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15/02/2026

Anarcocapitalismo popular y nueva normalidad

Anarcocapitalismo popular y nueva normalidad | VA CON FIRMA. Un plus sobre la información.

“Para una propuesta opositora tal vez sea hora de ser audaz, interpretar el drama cotidiano con medidas concretas y ofrecer una alternativa radicalizada, asumiendo de antemano que ofrecerá mucha resistencia de los sectores concentrados, y de los intereses geopolíticos”.

Sacha Pujó *

La nueva normalidad en Argentina pareciera ser el anarcocapitalismo popular, un tipo de neoliberalismo potenciado e incorporado desde abajo por los sectores populares, que condensa transformaciones en la economía, en las prácticas cotidianas, en las formas de ver el mundo y cómo nos relacionamos. Todas son dimensiones que se encuentran relacionadas orgánicamente y dan el fundamento y sentido a la hegemonía del bloque de poder. Al mismo tiempo, un reformismo legal permanente consagra esos cambios en las instituciones y las nuevas relaciones de fuerza entre los grupos sociales.

En lo económico, por un lado, se consolida una estructura de economía de enclave en el sector minero e hidrocarburífero, con libre disponibilidad de divisas, pero sin pagar por los daños medioambientales, ni hacerse cargo de la infraestructura necesaria. Por otro lado, se achica la industria nacional frente a la apertura importadora y el desfinanciamiento de programas específicos, y se mantiene el peso del tradicional sector agroexportador. La intermediación financiera, con la colocación de deuda, aparece como mecanismo de extracción del excedente y al mismo tiempo tecnología de disciplinamiento del Estado y los individuos.

Se trata, una vez más y bajo otro contexto histórico, del viejo modelo de país dependiente y periférico en la división internacional del trabajo con consecuencias negativas materiales, destrucción del aparato productivo, desintegración social, degradación cultural, anomia, crisis de representación y mayoría de empleos precarios. El mercado interno y el trabajo formal con convenciones colectivas de trabajo que aseguren ingresos y condiciones de trabajo dignas ya no es necesario en el funcionamiento de este modelo. De hecho, lograron avanzar rápidamente en una reforma laboral sin oposición porque gran parte de los trabajadores ya están en la informalidad, y si la flexibilización laboral ya es una realidad no se percibe la quita de derechos. La “modernización laboral” se presentó bajo la instalación del argumento de generar condiciones atractivas para las inversiones, pero que tiene como objetivo barrer con todos los límites y regulaciones a la discrecionalidad del capital, y disponer libremente de la fuerza de trabajo como si fuera una mercancía más que se consume y se desecha.

La liberación del anarcocapitalismo significa poner a los trabajadores a competir entre sí como agentes del mercado, ofreciéndose por condiciones cada vez más miserables, al tiempo que se concentran las grandes decisiones en el mercado.  La explotación aparece como un acto natural y voluntario dado por una coacción anónima y abstracta que rige la lógica del capital como sistema económico y como sujeto abstracto. En otras palabras, la necesidad económica y la ley del valor aplica a todo el metabolismo social independientemente de las personificaciones del poder económico, y opera más allá de la coerción física o la manipulación ideológica. En una sociedad que produce para obtener ganancias y no para satisfacer necesidades, la lógica del valor se impone a todos, inclusive a los empresarios que son subsumidos cuando no pueden competir.

En el "neoliberalismo desde abajo" Verónica Gago describe la proliferación de modos de vida que responden a las lógicas de competencia, emprendimiento, cálculo y deuda, y que son incorporadas y adaptadas por los sectores populares y precarizados como estrategias de supervivencia en un marco de financiarización cotidiana. En este sentido, para sobrevivir en esta economía el sujeto se maneja como un especulador permanente en su experiencia diaria. Se trata de una transformación subjetiva profunda que asume el cálculo como matriz primordial y que está más allá de la voluntad de un gobierno, más bien es parte constitutiva de sus condiciones.

La competencia se asume como parte del juego y empieza a ganar espacio a la cooperación, a la vida comunitaria y la solidaridad social, que históricamente han caracterizado a la Argentina. El capital avanza expropiando a la sociedad, eliminando capacidades estatales, privatizando recursos naturales, riqueza común y trabajo. El Estado es colonizado por los grandes intereses privados y deja de aparecer como la expresión articulada de la comunidad. Sus funciones y capacidades son expropiadas para negocios privados y queda reducido a sus aparatos de mantenimiento del consenso de los explotados y, en caso de conflictos, el uso de la represión violenta como método disciplinador en nombre del orden.

La llamada crisis de la democracia liberal representativa y el desapego del individuo hacia la política tradicional está vinculado a la incapacidad de la sociedad, de sus instituciones representativas y de un Estado diezmado para tomar decisiones, y transformar la realidad concreta de los sujetos. Qué producir, cómo producir y cómo distribuir son decisiones que hoy escapan al individuo y son tomadas exclusivamente por el “mercado”, es decir las grandes empresas, muchas de las cuales ni siquiera tienen instalaciones en el país.

Este anarcocapitalismo popular cuenta con un componente social lumpen en el plantel dirigente del Estado. Un populismo derechista y bizarro que usa una coartada ideológica plagada de zonceras y lugares comunes para justificar una economía que no beneficia a la mayoría y profundiza la dependencia. Luego, como siempre hacen cada vez que este tipo de políticas se aplican en el país, dirán que las fallas del mercado se dieron porque no se aplicó del todo el programa o porque les ponen "trabas en la rueda”. Siempre les quedará el resto utópico para otra vuelta, "que el programa no se aplicó del todo", que el "riesgo kuka", que todavía persiste el daño de los anteriores gobiernos. Por ello es clave para el gobierno mantener vigente el discurso polarizador con el kirchnerismo.

El anarcocapitalismo no es una sociedad sin Estado como sostienen sus ideólogos y seguidores. Por el contrario, una economía tan desigual fortalece a un tipo de Estado gendarme del patrimonio, la herencia y la propiedad de una minoría dominante ultrarica. Pero ante el desastre anunciado también apelarán a la IA para creerse sus propias mentiras de un mundo de fantasía y utilizarán el arsenal de guerra subjetiva aplicada a redes sociales y plataformas, “inundar la zona de mierda” (término de Steve Bannon estratega político de la extrema derecha estadounidense) para propagar la confusión, el odio y el desánimo. Por eso resulta urgente comprender el funcionamiento del territorio digital y su lógica algorítmica como parte del entramado que hace posible el sostenimiento del modelo libertario.

El Milei leninista no trata de abolir el Estado para terminar con privilegios de clase o de “casta”, sino para liquidar los obstáculos que se oponen al movimiento del capital y a la maximización de las ganancias de una minoría. Y los obstáculos principales son todas las manifestaciones de organización colectiva cristalizadas en instituciones del Estado de bienestar que consagran derechos y se oponen a una lógica individualista y mercantilizada.

En el libro “Capitalismo caníbal", Nancy Fraser expone las principales contradicciones de esta época, una fase del capitalismo que devora sus propias condiciones de existencia, que se alimenta de sus propias bases de sustentación. Para que funcione la economía necesita personas formadas y sanas, al tiempo que precariza las condiciones de existencia, ajusta o privatiza la salud y educación, y el trabajo de cuidados de las personas está muy mal remunerado. Explota la naturaleza sin límites, pero los recursos naturales son finitos y los destruye sin reparar en los daños, devorándose así las condiciones de producción futuras. Necesita instituciones, leyes, infraestructura, que le brinden estabilidad política y orden social, pero paralelamente quita capacidades estatales lo que erosiona la democracia.

Por qué el ajuste es deseado

La desintegración social se da simultáneamente con una religiosidad creciente de la sociedad como forma, aunque sea ilusoria o alienada, de restablecer un vínculo comunitario que es erosionado, por un lado, por las fuerzas materiales del mercado que niegan el ser social, y por otro lado, por la instalación de enemigos imaginarios a vengar por los dramas cotidianos: sindicatos, movimientos sociales, mujeres, migrantes, comunidad LGBTIQ+, agenda woke, pueblos originarios, feminismos, ecologistas. La idea del sacrificio presente como castigo divino que tendrá su recompensa en el futuro, propia de la narrativa religiosa, también es clave para aceptar el ajuste.

La tendencia es la pauperización creciente de la población en empleos precarios sin derechos colectivos, pero que son presentados y normalizados desde una subjetivación política de empoderamiento individual, como un empresario de sí dispuesto a sacrificarse para competir en el mercado y lograr la autonomía. Según la fachada meritocrática, actualmente con las plataformas o finanzas, cualquiera puede volverse rico rápidamente y “pegarla”, lo que aumenta la tolerancia. Este sujeto sobreexplotado, cansado, endeudado, se explota a sí mismo, como dice Byung-Chul Han, se responsabiliza por sus éxitos o fracasos, lo que deriva en una patologización individual de la crisis de salud mental que ya es una epidemia mundial. La ira, el enojo, la frustración y la desazón se diluyen entre procesos de individualización e implosión interna, que permiten al gobierno controlar con mayor efectividad la conflictividad social.

El discurso de la derecha se asienta además en mecanismos del inconsciente como es el goce del otro, la imposibilidad de aceptarlo (el desempleado o el discapacitado que recibe prestaciones sociales se quedan con el fruto de mi trabajo). Una forma sutil de conducción de las conductas y administración de las emociones y deseos para quebrar los lazos que unen a las personas.

Además, en el actual contexto de trabajo humano reemplazado con la tecnología IA que pone en jaque a las profesiones y los reconocimientos simbólicos de posición social, es útil lo dicho por Poulantzas para entender el surgimiento de los fascismos actuales. En un texto sobre su impacto popular plantea que “el fascismo fue capaz de recapturar en su discurso ideológico, corrompiéndolas, una serie de aspiraciones populares profundamente asentadas". Son anhelos de orden y certezas en un mundo que ya no las asegura por eso usan instrumentalmente el miedo y la incertidumbre. El totalitarismo de mercado combinado con el microfascismo de la multitud es la fórmula de la gobernabilidad en tiempos de liberación y aceleración del capital, anomia y disolución social.

Gobernabilidad y economía de la deuda

Según Lazzarato la relación social de acreedor-deudor define el paradigma de la época y el futuro ya que involucra a toda la población y a las generaciones venideras. El hombre endeudado es la condición humana actual. Para el autor la economía de la deuda es algo más que un dispositivo económico e implica técnicas de gobierno referidas a disciplinar la conducta, hacerla previsible en el tiempo, reducir la incertidumbre en tanto la promesa de pago impone obligaciones y sacrificios. “El poder de la deuda se representa como si no se ejerciera por represión ni por ideología: el deudor es libre, pero sus actos, sus comportamientos, deben desplegarse en los marcos definidos por la deuda que ha contraído. Esto vale tanto para el individuo como para una población o un grupo social. Se es libre en la medida en que se asume el modo de vida (consumo, empleo, erogaciones sociales, impuestos, etc) compatible con el reembolso.”

La economía de la deuda es el sostén y la cárcel del precariado que colorea el paisaje de la nueva economía argentina. Permite sostener gastos corrientes y consumo en general, pero a la vez es un dispositivo de control de la conducta. Estar en deuda exige perder libertad de decisión porque se asume la responsabilidad de saldarla. Tiene una implicación política enorme a la vez, porque mediante instrumentos financieros, que están disponibles con un clic en una multitud de aplicaciones, se individualiza el ajuste.

Para honrar la deuda que sostiene el consumo y los gastos corrientes las personas se multiemplean en las plataformas. La explotación de clase aparece como autoexplotación y la ilusión de autonomía del sujeto accionista inhabilita cualquier posibilidad de resistencia colectiva. Lo perverso de este mecanismo de sometimiento que da la sensación de libertad, es que expropia el tiempo, la posibilidad de decidir a futuro porque todo queda en un presente eterno de sacrificio para un futuro que es capturado, se hace previsible.

Identificación con los líderes de extrema derecha

Pareciera que el desenmascaramiento político fuera inútil, porque hay mecanismos identificatorios de las personas comunes con determinadas características, actitudes y gestos de los líderes, que resuenan y son más fuertes que cualquier argumentación racional. Es como si “externalizaran su locura” dice Zizek, en las obscenidades del líder.

Los políticos son una consecuencia de la sociedad a la que pertenecen, salen de ella en un contexto histórico determinado. El presidente es el tipo ideal parido en esta época: roto, enajenado, tirano con ansias de revancha de reconocimiento social. Él habla el lenguaje de las redes sociales, puede mover el algoritmo con provocaciones, y así enmarcar las discusiones de interés público desde su óptica.

La nueva normalidad anarcocapitalista implica que más allá de las payasadas, los insultos, las mentiras y las barbaridades que atentan contra la civilidad y el orden democrático, lo que queda es un profundo cambio en la economía, en los vínculos y en las representaciones sociales. El anarcocapitalismo popular no se impone contra la sociedad, cuenta con un consenso irreflexivo, desde un sentido práctico y adaptativo, y por eso es tan difícil de disputar.

Para una propuesta opositora tal vez sea hora de ser audaz, interpretar el drama cotidiano con medidas concretas y ofrecer una alternativa radicalizada, asumiendo de antemano que ofrecerá mucha resistencia de los sectores concentrados, y de los intereses geopolíticos. Hay que tener en cuenta, en ese sentido, que la sociedad es conservadora, no quiere arriesgar lo poco que tiene por algo que no es realizable ni creíble. La dialéctica enseña que los opuestos se influyen y tensionan hasta que en un momento, después del claroscuro donde aparecen los monstruos, aparece una síntesis histórica.


 

Bibliografía citada

Fraser, Nancy (2023), Capitalismo caníbal. Qué hacer con este sistema que devora la democracia y el planeta, y hasta pone en peligro su propia existencia. Siglo XXI Editores, Ciudad Autónoma de Buenos Aires.

Gago, Veronica (2015), La razón neoliberal, Buenos Aires, Tinta Limón.

Han, Byung-Chul (2024), La sociedad del cansancio, Herder Editorial, Barcelona.

Lazzarato, Mauricio (2019) La fábrica del hombre endeudado. Ensayo sobre la condición neoliberal. Amorrortu, Buenos Aires.

Poulantzas, Nicos (1976) Sobre el impacto popular del fascismo.

Zizek, Slavoj (2025) En el claroscuro aparecen los monstruos. Ciudad Autónoma de Buenos Aires, Tinta Limón.



(*) *Licenciado en Sociología por la Universidad de Buenos Aires y magister en Políticas Públicas para el Desarrollo con Inclusión Social por la Facultad Latinoamericana de Ciencias Sociales. Autor del libro Subjetividad Confinada. La pandemia como hecho social catalizador de transformaciones (Ciccus, 2021).
29/07/2016

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