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¿Cuánto tiempo más permaneceremos inertes ante esta miseria moral de Occidente?
Casi una semana después del ataque de la noche del 13 de junio contra Irán, al insólito titular de la OIEA (Organización Internacional de Energía Atómica) R. Grossi, se le ocurrió declarar lo que Tulsi Gabbard ya ha sostenido desde marzo: que Irán no estaba en proceso de hacer bombas atómicas. ¡Haberlo dicho antes! Grossi estuvo una semana antes en Irán y después de su visita guiada por varias centrales nucleares, afirmó que “no podía dar garantías de que el programa nuclear iraní fuera exclusivamente pacífico”. El “tano” Grossi es el original creador de una extraña narrativa para salir del paso y siempre jugar para el lado del binomio Ucrania-Israel, como quién no quiere la cosa, hablando siempre en modo pasivo, “se atacó la central nuclear de Zaporozhe”, una suerte de inmaculada concepción, “que nadie fue, fue Teté”, no vaya ser que los patrones se molesten.
Todo este tema nuclear se puso en sintonía con las viejas obsesiones de la mentada Secta de Occidente: el “régimen de los ayatolas” no era más que una cueva de terroristas que debía ser exterminado. Y son tan idiotas que, sionistas y Trump mediante, comenzaron a ejecutar su plan. Trump ya volviéndose “… dueño no solo de una sino de dos guerras proxy: contra Rusia y contra Irán, con los neonazis en Kiev y los genocidas de Tel Aviv en la línea del frente”, al decir de Pepe Escobar, el analista geopolítico que bien valdría la pena consultar un poco más. El malentendido contemporáneo se origina, parece, en homologaciones equivocadas, en las que los intereses de un grupo de fanáticos sionistas y sus socios americanos puestos históricamente en una posición hegemónica, son equiparables a la milenaria Persia y, entonces, el Ayatola solamente sería el jefe barbudo de una organización ilegal de sicarios que hay que exterminar. Desde luego, es irrelevante para toda la basura europea la fatwa de Jamenei sobre armas nucleares: sus suaves preceptos son -con las irrefutables evidencias que puede marcar la BBC- sólo mentiras islamistas. Restregarle a un inglés diez veces más que en el Islam no se miente sirve de poco: el diablo cree que todos son de su condición… En cualquier caso, los sionistas se convirtieron en ases del engaño. Atacar a Irán en medio de las negociaciones con los gringos en Omán les dio una ventaja de algunas horas que parecía irremontable, hasta la increíble reorganización de la defensa antiaérea iraní. En el camino, les asesinaron a toda la cúpula militar, y a más de diez físicos, sin contar con la centena de civiles que dormían en sus casas. Mataron a personas sensatas, sensatos, a negociadores. La tradición homicida perdura… y que yo sepa, no se condenó en ninguna universidad de estos lados el asesinato de colegas de la comunidad académica: súbitamente eran sólo terroristas pro Hamas: en el mejor de los casos, “algo habrán hecho”. ¡A callar!
Si bien queda bien ser “pro palestino” en Europa, (hasta Pedro Sánchez lo es), es notable el extraño fenómeno de la masa amorfa de “sordos, tarados y ciegos” (Pepe Escobar dixit) a cuyo “gusto” estamos sujetos: “nos gusta Palestina pero no Irán, esto sí, esto no…” y toda la sarasa interminable en la que siguen convergiendo fachos con progres.Bien dice el analista boricua Grosfoguel: alguien que dice apoyar a Palestina pero está en contra de Irán, no apoya de modo alguno a Palestina. Ya sin mencionar a los “Israel tiene derecho a defenderse”, que no son escasos en ciertos referentes de las letras latinoamericanas.
No ayuda en modo alguno que en nuestro país la oposición al sionista Milei esté representada en buena proporción por integrantes de un “arco progresista” que todavía se quiere desmarcar de Venezuela, a pesar de que Maduro es el único que condenó el proceso a Cristina, una víctima de las obsesivas fantasías vicarias del sionismo internacional ejecutadas por los corruptos de turno y del martirologio del putañero Nisman. El cipayaje argentino clasemediero blanco tenía razón: efectivamente, todo es mejor en NY o París que en Buenos Aires… Allí, por lo menos, hay gente que todavía sale a la calle con banderas palestinas y, sí, de Irán. La Argentina es prácticamente el único país del mundo que se ha entregado al imperialismo de forma gratuita y sin necesidad de tirar una sola bala. No veremos jamás banderas de Irán, ni de Rusia ni tampoco un distópico apoyo a Corea del Norte, país irremediablemente blindado a los Grossi de turno.
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