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Tradicionalmente la historia se ha limitado a la narración cronológica de hechos pasados, militares, políticos e institucionales, poniendo énfasis en los individuos que la protagonizaron. En cambio, una visión científica implica encontrar relaciones entre los hechos y dar una explicación de las causas que los motivaron y de sus consecuencias,visión de la historia que, según Eric Hobsbawm en occidente se convirtió en fuerza importante recién luego de la segunda guerra mundial.
En la búsqueda en occidentede una filosofía de la historia libre de teología tiene mucho que ver Voltaire y Saint Simon (1760-1825); este último fue el primero que observó a la sociedad como tal, diferente del estado, y uno de los primeros en señalar la importancia del factor económico en la interpretación de la historia. Y quienes tienen influencia decisiva son Marx y Engels; ambos, siendo muy jóvenes, lo trataron en “La ideología alemana”(1846) y lo profundizó Marx en el prólogo a la “Crítica a la Economía Política” (1858): los hombres se reúnen en sociedad, generando relaciones económicas que están condicionadas por el desarrollo de los medios materiales de producción y de las técnicas correspondientes; esas relaciones sociales que hacen a la vida material condicionan su forma de pensar y sentir, así como su visión de la vida y de la sociedad; toda sociedad está en permanente cambio y los modos de producción nacen, se desarrollan y decaen, y, finalmente, son sustituidos por otros.
Lo extraño no es lo expuesto muy sintéticamente, hoy generalmente aceptado, sino que esas ideas habían sido dichas y publicadas unos cinco siglos antes por un intelectual árabe, Ibn Jaldún.
Ibn Jaldún nació en Túnez (1332) y murió en El Cairo (1406), descendiente de una familia que había sido muy influyente en la península ibérica durante la dominación musulmana, que se extendió entre los años 711 y 1492. La familia era, aparentemente, originaria de los grupos bereberes del Magreb que se instalaron en siglo VIII y debieron emigrar cuando Sevilla fue reconquistado por los cristianos. Intelectualmente fue un producto de la cultura andalusí y sus teorías posiblemente se basen en el estudio de la historia de ese pueblo, con su apogeo y decadencia. Ocupó diversos cargos y conoció el poder y también la cárcel y el exilio; finalmente se dedicó a la enseñanza en El Cairo.
Su obra principal es una “Introducción a la historia universal” (Muqaddima), un tratado sobre teoría de la historia y sobre sociología, escrita más de 500 años antes que Max Weber fundara esa ciencia para occidente. Toca, además, temas de economía (como la Curva de Laffer, que hoy es bandera de los conservadores contemporáneos) y de demografía. Sostenía que la economía era el motor de la historia, por lo que puede considerarse un precursor del materialismo histórico de Marx; también fue comparado con el intelectual francés contemporáneo Raymond Aron, por su sociología histórica. Por todo ello, el conocido historiador inglés Arnold Toynbee sostuvo que Ibn Jaldún “concibió y formuló una filosofía de la historia que es, sin duda, el trabajo más grande que jamás haya sido creado por una inteligencia, en ningún tiempo y ningún lugar.
El concepto central es la cohesión social, el propósito común compartido por el grupo que le da fuerza y que se encuentra fundamentalmente en los márgenes de la sociedad, donde las condiciones de vida son más duras y donde la supervivencia depende del esfuerzo común y de la colaboración de sus miembros. En cambio, en la ciudad, con la civilización, crece el individualismo y se va perdiendo esa cohesión y empieza la decadencia.
En síntesis, dice Ibn Jaldún, tiempos difíciles crean hombres fuertes, hombres fuertes crean tiempos fáciles, tiempos fáciles crean hombres débiles, hombres débiles crean tiempos difíciles. Y así se cierra el círculo. Algunos han visto una expresión de la historia cíclica, a la que eran afectos los antiguos griegos, mientras que otros autores ven una anticipación a la concepción del ciclo histórico de Paul Kennedy (1991).
La historia enseña que se transitan cinco etapas consecutivas: 1- la de conquista (un grupo nuevo, con fuerte cohesión social, se apodera del poder); 2- la de consolidación (se institucionaliza el poder bajo el mando del líder y el grupo dirigente se va apartando de la base) 3- florece la ciudad, el ocio, lujo y el arte; 4- la complacencia. La elite cree que su situación privilegiada corresponde al derecho natural y que durará para siempre; 5- el colapso: para mantener esa situación y a una elite con sus lujos cada vez más caros, aumentan los impuestos y el pueblo no se ve representado. Se rompe la cohesión social. Finalmente, vendrá otro grupo que dominará y comenzará un nuevo ciclo.
La comparación con la actualidad es inevitable. El neoliberalismo, con su exaltación del individualismo, es la principal muestra de la pérdida de la cohesión social y de la decadencia civilizatoria que denuncia este intelectual; ejemplo de ello es Margaret Thatcher cuando sostuvo que la sociedad no existe, solo existen los individuos, o Javier Milei y su pretensión de destruir al estado desde adentro, cuando el estado es la máxima instancia de articulación de una sociedad.
Ibn Jaldún buscaba establecer las leyes que explican el devenir histórico y puso énfasis en el papel del medio ambiente. Llegó al convencimiento que el progreso civilizatorio y el bienestar humano dependen del clima y del medio ambiente, en lo que algunos ven un determinismo geográfico. Creía que las civilizaciones se dan en los climas templados, como en el mediterráneo.
Fiel a su época, dudaba de las posibilidades de desarrollo civilizatorio en climas extremos, como el subsahariano, lo que fundamentaría el racismo y justificaría a la esclavitud.
Nosotros solemos tener una visión eurocentrista de la historia y de la cultura, donde lo único que parece existir es Occidente. Por eso, nos asombra cuando entramos en contacto con los descubrimientos realizados por miembros de las civilizaciones orientales o del medio oriente, como en la extraordinaria cultura desarrollada por los árabes; es así como nos asombra, con sus limitaciones propias de la época en que vivió, el desarrollo del pensamiento científico elaborado por Ibn Jaldún.
Es de esperar que el proceso de globalización acelerado que vivimos permita el desarrollo de una historia y un pensamiento auténticamente global y que vaya reemplazando al eurocentrismo que nos caracteriza.
NOTA: Mi agradecimiento a mi amiga Laura Sánchez por hacerme conocer la existencia de Ibn Jaldún y haber acercado abundante material sobre él, tomado de la red y que firma “La broma infinita”. Mas información sobre este intelectual se puede bajar por Internet.
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