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De la agenda criminal de los Blinken, Sullivan, Kamala y el balbuceante Joe, pasamos a la propia de Donald Trump, con sus rasgos tan particulares. El homicida de turno en la Casa Blanca venía de su primer gobierno con pocas bajas causadas. Entre las más sonadas, el asesinato del General Solaimani y su guardia en Bagdad. Una marca que parecía inverosímil si se la comparaba con los genocidios perpetrados por el “grone” bajo las órdenes de la Clinton en Siria, Iraq, Afganistán y Libia; y por la propia gorreada H, en Belgrado. Al poco de asumir en la Casa Blanca, Trump permitió/apoyó que la masacre en Gaza se reiniciara pese al alto al fuego establecido. Este nuevo capítulo del genocidio, con otros miles de muertos, continúa hasta la fecha. Para la historia, se podrá decir que fueron causados directamente por Netanyahu y las IDF, y no achacables a los EEUU —solamente puesto así por un ejercicio clasificatorio de los matices de asesinatos en masa—. Pero el pollo D tuvo el bautismo de sangre en su versión 2.0 con firma exclusiva, cuando comenzó a bombardear Yemen y su polimilenaria capital Sanáa, causando la muerte de decenas de civiles y la destrucción de un hospital en construcción. Y, hace una semana, se hizo cargode un ataque con misil contra decenas de yemeníes que practicaban un ritual religioso de uso, que consiste en agruparse en torno a un óvalo que rodea a uno u otro clérigo o guía ceremonial. El impacto y la explosión dejaron un cráter. Enseguida, confirmada la masacre, Trump publicó en la red social el video del ataque que tuvo, por único logro, borrar de la faz de la Tierra a seres humanos reunidos en un rezo. Existe otro video en el que se ve que, en la fila oval, hay varios niños alternando entre los adultos —vestidos con túnicas en su mayoría—. Se puede suponer que Trump y sus generales de verdad creyeron que se trataba de un grupo de hutíes preparando otro ataque en el Mar Rojo, un objetivo militar “legítimo” para ellos, pues. Pero el mensaje escrito por el bruto es lo más impresionante, porque ironiza sobre la muerte de personas “que ya no atacarán a buques de la Navy” y eso quedará en la colección selecta de las combinaciones perfectas de crueldad con estupidez e ignorancia. Al decir, además, que “ya no nos hundirán ningún barco”, los USA aceptaron que este glorioso hecho ya ocurrió: resultaba improbable que esa flota de policías de Israel pudiera eludir y contrarrestar todos los misiles y drones de Ansarolá. Probablemente nunca nos enteraremos si algo se fue a pique, “la prensa occidental es libre” y tampoco convendrá en seguir autolesionándose después del festival de videos (nunca mostrados en los medios) en los que puede verse la implacable cacería de los Z a los Abrams y Bradleys de las fuerzas ucranianas o sus restos quemados en las llanuras de Kursk. Es otro ejemplo que a veces la estupidez o ignorancia por sí sola puede ser tan cruel como la maldad pura, recordemos a aquellos turistas argentinos en una playa, que por la “selfie” con una cría de delfín capturado en la orilla, dejaron morir al animalito, “sin querer hacerlo”. En Trump se superponen ambas, o una tercera, que es operar en favor de Israel y el dichoso “lobby sionista” sin fisuras, atacando civiles que es lo que saben hacer tan bien. Este lobby, que pasó para nosotros de ser una entelequia paranoide con atribuibles rasgos antisemitas a una descripción cruda de la realidad que hoy se está quedando corta; y si no se dice ya —directamente— “lobby judío”, es porque hay todavía unos cuantos judíos que condenan el genocidio palestino.
Entonces, ¿se lanzará Trump contra Irán para defender los intereses de Israel? No es improbable, es propio de un sistema de dominio mundial que no aprende. Dependemos de que este gilipollas tenga 5’ de lucidez y escuche lo que le diga Putin en la anunciada cita. De modo contrario, comencemos a hacer acopio de agua y alimentos enlatados.
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