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Si ha aparecido en estos días algo inesperado por parte de la oposición, ha sido sin lugar a dudas, el fracaso de las intenciones de unidad del peronismo.
Hurgar en las causas es baladí. En política nunca faltan argumentos para justificar a las voluntades respectivas y opuestas. Y a medida que pasa el tiempo más intrascendentes se tornan porque las amenazas de derrota se agigantan.
Los libertarios vienen petardeando lindo en una actitud que más parece un éxodo que un próximo renunciamiento. Exodo que va dejando muerte y destrucción a su paso para que los que están y los que vengan no tengan nada a mano que podría comenzar a reparar tanto desastre.
Pero los muchachos del peronismo si no se unen , como dice la calle, son boleta y con ellos una mitad de la sociedad y las mejores esperanzas del pueblo llano, que espera que esta tortura que se denomina Milei termine.
O sea que la responsabilidad de los dirigentes en esta ocasión es mayúscula y sobre ellos caerá si se pierde por egocentrismos la repulsa por tiempo prolongado del movimiento nacional y popular porque si este panorama de desencuentro llega a presentarse tal cual en las próximas elecciones la derrota está al acecho. Así Milei se fortalecerá a pesar de ser un cruel ladrón y lo peor es que seguirá haciendo tierra arrasada del territorio y bienes de nuestra Patria.
No se puede creer que la diferencia entre elecciones concurrentes o desdobladas pueda afectar las posibilidades de unidad de las fuerzas de la oposición. Ninguna de las partes tiene en sus manos el oráculo que les asegure que una u otra manera de permitir la elección es la que prevalecerá. Por el contrario, a mi parecer, hay que ponerse a trabajar de una vez todos juntos, distribuir los roles entre los jóvenes y los dirigentes para aparecer como un frente sólido, donde cada uno cumpla su misión convencido de que el esfuerzo de vencer es lo único que puede salvar al movimiento popular.
También se habla de conducir y de obedecer a la conducción. de hecho la autoridad política de la conducción en manos de Cristina es inapelable pero la proyección de Axel debe estar incluida en los cálculos previos que hacen a las posibilidades reales que tiene un candidato de vencer en las elecciones.
Axel sin Cristina, en esta etapa del proceso pierde un apoyo en votos muy importante pero Cristina sin Axel pierde la autoridad que pretende hacer resaltar objetando sus deseos de candidatearse.
No hay por ninguna de las partes incompatibilidades irreconciliables si pensamos sanamente.
La amenaza que podría representar para el futuro que Axel creciera en la consideración popular debería ser bienvenida en el seno del peronismo, que carece, salvo la misma Cristina, quien mejor encarna la renovación imprescindible que requiere al día de hoy dicha fuerza política.
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