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14/12/2025

Capitalismo financiero y neofascismo

Capitalismo financiero y neofascismo | VA CON FIRMA. Un plus sobre la información.

“El sistema político que acompaña al capitalismo financiero hegemónico presenta rasgos autoritarios que tienden a excluir a la consulta popular y evitar a los debates, negociaciones y alternancias propias de la democracia para optar por un excluyente ‘todo o nada’”

Humberto Zambon

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La actual reacción conservadora sostiene que la sociedad no existe, que es un mito. Lo que existen son los individuos y esos individuos se encuentran en competencia permanente, en una especie de darwinismo social en el que sobreviven los mejores, en una continua lucha por sobrevivir y sobresalir, o, en última instancia, en un “sálvese quien pueda”.

En un artículo divulgado en la web por Truthdig, el norteamericano Chris Hedgessostuvo que estesistema dominante en las sociedades occidentales utiliza la dictadura invisible del consumismo compulsivo de bienes materiales para anular los ideales, transformando a las personas en seres acríticos, miedosos y conformistas y que pasarán a engrosar ineludiblemente las filas de una sociedad homogénea, uniforme y fácilmente manipulable mediante las técnicas de manipulación de masas.

Es el “pan y circo” de la decadencia romana; es la historia que se repite, la concreción de la peor pesadilla de Aldous Huxley en “Un mundo feliz”: la instalación deuna dictadura perfecta que tendría la apariencia de una democracia, o sea, una especie de “prisión sin muros en la que los presos ni siquiera soñarían con escapar. Sería esencialmente un sistema de esclavitud, en el que, gracias al consumo y el entretenimiento, los esclavos amarían la servidumbre”

Por su parte, David Harvey sostiene que, para que un sistema de pensamiento se convierta en dominante, se requiere la articulación de conceptos que se arraiguen en el sentido común de la población a tal punto que sean considerados como datos indiscutibles. Y el neoliberalismo lo encontró en la idea de la libertad individual: se apropiaron así de más de tres siglos de historia occidental con una finalidad conservadora.

Eligieron bien la idea, ya que el valor de la libertad es muy fuerte y poderoso, como ya lo había demostrado en nuestro país la defensa de la enseñanza privada, presentada como “enseñanza libre”. Pero, como sostiene Karl Polanyi, hay dos tipos de libertades:Las buenas libertades (la libertad de conciencia, de expresión, de reunión, de asociación) y existen las malas libertades para explotar a quienes nos rodean, obteniendo así enormes ganancias sin tener en cuenta el bien común, incluido lo que se hace con el ecosistema y las instituciones democráticas.

Al neoliberalismo le interesan estas últimas: la libertad de comercio, la libertad de empresa, la libertad que, como ironizó Joseph Stiglitz, suele consistir en liberar a los ricos de sus impuestos y a los pobres de sus derechos.

En resumen, sociedad de consumo con una ilusión de libertad. Pero el consumo requiere recursos mientras el capitalismo financiero se caracteriza por la inequidad distributiva y la concentración de la riqueza. Sin embargo, el capitalismo financiero también implica, en su desarrollo, un endeudamiento creciente de todos los actores económicos, de las personas, de las empresas y del estado. Hoy vivimos en un mundo endeudado: según el Instituto de Finanzas Internacionales (IIF)la deuda global en el mundo (calculada a mediados de este año) suma $338 billones de dólares, que representa cerca del 324% del PIB global. En otras palabras, la deuda mundial es un monto similar a tres veces y un cuarto el total de bienes y servicios producidos durante un año en el mundo. Si tomamos sólo la deuda pública, esta se acerca al 100% del PBI (al ritmo actual, en el año 2029 lo superaría).

Es, directamente, impagable; por eso no sorprendió un artículo del Banco Mundial de junio de este año, en el que sostiene que las probabilidades de que desencadenen una crisis financiera son aproximadamente del 50?%.

Tenemos, entonces, 1) un sistema económico donde, según vimos en la nota anterior, la tasa de ganancia de las grandes corporaciones se mantiene apoderándose de parte del ingreso que corresponde a los trabajadores y a los productores primarios; la caída en el nivel de vida de ambos grupos no fue mayor debido al acceso al crédito que el propio sistema, para subsistir, ponía a su disposición. Pero el peso de la deuda por un lado y la caída del ingreso, por el otro, actúan como brazos de una pinza que ahoga e incita a la protesta e, incluso, a la rebelión; 2) La posible crisis mundial de deuda y 3) La existencia de sistemas alternativos, con fuerte presencia estatal y altas tasas de desarrollo, que ponen en discusión la hegemonía occidental.

Sumado a características autoritarias de las masas, conforman un cuadro similar al que llevó al fascismo en el siglo XX. Hay una diferencia importante; aquel, al igual que el capitalismo industrial que defendía, era profundamente nacional, por lo que fue una ideología nacionalista. En cambio, el capitalismo financiero es trasnacional, es globalista, al que le molestan las reglamentaciones nacionales.

Según contó Juan Gelman (en Página 12del 22-1-97), en 1977 la socióloga argentina Michele Halimi dictó una conferencia en la Sorbona sobre la tesis que a fin de siglo XX prevalecería el fascismo y otras formas autoritarias, por la nueva etapa histórica que iniciaba el capitalismo y que, con la nueva organización del trabajo, tendía a generar desocupación y marginación. Continúa Gelman diciendo que Umberto Eco le contestó sosteniendo que eso resulta imposible porque las circunstancias históricas han cambiado, lo que es cierto, pero –completó la disertante- “lo que no ha cambiado son las maneras de pensar y de sentir, hábitos culturales y oscuros instintos que alimentaron al fascismo”.

El fenómeno previsto por Halimi, unas décadas después de lo imaginado, se hizo realidad. El sistema político que acompaña al capitalismo financiero hegemónico presenta rasgos autoritarios que tienden a excluir a la consulta popular y evitar a los debates, negociaciones y alternancias propias de la democracia para optar por un excluyente “todo o nada”, en un permanente calificativo de “amigo-enemigo”, acompañado de halagos o insultos y amenazas, según el caso.Es la libertad, pero solo para unos pocos.

Su semejanza con el autoritarismo europeo del siglo XX permite hablar de neofascismo.

29/07/2016

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