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El 17/2/25 el Grupo Clarín se metió de lleno en la campaña electoral a favor de Mauricio Macri y el Pro que, cual fénix de utilería, renacerá de sus cenizas y de unos pronósticos de extinción que hasta ayer no más, eran moneda corriente y en los cuales creía incluso el autor de estas líneas. El grupo empresarial monopólico le soltó la mano a un hombre que tal vez estaba pidiendo a gritos que lo eyectaran de un lugar para el que no tenía competencia alguna.
Así las cosas, hay que sacar conclusiones que sepultarán a LLA pero que también deberían prenderle fuego al nido enfermo donde calentó sus miasmas el huevo de la serpiente: el Pro y sus larvas. Lo que empieza a fracasar en la Argentina no es el delirio de un insano, sino una concepción del mundo y de la vida que hace ya muchos años se abre paso en la Argentina aprovechando la ola del ventajeo, la demagogia y el facilismo, cuya puerta abrieron gobiernos anteriores de signo popular que, en mala hora, malversaron el crédito y la confianza de que disponían. Y esa concepción que empieza a fracasar también la profesa un fundamentalismo de mercado al que sólo el constante repiquetear de las cadenas mediáticas pueden presentar con credibilidad como el sensato sentido común de unos pazguatos que, aún con ese apoyo mediático y con sus "buenos modales", no dejan de ser LA DERECHA de este país... y la existencia de las derechas no es ningún homenaje a la democracia, pues las derechas, en las democracias, siempre han trabajado con pico y pala para tornar llano el duro pedernal que conduce al fascismo, o a lo indescriptible, como es la espantosa realidad de nuestra Argentina de hoy.
Es la cultura de la oferta y la demanda la que hace agua hoy en la señera Argentina. Es su absolutización como alfa y omega de la vida, lo que empieza a estar en entredicho.
Están fracasando en la Argentina unas derechas que se arañan en público pero se encaman en privado para luego emputecer los hemiciclos votando todos juntos y en manada. Los une una convicción que parece tal pero no es convicción, sino memorizada jaculatoria muy expeditiva para defender su "programa": el Estado es el culpable del atraso; su intervención "distorsiona" los negocios; el "mercado" ordena la vida de la sociedad y la "prosperidad general" acabará con la pobreza tan pronto como «liberemos» la oferta, la demanda, la flotación de la divisa verde y los controles en las fronteras y los tráficos de todo cuanto el mercado reclame.
Si no entendemos que aquí está fracasando no sólo LLA sino también el fundamentalismo de mercado (ya fuere con buenos modales o con los eructos cotidianos de un alienado), nos exponemos a que todo este escándalo de coyuntura lo capitalice Macri y secuaces en unas elecciones que ya están aquí.
Esta es la "batalla cultural" que nos reclama. Pero hay que estar a la altura de la guerra para librar las batallas que le son anejas. Lo estratégico de Milei, de Eurnekián, de Trump y afines, no es, como cree algún periodista bienintencionado, que los buitres exijan el hambre de "los pibes" con tal de que les paguen. El que piensa eso podrá ser un buen hombre y tiene, después de la vida, ganado el cielo, pero el aquí sólo le depara su plañidera opinión reducida a campana de palo, es decir, el barro y la derrota... a manos de la derecha.
También yerra otro colega que no sólo cuenta con buenas intenciones sino que, además, es un periodista top, cuyo talento para el oficio es conocido y que nos ha deparado notas que han sido una verdadera felicidad. "La única certeza que se deduce del fenómeno Milei es la de nuestro fracaso para entender esta realidad. Habrá que buscarle la vuelta con la cabeza más abierta", dice Luis Bruschtein en una nota última para un medio digital. (Ver enlace)
Aquí conviene aclarar que "entender la realidad" no es lo mismo que ganar elecciones, así como perderlas no equivale a tener la "cabeza cerrada". Y la urna y su rueda de la fortuna ha sido, siempre, para el peronismo al que adscribe Bruschtein, el modus operandi esencial que ordenaba el operativo "militante" que, como la cola del cometa, venía detrás de toda la actividad social que desplegaban -en la sociedad y en forma aneja- las diferentes agencias del peronismo. Ganar el comicio a como diera lugar. Esa era la enseñanza que, con el tiempo, cristalizó en una epifanía teratológica que hoy empieza a caerse. Porque, en la política, lo más importante son los principios. Éstos nos hace fuertes, nos hace libres, nos pone alas.
Y ante una obstinación en la aporíacomo la que creíamos divisar en esas actitudes temerarias y riesgosas, atinábamos sólo a oponer el arma de los bélicamente desarmados: la reflexión. Y así supimos reclamar, en 2014, un regreso al "espíritu Mar del Plata 2005" porque ya allí, en aquel recodo de la módica historia nuestra, se nos estaba escurriendo lo único que le da sentido a la política: el poder. Sólo la mueca de la incuria nos respondió. Y siguió nuestro razonamiento, como las campanas de Flaubert, obstinado en su repique: La política se ha desplazado -dijimos- hacia una espacialidad global en la cual la reivindicación nacional se constituye a sí misma como opuesto de la internacionalización que implica la globalización, y por eso ésta encuentra resistencias bajo el formato soberanista y/o bajo las tendencias centrífugas hacia las secesiones. (Ver enlace)
Es esto lo que hay que tener en cuenta cuando se accede al gobierno y no, en primer lugar, las cajas del Pami, de la Anses, o de "Aerolíneas", pues la política debe financiarse de otro modo. Aquel trípode de dirigentes que se unió contra la hegemonía mundial, que es lo que está en la base del robo y la expoliación que sufren en Latinoamérica las fuerzas del trabajo, insinuaba la gestación de una alternativa global basada en la multipolaridad que, con el tiempo, vino a cristalizar en lo que se ha erigido como la bestia negra de Donald Trump: los BRICS. Argentina pudo ser numen y artífice de esa ola global. Nos perdieron los errores propios, no las agresiones ajenas. Desembocamos en que el afianzamiento de un proceso soberanista y liberador podía ser conducido por Alberto Fernández, y nos callamos la boca en vez de decir que todo se había pervertido malamente en prejuicio de lo que decíamos representar.
No es que "no vimos venir" a Milei. Vimos venir el fracaso, que viene a ser lo mismo. Vimos venir que con los dedos en "V" y alegremente podíamos terminar pagándole al FMI hasta el último centavo de una deuda de juego contraída con trampa y por un tahúr que ahora se halla preparando los petates para el regreso. Vimos cómo a una excepción virtuosa de las que no abundan en el peronismo se le ponían obstáculos en su gestión de gobierno sin más títulos que los que en la Argentina confiere el derecho hereditario. Tuvimos nuestra "Fátima" también nosotros, y la obscenidad quedó grabada en la retina de millones de votantes. Y no es que no "abrimos la cabeza". Es que hicimos silencio.
El monopolio mediático ampliaba la escena hasta el paroxismo, es claro. Pero hay que saber que el enemigo juega sus fichas con impiedad indiferente. Y no alcanza con decir que la ley de medios "es una deuda pendiente". Después de todo lo ocurrido y de lo que está ocurriendo, no cabe decir que somos unos ineptos para ver la realidad, que no la vimos venir y así siguiendo... Y a esta hora exactamente, todavía le siguen tirando piedras al único dirigente honesto e inteligente con que cuenta el peronismo y del cual puede decirse lo que ni por asomo cabe respecto de quienes dirigen "La Cámpora": que el gobernador es un cuadro político-ideológico y un intelectual al que están perjudicando de modo miserable y ruin, por pura vanidad personal. Y éste es un delito calificado en dependencia directa de cuáles sean las circunstancias en que se comete. Si vuelve a ganar la derecha, habrá culpables, aunque sean los jefes.
A todo esto, un lote de imbéciles jóvenes, hemos escrito ya, ha sido la base social y electoral de esta pandilla enancada en el gobierno. El pasmo social que golpea la coyuntura hoy, nos muestra a unos no tan jóvenes parecidos que no votaron a nadie aquí sino que entraron por la puerta que les abrió el jefe, la hermana, o la peineta de su hermana. Se trata de unos ayer llamados "yuppies", que hoy visten traje de gala y calzan zapatillas, se rapan por fuera para no desentonar con el interior de sus cerebros y juegan al mus digital para cantar órdago a la grande cuando lograron alzarse con la bolsa llena de unos dineros que tampoco eran propiedad de nadie en buena ley, pues deberíamos suponer que "buena ley", en el caso, es sólo el fruto del trabajo.
La patria es el ORO, y lo seguirá siendo a menos que tomemos los recaudos para que no nos derroten tan mal como lo vienen haciendo.
Están, a estas horas, unos cuantos, imputándole al inimputable el delito de "estafa". Pero si aun concediendo que el asunto es de naturaleza jurídica y no esencialmente política, no habría que imputarle estafa sino asociación ilícita, que suena más suave pero es más grave y es el delito que parece haber cometido. Esa figura penal se halla descripta en el art. 210 del código: “Será reprimido con prisión o reclusión de tres (3) a diez (10) años, el que tomare parte en una asociación o banda de tres o más personas destinadas a cometer delitos por el solo hecho de ser miembros de esa asociación. Para los jefes u organizadores de la asociación el mínimo de la pena será de cinco (5) años de prisión o reclusión”.
De la denuncia que presentó ante la SEC de Estados Unidos el titular del estudio Moyano&Asoc surge con claridad el rol de cada uno de los delincuentes que constituirían tal asociación delictiva. Un muñeco singapurense llamado Julián Peh es el "director ejecutivo" de Kip Protocol, que era el fantasma que azuzaba a los ambiciosos boludos digitales a transferir sus dólares al esperpento nominado @vivalalibertadproject. El otro eventual "socio" de Milei en el delito se hace llamar David Hayden (alias, Hayden Davis), un gordito con cara de nabo que fue recibido por el presidente de los argentinos, en la Casa Rosada, el 30 de enero pasado, movido por el anhelo de favorecer a la pequeña y mediana empresa. Éste imbécil de nacionalidad estadounidense afirma, ante quien lo quiera oír, que es "asesor" de Milei "en estos temas".
Trabajo para Servini, aquí. Y para Taiano, diligente fiscal que ha hecho maravillas persiguiendo a Cristina Fernández de Kirchner imputándole el asesinato de Nisman. Esos tres, por lo menos (ha de haber más, sobre todo en la Rosada, donde es increíble que nadie haya levantado un par de palos verdes, por lo menos, con la jugada del presi), aparecen, en principio, como los integrantes de la asociación ilícita en cuestión. Karina, Adorni y otro emprendedor exitoso de apelativo Novelli, junto al "filósofo" Agustín Laje (un ignorante que vive en la única Europa que su filología le permite, España), tendrán, en los días sucesivos, de qué preocuparse. En la "entrevista" que el polaco Goldfarb le hizo a Milei estaban, detrás de cámaras, Luis y Santiago Caputo, Karina y Adorni. Pongo las manos en el fuego con guantes de amianto por ellos.
La figura penal de asociación ilícita, si bien ha sufrido objeciones doctrinarias por su sedicente vaguedad e indeterminación, implica, sin embargo, tres elementos constitutivos que en el caso aparecen materializados con nitidez:
a) tomar parte en una asociación;
b) propósito colectivo de delinquir;
c) número mínimo de participantes.
Sobre a), no hay más que indagar al "trader" Davis, quien vocifera a cada rato su odio porque Milei borró el tuit y se desdijo de lo prometido. En esa eventual indagatoria pueden aparecer más nombres.
Sobre b), no queda más que una sola opción interpretativa: no hay manera de organizar una compra generalizada de moneda virtual con la intención de hacer el bien. El que organiza eso gana plata sólo si estafa la confianza de los que compran. Lo contrario, no tiene sentido.
Sobre c): Milei, Peh y Hayden Davis son TRES personas.
Dice Sebastián Soler: "No se trata de castigar la participación en un delito, sino la participación en una asociación o banda destinada a cometerlos con independencia de la ejecución o inejecución de los hechos planeados o propuestos. El delito consiste en tomar parte en una asociación. Para que pueda hablarse de asociación es necesario cierto elemento de permanencia, para lo cual habrá de atenderse en cada caso a la naturaleza de los planes de la asociación (…)
Si Taiano y Servini leen, por estos días, a Soler, Milei debería estar en el horno. Tal vez por eso Magnetto le soltó la mano. En la jugada, sacrificó a un peón. Inevitable daño colateral. Pues tengo para mí que mandar el "crudo" al aire, no fue ninguna impericia. Fue el golpe maestro de otro truhán que de esto sabe mucho. El problema es que no hay cómo no dar por seguro que un imputado grave, siendo presidente de un país, siempre está en condiciones de eludir la investigación judicial y de sustraerse al accionar de la justicia. En estos casos, si el imputado es un perejil, se lo mete en cana. Pero Milei es el Jefe... del Estado.
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