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Columnistas
22/03/2026

Cuba se juega en un delicado equilibrio entre resistencia y negociación

Cuba se juega en un delicado equilibrio entre resistencia y negociación | VA CON FIRMA. Un plus sobre la información.

La isla atraviesa un escenario de asfixia mientras EE.UU. endurece el cerco y mueve sus fichas. Apagones de hasta 20 horas, hospitales al límite y un país al borde de la desesperación. Entre la urgencia cotidiana y las negociaciones discretas, Cuba entra en una zona de definición donde cada decisión determina su futuro.

Leandro Etchichury

La Revolución Cubana, como toda empresa humana de gran escala, ha estado marcada por sus contradicciones: impulsos emancipadores conviviendo con límites persistentes. Desde sus inicios, sin embargo, sostuvo un horizonte claro: construir una sociedad capaz de garantizar las necesidades básicas que merece toda sociedad y desmontar, a su vez, desigualdades históricas ligadas al racismo y al clasismo.

No todos esos objetivos avanzaron al mismo ritmo, ni con la misma profundidad. Tampoco fue, en un comienzo, una revolución socialista. Esa definición se consolidó al calor del conflicto, tras la invasión de Bahía de Cochinos ?promovida y sostenida por los Estados Unidos?, cuando el proceso se radicalizó, se aceleraron las nacionalizaciones y Cuba se reubicó en el tablero global bajo la sombra de una amenaza que ya había mostrado su alcance en Guatemala.

Décadas después, el derrumbe del bloque socialista europeo pareció anunciar su final, pero fue entonces cuando emergió otra de sus claves: una resistencia anclada en su conciencia nacional y en cierta épica de supervivencia. La isla resistió, aunque a un costo alto, entre la escasez y el aislamiento, perdiendo viejas alianzas y construyendo otras nuevas. A lo largo de todo ese recorrido, Cuba proyectó una solidaridad activa hacia otros pueblos que no siempre encontró reciprocidad.

Hoy, ese horizonte de resistencia se enfrenta a una realidad geopolítica aplastante. La debilidad económica y militar de la isla ante su poderoso vecino es más evidente que nunca. Cuba se encuentra ante una tormenta perfecta: un sistema energético colapsado que deja a 10 millones de personas a oscuras, una escasez de combustible sin precedentes, además de insumos médicos y alimenticios, y la fragilidad del apoyo internacional.

El petróleo como arma de asfixia

La administración de Donald Trump ha identificado la vulnerabilidad energética como el talón de Aquiles del gobierno de Miguel Díaz-Canel. Tras la intervención estadounidense en Venezuela y la captura de Nicolás Maduro en enero de 2026, el flujo de crudo que sostenía a la isla se detuvo en seco.

La estrategia actual se resume en cuatro claves de presión económica:

1) Orden Ejecutiva de Emergencia: Trump declaró una "emergencia nacional" argumentando que Cuba es una amenaza extraordinaria para la seguridad de EE.UU. por sus lazos con Rusia, China e Irán.

2) Amenaza arancelaria: Washington ha advertido con imponer aranceles abusivos a cualquier país que suministre petróleo a la isla, una medida que ya surtió efecto en México.

3) Bloqueo naval de facto: Buques de la Guardia Costera estadounidense han interceptado petroleros en el Caribe, como ocurrió en febrero con un buque procedente de Colombia.

4) Colapso interno: Con solo 15 a 20 días de reserva de petróleo, los apagones en Cuba alcanzan las 20 horas diarias, paralizando hospitales, transporte y servicios básicos.

Ante este escenario de asfixia, la supervivencia del sistema energético cubano depende de una carrera geopolítica. Mientras el gobierno de México ha confirmado la suspensión de sus envíos de crudo —que llegaron a representar el 10% de las exportaciones de Pemex— para evitar las represalias arancelarias de Washington, todas las miradas se centran en los petroleros rusos. El Anatoly Kolodkin, cargado con más de 700.000 barriles de crudo de los Urales, se dirige al puerto de Matanzas en un desafío directo al cerco naval estadounidense.

No obstante, los expertos advierten que incluso este suministro sería un alivio temporal y no inmediato, ya que Cuba requiere unos 110.000 barriles diarios para funcionar y el crudo ruso necesita un proceso de refinación que toma entre 20 y 30 días antes de poder alimentar las termoeléctricas.

La Doctrina Monroe en el siglo XXI

El posicionamiento de Trump respecto a Latinoamérica parece ser, tal como lo hemos venido señalando en Va Con Firma, una versión aumentada de la Doctrina Monroe. Susdeclaraciones en el Despacho Oval han roto todos los precedentes diplomáticos: "Creo que tendré el honor de tomar Cuba... si la libero, la tomo. Puedo hacer lo que quiera con ella". Estas palabras no son simples elucubraciones; tras los ataques militares en Venezuela e Irán, la posibilidad de una intervención directa está sobre la mesa.

Trump percibe a Cuba como una "nación fallida" con un "paisaje bonito" y potencial turístico que, bajo su óptica de magnate inmobiliario, debería estar bajo control estadounidense. Esta visión ignora la historia de soberanía de la isla, pero reconoce su vulnerabilidad presente. La economía cubana está en recesión, con la producción industrial más baja en 40 años y un turismo que no logra recuperarse.

Esta percepción de un poder sin límites se manifiesta en su convicción de que puede ejercer una "toma de control" sobre naciones soberanas, llegando a la arrogancia gangsteril de mencionar que podría "hacer lo que quiera con ella". Finalmente, este enfoque de intervención audaz y personalizado se extiende a una cruzada contra otros líderes regionales a quienes amenaza con acciones de fuerza directa, bajo la premisa de que el hemisferio occidental es el vecindario exclusivo de Estados Unidos y debe estar bajo su absoluta tutela.

Negociaciones y el papel de "El Cangrejo"

A pesar de la retórica agresiva, existen canales de comunicación inusuales. Todo indica que el secretario de Estado, Marco Rubio, ha mantenido conversaciones secretas con Raúl Guillermo Rodríguez Castro, conocido como "El Cangrejo", nieto de Raúl Castro.

Con esta aproximación se busca evitar un colapso caótico similar a la "desbaazificación" de Irak (el partido Baaz representó los ideales independentistas del nacionalismo árabe); en su lugar, EE.UU. parece inclinado a permitir que figuras del entorno de los Castro permanezcan en el poder, siguiendo el ejemplo de Delcy Rodríguez en Venezuela. Así, mientras se estaría dialogando con la familia Castro, Washington ha dejado claro que Miguel Díaz-Canel debe abandonar el poder. El equipo de Trump percibe a Díaz-Canel y a otros altos cargos del partido como incapaces de negociar cambios estructurales. Por el contrario, figuras como Oscar Pérez-Oliva Fraga (viceprimer ministro y sobrino-nieto de Fidel y Raúl) y "El Cangrejo" (vinculado al conglomerado militar GAESA) son vistos como los interlocutores reales con quienes se definirá el futuro económico de la isla.

Este publicitado “diálogo secreto” sugiere que Washington busca un cambio económico drástico más que un cambio de régimen radical inmediato. EE.UU. parece estar buscando una "transición a la venezolana", donde figuras del aparato militar permanezcan en el poder a cambio de abrir la economía. De hecho, el gobierno cubano ya anunció medidas para que la diáspora en el exterior pueda invertir en sectores estratégicos, una concesión histórica forzada por la asfixia económica.

La apertura a la inversión de la diáspora, anunciada por Pérez-Oliva Fraga, no es sólo comercial, sino que busca capital para sectores estratégicos como infraestructura, minería, turismo y energía. Como señales adicionales de este canal inusual, se han registrado hitos de cooperación pragmática:

  • Colaboración con el FBI: Cuba aceptó que expertos de la oficina estadounidense viajen a la isla para investigar de conjunto el incidente de una lancha rápida con exiliados armados ocurrido en febrero.
  • Excarcelación de presos: Bajo la mediación del Vaticano, el gobierno cubano liberó recientemente a 51 presos políticos, un gesto que se interpreta en el marco de estos contactos sensibles.

 

Ante el actual escenario de hostilidad y diálogo, el presidente Miguel Díaz-Canel ha mantenido una retórica que combina la denuncia frontal con un pragmatismo forzado por la crisis. Díaz-Canel ha admitido que la situación actual no es "una crisis más", sino una acumulación de "distorsiones, adversidades, dificultades y errores propios", los cuales se ven exacerbados por un "cerco externo extremadamente agresivo". Ante las amenazas de Trump de "tomar el control" de la isla, el presidente cubano ha advertido que "cualquier agresor externo chocará con una resistencia inexpugnable". Ha sostenido que Cuba es un estado libre y que nadie le dicta lo que debe hacer, asegurando que defenderán la patria "hasta la última gota de nuestra sangre".

Parte de la sociedad civil y organizaciones disidentes como la plataforma D Frente consideran las conversaciones con EE.UU. un gesto de "realismo político", pero advierten que la distensión externa es ilegítima sin una democracia interna que incluya la liberación de todos los presos políticos y el fin del hostigamiento a la discrepancia. En las calles, la población experimenta una fractura emocional. Al límite por apagones de más de 20 horas, hay quienes claman ante la prensa internacional por una intervención de Trump como única esperanza, mientras otros denuncian la contradicción de un Gobierno que dialoga con Washington, pero se niega a escuchar a sus propios ciudadanos.

Esta desesperación ha escalado hasta generar actos de desafío inusuales, como el ataque e intento de incendio a la sede del Partido Comunista en la localidad de Morón, evidenciando que para muchos sectores la situación se ha vuelto simplemente "insoportable".

Solidaridad internacional

Washington ha exigido a los países del Caribe y Centroamérica poner fin a sus acuerdos de colaboración médica con Cuba. Bajo esta presión, Jamaica, Honduras y Guatemala ya anunciaron el fin de estos convenios, alegando EE.UU. que los médicos son víctimas de "trabajo forzoso". Esta presión podría extenderse pronto a países como Antigua y Barbuda, Dominica y Trinidad y Tobago. El Kremlin, por su parte, ha manifestado su disposición a respaldar a su aliado histórico e intenta hacer llegar el crudo que alimente lo más básico de la infraestructura de la isla. Finalmente, China se ha enfocado en la soberanía energética a largo plazo mediante la inversión en energías renovables. Ha ayudado a instalar más de 10.000 kits solares domésticos y colabora en la construcción de parques solares con el objetivo de llegar a 92 para el año 2028. Además, suministra baterías para mitigar los problemas de almacenamiento de energía.

Brasil ha anunciado el envío de alimentos y medicinas; y en la semana también llegaron a La Habana más de 40 activistas de Estados Unidos participantes en el convoy internacional para trabajar con distintas comunidades, a la vez que donaron material sanitario a hospitales de la isla. La presidenta de México, Claudia Sheinbaum, por su parte, se encuentra en un dilema diplomático. Aunque suspendió los envíos de petróleo ?significativos hasta el año pasado? para proteger la economía mexicana de los aranceles de Trump, ha mantenido el envío de "ayuda humanitaria" (alimentos y medicinas), y mencionó que analiza la posibilidad de retomar el suministro de crudo ante una situación que calificó de "injusta".

Mientras tanto, desde Europa y Chile han llegado convoyes de solidaridad con toneladas de insumos médicos. Sin embargo, estos gestos, aunque significativos emocionalmente, son paliativos menores frente a un bloqueo que impide la entrada del combustible necesario para que el país funcione.

El bloqueo económico, comercial y financiero de Estados Unidos contra Cuba lleva más de 60 años, consolidándose como el sistema de sanciones más prolongado en la historia moderna. No obstante, la historia de las relaciones entre ambas naciones nunca ha sido lineal: ha oscilado entre la confrontación abierta y breves distensiones que nunca terminan de consolidarse. Hoy, con una isla debilitada pero aún en pie, ese péndulo parece inclinarse nuevamente hacia el extremo más tenso. La combinación de asfixia económica, presión diplomática y canales informales de negociación configura un escenario inestable, donde la supervivencia inmediata convive con decisiones estratégicas de largo alcance.

En ese contexto, la ofensiva sobre Cuba no puede leerse de manera aislada. La escalada discursiva y las amenazas de “tomar” la isla coinciden con un momento de alta exposición internacional para Washington, especialmente tras su involucramiento en conflictos como el de Irán. Más que una hipótesis cerrada, comienza a instalarse una pregunta embarazosa: si el endurecimiento contra La Habana responde únicamente a una lógica histórica de confrontación, o si también forma parte de una maniobra más amplia para reordenar el tablero geopolítico y desviar el foco de otras tensiones donde los costos son, hoy, mucho más difíciles de controlar.

29/07/2016

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