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22/05/2022

¿De onda?

¿De onda? | VA CON FIRMA. Un plus sobre la información.
Silvina Rocha, María Inés Krimer, Débora Mundani y Enzo Maqueira. Gentileza

En la reciente edición de la Feria del Libro en Buenos Aires se planteó una discusión sobre la industria editorial. La Unión de Escritores y Escritoras de Argentina difundió un esquema de honorarios para un oficio que el sentido común considera un pasatiempo.

Gerardo Burton

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Uno

¿Qué hace un autor? ¿Qué escribe una autora? ¿Novelas, cuentos, poemas, ensayos? Una vez publicado el libro, por ese trabajo de escritura, en la Argentina se pagan derechos de autor: 10 por ciento sobre el precio de tapa de cada ejemplar vendido. O un mismo porcentaje en libros, sobre la tirada total. ¿Qué otros trabajos desempeñan escritores y escritoras? ¿Acaso los libros no llevan otros textos: prólogos, contratapas, solapas? ¿Cuando se presentan los libros, quién habla sobre ellos? ¿Cada publicación se difunde mediante gacetillas y comunicados de prensa? ¿Hay reseñas en diarios, revistas y portales de internet? ¿Charlas en mesas redondas, ferias? ¿Quién paga eso? ¿Se paga?

Estas actividades, que se traducen en textos de mayor o menor extensión y profundidad, son muchas veces gratuitas, se hacen “de onda”, en un sistema que funciona de manera informal y por tanto no exige ni reclama: no hay derechos ni obligaciones establecidas para las partes en juego. Es decir, es un trabajo por el cual no se pagan honorarios, o si se pagan, es “a voluntad”. Esto conforma una especie de sentido común: es así, siempre ha sido así.. Algo similar ocurre con algunas categorías del gremio de prensa -los colaboradores externos, por ejemplo-, en especial desde la década del noventa, cuando la precarización laboral pulverizó gradual pero inexorablemente los convenios de trabajo en el sector.

Estas semanas circuló por las llamadas redes sociales una cita de Roberto Arlt, uno de los primeros escritores profesionales del país, que tenía muy claros los alcances de su oficio como periodista y como autor y dramaturgo. En una de sus Aguafuertesrecientemente rescatadas, Arlt decía que

Los mangueros de conferencias, artículos, dibujos, etcétera dirán, como si ignoraran la realidad: “Veinte minutos, nada más”. “Un artículo, ¿qué le cuesta a usted? Se lo escribe en un minuto”. Y siempre el mismo desalmado criterio: “¿Qué le cuesta?”

Y la verdad es que a uno le cuesta. Sí, le cuesta tiempo, concentración, estudiar, sustraerse a trabajos más serios, le cuesta a uno todo eso que no le cuesta a los otros, cuyo trabajo es pedir. (en “Mangas, afanos y otras yerbas”, en Viajero de cercanías, Yuri, 2022)

Una ironía que le hubiera arrancado un sarcasmo: Arlt, que peleaba por los derechos de autor, no cobrará -ni él ni sus descendientes- un peso por esta publicación pues su obra está en el dominio público.

 

Dos

Dos días después de su discurso en la apertura de la 46va. edición de la Feria del Libro, Guillermo Saccomanno y sus críticas, propuestas y denuncias se desvanecieron en los medios de información porteños y sus sucursales. El ninguneo, ese mecanismo muy al uso en estas pampas y al sur que funciona como una especie de cerrojo sutil y disciplinador, comenzó a operar: se silenciaron las alusiones a la producción cartelizada de papel en la Argentina; a la trayectoria antipopular de la Sociedad Rural Argentina, a la asimetría entre el sector editorial y escritores y escritoras en el mercado del libro y otros temas con que Saccomanno sacudió la alfombra roja del prestigio comercial-literario nacional. Sólo quedó la discusión por los honorarios que el escritor cobró a los organizadores de tan magno festival del mercado librero y así se convirtió en el primero en hacerlo.

Sin embargo, la cuestión de la profesionalización de escritores y escritoras ya estaba en escena. La Unión de Escritoras y Escritores de Argentina había presentado un día antes, el 27 de abril en la sala Adolfo Bioy Casares y como parte de las jornadas profesionales, una lista orientativa con los honorarios básicos por las diferentes tareas que desempeñan autores y autoras, más allá de la escritura de libros.

A la mesa de presentación del tarifario de referencia, se sentaron Débora Mundani (vocal de la comisión gremial de la Unión de Escritoras y Escritores), María Inés Krimer (comisión de políticas públicas), Silvina Rocha (vocal suplente) y Enzo Maqueira (vocal de la comisión de prensa).

Marcelo Guerrieri, presidente de la Unión de Escritoras y Escritores de Argentina, señaló a Vaconfirma, que el tarifario “es uno de los pilares que teníamos desde nuestra constitución, junto con la ley del instituto nacional del libro”, que este año tiene nuevamente estado parlamentario. El tarifario es “una herramienta de negociación”, dijo, que propone “valores estimativos básicos” para cada una de las tareas que desempeñan los escritores por fuera de la producción específica de libros. Con esto, se abren distintos espacios para negociar, concluyó. Este planteo forma parte de una estrategia más amplia de la institución para lograr políticas públicas que favorezcan la producción literaria desde el momento de la escritura misma. Si se protege a la industria editorial y hay mecanismos de fomento a las distintas etapas de la producción del libro, también tienen que existir reconocimientos a la materia prima de esta industria: el original producido por una escritora o un escritor.

La institucionalización de la Unión será discutida en una asamblea en junio próximo, como parte de una agenda que incluirá entre otros temas el análisis de la aplicación del esquema de tarifas y las perspectivas del tratamiento del proyecto de ley del libro en el Congreso en el presente período legislativo.

 

 Marcelo Guerrieri, presidente de la Unión de Escritoras y Escritores de Argentina

Tres

El esquema de tarifas presentado en la feria propone, por ejemplo, honorarios básicos por la presentación en ferias de libros y festivales -a partir de 10 mil pesos-; en tanto, para jurados de preselección de concursos literarios consigna 60 mil pesos como base y por la actividad docente como un taller grupal entre 1.200 y dos mil pesos, entre otras actividades.

Para los autores, éste es un primer paso para desnaturalizar la gratuidad de un oficio que, muchas veces, el sentido común califica de pasatiempo. Así, la iniciativa que culminó, luego de rondas de consultas en Buenos Aires y algunas provincias, tiene por objeto “sentar un precedente, plantar una bandera y decir: escribir es un trabajo y por nuestro trabajo exigimos una remuneración”, explicó Débora Mundani en una entrevista.


El tarifario, entonces, es el primer paso para que el oficio de escribir se considere un trabajo como cualquier otro y por el cual autores y autoras tienen derecho de percibir una remuneración. Se trata de desmontar el argumento de que la escritura es una pasión por la cual se hacen las cosas “de onda”. “Las y los trabajadores de la palabra hemos producido y seguimos produciendo, sin retribución monetaria a cambio, la materia prima de una industria que mueve mucho dinero”, concluyó Mundani. En este tema coincidió con Saccomanno, quien en su discurso dijo que el prestigio literario no le sirve para pagar las cuentas del supermercado.

El esquema de tarifas propuesto no se restringe sólo a quienes escriben literatura, ya que abarca toda clase de libros -desde la novela autobiográfica hasta manuales escolares y tareas como los jurados de selección y final- e incluye además categorías y oficios de la industria que, salvo la traducción -cuyos profesionales están colegiados- no tenían honorarios fijos. Es el caso de las correcciones ortotipográficas y de estilo; de los informes y comentarios de originales y de los escritores contratados para investigar, entrevistar o proporcionar borradores a los autores o editoriales- entre otras categorías. (ver tarifario en esta nota) Según Guerrieri, se tomó como base para determinar los valores el salario mínimo vital y móvil a abril, y sus modificaciones se trasladarán de inmediato al esquema vigente. El sindicato, indicó, recibirá aportes de escritoras y escritores de las provincias para adaptar este esquema a cada realidad. La actualización será sencilla, ya que cada categoría tiene una banda mínima que se define a partir de las unidades de medida correspondientes a cada una.

En la presentación realizada en la feria, Silvina Rocha, cofundadora del Colectivo de Literatura Infantil y Juvenil -LIJ-, reconoció que “obviamente un escritor novel no podrá aspirar a cobrar lo mismo que uno de renombre y con 20 libros publicados, pero al menos el tarifario servirá de referencia. Hay una cifra que indica, como parámetro, a lo que uno como escritor debería mínimamente aspirar. La industria editorial no debería tomárselo a mal”.

Lo importante, señaló Guerrieri, es saber que el trabajo de escritura “debe pagarse”: hay que terminar con ese sentido común que dice “todos cobran menos el escritor, o el escritor cobra a los premios”.

 

Ver más en:

Cuánto deberían cobrar por su trabajo los escritores y escritoras: Presentan el primer tarifario de referencia

Los “trabajadores de la palabra” presentaron en la Feria del Libro un tarifario para valorizar su trabajo

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