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Columnistas
22/03/2026

Medio siglo después la resistencia al olvido

Medio siglo después la resistencia al olvido | VA CON FIRMA. Un plus sobre la información.
Los títulos de los diarios; ninguno dijo Golpe de Estado

El 57% de la población considera importante mantener viva la memoria sobre la última dictadura. Mas del 60 % está de acuerdo con que fue un periodo de violaciones a los derechos humanos, de crisis económica y falta de libertades.

Bernardo Guerra

A 50 años del golpe, las figuras de Jaime de Nevares y Noemí Labrune, se agigantan. Pero no fueron solo ellos. También hubo un grupo de jóvenes que merecen todo nuestro reconocimiento: Ana Chaina, Carlos y Patricia Roca, Liliana Paredes, Gloria Sánchez, Luis Velázquez, Betina Labrune, Ana Rigoni. Estos son algunos de los nombres que recuerdo. Seguro que son más.

Este 24 de marzo de 2026 no nos faltaran, si no que estarán más vivos que nunca Noemí, Inés, Lolín, Oscar, el obispo y Walter el último en partir. La lucha y resistencia de estos imprescindibles, este 24 no estará ausente. Estarán presentes caminando la Avenida. Se resisten al olvido porque siguen en la memoria colectiva sus gritos de libertad, justicia.

 

A continuación, el testimonio de algunos neuquinos sobre cómo vivieron el 24 de marzo del 76:

 

Mirta Mabel Larroulet

(1976 no docente en la Universidad Nacional del Comahue)

La noche del golpe estoy con Nano, (Orlando Balbo) en su casa. Estamos los dos solos.

A la madrugada me levanto y me voy a mi casa. En el camino, pongo la radio del auto y escucho el segundo comunicado de la Junta Militar. Casi se me para el corazón pensando en Nano que estaba durmiendo plácidamente.

Vuelvo a la casa, dejo el auto estacionado, con el motor encendido, voy a entrar y no me doy cuenta que la puerta está rota, está tirada en el piso y cuando voy entrando, se ve que hice ruido, escucho que alguien dice

¿Quién anda ahí? Y ahí me di cuenta que había una “ratonera”.

(…) Preguntando discretamente sobre Nano, alguien, no recuerdo quién, me dijo que el gobernador Felipe Sapag, que vivía, más o menos, a media cuadra de Nano, cuando salió a dar su paseo matinal, vio cómo se lo llevaban en el baúl de un auto. Entonces él intervino y lo blanquearon, por eso lo llevan a la cárcel, a la U9. Pero son trascendidos, yo no lo vi.

Sé que lo llevaron a la Federal, que lo golpearon brutalmente, que le mostraron una foto nuestra y le dijeron que si no hablaba, me iban a buscar a mí. Fueron a buscarme, pero gracias a Dios no me encontraron, no quisieron encontrarme, no lo sé.

A los pocos días mi casa es allanada. Mi mamá ya estaba aleccionada, ya sabía qué decir, que no decir... (…) yo ya me había ido en mi auto, había partido a no sé dónde, sin rumbo fijo, tenía que irme y me fui con lo puesto. Tome la ruta, iba evitando lugares donde hacían controles. (…). En aquella época no había celulares o sea que había que esperar que alguien te viera y te contará lo que pasaba. (…) Por un compañero me enteré que a Nano en la U9 lo tiraron al piso con un ataque al corazón y que las autoridades de la cárcel se negaban a recibirlo porque estaba muriendo, eso sí recuerdo. Finalmente negociaron y lo aceptaron y lo acomodaron. (…) La verdad hay cosas que las tengo totalmente borradas. (…)

 

Juan Santiago Aubone

(1976 estudiante de Ingeniería Industrial, Vivía en las Residencias de la Universidad Nacional del Comahue)

La noche previa al golpe estábamos en la residencia con el Pollo estudiando para rendir al otro día “ciencia de los metales” y escuchando las noticias y comienza a sonar la marchita que indicaba cadena nacional. Se dio el comunicado número 1 en donde nos anunciaban el golpe y la toma del gobierno nacional por parte de las fuerzas armadas. Listo, mañana no podemos rendir y nos fuimos a dormir . A las 6 de la mañana irrumpen en la residencia los militares, nos sacan a todos al patio y nos hacen poner boca al piso. Estaba fresco. Nosotros en calzoncillos, tiritando de frío y un cagaso … Nos llevaron a la primera, al lado de la vieja legislatura.
Creo que nos salvamos por que intervino primero el ejército y la federal llegó tarde . Estos tuvieron carta libre durante varios días.

La Federal no nos quería porque un poco antes del golpe, un compañero de rugby, lo cago a piñas a uno de la banda de Raúl Guglielminetti.

En la federal lo tenían preso al Catamarqueño y lo llevaban a Hotis (confitería ubicada en Juan B. Justo y Santiago del Estero) y se sentaban en una mesa para que marcara. Cabeza gacha, el Cata, se las bancaba. Zafó el Cata. Se fue a México y venía una vez al año cuando llego la democracia. Varios de aquella época nos juntábamos en el club YPF, que está al lado del tenis club . Asado, buenas anécdotas, vino y guitarra. El Cata cantaba y tocaba la viola.
Me acuerdo que en las Residencias, a la tardecita, se les daban clases a los chicos del barrio
Teníamos una amiga que era maestra en la escuela del Bouquet Roldan y era quien nos decía si concurrían a la escuela o no. Si necesitaban apoyo o no. Tuvimos viviendo en casa al “Pato”. “Pato” es el sobrenombre que le pusimos nosotros. A la tarde después del colegio lo mandábamos a un taller mecánico para que aprendiera un oficio.
Cuántas cosas, cuántas, no se pueden perder, debe quedar un testimonio...

Primera marcha. 14 de agosto de 1980


Dora Seguel

(1976-estudiante secundaria, detenida, secuestrada)

Yo había cumplido 16 años hacia poquito. El 24 salí temprano de casa, en un kiosco compré el diario Rio Negro, y en primera plana estaba la foto de la primera junta militar encabezada por Jorge Rafael Videla. Seguí mi camino hasta la casa de una profesora de inglés, qué días antes me había dicho que necesitaba una niñera por las mañanas. Cuando llegue a su casa, entreabrió la puerta y me dijo que ya no me necesitaba porque se iba de la zona.
Por aquellos días con mi madre y mi hermana Argentina, estábamos muy angustiadas. No sorprendidas, porqué el golpe se presentía, si no porqué sabíamos que lo que se venía sería muy duro.
(...)
Lo que recuerdo es la mirada de mi madre, ella estaba al tanto de nuestras actividades políticas, era una mirada de preocupación, ternura, angustia, sólo dijo, cuídense mucho. Las tres hermanas del medio, somos cinco mujeres y un varón, militábamos en el PRT, Argentina y yo estábamos en el centro de estudiantes del CPEM 6. Arlene estudiaba Servicio Social en Neuquén.

La última dictadura dejo consecuencias o huellas en la familia que no existe médico o psicólogo que pueda sanar, tampoco un juicio de lesa humanidad. La tortura que cumple 50 años, la desaparición de mi hermana Arlene, partió mi madre esperando poder abrazarla o al menos tener dónde llevarle una flor, el dolor silencioso de mi padre por no poder
protegernos, la angustia de mi hermana menor por no avisarle a Arlene para que escape. El día que secuestran a Arlene, mi hermanita estaba jugando, tenía doce años.

Las secuelas que deja la tortura psicológica, física y las violaciones de Argentina y miás...

La desaparición de Arlene se transformó en un motor que me permite cumplir 50 años de militancia por la vida y la historia de mi país.

 

Marcelo Castro

(1976-estudiante secundario)

El 24 de marzo de 1976 me tomó en plena pre adolescencia. Las cuestiones de política me pasaban muy lejos y en mi familia reinaba el antiperonismo. Recién había ingresado a la secundaria, en la ENET 2 de Azul, provincia de Buenos Aires. Recuerdo que ese día, sólo la docente de Historia, la flaca Martínez, lloró ante el curso y nos dijo que se avecinaba una catástrofe. Después, con los años, supe que alguien de su familia había estado desaparecido.
No recuerdo si ese mismo 24 o el 25, el CONET (Consejo Nacional de Educación Técnica) mandó lineamientos cuasi militares junto con interventores militares que los hicieron cumplir a rajatabla: nada de pelo largo, ni barbas ralas, saco y corbata obligatorios, y, por supuesto, nada de hablar de política.
Tengo sí un pleno recuerdo de 1974 cuando el ERP intento el copamiento del cuartel de Azul. Yo vivía a cuatro cuadras y el ruido de metrallas y el paso de camiones y tanques fue incesante a pocos metros de mi casa.
Puedo asegurar que de la tragedia que fue la dictadura para los argentinos tomé consciencia muchos años después. Como se diría, en esa época, me importaba más la música que la política.

 

Ana María Chaina

(1976- estudiante universitaria- militante por la memoria).

Recordar, es volver a pasar por el corazón.

Ese 24 marzo del 76 estaba en General Roca preparando una materia para rendir en la universidad. Con algunos/as compañeros/as de confianza lo hablábamos, con mucho temor, bien bajito. Aunque, en realidad abundaba más el silencio, profundo silencio, más que las palabras. En el ámbito familiar, sí lo hacíamos. Provengo de una familia donde siempre se habló y se militó en política, casi todos/as en el peronismo. Soy de un pequeño pueblito de la Línea Sur de Río Negro: Clemente Onelli.

Ese 24 de marzo caluroso, pesado y casi gris, recuerdo la tristeza y el miedo, que además siempre tuve. Todos esos sentimientos se acrecentaban aún más, cuando escuchábamos la radio. Ese miedo grande como un monstruo se apoderó de mí/de nosotros. Intuíamos cosas horribles. Pero no tanto como lo que fue. Intuíamos el espanto, pero no ese espanto tan espantoso que llenó de horror el país y nuestras vidas.

En el mes de febrero de l977, con ese miedo y dolor e impotencia comencé a militar junto a familiares de presos/as por razones políticas, familias de desaparecidos/as, militantes y personas buenas, valientes, de General Roca en la Asamblea Permanente por los Derechos Humanos. Allí nos esperaban también militantes y familiares de esta ciudad y de la zona, entre saludos, abrazos, lágrimas y angustia nos informábamos, nos organizábamos, nos dábamos fuerzas para seguir; allí nos encontrábamos todos los martes por las tardes noches. Nos veníamos desde esa ciudad a las reuniones que todas las semanas se hacían en el salón de la Catedral de Neuquén. Y así continuamos por años, a pesar de mis miedos, reclamando por la vida en medio del horror y de la muerte.

 

Norman Portanko

(1976-Agente inmobiliario)

En el año 1976 yo tenía 42 años, trabajaba como agente inmobiliario, desarrollando loteos. Mis hijas practicaban equitación y yo jugaba al papi futbol en el centro de deportes. Afiliado a la UCR. Tenía intervenido el teléfono desde el año 1970 y la SIDE vigilaba mis movimientos. El 24 de marzo era un día radiante, Sojit diría “un día peronista”. Estaba preparando un asado y sonó el timbre, era Cesar Gass que solo me dijo: déjame entrar, escondeme, me busca el ejército y la policía,

Tiempo después reflexioné: puse en riesgo a mi familia, pero era mi amigo.
La mayoría de los sectores políticos y económicos al golpe de estado lo veían como una salida inevitable al desgobierno, la violencia y el colapso económico. Guerrillas de Montoneros y ERP seguían operando, pero también había paramilitares de derecha (Triple A). La izquierda armada creía que el golpe desataría una guerra civil popular. Se equivocaron no hubo resistencia masiva. El golpe era un secreto a voces. Los diarios lo anunciaban abiertamente. En casa Rosada el 23 de marzo los dirigentes peronistas como Lorenzo Miguel y Deolindo Bittel decían “Descorchen champan hoy hay golpe, los legisladores pedían anticipos de dietas. En la Casa de Gobierno de Neuquén fui testigo de que el Vice Gobernador Antonio Alberto Del Vas dijo, una semana antes: muchachos rajemos, desaparezcamos, no queda tiempo.
El PC felicito a la Junta por fidelidad a la democracia representativa. El PCR llamo a defender a Isabel. Montoneros y ERP lo vieron como oportunidad. (error fatal) (solo 50 personas victorearon a Isabel en Plaza de Mayo el 24 Las clases altas y media lo celebraron, los trabajadores bajaron los brazos resignados. Cesar Gass llego a refugiarse en la Embajada de Israel y después el exilio en Venezuela.

 

Pablo O'Dwyer

(1976-estudiante primario)

Era una mañana fresca, gris, casi lluviosa, o al menos esa sensación quedo en mi de aquel 24 de marzo de 1976. Yo asistía a la escuela piloto N°1, en calle Salta y Belgrano, a dos cuadras de mi casa. Tenía 9 años, no entendía mucho, en realidad nada. Mi padre no estaba en casa hacía un tiempo a causa de los amoríos en la política, mi madre sosteniendo como podía lo que quedaba de familia. Mi mayor interés era jugar y claro, disociarme para no ser alcanzado por las balas de tiempos turbulentos en lo social y familiar.

Llegue a la escuela unos minutos antes de la entrada, y antes de subir esa escalera al cielo que tenía la escuela en su ingreso, vi extrañado soldados, de verde, con casco y sus armas (Fal) en mano. En la esquina, una señora que no podía abrir su autito de los nervios que tenía, me agarro de los dos brazos se inclinó hacia mí y me dijo llorando andate a tu casa, no mires para ningún lado, no corras camina rápido, hoy no habrá clases.

Luego de eso en los días siguientes supe que mi amigo Pehuén Del Vas que vivía enfrente se había ido con su familia a España, que mi viejo estaba guardado hasta que pase el revuelo, y que ese año me robaron la infancia.

Dos años antes ya se había frustrado mi cumpleaños, porque el día anterior murió Perón (esa es otra historia), ahora se frustraba el futuro de una generación que quedo en medio del fuego cruzado, que, por mucho tiempo por no entender, o por salvar el pellejo disociamos para no ver lo que pasaba, hasta que leer y comprometernos nos llevó a pelear desde cada lugar por la democracia. Hoy a mis 59 años y con golpes militares, gobiernos cipayos y gobiernos populares entendí claramente porque luchaban los de aquel momento, y porque luchamos los que jamás nos vendimos ni traicionamos, como hoy es moda en “compañeros” que venden su dignidad por un carguito pasajero. Nunca volvió después de ese 24 de marzo la foto de Evita en la cocina… quizás sea hora de volver a colgarla.

 

Elida Sifuentes

(1976-estudiante de Trabajo Social)

En marzo del 76, cuando se dio el golpe, yo acababa de cumplir 21 años. Estudiaba Trabajo Social en la universidad recientemente nacionalizada, nuestra Universidad Nacional del Comahue,y militaba en el PRT. Ya se presentía, se sabía, se evaluaba que era muy probable que se diera un golpe militar.

Lo que no era extraño, porque convengamos que en la historia de nuestro país hay una sucesión de golpes militares. La represión en nuestro país ya había comenzado en el 74, 75, con la AAA que perseguía a militantes de organizaciones sociales, artistas.

(…) Yo siempre digo, en todo caso hablemos de un tiempo que fue hermoso, porque ya lo doloroso y lo tremendo que significó el terrorismo de Estado ya está difundido, está probado, hay condenados.

Sí me parece que es tiempo de hacer saber a las nuevas generaciones eso, que hubo un tiempo que fue hermoso y que nos alienta a seguir.

Recuerdo el 24 de marzo cómo un día otoñal, con el cielo bien azul, el sol brillando, la tibieza de la tarde. Esa mañana nos despertamos con la marchita y no lo podíamos creer.

Recuerdo también que ese día por la tarde un amigo me pasó a buscar y charlábamos del golpe, de qué íbamos a hacer, qué podía pasar. Caminamos de la mano por allá arriba en las bardas charlando. Unos meses después detuvieron a mis compañeras de trabajo social y de militancia.

También a mí me detuvieron. Y ellas y ellos no volvieron. Ellos y ellas forman parte de esos 30.000 sueños detenidos en el tiempo esperando que los hagamos realidad.

Yo volví a reencontrarme con mi amigo y seguimos siendo amigos. Y recordamos. Y aquí estamos, a 50 años de aquel suceso, y creo que todavía palpita ese gran sueño.

No solo palpita, sino que retumba en las calles, con la marea verde, con los hermanos mapuches defendiendo sus territorios, con las asambleas por el agua, con la resistencia en contra de las mineras. Y sí, seguimos. Eso es lo importante.

Como dicen las madres, ni un paso atrás.

29/07/2016

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