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Sería muy difícil condicionar la participación en el cotejo electoral si exigiéramos a la oposición política un prolijo programa de gobierno como si esta realidad que vivimos rebosara de una lógica que propone de manera natural un diálogo constructivo y sucesivo en términos históricos.
El electorado debe tener en claro que la primera propuesta que se impone, aunque no descarte de formular un programa, es la de superar al mileismo, con el argumento de su propia crueldad de acción.
Los argumentos son los que refutan los DNU (decretos de necesidad y urgencia), el ajuste estructural, la venta por poca moneda de los recursos naturales del país, el desmantelamiento de la educación pública, la Salud Pública y la Cultura. El incremento del endeudamiento, hasta límites de tornar impagable su amortización. Los actos políticos merecen ser reconsiderados y volver atrás en su vigencia para reponerlos o investigar la corrupción que amparaban en su apariencia o la magnitud del daño a la Nación que conllevan.
No justifico relegar las promesas del futuro quehacer, sino priorizar el gesto político de una elección por demás importante y que sin embargo no ha contado hasta el momento con la adhesión unánime de la concurrencia del electorado habilitado, a los lugares de votación.
Parar la hemorragia es lo primero que, médicamente, se hace ante una herida sangrante. Así califico la gestión del gobierno, como una herida sangrante, por su anarcocapitalismo, cuya acción deletérea puede dejar al país sin respuestas, en un “no contest”que no condice con su historia ni con sus aspiraciones de prosperidad.
Se debe reconocer que el progresismo, que encarna el peronismo en la Argentina, para concebir su hoja de ruta programática tiene la misma dificultad que el mundo occidental ante el avance geopolítico de la derecha.
Pero en un país cada vez más dependiente como el nuestro, planificar sin conocer con qué recursos se contará, la dificultad se torna aún mayor.
Quizás debería el peronismo mover la aguja de donde se ha aposentado sin oponer en su movimiento un giro violento sino un giro posible para generar una primera etapa de recuperación.
Se dirá ¿otra vez el posibilismo? No nos alcanzó con Alberto Fernández?
Si fuera factible aplicarlo por consenso, un progresismo que sostenga la idea de grandeza que tuvo el país en largos períodos del siglo XX y también en este siglo, puede ser algo que modera expectativas y deja lugar a conjurar las mayores injusticias producidas en este período del presidente Milei.
Argentina construyó en el pasado ante las masas que medraban en la pobreza. No obstante, se hicieron obras y en algún momento se llegó a perfilar una Nación más justa y con aceptable defensa de su soberanía.
Detener la hemorragia anarcocapitalista y comenzar la reconstrucción de un país normal integrado al concierto de países que defienden los Derechos Humanos y la Justicia Social podría ser un buen propósito que nos permita, con paz social, iniciar el camino de una nueva reconstrucción.
México y Brasil son ejemplos de pueblos hermanos que aun en la oposición a Trump, han podido ubicarse en defensa de los intereses de sus mayorías populares.
¿Podrá Argentina alinearse con ellos y defender los derechos sociales y su soberanía?
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