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La democracia argentina se asoma peligrosamente al abismo.
Una nueva etapa de proscripción comenzó esta semana con la injusta condena e inhabilitación de Cristina Kirchner, principal líder de la oposición, dos veces presidenta de la República y una vez vicepresidenta. La tentación autoritaria del antiperonismo arrastra al país a una democracia condicionada, con una población empobrecida, maltratada, reprimida y ahora para colmo de males con sus derechos políticos recortados.
La historia demuestra que cuando a un sector mayoritario de la sociedad se le impide expresar libremente su voluntad politica a través del voto, en última instancia se está convocando a la violencia.
El consenso democrático surgido en 1983 con la derrota de la última dictadura, que ha permitido a los argentinos convivir no sin dificultades pero en armonía y en un marco de respeto durante los últimos 40 años, está severamente amenazado.
Sin embargo, el golpe asestado a la democracia y la institucionalidad por el poder económico respaldado por Estados Unidos a través de sus jueces, sus políticos y sus comunicadores, está provocando el efecto inverso al deseado.
En principio la decisión de castigar a Cristina por atreverse a desafiar a los poderosos y practicar una distribución más justa de la riqueza, ha logrado que la gente, agradecida por lo mucho que ella hizo, se vuelque espontáneamente a las calles para respaldarla y expresarle su reconocimiento. Escenas conmovedoras se han visto estos días en los alrededores de la casa de Cristina en el barrio porteño de Constitución y en distintas ciudades del país.
La inicua condena y la inhabilitación a perpetuidad han obrado el milagro. Rápidamente el peronismo en todas sus vertientes se unió y se apresta a movilizarse. En suma el fallo de una Corte sin moral y sin vergüenza, garante de un sistema económico y social injusto, ha logrado que Cristina fortalezca su liderazgo y el campo popular recobre la iniciativa.
No por nada los comunicadores al servicio del poder economico, en buena medida responsables con sus mentiras y omisiones del odio de un sector de la sociedad hacia Cristina y hacia todo lo popular, han pasado en las última horas de festejar la condena a reclamar entre indignados y asustados que haya escarnio público y cárcel común para la “chorra” .
Pero por lo pronto, el miércoles habrá un paro con movilización de todo el arco político y sindical que integra el campo popular. Este es solo el comienzo de una etapa de resistencia, que es una de las cosas que sabe hacer el peronismo porque sobrevió a décadas de pesecución, proscripción y exilio.
La derecha económica y sus empleados del Poder Judicial, la política y la prensa han tocado el resorte equivocado; creían que la cárcel y la proscripción eran el golpe de gracia a una líder supuestamente en decadencia y han logrado fortalecerla. Le han dado al peronismo, golpeado por la ofensiva utraderechista de Milei y Macri, el motivo para unirse.
Es cierto, esto es solo el comienzo y lo que viene no será fácil, el peronismo tendrá que enmendar los errores y las omisiones que lo llevaron a la derrota y presentar una alternativa de reconstrucción nacional frente a la devastación que está llevando a cabo Milei, pero ya se ha puesto de pie.
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