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Columnistas
17/05/2026

Milei como criatura de la quinta ola

Milei como criatura de la quinta ola | VA CON FIRMA. Un plus sobre la información.

“Se podría inferir que la misma quinta ola que lo trajo a Milei a la superficie y lo expuso como criatura de época, de una sociedad rota, se lo puede llevar puesto”.

Sacha Pujó *

Milei fue el instrumento que utilizó gran parte de la sociedad argentina para expresar su malestar con las variantes de la política tradicional para administrar el Estado y la economía. Fue la forma que adoptó el estallido social, una negatividad pura porque no había ninguna positividad en ese deseo de liberación. La liberación de la casta opresora fue el símbolo que aglutinó ese malestar y rabia generalizada, lo que finalmente se tradujo en la mera acción de romper todo, empezando por las instituciones de bienestar del Estado, la motosierra a la salud, educación, obra pública, ciencia y tecnología, y programas específicos para sectores vulnerables como personas con discapacidad. En esta línea Milei no es el problema en sí, sino cómo llegó aquel panelista marginal y bizarro a convertirse en el instrumento. Resulta fundamental entender este lado del fenómeno ya que permite ver la fragilidad e inestabilidad que tiene como esquema de liderazgo y de poder.

El público rebelado y la crisis de autoridad

En el libro “La rebelión del público” Martin Gurri sostiene que se da un cambio estructural en el marco de lo que llama “la quinta ola” de innovación tecnológica a partir de internet, los dispositivos conectados y las redes sociales que producen el fin del monopolio informacional. Este es el eje fundamental ya que justamente el manejo de la información aparece como el agente disruptivo que afecta la autoridad de las instituciones del mundo de la sociedad industrial con sus jerarquías establecidas, verticales, rígidas, formales y burocráticas como son los partidos políticos, los medios tradicionales (diarios y tv), universidades, sindicatos, corporaciones, bancos centrales, el Estado y la misma democracia liberal. Estas organizaciones, que funcionaban como mediadoras que socializaban la información y formas de ver el mundo, a la vez estaban conformadas por una clase de mediadores tales como científicos, periodistas, sindicalistas, profesores universitarios o políticos, que por su posición social respetada y prestigiosa tenían fuerza vinculante y poder de decisión. Los partidos organizaban las demandas en programas, los sindicatos negociaban los intereses inmediatos de los trabajadores en los puestos de trabajo, los periodistas bajaban la información, las universidades producían el conocimiento y el Estado certificaba. La quinta ola se lleva puesto este mundo y ese tipo de relación más de tipo unidireccional. Hoy cualquier anónimo aficionado con un dispositivo conectado, cualquier “creador de contenido”, se convierte en un igual de la sociedad en red con el poder de disputar con su mensaje los significados y consensos construidos históricamente.

Posibilitado por esta quinta ola emerge “el público” que ahora porta la información en red desde las plataformas. Es un actor capaz de vetar, ridiculizar, deslegitimar y erosionar la autoridad muy fácilmente. El público, que ha reemplazado a las organizaciones, se mueve por la negación y las emociones fuertes, se une a otros por un tema puntual y luego se desentiende, carga con frustraciones acumuladas y no tiene proyectos comunitarios ni le interesa gobernar. Por eso se podría inferir que la misma quinta ola que lo trajo a Milei a la superficie y lo expuso como criatura de época, de una sociedad rota, se lo puede llevar puesto. Ya vimos recientemente el fin del ciclo de Orbán en Hungría, y el deterioro de la imagen de Donald Trump en Estados Unidos.

Gurri retrata la aparición política de este público a principios de la década de 2010, en lo que fueron las revueltas de la “primavera árabe”. Allí menciona el caso de Wael Ghonim quien a través Facebook motorizó las protestas en Egipto que terminaron con el régimen de Mubarak. En ese ciclo que se inicia tras la crisis económica mundial de 2008, incluye las protestas de Occupy Wall Street en EE.UU., el movimiento de los indignados 15-M en España, el triunfo en las elecciones de Grecia de la coalición de izquierda Syriza, y más recientemente en 2016 el Brexit en Inglaterra y el triunfo de Trump en EE.UU. Podríamos agregarle a ese listado el triunfo de Milei con su partido digital libertario en la Argentina en 2023.

La quinta ola es el ecosistema perfecto para el outsider y el aficionado, para el conspiranoico y el nihilista. Este público emerge cuando colapsa la información de arriba a abajo como la verdad legítima y autorizada, ese poder “mágico” que es atributo de una relación social. Pero también esta crisis de la autoridad es expresión de una crisis de significados comunes compartidos que ha degenerado en guerrillas digitales, territorio propicio para mesías, estafadores y sectas.

El “público rebelado” no construye pertenencias orgánicas fuertes, se mueve por adhesiones volátiles y afectivas que pueden ser altamente reversibles. El mismo sujeto social que destruye legitimidades puede luego girar contra quien había encarnado esa destrucción por eso la idea de que esta quinta ola que trajo a Milei se lo puede llevar rápidamente porque el problema ya no es solamente él, sino esta nueva condición estructural de la época.

El individuo tirano y la subjetividad libertaria

Podemos hacer un puente teórico entre este público despreciado e inestable con “el individuo tirano” de Eric Sadin, ambos describen la emergencia de sujetos que rechazan mediaciones, desconfían de autoridades y sienten que su percepción inmediata vale tanto o más que cualquier saber institucional. En pocas palabras, el individuo tirano es la subjetividad de la quinta ola. El contexto entonces permite entender el origen de este individuo que conecta con las bases culturales libertarias, que porta un orgullo antiintelectual, anticorrección política que “dice lo que nadie se anima a decir”, rechaza cualquier mediación colectiva como opresiva y hasta moraliza el éxito.

El fenómeno de la quinta ola se combina además con el actual modo de vida ciberfísico por el que prácticamente cualquier transacción social y comercial o actividad cotidiana puede hacerse al instante con una aplicación en un dispositivo conectado. Mientras las actividades cotidianas transcurren a esta velocidad de la luz, la resolución de los problemas comunes que es lo específico de la política se percibe lento, a otra velocidad y exige involucramiento. Esto lógicamente produce indignación y distanciamiento.

Y no se trata solo de ver el impacto de esta forma de vida en la existencia cotidiana de cada uno, porque también dichos cambios modifican esquemas mentales, formas de ver el mundo que trastocan las creencias políticas y los asuntos de la vida en común. No es casualidad justamente o, al menos es posible hipotetizar, que cuando la digitalización de la vida social y una existencia guiada por dispositivos IA está alcanzando pleno desarrollo, las aspiraciones individualistas, libertarias y de autonomía encuentran canalización política en experimentos de extrema derecha. Toda una visión del mundo se emparenta entre la perspectiva de una realidad hecha a medida por los dispositivos IA con la idea de destruir el Estado y todo lo que es visto como un obstáculo para el individuo, que viaja a otra velocidad, que depende de instituciones y espacios necesariamente colectivos. En otras palabras, si entiendo que mi verdad es la verdad del mundo y que no dependo de nadie, que mi deseo de ser autónomo es posible con la tecnología, y que el otro entra en mi mundo y solo se relaciona como una transacción mercantil, cualquier instancia comunitaria lo contradice.

Desadaptación social, tecnología y malestar contemporáneo

Cada avance en la complejidad de la organización social producto del desarrollo tecnológico y la división del trabajo tiene sus efectos en las conductas y los esquemas mentales de interpretación del mundo. Por esta razón aquí también me enfoco en lo que entiendo que puede analizarse como una desadaptación social de la especie, entre las capacidades evolutivas del ser humano, que es tanto ser social como biológico, y el procesamiento de estas tecnologías, con su impacto en la vida social. En este sentido, el auge de expresiones de extrema derecha está relacionado con el desanclaje comunitario que fomenta esta deriva del desarrollo tecnológico ya que no están dadas las condiciones cognitivas y prácticas de organización social para un procesamiento que no sea disruptivo en la vida social y de la salud mental. Las nuevas tecnologías, dispositivos y redes sociales modificaron la conducta social, fueron lanzadas sin ningún reparo en las capacidades de procesamiento autónomo del sujeto. Se produjo así una desadaptación como consecuencia del desarrollo tecnológico sin ingeniería social.

Según Pablo Malo a diferencia de lo que ocurría en las sociedades primitivas, en la aldea global hay un bombardeo de noticias con consecuencias: “la avalancha de actos inmorales es inmanejable y ese calentamiento moral nos hace el ambiente irrespirable y nos genera una saturación y un estrés moral. Porque no sólo es que se nos informe de unos actos inmorales sino que se nos pide un posicionamiento al respecto de cada cosa y que los condenemos y nos manifestemos de forma pública. (...) Manipulan nuestra moralidad y nuestras emociones, como la indignación moral, igual que manipulan nuestros instintos consumistas. Y cuando un tema llega a la opinión pública hay que posicionarse, porque si no te sientes interpelado eres mala persona. Tenemos que exponer nuestra moralidad al exterior”. Siguiendo con el autor, esto causa un desajuste evolutivo entre el ambiente ancestral en el que se desarrolló nuestra moralidad y el ambiente moderno, y ello es fuente de angustia y sufrimiento porque parece que no podemos hacer nada.

Son tiempos turbulentos, de mutación política y antropológica, un tiempo liminal le llama García Linera, donde los cimientos estructurales del viejo capitalismo no son reemplazados aun por otros que permitan sostener una forma de vida sustentable y mecanismos institucionales de procesamiento de conflictos acorde a los desafíos que se presentan como el cambio climático y el impacto de la IA en la subjetividad y los vínculos humanos. La política con las reglas de la quinta ola es inestable y de ciclos cortos. El peligro es que al nihilismo se le oponga otro nihilismo, o sea otra negatividad pura, inorgánica y sin proyecto de futuro.


 



(*) Licenciado en Sociología por la Universidad de Buenos Aires y magister en Políticas Públicas para el Desarrollo con Inclusión Social por la Facultad Latinoamericana de Ciencias Sociales. Autor del libro Subjetividad Confinada. La pandemia como hecho social catalizador de transformaciones (Ciccus, 2021).
29/07/2016

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