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Columnistas
05/10/2025

La ansiedad crematística conduce al infierno

La ansiedad crematística conduce al infierno | VA CON FIRMA. Un plus sobre la información.

Si algo le faltaba a este gobierno para parecer una estafa completa a la buena fe de sus votantes era unos equívocos nexos con el narco.

Juan Chaneton *

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LRA no es la sigla de radio del Estado, como antes; es, como ahora, la de La Recesión Avanza, que hace juego con NMAAP, esto es, Nada Marcha Acorde Al Plan... Pues, a fin de cuentas, el expulsado Marra era el único "austríaco" en serio, el único liberal en serio, y le sacaron roja para sustituirlo por un sujeto que hoy derrapó feo y luce metido hasta las manos en la ciénaga de unas opacidades que no son de hoy sino que arrancan en campañas electorales pasadas con financiamiento de oscuro origen. Si algo le faltaba a este gobierno para parecer una estafa completa a la buena fe de sus votantes, unos equívocos nexos con el narco terminan de destruir su imagen en términos a los que aún es prematuro atribuirles consecuencias electorales pero que es difícil que no las tengan, sobre todo en la provincia de Buenos Aires, donde este sosia de Bela Lugosi deberá exhibir su mueca sanguinolenta en busca de unos votos que todo hace suponer le resultarán más esquivos que a Lisandro Almirón el pasado agosto en Corrientes.

Este gobierno inverosímil al que nada le faltaba ya para ingresar a la historia institucional argentina como el peor de todos, se debate entre el ridículo y el delito ante la mirada tal vez atónita de una comunidad nacional e internacional que hasta ayer no más le brindaba una tontuela bienvenida. Milei ha fracasado y, con él, un proyecto que, empero, nunca muere, y hay que estar atentos a ello.

Milei no es el fin de nada y puede ser el principio. Algo peor puede estar incubándose porque el fracaso del gobierno no significa la renuncia al proyecto político del bloque social en el poder real de este país.

No es que después de Milei venimos "nosotros", cuando todo esto haya pasado, a ocupar los mismos cargos que ya ocupamos alguna vez en la estructura institucional del Estado para laborar honestamente en favor de los más vulnerables. Una suerte de charlatana frivolidad preside afirmaciones como esas. O algo peor.

La deuda es un mecanismo de sometimiento y nunca es impagable mientras haya recursos naturales como garantía. Y Argentina los tiene. Si el bloque en el poder pudo recurrir a un Videla y a un Milei, todo es posible. Incluso una buena "guerrita" con algún país limítrofe, pues lo bélico exalta y suele devenir expediente asaz efectivo para suscitar las peores emociones de unas masas que ya fueron manipuladas una vez para aceptar el terrorismo de Estado como mal menor ante la "subversión apátrida" y, al cabo, para ingresar a este presente en el que se les dijo, a todos y todas, que este mamarracho era el candidato ideal. Los medios "serios" que hoy insinúan críticas a Milei, ayer aplaudieron al heteróclito que irrumpía en los paneles diciendo las mismas cosas que dice hoy. Porque el hombre sigue diciendo más o menos lo mismo que antes, salvo que la justicia social es un delito, fórmula que no se atreve a repetir cuando las elecciones asoman en el horizonte inmediato.

Sin embargo, conviene detenerse aquí, pues el tema viene enganchado con la "batalla cultural" y cómo librarla. La simplona idea de Milei no es, en realidad, de Milei, sino de Ludwig Mises, a quien Milei repite sin pensar, como el loro cotorrea lo que confusamente escucha de sus dueños. El tema a analizar es ese de "la justicia social es un robo". Y no conozco ninguna refutación a esta liviandad que no desemboque en la utopía o en la moral. Y la política, impiadosa, abomina de ambas. El párrafo final de esta nota retoma el tópico de la "batalla cultural".

Ha de bastarnos, mientras tanto, con saber lo que la coyuntura exhibe en modo escándalo, pero sabiendo también que toda coyuntura es una noción temporal más que espacial y, por ello, porque es un tramo de tiempo, debe ser comprendida perfilándola contra el más vasto contrafuerte de la historia, de nuestra historia nacional.

El caso es que así como la moral tiene una genealogía, la tragedia también la tiene. El nacimiento de la tragedia nacional se remonta al "empate" histórico entre la Argentina rural nacida de la sociedad colonial (estamentada, paternalista, jerárquica, española y católica) y unos amagues de soberanía industrializadora que nunca fueron más allá de un timorato estímulo al mercado interno mediante expedientes menguados como el "compre nacional" o unas nacionalizaciones de la riqueza hidrocarburífera que resultaron ser no otra cosa que la estatización de los surtidores.

Los liberales combatieron aquel tradicionalismo en sus manifestaciones culturales pero nunca plasmaron un modelo alternativo al agrarismo del que vivían las familias "fundadoras". Antes bien, se amancebaron con ellas a través de un vehículo impensado cual fue la Unión Civica Radical, integrada por unos bocones que decían amar la constitución y la democracia pero que en su fondo ideológico nunca dejaron de admirar y aun de envidiar el señorío oligárquico, a pesar de su "olor a bosta". Tal vez el estanciero Enrique Larreta, radical de paladar negro, sea el epítome de esta impostura. Somos hijos, los argentinos, de familias que confirieron su propia impronta clasista a sus sociedades. También los Habsburgo en Austria; los Hohenzolern en Alemania y los Romanov en Rusia modelaron sus sociedades. Y es malo que unas familias confundan sus valores con los valores de todos. Esas familias europeas prohijaron la espantosa masacre del '14, y, en realidad, la quisieron. Nuestras familias fundadoras, en cambio, son de cabotaje, y carecen de la envergadura histórica de aquéllas, pero las tragedias que causaron tienen un punto en común: sus víctimas fueron los trabajadores y el pueblo.

El tema de fondo, así, no es que Caputo dice que se va a gastar toda la plata ajena (que es ajena porque se la prestan y luego hay que devolverla) en mantener el tipo de cambio más abajo del techo de la banda. El tema de fondo es que el "equilibrio fiscal" no es ni debería ser, en sí mismo, para ningún economista serio, meta final, y para este gobierno es la única meta. Pero la "macro" les sirve a las corporaciones; la micro, en cambio, le sirve a la señora que compra el kilo de carnaza y dos choricitos para el almuerzo del día.

Que la macro ordena la micro y lo peor ya pasó son eslóganes truchos con que el tartufismo de turno se ríe de los otarios que todavía creen que "hay que darle tiempo". Pues las reservas del Banco Central, cuando aparecen, no están ahí para fortalecer un proceso productivo; están ahí para pagarles a los bonistas cuando éstos pasan por ventanilla a cobrar el bono que en su momento compraron para adelantarle unos mangos al Tesoro, el "Treasure", que le dicen, y que dirige Scott Bessent, un señor que, en realidad, es la nueva pálida que deben sufrir los argentinos.

Ahora bien. Si el peronismo va a venir a ocuparse de los más vulnerables con la herramienta del "Estado inclusivo" va a fracasar. O viene a patear el tablero geopolítico o estamos en el horno, porque a una nueva decepción popular le sucedería el nazismo criollo: la reacción del imperio será, en el caso, "thermidoriana" en el peor de los sentidos.

El "treasure" no ayuda a que la Argentina produzca y genere riqueza y empleo. El Treasure participa en la timba y le enseña a Milei cómo debe timbear para que los "mercados" cobren todo lo que el Banco Central les "debe".

“Inmediatamente después de las elecciones, comenzaremos a trabajar con el gobierno argentino en el pago de sus principales deudas” (¡¡¡...!!!), escribió Bessent en el tramo final de un mensaje (25/9/25) en el que reveló detalles de lo que sería el salvataje a la gestión de Milei en momentos de inestabilidad cambiaria y señales de recesión. La ayuda consistiría en un swap (intercambio) por US$20.000 millones con la Argentina y la compra de bonos locales en dólares, según precisó el funcionario estadounidense en redes sociales. Y como semejante "ayuda" fue celebrada con pífanos y panderetas por el gobierno, Bessent debió salir, ya el jueves 2, a decir que "no vamos a poner plata en la Argentina", sino que se trata de un swap, es decir, de un trueque de monedas. Los "mercados", volvieron a temblar y el dólar y el riesgo país volvieron a las andadas.

Fue una reculada, pues antes el jefe del Tesoro estadounidense había dicho: “Ayer, con Trump conversamos extensamente junto a Milei y su equipo directivo en Nueva York. Como declaró Trump, estamos listos para hacer what ever it takes (lo que sea necesario) para apoyar a Argentina y al pueblo argentino”.

La decisión política del presidente Donald Trump fue que el Tesoro norteamericano (Scott Bessent) pondría a disposición de Milei un swappor valor de 20.000 millones de dólares. Pero esa palabreja es el eufemismo del usurero: el prestamista dice swappor no decir apriete. Pues la plata está disponible siempre que el deudor cumpla con las siempre leoninas exigencias del prestamista, en nuestro caso, dejar de honrar los compromisos con China, con quien está en vigencia un artilugio financiero similar (otro swap, aunque sin más exigencias que las que dicta el know how financiero, esto es, si te presto tanto, me devolvés tanto) y, además, ganar las elecciones de octubre, exigió Bessent. Si perdés, no hay plata, dijo ante un "presidente" que sonreía como un pelele, que es el dramatis personae que despliega cada vez que lo invitan a pasear por la avenida Pensilvania.

Sin embargo, el batifondo fue inevitable, y el bueno de Bessent debió salir a refutar críticas de los demócratas y de los propios "farmers" del medio oeste, que pusieron el grito en el cielo porque el Tesoro norteamericano decidió ayudar a la Argentina "con la nuestra", dijeron. Bessent rechazó este argumento diciendo que un swap no es lo mismo que poner plata porque un swap, como su nombre lo indica es un intercambio de monedas, aunque nadie cree que con los pesos argentinos alguien pueda hacer algo a orillas del Potomac, como no sea convertirlos en barquitos de papel para solazarse con sus cabriolas en el suave oleaje de ese río de Washington DC. Por las dudas, Bessent abundó afirmando el altruista cometido de que la administración norteamericana no quiere que Argentina sea como Venezuela, esto es, un "estado fallido" del que ambicionan quedarse con sus recursos naturales yacentes en abundancia sobre la Franja del Orinoco.

Lo cierto es que la coyuntura regional, por compleja y potencialmente militarizable, estaría requiriendo otro tipo de liderazgo en la Argentina y no uno como el actual, insólitamemnte servil y entreguista frente a presiones de los poderosos.

Mientras tanto, aquí, los que deberían defender la soberanía nacional distraen sus ocios en menesteres claramente funcionales a seguir sesteando mientras el hegemón dispone las cosas para que, en el largo plazo, la Argentina sea de ellos. Así, la "liga de gobernadores" se juega a captar la "ancha avenida del medio", propósito que, en la Argentina, siempre fue un expediente para eludir jugarse a fondo en las posiciones nacional soberanistas y antihegemómicas que cada hora histórica reclamó con evidencia. Es que tal aspiración a "tercerear" la política implica un error no de apreciación sino de concepción estratégica, aunque errores de esta naturaleza se deban a ignorancia histórica entre otras ignorancias.

En efecto, el "medio" sólo es tal en la superficie de los fenómenos, es decir, en la coyuntura electoral o, como mucho, en la etapa. Así, los actores de la coyuntura serían el kirchnerismo y los libertarios, y el medio consiste en tercerear: ni con uno ni con otro, es decir, con Schiaretti, por ejemplo, Dios nos libre de un hombre que no fue progresista ni cuando era joven y prefirió una opción macartista como era el "Integralismo" estudiantil cordobés. Onganía no le parecía del todo mal a Schiaretti en aquellos años.

Pero hay otra contradicción más profunda y escondida que la que se tensa en la coyuntura. Esa contradicción ubica en uno de sus polos al bloque social que pretende mantener en pie a la nación argentina como posibilidad existencial a partir de la puesta en acto de un proyecto de Nación que vaya más allá del modelo agroexportador, frente a otro conglomerado, oligárquico-liberal, que concibe un orden social con ganadores y perdedores netos y al que sólo percibe realizable anudando fuertes relaciones con los organismos de crédito y con los enclaves políticos, militares y económicos dominantes de occidente, constituidos por instituciones, alianzas y coaliciones que dan pábulo a la pretensión de supremacía global estadounidense. El FMI y el Banco Mundial son de estos últimos. Mejor lo dijo, a su turno, el gran hacedor de la geopolítica norteamericana, que escribió en el siglo XX pero que todavía hoy inspira a republicanos y demócratas que, como se sabe, son las dos opciones políticas con que cuenta hoy el ciudadano norteamericano para que nada cambie. Zbigniew Brzezinski -de él se trata- lo dijo así: "...la supremacía global estadounidense está apuntalada por un elaborado sistema de alianzas y de coaliciones que atraviesan -literalmente- el globo... El Fondo Monetario Internacional y el Banco Mundial se consideran representantes de los intereses «globales» y de circunscripción global. En realidad, empero, son instituciones fuertemente dominadas por los Estados Unidos y sus orígenes se remontan a iniciativas estadounidenses, particularmente la conferencia de Bretton Woods de 1944" (ZB, "El gran tablero mundial", Paidos, Bs. As., 1988, 1° ed., p. 36-37).

Conviene estar atentos a los compromisos de deuda que pesan hoy sobre la Argentina. Entre septiembre y enero nuestro país deberá enfrentar vencimientos por más de 6.500 millones de dólares en bonos y letras en moneda dura, un monto imposible de cubrir sin financiamiento fresco. Las "calificadoras de riesgo" están haciendo subir el peligro de impago argentino por arriba de los 1400 puntos, y salir a buscar plata en el mercado es, en esas condiciones, imposible. Esa deuda así, es impagable, como anticipó la funcionaria del FMI, Ceyla Pazarbasioglu, directora del Departamento de Estrategia, Política y Revisión, que acaba de curarse en salud renunciando a su cargo en el organismo, de modo de eludir cualquier responsabilidad por lo que se viene, todo ello en línea con lo que también acaban de hacer los legisladores demócratas mediante un comunicado en el cual toman posición en contra de entregarle 20 mil millones de dólares al gobierno argentino en detrimento de los productores estadounidenses.

Hay que estar atentos a lo que hacen los sofistas: llaman "confianza" a lo que no es sino el engaño a unas masas desesperadas sometidas a creer en una u otra de las ofertas que el sistema político exhibe como legítimas.

Igualmente, los sofistas usan mucho la afirmación de que el aumento de las tasas de interés es "recesivo"

Algo es "recesivo" en economía cuando conspira contra la producción y el trabajo. Y ¿por qué una suba de tasas puede conspirar contra la producción y el trabajo? Porque los empresarios prefieren aprovechar la suba de tasas destinando su dinero no a aumentar la producción y el trabajo sino depositándolo a interés en el banco, pues la suba de tasas les garantiza retornos jugosos en efectivo. Timba pura y dura, no producción.

Con el equilibrio fiscal y aun con el superávit, las inversiones y los dólares aparecerían de inmediato, se le dijo en campaña a la población. Y ni lo uno ni lo otro. Eso es lo que fracasó.

Pero lo que fracasó no es sólo eso. O eso fracasó porque primero fracasó otra cosa: que, en determinadas condiciones, la inversión externa aparece. Eso es lo que fracasó.

En la historia económica del mundo occidental, las "inversiones" aparecieron cuando había que reconstruir lo devastado por las guerras. De ese modo, las inversiones llegan; no a ayudar a quien se halla en un apuro; sino que llegan porque la destrucción total es una "oportunidad de negocios"; el capital no es altruista. Funciona así.

A las nuevas turbulencias económicas y financieras que sufre el gobierno argentino cuando lo peor parecía haber pasado, se suma ahora lo único que faltaba: presuntos compromisos con el narco. Y no es sólo esta suerte de nuevo "Pequeño Jota" que pretende candidatearse para la renovación de su banca de diputado por la provincia de Buenos Aires. También asoma, ominosa, en el hórrido horizonte libertario, la sombra de una tal Lorena Villaverde, a quien el diputado Martín Soria, en una actitud que lo honra, denunció por sus aparentes vínculos con el mismo narcotraficante que, presuntamente, estaría relacionado con José Luis Espert. Esta Villaverde aterrizó en el congreso nacional en el marco de esa operación de envilecimiento de las instituciones que vehiculizó "La Libertad Avanza" y que la propia Elisa Carrió denunció como eso, precisamente: como la degradación progresiva del poder legislativo de la Nación instalando en las listas de candidatos a gentes sin las aptitudes ni el perfil para representar a nadie. La misma gente de LLA, en su momento, denunció que, para ocupar un lugar en las listas de candidatos, había que pagar.

Estos son los que vinieron a librar la batalla cultural contra los estatistas. Si son del calibre de Espert y Villaverde, podría pensarse, esa batalla es pan comido. Sin embargo y a propósito de tales batallas, una de las cuestiones de fondo, muy de fondo, es la siguiente:

La plata del gasto público sale de algún lado: de los privados, dice Mises. Pero la pregunta es: y la plata de los privados, ¿de dónde sale? Respuesta: la plata de los privados es CAPITAL acumulado, y este capital tiene su origen en una deuda que el capital no pagó: la retribución al trabajo (que es la fuente del valor) no ha sido satisfecha. El capital es la diferencia entre el valor que produce el trabajo y lo que el capital le paga al trabajo por ese valor, que siempre es menos.

Esto es lo realmente OCULTO en la charlatanería al uso. Empero, conocer la estructura del átomo no es lo mismo que dominar los secretos de la física cuántica. Es un paso, pero la meta, todavía, en Física, es inalcanzable, y en el caso de la economía global también lo es. Incluso China, con su régimen de partido único vive y convive con esta contradicción dura que ha, no obstante, enriquecido a su nación y a su pueblo. Es probable que los chinos se hallen ejercitando su proverbial paciencia de siglos a la espera de la universalización de la forma mercancía para, recién entonces, proponerse la construcción de nuevas catedrales.

Libertad a Cristina, más allá de todo, debe seguir siendo consigna de la gente de bien.



(*) Abogado, periodista, escritor.
29/07/2016

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