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El plan económico a corto plazo del gobierno de Milei parece limitarse al objetivo de llegar a las elecciones de octubre de este año con una inflación muy baja. Para ello ha mantenido “planchado” a la cotización del dólar y a otras variables claves, como los salarios. Pero en la última semana la estructura externa comenzó a crujir y, ante vencimientos de deuda pública en pesos hubo una especie de comienzo de “corrida” hacia el dólar, que se trató de neutralizar con una enorme suba de la tasa de interés en pesos, que va a repercutir aún más en la recesión que afecta a la economía real.
Es un indicio de lo endeble del armado político actual. El presidente trató de convencer al público en general, pero especialmente a los “mercados”, que no es así, que el superávit fiscal como decisión política no estaba en peligro ni la promesa de “inflación 0” tampoco, sosteniendo que la cotización del dólar es independiente de los precios.
Con ese fin habló el viernes 9 por la cadena nacional de televisión y, al día siguiente, hizo un largo posteo teórico por la red X y que tituló “Aspectos esenciales del análisis monetario”.
En el primero, y como acostumbra en sus intervenciones, tiró cifras y datos estadísticos sin ningún escrúpulo, incluso que contradicen los datos empíricos de la realidad cotidiana o las cifras oficiales que da el propio gobierno. Por ejemplo, dijo que “sacamos de la pobreza a más de 12 millones de personas” y que “los salarios le vienen ganando a la inflación” (según el INDEC los salarios privados perdieron 8 puntos desde noviembre del 2023 al último dato conocido; los salarios públicos más). Finalmente, prometió quefirmará“una instrucción al Ministerio de Economía para prohibir que el tesoro financie el gasto primario con emisión monetaria” y queestará“enviando un proyecto de ley para penalizar la aprobación de presupuestos nacionales que incurran en déficit fiscal… (que) establecerá una sanción penal a los legisladores y funcionarios que no cumplan con estas nuevas reglas fiscales”, sin tener en cuenta que una disposición del Ejecutivo no puede estar por encima de una ley y que un intento de norma obligando al “déficit 0” ya fue declarada inconstitucional.
En el segundo, con pretensiones de escrito académico, dice, sin pruebas que “cuando todos hablan del traspaso a precios del movimiento en el precio del dólar (passthrough), dicha afirmación… es falsa e implica un profundo desconocimiento en materia de teoría monetaria, y, más adelante, “la inflación es siempre y en todo lugar un fenómeno monetario”.
Hay que tener en cuenta que el conocimiento es un proceso acumulativo que va poniendo bajo el “dominio” humano aspectos de la realidad y que sus resultados son siempre provisorios, mejorables. El científico no puede quedarse en el tiempo, porque el conocimiento avanza con independencia de su voluntad y necesita de su actualización. Esto es más notorio en las ciencias sociales porque, además de la historia del avance del conocimiento, el propio objeto es cambiante, tiene su propia historia.
Por ejemplo, la moneda es un bien que cumple los objetivos de común denominador de valor, de servir de medio de pago y de conservación del valor, pero su forma ha ido variando desde el puro valor metálico, el uso de la letra de cambio (moneda de papel), el papel moneda de curso legal, a la moneda digital que se está imponiendo en la actualidad, cada uno con su propia problemática.
Inicialmente (a partir de Martín de Azpilcueta en 1556 y de Bodino, 1568) se asoció a la inflación como una enfermedad originada por el exceso monetario. En esto quedó Milei que, sin deducción alguna, dice que el error viene“fechado en el año 1936, cuando John Maynard Keynes decide destruir todo el marco analítico wickselliano (motivo por el cual tuvo a la profesión discutiendo tonterías hasta 1972)”Desde ese año el monetarismo ha querido, sin éxito, hacer volver atrás al almanaque científico.
Es que, en el siglo XX, primero en América Latina y, después de los años 70, con la crisis del petróleo, se verificaron inflaciones de otro origen, de forma tal que la teoría actualmente considera que la inflación no es una enfermedad en sí sino un síntoma de desequilibrio económico (como la “fiebre” en medicina, que no es una enfermedad sino un síntoma).
Dice también, no deduce ni prueba, que “la lucha contra la inflación también requiere de paciencia, por el rezago de entre 18 y 24 meses para que ’una política monetaria seria’ logre al cabo del tiempo erradicar la inflación. Sería a mediados del 2026”que, más que una conclusión teórica, parece un ‘abrir el paraguas’ ante la imposibilidad de cumplir con los objetivos políticos anunciados.
Para analizar la inflación actual en Argentina hay que empezar con la formación de los precios, que depende si se trata de 1) artículos importados, cuyo precio lo determina el mercado internacional y el tipo de cambio; 2) productos exportables (como alimentos y energía): Argentina es “tomador de precios”, así que, al igual que en el inciso anterior y por la ley del precio único, el precio interno depende del fijado por el mercado internacional y el tipo de cambio, aunque, en este caso, disminuido por las retenciones; 3) bienes producidos internamente; como es un mercado oligopólico (con firmas “controladoras”), el precio depende de los costos (salarios, tarifas de servicios públicos, tipo de cambio para los insumos importados, etc.) y de la tasa de ganancia bruta aplicada sobre los mismos (marck up). Como se puede ver, el tipo de cambio ocupa un lugar esencial, seguido por otras variables, como los salarios, el mark-up y las tarifas de servicios. Cuando existe, por ejemplo, puja por la distribución de ingresos y esas variables no se estabilizan, se generan las presiones inflacionarias de la actualidad.
Es decir, el tipo de cambio juega un papel fundamental en la determinación de la inflación. Si el gobierno realmente creyera que la inflación es un fenómeno solamente monetario y que el tipo de cambio y otras variables reales (como el nivel de salarios) no importan ¿Por qué los tiene “planchados?
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