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Columnistas
20/04/2025

Asoma la unidad, y eso es bueno

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Si las internas en el gobierno parecen una lucha entre homínidos que, con el transcurso del tiempo, han cambiado de apariencia, no debería ocurrir lo mismo con la gente sensata.

Juan Chaneton *

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Llamar "inseguridad" a la protesta social es viejo recurso de malandras devenidos actores políticos. Se trata de una especie de truhanes que -además y por lo general- cuentan con el poder de transferir riqueza desde la base de la pirámide a su extremo superior. En esta línea, el actual Presidente ha dicho que va a seguir echando gente a la calle y eliminando impuestos a los grandes contribuyentes y que, por ende y preventivamente, va a ser "inflexible con la inseguridad". Genuflexo con el Fondo, que es el que exige terminar de matar a los jubilados y privatizar todo lo que es buen negocio.

Así las cosas, Santoro-Lospennato-Adorni, en ese orden, puede ser hoy el nombre de una módica esperanza encarnada en un dudoso pero posible triunfo en la Capital el próximo 18 de mayo. Dudoso menos por lo que dicen las encuestas que por las consecuencias que tendría para las presidenciales de octubre. Pues si la derecha percibe que su derrota en CABA podría ser el umbral de otra en la Provincia, y nada menos que a manos del demonizado "kirchnerismo", el espanto los impulsará al rejunte.

El estupor, en tanto, embriaga los espíritus de quienes balconean desde afuera unas reyertas incomprensibles entre dos dirigentes que no exhiben una sola diferencia conceptual en cuanto a proyectos de país, no obstante lo cual se dan el lujo de pelearse y dividirse en plena curva de un camino de cornisa. Tal vez la insensatez sea la forma perversa de la decadencia que aqueja a las formaciones culturales cuando aquélla es irreversible y se va dibujando en el horizonte con la inexorabilidad de los acontecimientos de dimensión histórica. Sin embargo -y enhorabuena- hay buenas noticias. Cristina pegó el volantazo.

También es verdad que el lúgubre escenrio de la división, se veía venir, y no desde hace poco. Alberto Fernández se parecía demasiado a esos políticos "weimarianos" que en la historia han sido y actuado como administradores de unas ambivalencias anunciadoras de catástrofes apocalípticas. Gastó fuerzas eligiendo mal: se propuso terminar con "el kirchnerismo", cuando sus votantes y los otros preferían que terminara con la inflación. Salvando las diferencias de estatura intelectual y cultural, podría decirse de AF que aunó en él la ideología de Romano Prodi con los errores de Filipo Turati: el resultado fue un socialdemócrata sin la formación doctrinaria de aquéllos. Prodi es un dirigente político italiano que supo también presidir el órgano ejecutivo de la UE (la Comisión Europea); en tanto Turati, es puro emblema del temprano siglo XX político. Dirigió el Partido Socialista en los aciagos días de la "marcha sobre Roma" (1922, octubre), cuando las hordas mussolinianas quemaron locales de la izquierda, asesinaron dirigentes, insultaron a opositores y azuzaron la violencia contra el Parlamento, todo ello en nombre la libertad de Italia.

En suma, que Milei sea el catalizador de la decadencia no es más que la descripción de un escenario o, a lo sumo, el enunciado de un pronóstico. Pero en sus desvaríos no debería parecérsele el peronismo progresista, que no hace mucho tiempo suscitó la esperanza. Pues que desde el cristinismo se diga que Kicillof es parecido al macrismo porque quería desdoblar las elecciones (como hizo Jorge Macri en CABA) es lo mismo que si Kicillof dijera que La Cámpora es igual a "La Libertad Avanza" porque ambos, a su turno, coincidieron en demandar la concurrencia electoral. Ocurre que si las diferencias conceptuales no existen pero igual se opta por calumniar al oponente interno, se corre el riesgo de caer en la petición de principio que, en Lógica, es prima hermana de la falacia ad hóminem. Es, por caso, como si dijéramos: Axel es traidor y Massa no lo es, porque Massa no traiciona y Axel sí. Argumento circular, se llama, y es el que siempre contiene toda petición de principio.

Así las cosas, si las internas en el gobierno parecen una lucha entre homínidos que, con el transcurso del tiempo, han cambiado de apariencia, no debería ocurrir lo mismo con la gente sensata.

Axel debería convocar públicamente a CFK a tomar un café o unos mates, para arreglar el entuerto que los tiene por protagonistas. Al fin y al cabo, la unidad todavía respira. Hasta hoy, nada obsta para que haya lista única de candidatos. Sería una mala noticia para el gobierno y una excelente para América Latina. El dato de fierro es que si van separados y gana la derecha, no se ve muy bien de qué se van a disfrazar para que "los más vulnerables", los acepten de nuevo como opción bienechora. Se venía la pared y el estrole era inminente cuando CFK pegó el esperado volantazo: aceptó, aun puntualizando que es un grave error, las elecciones separadas. Ahora viene otra negociación: la confección de listas; y ahí la flexibilidad le tocará ejercerla al gobernador. CFK ya hizo lo suyo. Kicillof no debería ser inflexible ahí. Al fin y al cabo, la Corte de los milagros está a punto de resolverle un problema difícil. A lo que parece, proscribirá a Cristina y, si así fuera, él debería participar en las próximas presidenciales denunciando que se trata de la histórica repetición en que incurre el gorilismo: la procripción del peronismo por temor a que les gane en las urnas.

En la Argentina está habiendo demasiados casos de gentes que se aferran a los cargos como si la política fuera la gallina de los huevos de oro. Actuar con un poco de desprendimiento les haría mucho bien, en primer lugar, a los que quieren ser reconocidos como alternativa al actual gobierno. Para vergüenza ya estuvo García Mansilla (el juez Ramos Padilla, una mosca blanca en medio del turbio aquelarre que es el Poder Judicial) acaba de declarar la inconstitucionalidad del nombramiento por decreto de aquel pretendiente que iba en pos de su Penélope). Le tuvieron que cortar las sogas con que se había atado a su silla. Vergüenza ajena, ahí. Este aspirante frustrado es un espécimen cuya desesperación por sentarse en un sillón completamente inesperado para sus módicos antecedentes académicos, era muy evidente. Por decreto, por carta documento, por teletipo o designado en un almuerzo de Mirtha Legrand, lo mismo le daba. El asunto es pertenecer. Pero deberá seguir participando.

No parecerse sería edificante. Y la buena noticia es que, al fin, Cristina y Axel parecen haber empezado a actuar de consuno con la mira puesta en el enemigo principal y en la construcción frentista necesaria para mandarlo al infierno del que nunca debió haber salido.



(*) Abogado, periodista, escritor.
29/07/2016

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