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Todo llega, y el Imperio se lanzó, por fin, a la anunciada aventura conjunta con Israel, y atacó la madrugada de ayer a Irán. Los blancos iniciales fueron varios establecimientos en Teherán: el aeropuerto de Mehrabad, el ministerio de defensa, la residencia de Jamenei, entre otros. El primer blanco, sin embargo, fue en Minab, una escuela atacada con un misil que ha dejado 80 niñas fallecidas. Esta es la “intervención humanitaria” de costumbre. No son solamente “Trump y Netanyahu”, figuras útiles a cierta progresía latinoamericana que se ha mantenido silenciosa en relación a Irán, al igual que lo hicieron con Venezuela y que tienen terror de siquiera mencionar a la Operación Especial Militar. Este operativo no se inicia nada más por causa de MAGAs, Marco Rubio, o el tontazo de Trump. Es la complicidad de Europa en todo su conjunto, recorriendo el espectro otatonto-UE Von Leyenista, desde Starmer a Pedro Sánchez. Las condenas mundiales son por ahora todas de usos y costumbres, como invocar a la ONU y otros medios inútiles para “resolver de forma pacífica…, volver a la mesa de negociaciones (sic),…”; etcétera. ¿Es entonces prudente ponderar la primera respuesta de China y de Rusia? Esto evidencia que los Minuteman siguen siendo suficientemente disuasivos para que aparezcan estos países a contradisuadir de forma directa. Lo de siempre: se permitirá cualquier tropelía imperial con tal de no desatar el colapso termonuclear planetario. Y nadie dudará que eso sea razonable…
Una breve disgresión es necesaria para tomar aliento en estos momentos tan difíciles. Es reflexionar que la razón para postergar a la madrugada del 28 de febrero del 2026 el ataque no fue la mera presencia en la cercanía de Ormuz de alguna flota armada de Rusia o China —que a la luz de los hechos fueron incapaces de disuadir el primer ataque—, ni las previsiblemente inútiles “negociaciones” de Witcoff y su ladero el yerno Kushner en el Four Seasons de Ginebra. Fue, con altas probabilidades, el afloramiento de los depósitos cloacales del portaaviones Gerald Ford, en camino al extremo oriental del Mediterráneo. Literalmente, sus baños se inundaron de mierda. ¿Es demasiado obvio construir metáforas alrededor de esta falla hidráulica? La inundación de letrinas, baños y acaso cocinas deben haber requerido de muchas horas de operaciones para tener de nuevo a los boys listos y arrancar de nuevo para Creta y colocar al Fordcito en las posiciones necesarias para establecer algún tipo de retaguardia. Más allá de estas condiciones escatológicas, el ataque se ordenó desde la gorrita roja de Trump, estaba demasiado condicionado. Y se atrevió, nomás. Pero, a diferencia del ataque del verano boreal pasado, Irán estaba preparado. Sabían que esto se iría a producir. Y empezaron a soltar los misiles. Ya han hecho blanco en todos los países del golfo Pérsico, todas las colonias de los EE.UU. que en realidad constituyen un enjambre de bases militares, solamente separadas por campos petroleros y ciudades semiinsulares con altos edificios y todo el lujo posible.
Los hipersónicos Fatah ya impactaron en Dubai. Hicieron bien en evacuar al Burk Califa. Se registraron impactos en 14 bases de USA. Un cohete de la Guardia ya “aterrizó” en Tel Aviv.
El estrecho de Ormuz, increíblemente, sigue abierto. Pero no por mucho tiempo.
Parece difícil que el “régimen” iraní se haga partícipe de otro experimento híbrido tipo Venezuela: el imperio deja vivir pero a costa de diezmos infinitos a piacere. Los Estados Unidos siempre cometen el error de suponer que todos los países contienen poblaciones deseosas de ser plebeyas de Occidente. No es así. Irán no es Argentina o Chile.
¿Qué pasará? La versión optimista, a costa de muchas vidas iraníes, es que esta coalición salga por patas en días si Israel, con su cobarde líder guareciéndose en el Egeo, empiece a ver la destrucción en casa. La pesimista es que hoy, 28 de febrero, puede haberse abierto el infierno en la Tierra. Y rezamos por la supervivencia de Jamenei, Marandi y la Revolución Islámica.
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