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22/02/2026

Carnavales

Carnavales | VA CON FIRMA. Un plus sobre la información.

Un brevísimo instante de celebración temporaria de la libertad y la alegría colectivas, para volver rápidamente y sin resistencias, a la rutina y el orden preestablecido por la alienante vida cotidiana.

Luis Grisolía

Mediados de febrero, excelente oportunidad para hablar de los carnavales, sus efectos populares y los verdaderos significados sociales, que se pueden entender desde tres ejes principales:

Sus raíces paganas

Mucho antes del cristianismo, en el hemisferio norte existían fiestas que celebraban el paso del invierno a la primavera (como las Lupercales romanas o las dionisíacas griegas), festejando la renovación de la tierra, la fertilidad y la expulsión de los "malos espíritus" del frío, dando paso a una vida de tiempos mejores. Claro que en nuestro hemisferio sur la cosa se habría invertido, ya que, al revés de todo, estaríamos festejado cómo pasar del buen tiempo a los padecimientos invernales.

Etimología y conexión religiosa

La palabra carnaval proviene del latín carnelevarium, que significa "quitar la carne", ya que históricamente, era la última oportunidad para los fieles cristianos de comer carne, beber y festejar antes de que comenzara el castigo de la Cuaresma, con sus 40 días de ayuno y penitencias previos a la Pascua. Aunque en algunos lugares como Venecia el significado es puramente estético y aristocrático, ya que se usa la elegancia de las máscaras para ocultar la identidad en un ambiente históricamente rígido y despersonalizante.

Pero lo que realmente nos sintoniza en nuestra realidad cotidiana, es la indiscutible mirada como:

Válvula de escape.

Estamos celebrando el verdadero significado antropológico, ya que, desde la Edad Media hasta estos días, el Carnaval ha funcionado también como una inversión de roles sociales, implicando:

 

  1. anonimato: Las máscaras y disfraces permiten ocultar las clases sociales, para que el pobre pueda vestirse de rey y el rico de mendigo.
  2. transgresión: Se autoriza por unos días lo que normalmente está prohibido en todo momento, como la crítica y burla a las autoridades, al exceso y el caos controlado.

 

Un brevísimo instante de celebración temporaria de la libertad y la alegría colectiva, para volver rápidamente y sin resistencias, a la rutina y el orden preestablecido por la alienante vida cotidiana, pero muy en especial con un direccionamiento claro hacia:

El mundo al revés

Por si nos quedara alguna duda al respecto, justo en los carnavales, estamos preocupadísimos con bajar la edad punible de los niños chorros mientras el ministro chorro que endeudó Argentina por varias generaciones, tiene su familia viviendo alegremente en Nueva York, allí donde Milei viaja seguido, avalando las ridículas ideas de Donald Trump, el asesino internacional que se especializa en secuestrar presidentes, robar las riquezas de otros países y asesinar inocentes.

Nuestro brillante jefe de Estado parte una vez más hacia Washington para participar en inglés de la primera reunión dela “Board of peace” …, el espacio impulsado desde yanquilandia, con el cuento de resolver los conflictos de Medio Oriente.

¿Y qué es esa carnavalesca Junta de Paz?

Inicialmente se había propuesto como una segunda fase del plan de cese del fuego de 20 puntos en Gaza, negociado por Estados Unidos en septiembre pasado. En noviembre el Consejo de Seguridad de las Naciones Unidas lo respaldó, dándole legitimidad internacional, con un mandato para que la “bendita junta” supervise la desmilitarización y reconstrucción de Gaza.

Pero Donald, (que de tonto solo tiene la cara) instrumentaba planes a largo plazo riéndose de toda la civilización del planeta, porque el borrador de la carta constitutiva, describe a la Junta de Paz como una “organización internacional” para promover la estabilidad, la paz y la gobernanza “en zonas afectadas o amenazadas por conflictos”, un verdadero aporte estratégico para todo el Mundo al revés de estos carnavales.

En esa misma dirección “democrática”, Trump se propone como presidente indefinido de la junta, buscando ocupar ese cargo más allá de su segundo mandato.

Los inventores de la ridícula “Board of peace”(Junta del carnaval de la paz apoyados por Milei, Peña y Bukele) son los mismísimos Estados Unidos de América que tratan de salvarse de la más terrible decadencia de su historia, operando una inmensa red global de más de 800 bases militares en unos 70 países, con especial concentración en su principales colonias como Japón (60,000 efectivos), Corea del Sur (30,000), Alemania (50,000) e Italia (con otro tanto), actuando como centros de logística, control y vigilancia estratégica, aunque el cara pálida de Trump, propagandice la paz a toda costa,

Hoy en pleno carnaval, rindiendo homenaje a la premisa del mundo al revés, el mismísimo Japón, (que recibió mortales bombardeos atómicos yanquis a fines de la segunda guerra) soporta la mayor presencia militar de EE.UU. con unas 120 bases e instalaciones que ocupan cerca del 20% de su territorio, concentradas en Okinawa (32 bases en una sola ciudad) por pura casualidad frente a la isla de Taiwán en conflicto con China y Corea del Norte. Con el agravante que Japón, además, contribuye significativamente a la construcción, impunidad y mantenimiento de estas instalaciones.

En 2026, con la llegada de la primera ministro Sanae Takaichi (entrenada en yanquilandia) la alianza entre Japón y EE.UU. sigue fortaleciéndose, reafirmando la importancia de la defensa militar ante la proximidad multipolar, la estabilidad en el Indo-Pacífico y la conveniencia de los bolsillos de los inversores yanquis.

Donald Trump es evidentemente el gran cínico del carnaval 2026, por ocultar la naturaleza financiera-mercantil de estas aventuras. Ayer mismo, refiriéndose a la famosa Junta de Paz, su propio yerno Jared Kushner confesaba que: “intentamos estructurar esta reunión de la junta directiva como lo hacemos en el sector privado, contando con toda la preparación, reuniendo las personas adecuadas e informándoles sobre nuestros desafíos, oportunidades y enfoques”

Definitivamente, una pseudo “junta directiva” para una supuesta paz mundial, que no tiene ciudadanos sino clientes y que no responde a personas afectadas sino a los accionistas que solo ponen su dinero a cambio de beneficios personales.

Vivimos, una verdadera festividad de contrastes carnavalescos, con un instante de permisividad antes de regresar a la abstinencia anual cotidiana y colectiva.

Ya ni siquiera hace falta que nos muestren sus máscaras y disfraces.

29/07/2016

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