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Columnistas
22/02/2026

Los trabajadores en su laberinto

Los trabajadores en su laberinto | VA CON FIRMA. Un plus sobre la información.

“Sorprende que unos señores que la van de empresarios serios hayan aplaudido con frenesí el inicio de estas políticas, pues no hay que ser ningún especialista en mercados emergentes para sospechar en el axioma "compite o quiebra" un latente desastre nacional”.

Juan Chaneton *

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Cada vez que el Congreso tiene que tratar algún tema grosso, es decir, vinculado a la calidad de vida y usos y costumbres de los argentinos, queda de manifiesto que el "federalismo" no es un modo de representación sino de dominación. Pues, en efecto, ¿qué pueden hacer aquellos cordobeses, misioneros, santafesinos o mendocinos que no están de acuerdo con que se prostituya el fuero laboral que en nuestro país data de 1944 por obra del decreto Farrell-Perón que fundó la Justicia Nacional del Trabajo? ¿Qué pueden hacer los que no están de acuerdo ni con una coma de la ley antiobrera que, al cierre de esta nota, se aprestaba a aprobar la Cámara Baja con el voto mayoritario de diputados que representan, precisamente, a Córdoba, Santa Fe o Mendoza? La respuesta es que no pueden hacer nada. Donde manda Llaryora, Cornejo o Pullaro no manda el pueblo de sus provincias sino las roscas de los jefes provinciales con el gobierno: votos a cambio de financiamiento para obras públicas o para pagarle a la Policía. Representativa, republicana federal, llama la Constitución a esta forma de gobierno.

La brutalidad de la agresión contra el aparato productivo del país queda en evidencia ante la generalización de conflictos laborales a lo largo y a lo ancho de la geografía nacional. No es sólo FATE, lo que ya sería muy grave, sino también lo que ocurre en el interior profundo del país, en particular a las pymes. Así, "La Paila", empresa especializada desde 1992 en la producción de alfajores, con una población laboral de 20 personas, debió cerrar después de haber sorteado con éxito, en 2016, igual crisis con idénticas políticas de Mauricio Macri.

Asimismo, la avícola Granja Tres Arroyos, de Concepción del Uruguay (Entre Ríos), se halla al borde del cierre con una perspectiva de 470 trabajadores despedidos en marzo próximo debido a la competencia de pollos importados de Brasil.

Francamente, sorprende que unos señores que la van de empresarios serios hayan aplaudido con frenesí el inicio de estas políticas, pues no hay que ser ningún especialista en mercados emergentes para sospechar en el axioma "compite o quiebra" un latente desastre nacional. Ello así, por cuanto se trata de un eslogan válido en condiciones normales de mercado, esto es, de competencia regular, y no de una que debe afrontar precios de dumping. Así, en un escenario global con un fuerte factor distorsivo como es la presencia china por el lado de la oferta, retirar al Estado nacional y pretender que las empresas compitan o mueran, no puede causar más resultados que los ya evidentes.

Las automotrices, por su parte, dejaron de producir hasta marzo. Por caída de las ventas, estas empresas oscilan desde hace por lo menos dos años, entre reducciones salariales, adelantos de vacaciones y perspectivas de cierre definitivo. Así lo acaba de anunciar Stellantisque es la firma que produce en la Argentina las marcas Citroën, Peugeot y Fiat. Y a la Ford, de Pacheco, no le va mejor.

Así las cosas, la generalización de los conflictos laborales estaría empezando a configurar una suerte de base material para las construcciones políticas que la realidad nacional y social de este país está pidiendo a gritos desde que el bloque económico financiero dominante instaló como candidato propio a quien hoy hace las veces de conductor formal del proceso político argentino. La coordinación de todos esos conflictos parciales debería ser el insumo previo antes de empezar a manosear con banal retórica inflamada unos conceptos como "plan de lucha"; "cordobazo" y así siguiendo, que tal ha sido el contenido del discurso que el diputado "obrero" Pitrola ofreció el miércoles 17 de febrero pasado, desde su banca, a los trabajadores de FATE en conflicto. Ocurre que, en la historia del movimiento obrero argentino, ha habido victorias y derrotas, pero con la misma regularidad hubo desastres cada vez que el trotskismo influyó en una lucha obrera. Los compañeros de FATE deberían prender la luz alta en el drama al que los llevó el gobierno de Milei. Enfrentamiento a fondo sin organización es igual a derrota segura además de que significa poner el carro delante del burro. Lo que sigue siempre a una derrota obrera es la desmoralización y la nula disposición a arriesgarse a nuevas incertidumbres. Parecen concebirlo así unos sindicatos que se hallan dando los primeros pasos para una organización fuerte por "abajo" y con presencia política "por arriba" como actor político-sindical. Confluyen allí, la UOM nacional, los trabajadores estatales nucleados en ATE-CTA y otros más. Deberán constituirse en alternativa a dirigentes que dicen que el enemigo en FATE es una empresa que, en los últimos años, "ganó millones", lo cual tal vez sea muy cierto, pero si esos millones eran invertidos en aumentos de salarios, hoy la fuente de trabajo igual habría desaparecido, pues el enemigo de los trabajadores, hoy, no es una "burguesía nacional" inexistente sino el capital financiero trasnacional que viene por todo, es decir, por la soberanía nacional incluida como prensa en sus programas trágicos. Nunca está de más anticipar los peligros de una oratoria inflamada que conduce nada más que a la desmoralizante derrota.

En tanto, el paro cegetista, por única vez en muchos años, contó con la adhesión de un burócrata de ley como Roberto Fernández, un hombre alérgico a todo lo que pueda dificultar sus roscas con los gobiernos de turno. Así, el paro fue total y contundente. Octavio Argüello, dirigente del triunvirato de cúpula de la central obrera, sentenció: "Ninguna victoria es total y toda derrota es transitoria". Ni Séneca lo hubiera dicho mejor. Pero es difícil, allí, no empezar a olfatear el conocido tufillo de la rosca con el gobierno, tal vez por aquello de que el que se quemó con leche ve la vaca y llora.

Se les entrega un FAL a los trabajadores que, en tanto estafa, no sirve de arma sino que es un ataque más a los derechos de todos. Los jubilados tendrán que pagar los despidos, no los patrones. Ese "Fondo de Asistencia Laboral" sumará unos 2600 millones de dólares al año y será una suma contra la cual el propio gobierno podrá emitir bonos de deuda para autofinanciarse. El negocio es para Caputo ministro, en primer lugar.

Éstos son lo que venían a "resolver" el problema económico donde fracasaba el "populismo. No tienen vergüenza.

Un país en el que la desesperación tiende a inclinar a la opinión mayoritaria hacia la incorrección política es el país que se referencia en Javier Milei. Es una sociedad harta de sufrir la que le abrió las puertas y en ese sufrimiento mucho tienen que ver los que lo son, los que lo fueron antes, los que por desgracia tienen de sicofantes para toda la vida el corazón, válganos el retintín a una vieja y alegrona cancioncita que supimos entonar en lugares que ya son la nada misma barrida por el viento.

Vientos son los que vendrán si esto sigue así. Un país al que se concibe vendiendo verdura fresca y minerales sin elaborar no puede divisar hacia delante, otra cosa que el conflicto social.



(*) Abogado, periodista, escritor.
29/07/2016

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