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En julio de este año, en el discurso con motivo del aniversario de la Bolsa de Comercio, el presidente Milei dijo que “la política del superávit fiscal es permanente” insistiendo en que “no solo logramos estabilizar la economía y salimos en V, sino que se trata de la salida más rápida que se tenga recuerdo de los programas exitosos”. Sobre el último punto agregó que “en el primer trimestre de este año nos expandimos al 5,7% y en el segundo trimestre la economía viene para cerrar con un crecimiento de entre el 7,5% y el 8%”. En la misma línea, en la apertura de sesiones 2025, dijo: “Tuvimos durante nuestro primer año superávit financiero libre de default, algo que no había ocurrido en los últimos 123 años”.
Es decir, el Presidente sostiene que 1) que en su gobierno se ha logrado el superávit fiscal, que sería el primero en 123 años; 2) que se trata, para el futuro, de un hecho permanente,3) implícitamente, que es un indicio de buena administración, que asume como mérito propio y 4) que estamos en plena recuperación y crecimiento económico.
Todo es mentira. Analicemos en orden:
1- El superávit financiero que ha logrado es el resultado de lo que en la jerga profesional se denomina contabildad creativa: los intereses devengados que se incorporan a la deuda pública y que, por lo tanto, en este momento no significan erogación monetaria, no se toman en cuenta (cuando haya que pagarlos, veremos que hacer). Por ejemplo, en junio pasado los intereses no contabilizados como gasto sumaron $5,2 billones mientras que el superávit declarado fue de 0,6 billones (un déficit real de 4,6 billones de pesos). Esta es una de las razones por lo que la deuda pública en pesos de julio (según el Congreso) llegó a los 260 billones cuando en diciembre del 2023 era de 139 billones. Este proceder contable fue tímidamente observado por el FM I.
Respecto a que es el primero en 123 años no es cierto; en Internet, en “Chequeado” se puede ver que hubo superávit fiscal (y verdadero) en los años 1904 (con un superávit del 0,16% del PBI); 1908 (0,27%); 1920 (0,2%). 2003 (1,59% del PBI); 2004 (2,4%); 2005 (1,6%); 2006 (1,6%); 2007 (1%); 2008 (1,3%) y 2010 (0,2%). Conviene aclarar, para evitar malas interpretaciones, que con el canje de deuda del 2005 (aceptado por la mayoría de los acreedores) se levantó el “default” declarado en 2001.
2- Sostuvo que el superávit será una política permanente en el futuro. El tema fue muy bien analizado por Alfredo Zaiat en “El destape” del pasado 6-de agosto. El supuesto superávit se logró con un congelamiento de partidas presupuestarias estratégicas, como la obra pública y la retención ilegal de fondos que pertenecen a las provincias. Este último mecanismo de estrangulamiento financiero, señala Zaiat, “tiene un doble efecto: mejora artificialmente las cuentas de Nación y debilita políticamente a los gobernadores, a quienes se somete a una lógica extorsiva. Una parte sustancial del superávit fiscal declarado se sostiene, entonces, sobre la retención irregular de fondos que corresponden a las provincias. A partir de la estimación de informes elaborados por la Oficina de Presupuesto del Congreso, se concluye que, entre diciembre de 2023 y mayo de 2025, las provincias registraron pérdidas por 30,4 billones de pesos”.La actual rebelión de los gobernadores tiene este origen y muestra la imposibilidad de su continuación futura.
3- Milei parece suponer que el objetivo de la conducción estatal es lograr el equilibrio. Así dijo que “un superávit primario mensual por arriba del 1,5% del PBI es esencial, consistente, y no es negociable”. Sin embargo, la obtención de superávit fiscal no puede ser un fin en sí mismo; la administración tecnocrática sin ética, visión social y política de desarrollo lleva al fracaso de un país.
Una buena administración, pública o privada, aprovecha el crédito, dentro de límites razonables, como “apalancamiento” para el logro de sus fines; se endeuda en función del retorno que genere los fondos recibidos y que aseguren la posibilidad de pago, No como hizo Macri con el crédito del FMI para financiar la “fuga” de capitales o Milei para “aguantar” la cotización del dólar hasta las elecciones.
Sobre esto, Williams S. Vickrey(Premio Nobel 1996) sostiene que el déficit gubernamental no es necesariamente malo, ya que agrega ingreso disponible que induce a una mayor producción y a invertir en una mayor capacidad productiva. Sostiene que si empresas como General Motors, la telefónica ATT o los deudores hipotecarios individualmente hubieran balanceado sus cuentas, como se pide al estado, no existirían ni bonos ni préstamos bancarios y habría mucho menos autos, teléfonos y casas. Así como la teoría de la administración defiende el “apalancamiento” de las empresas mediante la toma de préstamos, lo que facilita su crecimiento, Vickrey defiende el endeudamiento estatal como consecuencia de los déficits públicos. Claro está que Vickrey se refiere a deudas en moneda nacional.
Milton Friedman (premio Nobel de 1976 y creador del monetarismo) sostenía que para que no haya iliquidez en el sistema, la cantidad de moneda debía crecer a la misma tasa que la economía; en otras palabras, que es necesario un déficit fiscal financiado con emisión monetaria a ese ritmo
Además, como informó Rodolfo Canini en su nota del 21-9-25 en este medio, “solo 4 de los 195 países del mundo mantienen hoy superávit fiscal: Noruega, Singapur, Suiza y Luxemburgo”. Estados Unidos tuvo (2024) un déficit del 7.26% del PBI, China del 7,34%, Alemania del 2,8%, Francia del 5,8%, España del 3,15% y, en la región, Brasil del 7,71 y Chile del 2,74%. Según el FMI el déficit fiscal en el mundo alcanza al 5% del PBI. Aunque Milei sostenga lo contrario, es difícil creer que todos estén equivocados (Esto hace recordar al automovilista que sube a la autopista y escucha por la radio: “¡Cuidado! Por la autopista avanza un auto a contramano”; levanta la vista y ve que una enorme cantidad de autos le vienen de frente y dice “Que uno, ¡miles!”)
4- Finalmente, el poder ejecutivo estimó en el proyecto de presupuesto un crecimiento del PBI del 5,23% para este año. Sin embargo, el INDEC informó que en el primer trimestre se creció un 0,8% y en el segundo disminuyó el 0,1%. Crece el agro, comparado con años de sequía anteriores, la energía gracias a Vaca Muerta y algo la minería; pero no el resto de las actividades, que están en crisis: industrias que cierran o que trabajan a la mitad de su actividad, comercios vacíos o cerrados y desocupación en alza. En estas condiciones, hablar de recuperación en V y crecimiento económico parece más una broma que una descripción de la realidad.
Creo que estos dos años de gobierno de Milei dejan una importante enseñanza: que el único objetivo de un gobierno no puede ser el equilibrio fiscal ni lograr superávit, sino que su finalidad debería ser el lograr el mayor bienestar actual y futuro de su pueblo, no sólo material sino en un sentido integral. Importan la salud, la educación, la cultura, la investigación científica, el bienestar social y el desarrollo económico (estado de rutas, puertos e inversiones en general), mientras que una buena administración es una actividad auxiliar: la de asegurar la mejor distribución de los recursos escasos para el logro equilibrado de esos objetivos.
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