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12/10/2025

John Nash y el neoliberalismo

John Nash y el neoliberalismo | VA CON FIRMA. Un plus sobre la información.

“La economía social, aquella basada en la solidaridad y cooperación de sus miembros, puede ser muy superior a la que ofrece el neoliberalismo”.

Humberto Zambon

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El neoliberalismo, heredero directo del liberalismo económico, se basa en el principio explicitado por su mentor, Adam Smith, en 1776: de que el mercado es el mejor asignador de recursos. Están convencidos, como dijo Margaret Thatcher, que la sociedad no existe, lo que hay son individuos. Y que cada uno de estos individuos busca su mayor beneficio y que, con esta forma egoísta de obrar, logran que el mercado, que actúa como una mano invisible asignando de forma óptima los recursos existentes, obtenga el mayor bienestar para todos. Ni el estado ni ninguna organización externa debería interferir en la economía.

Este óptimo liberal ha recibido diversas críticas; las principales por parte de Lipsay y Kelvin Lancaster en el libro publicado en 1956, “La teoría general del segundo mejor”, y también por parte del filósofo político John Rawls. Pero la crítica definitiva proviene de las matemáticas y se la debemos a la llamada teoría de los juegos y, en particular, a John Nash.

John Nash fue uno de los grandes intelectos contemporáneos; doctorado en matemáticas a los 21 años, comenzó una carrera de docente universitario hasta que, a los 29 años, se le diagnosticó esquizofrenia paranoica (tenía delirios persecutorios). Superada la enfermedad y con 50 años, volvió a la cátedra universitaria y a los aportes intelectuales, de manera que en 1994 (a los 66 años), a pesar de ser matemático y no economista, recibió el Premio Nobel de economía por sus desarrollos sobre la teoría de los juegos (tema central de su tesis). En Netflix se puede ver la película “Una mente brillante” dirigida Ron Howard, que obtuvo el premio Oscar y que está basada en su biografía.

En realidad, la teoría de los juegos no se refiere a los juegos de azar (cuyo estudio matemático viene al menos desde el siglo XVII con Bernoulli y que dio lugar a la teoría de las probabilidades y a la estadística contemporánea) sino a los juegos de estrategia, como podrían ser –referido a los juegos de salón- el ajedrez, el go o el TEG, en el que se analiza las interacciones entre diferentes individuos que toman decisiones en función de las adoptadas por el otro u otros. En la vida real hay múltiples ejemplos en que los resultados dependen de una conjunción de decisiones de diferentes participantes. Por eso no puede extrañar que la teoría de los juegos haya tenido rápida aplicación en distintas ciencias como sociología, biología, psicología, ciencia política y, fundamentalmente, economía: fue fructífera su aplicación al análisis de los duopolios, las “guerras comerciales” entre grandes empresas, las negociaciones paritarias para determinar el salario, el comportamiento de los mercados financieros, etc.

La teoría se inicia con un libro de Newman y Morgenstern publicado en 1944, dando lugar a diversas investigaciones con el apoyo financiero del gobierno norteamericano, que vio la posibilidad de aplicación de esta novedad matemática en la estrategia militar y política de ese país; de todas formas, el mayor impulso a esta rama de la matemática fue dado por John Nash.

En principio el resultado depende si el juego es cooperativo (los jugadores pueden comunicarse y acordar entre sí) o no cooperativos (cada jugador es rival del resto); también depende de otras circunstancias, como si hay una autoridad o árbitro, etc.

Entre los ejemplos de la teoría de los juegos existe uno simple y que posiblemente sea el más conocido, denominado “el dilema del prisionero”, creado por el matemático Albert Tucker (que fue quien dirigió la tesis de Nash), y que consiste en lo siguiente: se produce un intento de asalto armado a un banco y hay detenidos dos sospechosos, pero no existe prueba alguna. Si se prueba, el delito es castigado con 10 años de cárcel; el investigador los aísla y les promete por separado que si uno confiesa, y esto permite la condena del otro, se le dará la libertad condicional al cabo de un año por su colaboración con la justicia; los prisioneros saben que si ninguno confiesa el robo, se los condenará a dos años por tenencia ilegal de armas (único delito probado) y que si ambos confiesan, dado la falta de antecedentes, a los cuatro años podrán recibir la libertad. Se puede escribir una matriz con los resultados de las decisiones de ambos prisioneros A y B, según si “confiesa” o “no confiesa”; hay, evidentemente, cuatro resultados posibles (que escribimos primero para Ay luego para B):

Es decir, si “A” confiesa y “B” también corresponderá 4 años a cada uno; si “B” no confiesa, “A” recibirá un año y “B” 10 años de cárcel y así sucesivamente.

Si hubiera comunicación y, fundamentalmente, solidaridad y confianza entre ambos, los dos se negarían a confesar y obtendrían el mejor resultado para el conjunto (dos años cada uno). De lo contrario, si no existiera esa confianza, la mejor estrategia es confesar; en el juego no cooperativo es el resultado al que se llega es ese (4 años de cárcel a cada uno).

Del desarrollo de Nash surge una consecuencia impensada. Resulta que, si en la vida real los actores económicos actúan individualmente y en forma egoísta, cada cuál defendiendo sus intereses, llegan a un equilibrio que no es necesariamente el óptimo (como creía Adam Smith y repiten los neoliberales) sino que puede ser mejorado sensiblemente: si los actores económicos, en lugar de competir entre sí, cooperan y colaboran en un objetivo común, como sería el bien social. Es un mazazo aplicado al núcleo de la teoría neoliberal.

En última instancia demuestra por qué razón la economía social, aquella basada en la solidaridad y cooperación de sus miembros, puede ser muy superior a la que ofrece el neoliberalismo, cuyo fracaso es tangible tanto en Argentina como en el resto del mundo.

29/07/2016

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