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Columnistas
23/11/2025

La reconfiguración del "Patio Trasero"

La reconfiguración del "Patio Trasero" | VA CON FIRMA. Un plus sobre la información.

Hostilidad contra Venezuela, Colombia y México; gobiernos afines a EE.UU. en Argentina, Bolivia, quizás Chile; revés en Ecuador. La ofensiva de Trump, junto a la ultraderecha regional, pretende realinear a todo el hemisferio. Con la nueva-vieja “Doctrina Donroe”, está en juego la autodeterminación en América Latina.

Leandro Etchichury

Las actuales dinámicas políticas que atraviesan América Latina no son eventos aislados ni simples alternancias de poder. Responden, en cambio, a una ofensiva coordinada y multimodal, cuyo objetivo es reafirmar una hegemonía ultraconservadora en un hemisferio que Estados Unidos volvió a considerar estratégico. Esta reconfiguración del poder se aleja ?de alguna manera, pero no del todo? de las intervenciones militares del pasado y operan en cambio desde los ámbitos económico, mediático y digital, pero su fin último permanece inalterado: el realineamiento de la región con los intereses de Washington.

La confesión más elocuente de esta estrategia provino de Scott Bessent, secretario del Tesoro y figura clave del entorno de Donald Trump, quien sin ambages declaró: "Estamos recuperando América Latina a través de nuestro liderazgo económico. No habrá balas". Esta afirmación es la evidencia contemporánea de la persistencia de la Doctrina Monroe y su readaptación para el siglo XXI. “Doctrina Donroe”, la bautizó el muy gráfico The New York Post (cuya tapa ilustra este artículo).

Es el reconocimiento explícito de que Washington sigue concibiendo a la región como su patio traseroestratégico, un espacio de disputa que, tras algunas experiencias soberanistas, debe ser disciplinado y realineado. La agenda electoral marca la oportunidad. Chile tendrá su segunda vuelta por la presidencia en diciembre próximo, mientras que el 2026 se reserva esa definición para Costa Rica, Perú, Colombia y Brasil, este último seguramente la joya más preciada por capturar.

La frase "no habrá balas" no es una promesa de paz, sino la descripción de un nuevo método: un arsenal de proyectiles no convencionales diseñados para lograr la subordinación.

Chile: Desgaste y capitalización del descontento

El análisis del reciente ciclo político chileno revela cómo la debilidad de un proyecto reformista, asediado por múltiples crisis, puede ser instrumentalizado por fuerzas conservadoras no sólo para revertir avances sociales, sino para ejecutar un cambio geopolítico.

La potencia que mostró la derecha, en la primera vuelta electoral, no puede interpretarse como un mero voto de castigo contra el gobierno de Gabriel Boric. Es, seguramente, la culminación de una prolongada campaña de desgaste que explotó una vulnerabilidad estructural de la política chilena: el marcado desencuentro entre una parte de la sociedad y la política.

Durante más de una década, Chile vio crecer una porción de actores sociales altamente movilizados en protestas, que convive con una masade ciudadanos desafectos de las instituciones y los partidos. El desmoronamiento de los dos procesos constituyentes no fue sólo una derrota para Boric, sino la cristalización de esta fractura. El voto obligatorio, con registro automático, incorporó a millones de ciudadanos que, desde un escepticismo conservador, no veían en el ejercicio democrático una herramienta para el mejoramiento de sus vidas.

Así, la candidata progresista Jeannette Jara debió remar contra la instalación de una poderosa narrativa de fracasoe ingobernabilidaddel proyecto reformista, que fue creando un relato de impericia institucional que figuras de la extrema derecha, como José Antonio Kast, estaban perfectamente posicionadas para inflar.

En lo inmediato, el destino político de Chile se definirá en la segunda vuelta del 14 de diciembre. No obstante, candidatos como Kast, Johannes Kaiser y Evelyn Matthei no sólo han manifestado su afinidad con las políticas de mano dura y libre mercado, sino también un alineamiento explícito con Washington, un bloque que aún con sus diferencias e intereses tienen en claro cuál es el enemigo a derrotar.

Este avance se materializó en una nueva correlación de fuerzas en el Congreso. Si bien no hay fuerzas mayoritarias que puedan imponer sus agendas en la discusión parlamentaria, la ultraderecha fue la que más creció en ambas Cámaras: El resultado presenta ante el próximo gobierno un Congreso fragmentado y con una correlación de fuerzas que preanuncia intensas negociaciones en temas legislativos claves.

Un patrón de avance continental

El patrón observado en Chile —capitalización del descontento, enfoque en la seguridad, debilidad de las reformas progresistas y realineamiento pro-estadounidense— no es una excepción. Con distintas intensidades y características, este modelo se replica a lo largo de toda la región. Conectar los puntos entre los distintos países permite comprender la escala y la coherencia de esta ofensiva continental, que busca desmantelar los proyectos de integración soberana y realinear a las naciones del hemisferio bajo la órbita del big brother.

Argentina: El experimento de shock

Si Chile representa el modelo de desgaste gradual, Argentina es el laboratorio de la misma estrategia en su modalidad de shock. El gobierno de Javier Milei encarna, tal vez, el caso más extremo de este giro regional. Su programa de desregulación económica radical y su alineamiento automático con Estados Unidos funcionan como un experimento a escala. Esta agenda, diseñada para reconfigurar el Estado en favor de sectores financieros y corporativos transnacionales, es la materialización más pura de la visión de Scott Bessent: la bala del "liderazgo económico" que desmantela las estructuras soberanas desde adentro, con el sostén financiero de la potencia americana.

La descarada y millonaria intervención estadounidense en las pasadas elecciones parlamentarias en nuestro país, a fin de sostener un proyecto que se desmoronaba, tuvo impacto en un sector importante de una población, otrora orgullosamente nacionalista.

Bolivia: La derrota del MAS y el retorno de la DEA

La victoria electoral del ahora presidente boliviano Rodrigo Paz Pereira marca el cierre de un ciclo hegemónico de dos décadas del Movimiento al Socialismo (MAS). El resultado de la votación fue posible no sólo por la estrategia de la derecha, sino también por la fragmentación suicida del propio MAS. Este quiebre allanó el camino para un realineamiento estratégico inmediato con EE.UU., evidenciado por el anuncio del restablecimiento de las relaciones diplomáticas y del retorno de la Administración de Control de Drogas (DEA), expulsada en 2008. Las conversaciones del nuevo gobierno con figuras como Patricia Bullrich de Argentina para desarrollar un proyecto de seguridad regional conjunto, se enmarcan en lo que afirmara el nuevo mandatario boliviano: “todas las instituciones, no solo de Estados Unidos, sino de los países fronterizos que quieran trabajar conjuntamente y a nivel mundial para hacer de Bolivia un país más seguro, donde lo ilícito no es parte del cotidiano vivir, van a estar en Bolivia”.

Ecuador: Resistencia popular a la agenda de seguridad

Sin embargo, esta ofensiva no avanza sin resistencia, como lo demostró el electorado ecuatoriano al rechazar directamente una pieza clave de la agenda de seguridad continental. Tras el polémico triunfo de Daniel Noboa en las presidenciales, en abril pasado, en el reciente referéndum impulsado por el presidente el electorado rechazó abrumadoramente sus propuestas. De manera destacada, la negativa a una reforma constitucional y a permitir la instalación de bases militares extranjeras en el país, constituyó un revés significativo para la agenda promovida por Washington, demostrando que la experiencia de la Revolución Ciudadana liderada por Rafael Correa (2006-2017) no fue enterrada.

Colombia: Amenazas de destrucción

La postura de Donald Trump hacia Colombia se ha caracterizado por un enfoque agresivo, enmarcado en lo que denominó una "cruzada personal" contra el narcotráfico. Trump afirmó categóricamente que Colombia, bajo la presidencia de Gustavo Petro, "mantiene fábricas de cocaína activas" , y además reveló su intención de destruirlas personalmente. Adicionalmente, Trump ha acusado a Petro de ser un "líder del narcotráfico", lo que llevó a que el mandatario y su familia fueran incluidos en la Lista OFAC, de Control de Activos Extranjeros del Departamento del Tesoro de Estados Unidos, intensificando la tensión diplomática. Días atrás, una fotografía tomada en el Despacho Oval de la Casa Blanca, en la que se ve un documento con un fotomontaje de Nicolás Maduro y Gustavo Petro, vestidos de overol naranja, como si estuvieran presos en Estados Unidos, desató un intercambio verbal que la diplomacia colombiana decidió mitigar.

 Imagen del ataque a una presunta narcolancha venezolana.


Venezuela: El objetivo permanente

Venezuela se mantiene como el objetivo histórico y persistente de la ofensiva estadounidense. El país enfrenta una presión multifactorial que combina un férreo bloqueo económico, una guerra híbrida informativa y una escalada militar sin precedentes en el Caribe, habilitando a la CIA a realizar operaciones encubiertas en territorio del país suramericano. Bajo el pretexto de la lucha antinarcóticos, la Operación “Lanza del Sur”ha implicado el despliegue del mayor portaaviones del mundo, el USS Gerald R. Ford, y ataques a embarcaciones, configurando una clara maniobra de intimidación. A pesar de la resistencia del chavismo, Venezuela es utilizada como un ejemplo disuasorio para el resto de la región sobre las consecuencias de desafiar abiertamente al poder hegemónico.

Red Atlas y la guerra por la “Generación Z” en México

Este patrón regional no se sostiene únicamente con actores visibles. Detrás de escena opera una sofisticada maquinaria de influencia que moldea la opinión pública y promueve la desestabilización.

Para comprender la nueva ofensiva de la derecha, es crucial analizar no sólo a los líderes políticos visibles, sino también a las redes que operan en las sombras para moldear la opinión pública y promover la desestabilización. El reciente estallido de violencia callejera en México ofrece un claro ejemplo sobre las tácticas de esta guerra asimétrica.

Las violentas manifestaciones contra la presidenta Claudia Sheinbaum, convocadas por el autodenominado movimiento Generación Z, dejaron un saldo de 100 policías y 20 civiles heridos, evidenciando un nivel de organización que desborda la espontaneidad. La estrategia mediática empleada se dirigió específicamente a la Generación Z ?una suerte de movimiento global juvenil de protesta contra gobiernos autoritarios?, que utilizando un relato simplista y emocional, que idealiza a los manifestantes, oculta los intereses políticos y económicos que impulsan las movilizaciones. Medios como La Derecha Diariojugaron un papel central en la difusión de esta narrativa. Las balas aquí fueron digitales: bots, desinformación y la instrumentalización de la pasión juvenil.

La Red Atlas: El motor ideológico

Detrás de esta operación se encuentra la Red Atlas (Atlas Network), una red internacional de think tanksy organizaciones libertarias de ultraderecha. Fundada en la década de 1980, su objetivo principal es impulsar una agenda de libre mercado radical a nivel global, desmantelando las funciones sociales del Estado y combatiendo cualquier proyecto político progresista o soberanista.

Actores como el propagandista argentino Fernando Cerimedo, fundador de La Derecha Diario, están directamente vinculados a este espacio. Cerimedo, estratega digital de Javier Milei en Argentina y de Jair Bolsonaro en Brasil, ha exportado sus métodos a México, pero también trabaja para el nuevo gobierno de Rodrigo Paz Pereira en Bolivia. Su medio digital, junto a una maquinaria de bots, influencersy desinformación financiada desde el extranjero, busca generar caos social y erosionar la legitimidad de gobiernos no alineados con sus intereses.

La operación en México ejemplifica las tácticas de la guerra híbrida moderna: se utiliza la energía de una generación conectada digitalmente para fines políticos, se siembra desinformación para crear un clima de crisis y se oculta la coordinación detrás de una fachada de "movimiento espontáneo". Todas estas operaciones, sin embargo, parecen converger y encontrar su catalizador en la figura de un actor clave: el actual gobierno estadounidense, que ya venía amenazando a las autoridades mexicanas con una intervención.

El factor Trump: El acelerador estratégico

El regreso de Donald Trump a la Casa Blanca fue un impulso decisivo y ordenador para todo el eje ultraconservador que avanza en América Latina. Su primer mandato, junto a Steve Bannon, sentó las bases, pero este segundo período aceleró y consolidó una audaz política de intervención sin precedentes en el siglo XXI.

La retórica y las políticas de Trump marcan directamente la agenda de la nueva derecha regional. Su afinidad explícita con líderes como Javier Milei y Jair Bolsonaro, su desprecio por el multilateralismo y su postura abiertamente anti-China proporcionan un paraguas ideológico y político a estos movimientos. Bajo su liderazgo, la "guerra contra las drogas" ha dejado de ser una metáfora para convertirse en una guerra literal. Su administración ha ordenado la destrucción de decenas de embarcaciones en el Caribe y el Pacífico, y ha expresado su disposición a usar la fuerza militar contra los cárteles en territorio colombiano y mexicano.

Estas acciones se conectan directamente con las declaraciones de figuras clave de su entorno. El Secretario de Estado, Marco Rubio, ha descrito al gobierno venezolano como una "organización de narcotráfico", justificando así la presión militar. De manera aún más contundente, el Secretario de Defensa, Pete Hegseth, reafirmó la doctrina hegemónica al declarar: "El Hemisferio Occidental es el vecindario de Estados Unidos - y lo protegeremos".

Lo que América Latina enfrenta no es una simple alternancia entre gobiernos de diferente signo político, sino una reconfiguración profunda del poder global en la cual la región es un tablero de disputa clave. La nueva estrategia de la derecha continental se sustenta en un discurso agresivo apoyado en lo tecnológico, está bien financiada y es tácticamente sofisticada. Utiliza la guerra digital, redes de influencia transnacional como Atlas Network y se aprovecha de las vulnerabilidades de la democracia liberal, como la desinformación masiva en nombre de la libertad de expresión y la capitalización de una creciente insatisfacción social inherente al propio desenvolvimiento del actual sistema capitalista. Esta es una alerta estratégica para las fuerzas populares, progresistas y soberanistas: subestimar la naturaleza y la escala de la ofensiva en curso sería un error histórico, que puede llevar a perder la capacidad de autodeterminación nacional para los países de la región.

29/07/2016

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