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09/11/2025

Patologías territoriales

Patologías territoriales | VA CON FIRMA. Un plus sobre la información.

Los sistemas de asentamientos humanos expresan en el espacio, la forma en que se desarrollan las relaciones de producción e intercambio de cada formación social.

Luis Grisolía

Seguramente me critiquen por esquivar la escala nacional y continental ignorando la reciente invasión del embajador Lamelas o la instalación del GPMorgan en nuestros ministerios, mientras flamea la bandera yanqui en la Rosada, pero hoy me levanté preocupado por nuestros asentamientos humanos y no puedo menos que compartirlo.

Resulta que cuando las relaciones de producción e intercambio son desiguales, suelen aparecer las PATOLOGIAS TERRITORIALES como anomalías permitidas por las mismas gobernanzas locales que las padecen.

Vivimos entonces un “síndrome de Estocolmo territorial” que muy pocos advierten, porque desarrollamos (como víctimas inconscientes) vínculos emocionales de supervivencia con nuestros propios abusadores, instalando empatía, lealtad o identificación hacia los que nos agreden.

Observemos algunos ejemplos cercanos para entender mejor estos pensamientos:

Miremos primero la provincia de Chubut, territorio agrario desde el siglo XIX, articulado de la cordillera al mar por el valle del rio Chubut, donde en 1880 indígenas y colonos galeses desarrollaron la explotación sustentable de esas áreas, al punto que en 1888 inauguraban el Ferrocarril Central del Chubut, uniendo Trelew con Puerto Madryn para exportar la producción. Esta cuenca fértil convivía con el norte minero también conectado a Madryn y con el sur agroganadero del Río Senguerr y los lagos Musters y Colhué Huapi, articulados por Colonia Sarmiento, exportando sus productos por un puerto cercano.

Todo marchaba bien hasta que un 13 de diciembre de 1907 descubren el primer pozo petrolero de Argentina en Comodoro Rivadavia, nuevo nodo poblacional que desarmó la geografía local, llevando toda la economía al remoto vértice sureste del mapa provincial. Esto marcó el inicio de la industria petrolera del país, pero terminó desarticulando las economías agrícolas sustentables preexistentes, en un claro ejemplo de patología territorial.

El mapa de Chubut quedó cabeza abajo, aumentando su desequilibrio en 1915, cuando la nueva división departamental de los territorios nacionalesestableció 15 jurisdicciones arbitrarias sin ningún sentido gubernamental, cuyo formato nada tuvo que ver con la realidad geoeconómica de esa maltratada provincia.

Algo parecido sucedió en Neuquén, cuando el corredor agroexportador del Valle del Rio Negro forzó el traslado de la capital provincial al ángulo oriental del mapa, instalando un conglomerado de actividades terciarias donde hoy se amontona el 85% de la población, desmantelando las economías sustentables regionales con la llegada del petróleo, en otro imperdonable ejemplo de maldesarrollo patagónico.

Aquí también la división de los territorios nacionales de 1915 instaló 16 departamentos arbitrarios, carentes de valor institucional, cuyo tamaño y forma nada tuvo ni tiene que ver con la realidad geoeconómica provincial.

Ciento diez años después, seguimos montando anacrónicos y temporarios pueblos petroleros como el actual Añelo, donde los antiguos habitantes agrícolas sobreviven entre los restos urbanos y los poderosos se instalan en las zonas privilegiadas, mientras nadie comenta que los 22 sismos anuales de Sauzal Bonito se parecen cada vez más a las áreas del fracking de Oklahoma.

Queda muy claro que las patologías territorialesson anormalidades muchas veces inadvertidas, con alto costo económico y social en el mediano y largo plazo. Por eso es muy frecuente que naturalicemos los sucesos históricos, sin preguntarnos:

¿Es normal que los chubutenses hayan cambiado el corredor agrícola sustentable del centro de su provincia, por un decadente conglomerado petrolero urbano de un cuarto de millón de habitantes en un rincón lejano del mapa?

¿Es normal que los neuquinos soporten una acumulación de población terciaria en la Confluencia, mientras decaen sus economías regionales y pierden población los pueblos del interior, creciendo los contradictorios asentamientos petroleros y las oficinas gubernamentales de “desarrollo urbano”?

No…no es normal, ni conveniente para nuestro colectivo social…solo les sirve a unos pocos privilegiados que se quedan con todo.

¿Y entonces …por qué lo permitimos? ¿por qué reincidimos y toleramos a través del tiempo? ¿Por qué nos callamos ante semejantes desaciertos que nos arruinan la vida a nosotros y a las futuras generaciones?

¿No será que estamos colectivamente equivocados?

¿O quizá las redes “sociales” que nos domestican, no solo empobrecen nuestro lenguaje, sino que frenan premeditadamente la discusión política básica mientras instalan las patologías territoriales?

Teóricamente el ordenamiento territorial es un proceso político - técnico que organiza el uso y ocupación de los territorios de manera planificada y sostenible. Su objetivo principal es lograr un desarrollo equilibrado y socialmente justo, mejorando la calidad de vida, protegiendo recursos naturales y el patrimonio cultural. Debería ocuparse de identificar las dinámicas territoriales, y formular planes y normativas para corregir las problemáticas y optimizar acciones futuras.

Las patologías territorialesson enfermedades colectivas referidas a conductas, creencias o situaciones disfuncionales y perjudiciales para una gran parte de la sociedad actual y las futuras generaciones, como soportar hábitats agresivos, incomodidades urbanas, tensiones sociales, criminalidad o desesperanzas. Devienen de la falta de planificación, de las políticas equivocadas o las malas praxis (casuales o voluntarias) en el uso y organización del suelo en sus tres escalas básicas: Territorial, Regional y Urbana.

Hoy vemos que nos generan graves consecuencias de muy difícil tratamiento como el crecimiento urbano desequilibrado, las fragmentaciones regionales, la congestión del hábitat, la declinación de espacios verdes, el deterioro del medio ambiente y las desigualdades sociales que terminan trabando los desarrollos humanos y socio-productivos futuros.

Vivimos un tiempo de crisis multifacéticas e incertidumbres generalizadas gestionadas por la declinación de los esquemas tradicionales de convivencia humana y quizá también, por los graves procesos de incomunicación y fragmentación social. Gran oportunidad para empezar a ocuparnos de asuntos pendientes como las patologías territoriales.

Los territorios patagónicos no constituyen entidades regionales orgánicas porque separan lo que la naturaleza ha unido y unen lo que ella separa.

Antes de irse, el papa Francisco dejó sus atinados pensamientos sobre la caída de las economías regionales, opinando que “nos conducirán al colonialismo ideológico de los países pobres, usándonos como piezas de su gigantesco engranaje”

Reflexionemos, pero antes de cerrar pido perdón por haberme alejado de los actuales chisporroteos políticos nacionales para incursionar en la complicada NORPATAGONIA TERRITORIAL nuestra de cada día.

29/07/2016

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