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29/06/2025

Voluntad popular enajenada

Voluntad popular enajenada | VA CON FIRMA. Un plus sobre la información.

Las cosas están tan distorsionadas que los antiguos valores no son tenidos en cuenta por vastos sectores para decidir su destino a través del voto.

Osvaldo Pellin

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Se me hace muy difícil aceptar lo que dicen las últimas encuestas acerca de la voluntad de voto de los ciudadanos de la provincia de Buenos Aires: 44% votaría a la LLA y solo el 30% al kirchnerismo. Por eso titulo esta nota “Voluntad popular enajenada”.

Y es difícil porque justamente la voluntad popular de esa provincia se vio defraudada porque el gobierno nacional le negó recursos fijados en la ley que perjudicaron la gestión de Axel Kicillof en grado sumo.

Me pregunto: un gobierno abiertamente antipopular que gobierna claramente para una élite al cabo de un año y 9 meses habiendo mostrado sus intenciones políticas, alguien insistiría con votar al personaje que tomó la decisión de boicotear sus derechos, en base a los cuales pudo haber mejorado su calidad de vida. Pensemos solo en el estado de las rutas de esa provincia, en los niveles de inflación que claramente no son los que difunde el oficialismo y que en especial en el rubro alimentos diría que nunca mejoró sus valores relativos al alza, en el estancamiento de los salarios y en especial las jubilaciones o en la venta desembozada de los recursos naturales con los cuales dice querer conseguir subsanar el habitual déficit fiscal, aún con la venta de empresas públicas que no solo ya probaron la inconveniencia de su privatización sino que su andar económico es de balance favorable.

Si toda esta lista incompleta no alcanza para ponderar a la baja la calificación de una gestión de gobierno, insistir en apoyarlo nada menos que con el voto, resulta suicida. No digo que la opción favorable sea la de Unión por la Patria, porque puede ser cualquier otra que apunte al bienestar general y a la salvación de la república, nunca la opción MIlei, que agrega a su pésimo gobierno una personalidad política tan extrema, que algunos de sus biógrafos ponen en duda su salud mental.

Evidentemente las cosas están tan distorsionadas que, claro se ve, que los antiguos valores no son tenidos en cuenta por vastos sectores de la sociedad para decidir su destino a través del voto.

Siempre creímos que hacer un buen gobierno era chapa suficiente como para reiterar, en quienes tuvieran el mérito de haberlo conseguido,nuestra voluntad de volver a votarlos.

En las elecciones de medio tiempo la derrota de los oficialismos representaba una clara advertencia para que estos corrigieran sus políticas pues corrían el riesgo de no ser respaldados cuando hubiese que volver a elegir al dirigente o al partido que aspirara a la presidencia. Hoy, pareciera que los gobiernos son tan desaprobados que no serían votados en las elecciones intermedias al mandato constitucional o directamente no presentan candidatos, como ocurriera durante la gestión de De la Rúa.

La misma distorsión nos lleva a intentar salir de la perplejidad a que nos lleva la actual y la futura situación política de nuestra Patria, e interrogarnos ya que pareciera que este oficialismo pésimo, como lo hemos llamado, es menos malo que las alternativas que se le ofrecen. Claro que si esto fuera verdad no tendríamos remedio como sociedad, pero el peso y la evidencia de la realidad nos obliga a apostar por la esperanza (cualquier oposición) o la resignación de una ratificación de votar por la LLA.

29/07/2016

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