano Raúl Antonio Capote, desde el periódico Granma.
La situación actual de Cuba es sumamente compleja. Tras la pérdida de Venezuela, su inmediato aliado estratégico, sumado al recrudecimiento del bloqueo petrolero y las sanciones financieras de la administración de Donald Trump (como la reciente inclusión del conglomerado GAESA y la minera Moa Nickel en la lista de restricciones), el gobierno cubano ha tenido que activar un plan de contingencia urgente.
El Programa Económico y Social, publicado por la Presidencia de Cuba el 1 de abril de 2026, se define como una hoja de ruta para la gestión de crisis y el reimpulso de la economía cubana en un escenario de fuertes tensiones externas y desequilibrios internos. Este documento estructura su estrategia en diez objetivos generales fundamentales:
1.- Entorno Macroeconómico: Busca propiciar condiciones que favorezcan la actividad productiva y el incremento de ingresos externos mediante políticas fiscales, monetarias y cambiarias que contengan los desequilibrios actuales.
2.- Ingresos Externos: Se centra en incrementar y diversificar las exportaciones de bienes y servicios, así como en atraer inversión extranjera directa, especialmente hacia la producción de alimentos y la transición energética.
3.- Producción Nacional de Alimentos: Es el eje central para alcanzar la soberanía alimentaria, reducir la dependencia de importaciones y avanzar hacia la autosuficiencia municipal.
4.- Sistema Empresarial: Apuesta por transformar y modernizar la empresa estatal socialista para que recupere su capacidad de generar riqueza, integrándola de manera efectiva con los actores económicos no estatales.
5.- Desarrollo Territorial: Se propone perfeccionar la gestión desde los municipios y provincias, fortaleciendo la autonomía municipal.
6.- Gestión de Gobierno y Defensa: Enfocado en elevar la eficiencia de la administración pública y fortalecer el sistema defensivo territorial bajo el concepto de "Guerra de todo el pueblo" ante posibles amenazas a la soberanía.
7.- Políticas Sociales: Consolidar la protección a personas y comunidades en situación de vulnerabilidad, garantizando servicios básicos de salud, educación y empleo digno.
8.- Prevención del Delito y Corrupción: Establece un combate frontal contra las ilegalidades, el robo de recursos públicos y la indisciplina social como una cuestión de seguridad nacional.
9.- Sistema Electroenergético Nacional: Declarado como la prioridad número uno, busca recuperar la capacidad de generación eléctrica e impulsar la soberanía energética mediante el uso de recursos propios y fuentes renovables.
10.- Ciencia, Innovación y Transformación Digital: Utilizar el conocimiento científico, la digitalización de procesos y la comunicación social como pilares transversales para el desarrollo sostenible del país.
En total,el programa de emergencia (ver enlace) abarca 111 objetivos específicos y 505 acciones concretas diseñadas para ejecutarse durante el año 2026.
El vacío dejado por la pérdida del suministro petrolero venezolano a inicios de 2026 ha forzado a La Habana a depender críticamente de una red de aliados geográficamente distantes, principalmente Rusia y China, además del soporte de agencias multilaterales.
La evaluación de la relevancia de estos apoyos revela un patrón claro: funcionan como soporte vital de emergencia (evitan el colapso total), pero son estructuralmente insuficientes para rescatar la economía isleña de la asfixia impuesta por la segunda administración de Donald Trump.
La visita de John Ratcliffe
El 14 de mayo, la visita a La Habana del director de la CIA, John Ratcliffe, marcó un hito en este particular momento. Ratcliffe aterrizó en Cuba atendiendo a una solicitud formal del gobierno de los Estados Unidos que fue aprobada por las autoridades cubanas. Aunque directores anteriores, como John Brennan en 2013, habían visitado la isla de incógnito, la visita de Ratcliffe destaca por ser públicamente reconocida, incluso a través de fotos difundidas por la propia cuenta de la CIA en la red social X.
Según trascendidos, Ratcliffe mantuvo reuniones con figuras de alto nivel dentro del aparato de seguridad e inteligencia cubano, como Raúl Guillermo Rodríguez Castro (nieto de Raúl Castro y figura de gran influencia en el entorno familiar y de seguridad), Lázaro Álvarez Casas (ministro del Interior) y Ramón Romero Curbelo (general de brigada y jefe de la dirección de Inteligencia del ministerio del Interior).
Oficialmente, la reunión tuvo como fin abordar "cuestiones económicas y de seguridad" y contribuir al diálogo político en medio de la compleja situación actual. Sin embargo, se reportaron matices específicos: Ratcliffe entregó un mensaje directo del presidente Trump indicando que EE.UU. está dispuesto a dialogar sobre economía y seguridad si Cuba implementa "cambios fundamentales"; por su parte la delegación cubana sostuvo que la isla no representa una amenaza para la seguridad nacional de EE.UU. y que no existen bases para mantenerla en la lista de países patrocinadores del terrorismo.
Según The Washington Post, la advertencia central transmitida en la reunión fue la siguiente: "Cuba ya no puede ser un refugio seguro para los adversarios en el hemisferio occidental". Por su parte, según reportó el diario El Colombiano, la representación cubana enfatizó que pudieron demostrar que "no existen bases militares o de inteligencia extranjera en su territorio", respondiendo de forma directa a las reiteradas denuncias de Washington sobre la presencia de estaciones de escucha y espionaje de origen chino y ruso.
El director de la CIA ya había visitado Caracas en enero de este año para sostener una reunión con la presidenta encargada de Venezuela, Delcy Rodríguez. Este viaje fue ordenado por Trump para transmitir el deseo de Washington de lograr una mejor relación bilateral y promover la estabilidad a corto plazo en el país.
Medios como The New York Times o CNN retratan a Ratcliffe como uno de los líderes más políticos, ideológicos y menos ortodoxos en la historia reciente de la comunidad de inteligencia. Sus viajes a La Habana y Caracas son catalogados como una imposición de la fuerza de la CIA por encima de los canales diplomáticos tradicionales del Departamento de Estado. Los medios conservadores, destacan sus acciones para erradicar lo que consideran un sesgo ideológico progresista dentro de la CIA: el desmantelamiento de lo que llaman el "Estado profundo" (Deep State).
Diplomacia a ciegas: El vaciamiento profesional de Washington
Un reporte de la agencia Reuters señala que la política exterior de EE.UU. atraviesa un proceso de vaciamiento profesional. Bajo la influencia del Proyecto 2025de la Heritage Foundation (un grupo de expertos de derecha con sede en Washington), la administración ha purgado el 15% de la plantilla del Departamento de Estado.El surgimiento de la Ben Franklin Fellowship (ver enlace)funciona como una red para identificar "resistencias" internas y promover leales a la agenda "America First".
Según el informe, la crisis es particularmente aguda en zonas de conflicto: 5 de los 7 países que limitan con Irány 4 de los 6 Estados del Golfocarecen de representación de alto nivel. En este vacío, la diplomacia ha quedado en manos de enviados personales del círculo íntimo, como Jared Kushnery Steve Witkoff, cuyos perfiles en bienes raíces y criptomonedas contrastan con la complejidad técnica de las negociaciones nucleares o territoriales.
La estrategia de "máxima presión" y el desmantelamiento de la diplomacia de carrera plantean un riesgo sistémico. Al ignorar los canales institucionales y sustituir el análisis experto por la retórica de redes sociales, Estados Unidos está perdiendo su capacidad para comprender el terreno en el que opera, señalan algunos analistas y diplomáticos que hasta hace poco confiaban en su socio.
A pesar del cerco, Cuba mantiene el apoyo energético de Rusia y la resistencia a abandonar sus inversiones en la isla por parte de firmas como Sherritt International (ver enlace), que ha detenido la disolución de su proyecto en Moa Nickel tras identificar "oportunidades de preservación de valor".
Buscar la rendición de Cuba mediante el estrangulamiento energético no consolida el camino hacia una transición ordenada, sino que pavimenta la ruta hacia un conflicto fuera de control. Arrastrar a la región hacia una colisión de magnitudes incalculables es la prueba fehaciente de que el aislamiento planificado no es una estrategia de gobernanza global, sino la claudicación de la diplomacia real en el altar del espectáculo político personalista.
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