-?
 
 
 
Columnistas
22/06/2025

El primer modelo económico

El primer modelo económico | VA CON FIRMA. Un plus sobre la información.

En 1758, François Quesnay procuró demostrar cómo la circulación económica permite mantener vivo al organismo social. Casi dos siglos después, en 1936 John Keynes sostuvo que “tarde o temprano son las ideas y no los intereses creados los que ofrecen peligro, tanto para mal como para bien”.

Humberto Zambon

[email protected]

Hoy todo el mundo sabe lo que es un modelo económico. Inclusive sabe que en nuestro país hay dos modelos en pugna: el “neoliberal” de Macri y de Milei frente al “nacional o popular” (que los detractores refieren como “populista”, término que no tiene nada de malo). También sabe que el neoliberal se probó últimamente en tres oportunidades diferentes (con Martínez de Hoz y Videla, con Menem y con Macri) y que en las tres fracasó, pero ahora te dicen que en esta oportunidad, la cuarta, la cosa es distinta, pero no te explican el por qué (uno no puede dejar de recordar a Einstein, quien decía que la locura consiste en hacer lo mismo una y otra vez y esperar resultados diferentes).

Pero el tema de esta nota no es ese sino algo que casi nadie sabe; cuál fue el primer modelo económico y en qué consistía.

Comencemos recordando que en 1616 William Harvey descubrió la circulación sanguínea (intuida genialmente por el español Miguel Servet setenta años antes); es decir, como bombeada por el corazón un stock de sangre, que cuantitativamente cambia más o menos lentamente, permite mantener vivo a un organismo animal. Posiblemente inspirado en este hecho, casi un siglo y medio después un médico francés, François Quesnay, procuró demostrar cómo la circulación económica permite mantener vivo al organismo social. Se trata del famoso tableau économique publicado en 1758. Fue el primer modelo económico conocido.

Quesnay era médico del rey, vivía en Versalles pero se codeaba con la crema intelectual de su época; inclusive escribió dos artículos en la famosa Enciclopedia de Diderot y D’Alembert sobre su verdadera especialidad, la que realmente le atraía, que era la economía.

Observando la realidad social de su época vio que la población de Francia se podía dividir en tres clases sociales: el rey y su corte, que conformaba la nobleza; los campesinos, que con su trabajo creaban nueva riqueza y que conformaban la clase productiva, y los artesanos y los mercaderes que vivían en los pueblos (denominados burgos, de ahí la denominación de burgueses) que lo único que hacían era transformar las materias primas que producían los campesinos: no creaban nueva riqueza sino que se limitaban a transformar o transportar lo que producían los campesinos, por lo que los llamó clase “estéril”.

Su idea era explicar cómo era que esa sociedad funcionaba, con una cantidad fija de dinero, produciendo riqueza y reproduciéndose a sí misma en el tiempo.

Veamos un ciclo productivo completo. Al comenzar los señores tienen todo el dinero (dos unidades monetarias), los campesinos han levantado sus cosechas, reservando lo que necesitan para volver a producir en el próximo ciclo y para su propio alimento, mientras que los artesanos y mercaderes están listos para comerciar sus productos. Los señores compran su alimento anual a los campesinos pagando una unidad monetaria, y los productos elaborados (ropa, muebles, armas…) a los artesanos y comerciantes, pagando con la otra unidad monetaria. Con el dinero recibido, los campesinos compran herramientas, muebles y otros productos elaborados. En esta etapa, los mercaderes y artesanos tienen las dos unidades monetarias; con una compran a los campesinos sus alimentos para el nuevo ciclo y, con la otra, las materias primas para reponer los bienes vendidos. El ciclo está por terminar: los campesinos tienen las dos unidades monetarias, con las que pagan a la nobleza –dueña de la tierra- su renta. Y estamos como al principio, con las dos unidades monetarias en poder de la nobleza. Y vuelta a empezar un nuevo ciclo, semejante al anterior y al posterior.

Muchos interpretaron que Quesnay tenía profunda simpatía por los agricultores y ganaderos, los verdaderos productores de riqueza, mientras que despreciaba a los artesanos y mercaderes, integrantes de la incipiente burguesía, a quienes llamó “clase estéril”. Pero no era así: el médico-economista era consciente que pertenecía a esa clase y que defendía sus intereses; por ejemplo, sostenía que los impuestos debían ser pagados por aquellos que realmente producían la riqueza, los que trabajaban el campo, y no por los mercaderes y artesanos, que se limitaban a transformarla. A esos burgueses no les interesaba los calificativos (o descalificaciones verbales) sino que les importaba eran sus intereses, en este caso que no tocaran sus riquezas con impuestos.

Se pueden sacar más deducciones de la tabla económica de Quesnay. Por ejemplo, si eliminamos a la nobleza y nos quedamos sólo con campesinos por un lado y artesanos y mercaderes por otro, el modelo sigue funcionando sin ningún problema; al contrario, con una ventaja: hay más bienes para distribuir entre esas dos clases: implicaría un progreso, un aumento de la riqueza per cápita. Claro que Quesnay, como médico de la corte, no podía sacar esa conclusión, o al menos, expresarla. Podemos imaginar cual hubiera sido su destino si lo hubiera hecho. Él murió en 1774, rodeado de las comodidades y privilegios de la corte.

Quince años después de su muerte otros se encargaron de sacar esa conclusión, la de eliminar a la nobleza, y la aplicaron –guillotina mediante- en forma literal. A este caso se podría aplicar lo que sostenía Keynes en 1936: “tarde o temprano son las ideas y no los intereses creados los que ofrecen peligro, tanto para mal como para bien”.

29/07/2016

Sitios Sugeridos


Va con firma
| 2016 | Todos los derechos reservados

Director: Héctor Mauriño  |  

Neuquén, Argentina |Propiedad Intelectual: En trámite

[email protected]