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En 1980 la ciudad de Neuquén tenia, aproximadamente, 90 mil habitantes y la provincia 243.850. Arrastraba una larga historia de luchas y reclamos que para la dictadura fueron motivo suficiente para calificarla cómo “zona caliente”. Para el pensamiento de los que asesinaron, robaron bebés, secuestraron, violaron, Neuquén era una zona donde la “subversión” podría desarrollarse y asentarse, por la cercanía con Chile, desde dónde, según la dictadura había una permanente “infiltración” de militantes sociales y políticos.
El Choconazo, el Rocazo, el Cipolletazo, la efervescencia del movimiento estudiantil universitario, de los trabajadores de la fruta, de la construcción y sobre todo la presencia del obispo Jaime de Nevares y de curas como Héctor Galbiatti, Rubén Capitanio, Magín Páez y de los grupos parroquiales preocupaba sobremanera a los militares.
Además y cómo si todo eso fuera poco, ya estaba activando la APDH (Asamblea Permanente por los Derechos Humanos) .
“Cuando a mediados de 1976 los secuestros se multiplicaron, sin que sus victimas reaparecieran, monseñor de Nevares convocó a un grupo de hombres y mujeres de buena voluntad a asumir un compromiso cotidiano frente al terrorismo de Estado, y a constituir una Delegación de la Asamblea Permanente por los Derechos Humanos”.
(Noemí Labrune-Buscados)
A partir de su creación, la APDH mantuvo reuniones periódicas en el obispado para contrarrestar la desinformación de la época. Esas reuniones se realizaban los días martes y/o jueves, en horas de la tarde.
En ámbitos bancario se cuenta una anécdota de aquellos años y que tuvo como protagonista a un hombre de la policía federal que cumplía funciones de seguridad en una entidad bancaria oficial de la ciudad. Ese hombre, cuentan los memoriosos, que cuando llegaba el jueves, anunciaba, entre jodón, serio y misterioso “hoy tengo APDH”.
Este asunto fue trasladado al obispo y conversado con él: “no se preocupen, no tenemos nada que ocultar y es mejor saber quién es, porque si lo echamos vendrá otro al que quizás no podremos detectar”. (Periodismo y Periodistas en el Comahue).
Con este marco histórico provincial y cuándo el terror, la muerte, el secuestro, aún se paseaban por el país, Neuquén llegó al jueves 14 de agosto de 1980, una fecha memorable, inolvidable que quedó para siempre grabada en la lucha por la verdad, la justicia.
Ese día, se juntaron unas 15 personas frente a la Casa de Gobierno y desplegaron un cartel que reclamaba/pedía por los detenidos desaparecidos. Claro que para llegar a ese momento hubo un intenso trabajo previo en el que tuvieron activa participación las jovencitas y jovencitos de aquellos días, cómo Ana Chaina:

“Lo que ocurrió el 14 de agosto de 1980, tuvo varios meses de preparación, porque además lo que se trabajó en primer lugar fue un petitorio, que se trabajó en todas las provincias y en todos los lugares donde existían familiares organizados, las madres organizadas, APDH, Liga de Derechos Humanos, etcétera, etcétera, porque se iba a presentar también ese documento a modo de solicitadas. De manera que aquí en Neuquén Capital también se comenzó a trabajar ese petitorio para que después se transformara en una solicitada. Se trabajó por varios meses en toda la región, Viedma, Bariloche, Neuquén, Cinco Saltos, Roca y todos los pueblitos aledaños y toda la región.
Viajamos a Bariloche, a Viedma. Atendiendo a gente que solidariamente se acercaba también a firmar. Se trabajó mucho y yo valoro tanto eso porque firmar una solicitada era sinónimo de posible secuestro, de desaparición y de que te maten. Era así, plena dictadura militar.
De manera que cuando en una reunión se decide la movilización y se resuelve que se iba a hacer el mismo día que se hacía en Buenos Aires, fue un hecho muy importante. Coincidía que ese 14 de agosto fue jueves y coincidió con la ronda que ya las Madres sostenían desde hace un tiempo.
Lo de Buenos Aires fue multitudinario. Lo de acá no fue multitudinario, pero fue muy importante, porque a partir de ese momento, la lucha por las libertades democráticas cambió en la región, en la ciudad y en la zona.
Durante muchos días se estuvo hablando de cómo se iba a hacer. Se resolvió llevar un cartel que se hizo en la casa de Noemí Labrune.
Lo pintamos con Liliana Paredes y nos ayudó Cristian Labrune. Y se resolvió que en la movida que íbamos a hacer el 14 de agosto del 80, se iba a hacer al mediodía y que entraban a entregar el petitorio, Lolín Rigoni, Oscar Ragni y Horacio Ventura.
Las Madres por primera vez usaron su pañuelo blanco aquí en la ciudad, públicamente. No alcanzaron a llegar todas las madres de Cutral Co.
Jaime de Nevares no estuvo, estaba en Buenos Aires, encabezando la marcha que se hizo ese día allá.
La concentración, me emociona contarlo, que se hizo allí en la esquina de La Rioja y Roca, éramos poquititos, alrededor de 20, 17, 18 personas más o menos. Nos juntamos en la esquina de la Municipalidad y marchamos hacia la Casa de Gobierno. Cuando llegamos allí, sacamos el cartel, estábamos muy expectantes. La gente que pasaba por allí estaba muy asombrada y no entendía nada. Y bueno, allí esperamos, se tardó mucho para atender a los que entregarían el petitorio. A mí se me hizo eterno, un siglo tal vez.
Aparecieron las fuerzas de seguridad a pedirnos documentos, con las armas, nos rodearon. En la plaza Roca, estaba el fotógrafo Raúl Rodríguez y fue él quien sacó la foto. Y también estaba Ricardo Villar, lejos, que fue quien hizo la crónica y que salió al otro día en el diario Río Negro.
Y bueno, después se retiraron y se pusieron todos al frente, allá arriba en la Casa de Gobierno, apuntándonos con el arma. Y ahí estuvimos alrededor de una hora, hora y media más o menos. Recuerdo que había mucho sol, un día precioso de sol.
Y eso sentía cómo que me protegía. En realidad, ahora lo pienso y era un puñado chiquito de militantes que se atrevían a reclamar por la vida en medio del horror y de la muerte. Siento, creo y hasta estoy segura que el motor de todo eso fue Noemí.
Noemí insistió, Noemí trabajó mucho eso. (Ana Chaina, militante social y de derechos humanos).
Un grupo de periodistas que lamentablemente partieron hace unos años y otros que aun caminan por las calles de Neuquén, también estuvo en la plaza Roca, ese histórico día. Así lo recordó Osvaldo Ortiz en el libro Periodismo y Periodistas en el Comahue.
“La primera manifestación no fue una marcha, si no una concentración -de entre 15 a 20 personas- frente a la entrada principal de Casa de Gobierno. Se concreto el 14 de agosto de 1980. Ese día la Casa de Gobierno estaba llena de efectivos. Incluso en un momento salieron y cruzaron la calle tratando de atemorizar a los manifestantes que se mantuvieron firmes en sus lugares. Además en los techos había francotiradores. (…) Del diario Rio Negro habíamos ido en patota Ricardo Villar, Jorge Ocampos, Osvaldo Ortiz y el fotógrafo Raúl Rodríguez”.
Otra joven mujer que participó activamente del “Plantón” de 1980 fue Liliana Paredes:
“En el '77 comencé a participar de la APDH, acompañando a mí vecina Elena Sepúlveda, qué tenía a su hija Gladis Sepúlveda, detenida.
Fue la primera manifestación pública, en plena dictadura con símbolos cómo la bandera y los pañuelos.
La previa de lo que a mí me tocó, fue coser la sábana qué tenía Noemí y pintarla luego.
La tarea la hicimos en la casa de los Labrune, en Villegas al 700 de Cipo.
El diseño de las letras, la hizo Cristian Labrune y la pintamos con Ana Chaina, Carlos Santibáñez (compañero chileno qué regresó a Chile).
Ese día 14/8, pedí permiso en mi trabajo para hacer un "trámite" y luego regresé al trabajo.
Debíamos juntarnos con discreción y pararnos allí en esa esquina de la Casa de Gobierno de Neuquén. En los techos o balcones que tiene una arquitectura tipo torrecitas, allí había militares armados y en esa esquina había una parada de taxis con hombres adentro, vestidos de negro y anteojos oscuros y otros parados, cercanos a nosotros qué sacaban fotos, algunos hablaban con handy o dispositivos en sus camperones.
En la siguiente reunión, sé evaluó la importancia que significó ir a entregar ése petitorio y que ¡¡no nos ocurrió nada!!
En diciembre/80, un grupo de familiares y madres en el patio interior de la Catedral, hizo la primera Huelga de Hambre”.
(Liliana Paredes- vecinalista, militante por los derechos humanos y la vida).

Ese jueves 14 de agosto de 1980, a las 11.00 de la mañana, hubo hombres y mujeres que, por cuestiones de seguridad, no participaron del "Plantón. Estaban en una especie de “clandestinidad” por qué sus vidas corrían riesgo. Era mejor que no se expusieran y se quedaran en sus casas. Además, el obispo de Nevares, que tampoco participó, (estuvo encabezando la manifestación en Buenos Aires) fue claro y contundente cuando les dijo: “Uds. no participan. Se quedan en sus casas”.
Y ese fue el caso de Sara Mansilla, que ese mes de agosto, compartió con compañeros, amigos el siguiente texto:
“Agosto de 1980 amaneció muy frío, presagio de una jornada donde el horror correría por las calles para detenerse en muchos hogares, dejando su huella. Siempre todo parecía normal de acuerdo a esa normalidad entre comillas impuesta por los militares que habían asaltado el poder el veinticuatro de marzo de mil nueve setenta y seis. La fortaleza de la calle Roca fue adquiriendo la fisonomía de un cuartel en el que se instalaron los distintos coroneles, militares que usurparon el poder. La Honorable Legislatura conservaba sus grandes letras en la puerta de entrada, pero nada quedaba del palacio de las leyes. Los cargos de conducción en el gobierno de la provincia fueron ocupados por militares o personas designadas por ellos. Garantizaban red de lealtades necesarias para llevar a cabo un plan siniestro de exterminio y desapariciones que permanecería oculto a la mayoría de la ciudadanía. No pasaba inadvertido el despliegue militar en pleno centro si bien los allanamientos a las viviendas se realizaban por lo general de noche El movimiento de hombres armados y vehículos rodeando las calles eran de una magnitud tal que el resultado era imposible que el vecindario no se enterara. "Eran los tiempos en que las fuerzas armadas argentinas habían cambiado el casco por la capucha." (Sara Mansilla, dirigente gremial, militante social y de derechos humanos).
El pasado jueves 14 de agosto del 2025 y durante el acto frente a Casa de Gobierno, que recordó aquella inolvidable movida, alguien dijo que el "Día del Plantón”, hubo seguridad y que el obispo no participó, cuando en el imaginario popular y en algún hito histórico se dice que sí participo de la actividad:
“Es importante que sepan que había muchos jóvenes ese mediodía. Es más, Ana Rigoni tenía puesto el guardapolvo porque iba a la escuela secundaria.
Un grupo de compañeros que trabajaba y militaba con el cura Héctor (Galbiatti) de la capilla de Bouquet Roldán, hicieron toda la cuestión de la seguridad.
“Nos habíamos organizado de tal manera que sabíamos en qué esquina iban a estar los compañeros, quién iba a pasar, quién no iba a pasar, qué era lo que íbamos a hacer en caso de que nos detuvieran, en caso de que nos secuestraran, en caso de que los referentes que entraron a la Casa de Gobierno no salieran, de qué manera nos íbamos a mover, qué íbamos a hacer, porque la posibilidad estaba. De Nevares estuvo al tanto de todo, de manera que él desde Buenos Aires iba a esperar noticias de lo que sucediera acá. De Nevares no estuvo en esta movida porque le pidieron que encabezara esa movilización en Buenos Aires. Todo sucedió tal cual te lo cuento y no hubo ningún inconveniente”. (Ana Chaina)
La Iglesia neuquina de la mano del obispo de Nevares, transmitió un fuerte compromiso con los más pobres, los desposeídos, los perseguidos, las comunidades mapuches que caló profundamente en los jóvenes.
Jorge Nawel, hoy dirigente de la Confederación Mapuche, fue uno de los jóvenes que hizo la seguridad aquel 14 de agosto:

“Nosotros hablábamos de los secuestrados, de lo que pasaba en el país. Lo que pasa es que yo ingresé a trabajar cómo juventud con el cura Galbiatti, que era un cura rudo, duro eh, absolutamente militante. Él era de la teología de la liberación. Por él fuimos impregnados de toda esa ideología de la iglesia, de la iglesia tercermundista
"Yo coordinaba el grupo juvenil del barrio Bouquet Roldán. Teníamos una coordinadora que organizaba la Marcha de la Fe que partía del aeropuerto y terminaba en la catedral con un pesebre viviente. Esa marcha que se suponía era una actividad religiosa fue el paraguas que cobijó/cubrió las primeras marchas políticas. Atrás de los jóvenes iban marchando sindicatos. Todo lo que en ese momento estaba prohibido, que saliera la luz, bajo el paraguas de una iglesia muy muy comprometida iba saliendo a la calle.
"Imagínate el cura Héctor había ido a Nicaragua a vivir una experiencia de dos años y volvió impregnado de toda esa corriente de una Iglesia comprometida. La misa que se practicaba en Bouquet Roldán, era la misa campesina, ligada a la lucha de los pobres, de los excluidos, de los oprimidos. El Cristo que dominaba la iglesia del barrio era el Cristo campesino con una horquilla y una pala atravesada. Se escuchaba la música de Mejía Godoy que le daba contenido a esa misa campesina.
"Yo coordinaba el grupo juvenil de y conformamos la APDH juvenil para acompañar y realizar distintas apoyaturas cómo en el "Planton”. (Jorge Nawel, dirigente Confederación Mapuche).
Tres años después del “Plantón”, llegaba a su fin la dictadura cívico-militar-económica que azoló al país desde el 24 de marzo de 1976. Las instituciones de la República volvían a funcionar, gracias a que hubo jóvenes y jovencitas, hombres y mujeres que poniendo en riesgo su seguridad, alzaron su voz para reclamar por los secuestrados, asesinados, desaparecidos.
Cierro este informe/crónica con palabras de Ana Chaina:
“Yo tuve mucho miedo después del "Plantón". Vivía en Cipolletti y mis miedos se me pasaban cuando me iba a dormir a la casa de Noemi, como si su casa no estuviera fichada por los servicios de seguridad. La dictadura sabía quién vivía ahí y lo que hacían. Pero bueno, a mí me daba la sensación de estar más segura.
"Si yo tuviese que decir qué significado tuvo ese primer reclamo público a la dictadura, fue el hecho de atrevernos, nos atrevimos a exigirle que dijeran dónde estaban las personas que habían sido secuestradas, y que exigíamos que nos la devolvieran con vida. Esa exigencia también determinó conocer nuestras fuerzas y nuestras enormes posibilidades que teníamos si nos seguíamos organizando de esa forma.
"Fue un profundo acto de coraje y valentía, por sobre todas las cosas”.
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