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Columnistas
22/03/2026

Perdidos en la tormenta: se abrió la caja de Pandora

Perdidos en la tormenta: se abrió la caja de Pandora | VA CON FIRMA. Un plus sobre la información.

“El cierre del estrecho por parte de Irán para las naciones “enemigas” ha producido una inmediata crisis en el comercio internacional de gas, petróleo y derivados y una severa interrupción de las cadenas suministros, que en sucesivas ondas expansivas golpeará a todas las economías del mundo”.

Gustavo Crisafulli *

En mis más de 20 años de analizar y escribir notas e informes sobre temas de política internacional nunca tuve la desagradable sensación actual de que lo que escribo hoy se vuelva viejo y descaminado días después, cuando se publica.

Un cuarto de siglo de políticas y acciones de desinformación y censura por parte del llamado Occidente y sus aparatos mediáticos entorpece entender lo que ocurre.

Establecidas desde los atentados a las Torres Gemelas y las guerras de Afganistán, Irak, Siria y Libia, estas políticas, que crecieron exponencialmente con la guerra en Ucrania y el genocidio en Gaza, parecen haber alcanzado su paroxismo desde el 28 de febrero pasado, con el criminal ataque a Irán por parte de Israel y EE.UU.

Pero en definitiva, esta desorientación sólo sería una expresión de mis limitaciones de comprensión si no fuera porque algo de ello parece aquejar a los conductores (?) del Imperio y de sus estados vasallos, perdidos en la tormenta que ellos mismos generaron, intoxicados de propaganda y fantasías racistas y escatológicas.

La manifestación más patética de este estado de las cosas, y de las mentes gobernantes, son las declaraciones del bufón que ejerce la presidencia de nuestro país que, con una excitación propia de un niño creyéndose el Hombre Araña, se autoproclamó el “más sionista del mundo” afirmando que “vamosa ganar esta guerra” poniéndonos, sin consultarnos, en un lugar donde casi nadie quiere estar.

Por su parte, las diarias expresiones públicas de gobierno estadounidense, en el tono de la Dictadura argentina en 1982, con el “vamos ganando” y cifras imaginarias, resultan solo maniobras de distracción para los incautos.

Tras tres semanas de conflicto, fracasada la estrategia de “decapitación”, muy al modo israelí, hemos pasado a una guerra de exterminio apoyada en el bombardeo estratégico, muy al modo estadounidense, a la espera de una quimérica rebelión popular contra el régimen de los ayatolás o de una aún más quimérica “rendición incondicional”.

Hasta el momento, EE.UU. e Israel han destruido unas 17.000 edificaciones en Teherán y un número indeterminado en otras ciudades de la extensa geografía persa (un territorio equivalente a 2/3 de la Europa Occidental) y desplazado de sus hogares a más de tres millones de personas, con objetivos seleccionados por la Inteligencia Artificial de Palantir y parcialmente de Anthropic, excediendo la capacidad de los oficiales de inteligencia humanos para la revisión y confirmación de objetivos.

Su inauguración, el primer día de los ataques, fue la destrucción de una escuela de niñas en Minab, asesinando a unas 170 escolares y la mayoría de los bombardeos posteriores siguen ocurriendo abrumadoramente sobre la población civil.

El gobierno iraní, aplicando una doctrina de comando y control descentralizado y habiéndose preparado para esta guerra durante más de 20 años -construyendo uno de los mayores arsenales existentes de misiles y particularmente de drones- respondió inmediatamente atacando con creciente precisión las bases estadounidenses en toda la región, desde Irak y Jordania hasta Kuwait y Qatar, manteniendo un constante bombardeo misilístico sobre la infraestructura militar en Israel y los Territorios Ocupados y alejando a los grupos de combate aeronaval estadounidense a más de 700 km del teatro de operaciones.

La caja de Pandora se abrió definitivamente esparciendo los males mucho más allá de Medio Oriente y por mucho más tiempo de lo que dure la guerra.

La caja estaba en un lugar particular, el Estrecho de Ormuz: un reducido paso de mar de unos 160 km entre el Golfo Pérsico y el de Omán, con no más de 97 km de ancho y 39 en su parte más angosta, con costas en Irán al norte y Omán y los EAU al sur.

Por allí pasa el 20% del petróleo mundial, el 25% del gas natural licuado (GNL) y alrededor del 35% de los productos derivados de gas y petróleo (por ejemplo la urea, vital para la producción de fertilizantes) pero que representa una proporción muchísimo mayor del abastecimiento de hidrocarburos para muchos países de Asia (90% para Japón, 95% para Taiwán y más del 50% para Bangla Desh y otras naciones del sudeste asiático).

El cierre del estrecho por parte de Irán para las naciones “enemigas” ha producido una inmediata crisis en el comercio internacional de gas, petróleo y derivados y una severa interrupción de las cadenas suministros, que en sucesivas ondas expansivas golpeará a todas las economías del mundo.

De este modo la guerra se ha convertido en un trágico y dantesco juego de resistencia a los daños.

Irán ganará si logra absorber la gigantesca ola de destrucción de infraestructuras y muerte entre su población y consigue expulsar a EE.UU. de sus bases en el Golfo.

EE.UU. e Israel ganarán si pueden sostener en el tiempo los costos crecientes en términos económicos, financieros y políticos buscando reducir a Irán a un estado fallido y desmembrado.

Es un juego demente, porque solo genera incentivos hacia la escalada. Y se suben aceleradamente los peldaños de una escalera que termina en la mayor crisis energética, alimentaria y ambiental que el mundo moderno haya conocido y/o en el invierno nuclear.

Con el reloj en su contra y mientras dan vueltas para decidir una difícil y costosa (en recursos y vidas) operación aerotransportada o anfibia para ocupar la isla de Kharg o la costa norte del Estrecho, las potencias agresoras optaron el 18 de marzo por un ataque a los campos de Fars, el principal yacimiento gasífero del mundo, compartido por Irán y Qatar: un salto al peldaño del bombardeo a infraestructuras productivas que habían evitado desde el primer día.

Irán respondió esa misma noche con ataques a refinerías petroleras cerca de Ryad, en Arabia Saudita, y a la mayor planta de producción de GNL en el mundo, el complejo industrial de Ras Lafaan en Qatar y al día siguiente a la mayor refinería de Israel en Haifa.

En un solo día el precio del GNL subió el 35% en Europa y Black Rock y otros gigantes financieros limitaron el retiro de fondos por parte de sus inversores, luego de recibir, en unas pocas horas, solicitudes de retiro por más de 1200 millones de dólares.

Cuando Ud lea esta nota, seguramente podrá agregar a la lista otras calamidades impensadas desde el día 19, cuando se cerró este texto.

En Los Trabajos y los Días,el gran poeta Hesíodo nos cuenta que en el fondo de la caja que abrió Pandora (en realidad una tinaja de cerámica que versiones posteriores convirtieron en caja) quedó la Esperanza.

Sería bueno que alguien la encuentre antes que los imbéciles que nos gobiernan y los criminales desatados, perdidos en la tormenta nos empujen al abismo.



(*) Historiador, ex rector de la Universidad Nacional del Comahue.
29/07/2016

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