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Figueroa encara su tercer año de gobierno con las alforjas llenas de recursos y sin oposición a la vista, pero frente a un fuerte desafío político.
Superadas las elecciones legislativas con una derrota pero con un resultado suficientemente bueno -una senadora y una diputada para cambiar figuritas con Milei-, el figueroísmo vive un impasse que, con todo, no durará más allá de algunos meses, porque las elecciones provinciales del 2027 -que al uso neuquino se celebrarán recontratemprano- demandarán una acabada estrategia electoral.
Ocurre que los comicios de octubre alumbraron un competidor, La Libertad Avanza, con una figura, la ahora senadora Nadia Márquez, cuyo poder político ha crecido mucho desde la nada evangélica hasta un lugar expectable en el Senado y en la consideración del oficialismo libertario. Eso aunque, ciertamente, su futuro dependerá en todo caso de la suerte de Milei.
También, está por verse si Mariano Gaido con su abrumadora obra pública, según algunos sospechan con la mano invisible de Jorge Sapag por detrás, se allana al veto impuesto por Figueroa, o asume el desafío de una guerra por el poder. No es seguro que esto ocurra, como tampoco que Figueroa cumpla con su compromiso de no poner a un candidato propio para intendente. Pero de ocurrir una o ambas cosas, Gaido podría ser también un competidor de cuidado.
Después no parece haber nada más, el peronismo neuquino, derrotado, disperso y sin rumbo, vive una hora aciaga; el Pro y la UCR se fueron por la alcantarilla “libertaria”, y los distintos sellos de goma que comen de la mano del oficialismo no cuentan demasiado ni aún sumados.
En esas circunstancias, con el frente que lo llevó hasta acá en proceso de previsible evaporación y una de las fuerzas aliadas convertida en fuerte competidora, la pregunta es si Figueroa podrá dotar a “La Neuquinidad” de los atributos necesarios para enfrentar ese desafío o deberá recurrir a su viejo partido.
No está claro si el instrumento que le ha servido para convocar a un conglomerado multicolor, capaz de derrotar a su propio partido y llegar hasta acá sin mayores cortocircuitos, es de la estatura que el gobernador necesitará para la etapa que se avecina.
Dicho de otra forma, el mayor desafío del gobernador a partir de ahora es el 2027 y para pegar el gran salto de la reelección y luego poder gobernar le hará falta una estructura partidaria más sólida y vertebrada. Y en ese tren, el gobernador deberá decidir si apuesta a crear algo nuevo, convirtiendo el precario vehículo que lo llevó hasta acá en un partido “en serio”, con organicidad y cuadros dirigentes o, consciente de las limitaciones de una aventura de ese tipo, apostará a refundar el MPN; a aprovechar el esqueleto de su estructura y apelar a sus antiguos cuadros, huérfanos hoy de conducción y dispersos por el territorio.
De impulsar esta última opción tendrá, a su vez, una alternativa de máxima y otra de mínima; un planteo de manos abiertas, que incorpore a todos o casi todos los que mandó a la diáspora con su victoria de abril del 2023, o alguna forma más centralizada de organización, acaso lo más probable para un hombre celoso del poder y sumamente desconfiado como el actual mandatario provincial.
Por lo pronto el mandatario neuquino viene juntando un ejército de mano de obra de reserva, recluta cuadros aquí y allá que seguramente pensará utilizar, según convenga y según como se presenten los acontecimientos, para darle continuidad a su proyecto de poder.
Mientras tanto, es previsible que Figueroa, dotado de un pragmatismo de hierro, continúe cediendo a muchos de los requerimientos de Milei a cambio de lo que considera conveniente para la provincia. Lo hará como lo viene haciendo, por mucho que aquellos requerimientos sigan contribuyendo a las políticas de destrucción del aparato productivo, empobrecimiento de los sectores populares, aumento exponencial de la desocupación, saqueo de los recursos naturales o debilitamiento de la soberanía que practica el gobierno de LLA, para el gobernador el país preocupa menos que Neuquén y su proyecto de poder personal.
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