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Columnistas
20/04/2025

Sobre el “cepo” y la deuda con el FMI

Sobre el “cepo” y la deuda con el FMI | VA CON FIRMA. Un plus sobre la información.

En el país, el control de cambios fue el estado normal y los periódicos intentos de liberación del mercado cambiario terminaron en total fracaso ¿Por qué habría de ser distinto el final del actual levantamiento del “cepo”?

Humberto Zambon

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Finalmente, cuando parecía que la noche financiera se venía encima, Milei recibió su préstamo del FMI. Después de malgastar una millonada de dólares de las inexistentes reservas del Banco Central (volviéndolas más negativas de lo que eran) para evitar la devaluación, la necesidad de fondos obligó a su capitulación: se aprobó una devaluación de hecho al establecer la libre flotación del precio entre dos bandas: $ 1.000 y 1.400, con la posibilidad de intervenir cuando la cotización se acerque al límite; las bandas se ajustarán en más o en menos a razón del 1% mensual.

El gobierno prohibió usar la palabra devaluación y, a modo de distracción, levantó los controles y restricciones a la compra de divisas a las personas físicas (no a las personas jurídicas, pago de importaciones, etc.), lo que anunció con bombos y platillos, como un éxito político: la eliminación del “cepo”. Incluso puso en escena (propia de un sainete de principios del siglo XX) en fotos y videos al presidente y ministros riendo, abrazando y felicitándose por ello, como si realmente fuera un éxito, al igual que aquel general que, ante el vergonzoso retroceso de sus tropas sin luchar, informó que “habían avanzado exitosamente hacia la retaguardia”.

Sobre el “cepo” cabe recordar que es un término que, según parece, inventó el diario Clarín para referirse despectivamente al control de cambios durante el gobierno de Cristina Fernández de Kirchner y que tuvo rápida aceptación en el lenguaje popular. Lo que no dicen es que el control de cambios en un país dependiente es imprescindible porque, normalmente, las reservas en moneda extranjera son el elemento escaso y el principal limitante para el crecimiento del país.

Durante el siglo XX y lo que llevamos del XXI, el control de cambios ha sido la política general. Se estableció en el año 1914, por la guerra mundial, y duró, como flotación administrada, hasta 1927, fecha que se restableció el patrón oro y la libre disponibilidad de divisas, que duró dos años. De nuevo la inconvertibilidad y el control, esta vez por la crisis mundial y luego por la segunda guerra, que fue muy estricto, especialmente entre 1931 y 1945.

Con el peronismo (1946-1955) el estado tuvo el monopolio del comercio exterior (IAPI) y un sistema de cambios múltiple. A partir de 1955 hubo algunos intentos de liberación del mercado cambiario (flotación administrada con libre transferencia de capitales) que terminó fracasando y entre 1961 y 1966 hubo fuerte control de divisas con prohibición de importaciones superfluas y de depósitos en moneda extranjera. Luego del golpe de Onganía hubo un período de libre movilidad de capitales, que el mismo gobierno militar debió dejar de lado (el control duró desde 1971 a 1976). La libertad de mercados volvió con Videla-Martínez de Hoz entre 1976 y 1981 y luego con la “convertibilidad” de Menem-Cavallo, que terminó con la crisis económica, política y social del 2001.

Al control de cambios (ahora llamado “cepo”) lo levantó Macri cuando inició su gobierno (2015-2019) pero, antes de finalizar, agobiado por la “fuga” de capitales y la falta de reservas, se vio obligado a restablecerlo. El denostado “cepo” levantado ahora, aunque se trate de ocultar, fue puesto por Macri.

Por esta apretada síntesis histórica se puede ver que, en nuestro país, el control de cambios fue el estado normal y que los periódicos intentos de liberación del mercado cambiario terminaron en total fracaso ¿Por qué habría de ser distinto el final del actual levantamiento del “cepo”?

Volviendo al préstamo del FMI, es una especie de salvavidas de plomo que le dan a Milei por los elevados costos que representa (por lo que se ha informado y por los trascendidos):

1-Genera inflación, terminando con el único logro que podía mostrar el gobierno: “la inflación cero”. Como toda devaluación del peso, termina trasladada al precio de los bienes finales y servicios; inicialmente, la devaluación ya estaba cargada a los precios desde comienzos del mes (el “mercado” descontaba la devaluación), pero (se supone que) paulatinamente la cotización del dólar se va a ir acercando a su límite superior porque al precio actual hay resistencia de los exportadores agropecuarios a vender la producción, es decir, hay insuficiencia de oferta de divisas mientras que su demanda crece por: a) la política de eliminación de restricciones a la importación de bienes; b) hay que pagar intereses y capital de la deuda externa; c) el estado debe recomponer a sus reservas de divisas.

2-Compromiso de llevar las reservas externas a fin de año a +1.600 millones de dólares (actualmente son negativas en 7.300 millones). Es decir, hay que acumular casi 9.000 millones en menos de 9 meses (digamos, 1000 millones por mes), lo que implica más ajuste en el gasto público y un saldo favorable en la balanza comercial de unos 18.000 millones de dólares, para pagar los vencimientos de deuda e intereses, superávit que, por ahora al menos, no existe. Queda prohibida la emisión monetaria para financiar al Tesoro Nacional y para abonar pasivos remunerados.

3-Compromiso de privatizar empresas públicas.

4-Libre importación de maquinarias usadas y cubiertas recauchutadas, lo que afecta negativamente a la industria local.

5-Libre ingreso de capitales especulativos (con una permanencia mínima de 6 meses) para aprovechar una tasa de interés en pesos mayor a la devaluación; es decir, se apuesta nuevamente a la “bicicleta financiera” (“carry trade”, según los especialistas) que, después de la experiencia de Macri-Caputo, sabemos cómo termina.

6-En el año que viene, reforma previsional (llevar la edad mínima de los varones a los 70 años y las mujeres a los 65 años), flexibilización laboral y desregulación del mercado eléctrico mayorista.

Además, como frutilla para el postre, como la deuda con el FMI es privilegiada (en caso de “default” cobra antes que cualquier otro acreedor), el sobreendeudamiento de nuestro país con el Fondo actúa como disuasivo para la inversión de los capitales privados, que es lo que aspiraba el gobierno.

Cuentan los historiadores que las últimas palabras de Manuel Belgrano fueron “Ay, Patria mía”. ¿Qué otra cosa podría decir el prócer hoy?

29/07/2016

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