-?
 
 
 
Columnistas
10/10/2021

Posesión comunitaria y propiedad privada: en la huella de Fvta Xayen

Posesión comunitaria y propiedad privada: en la huella de Fvta Xayen | VA CON FIRMA. Un plus sobre la información.

Los resguardos territoriales llevados a cabo por comunidades mapuche de Neuquén han visibilizado las tensiones que existen entre las dos formas de habitar un territorio: con título de propiedad privada o bajo el derecho constitucional de posesión comunitaria. La opinión pública se divide y ambas opciones parecieran irreconciliables pero ¿es imposible que esta dualidad coexista?

Fernando Barraza

[email protected]

Durante este año y medio de pandemia, al menos tres resguardos territoriales protagonizados por comunidades mapuche de Neuquén ganaron espacio en los medios de comunicación de la región y del país entero y altisonantes argumentos ideológicos ocuparon un lugar destacado en la prensa. Los medios empresariales más grandes tomaron posición inmediatamente y mucho del material que produjeron tuvo que ver con argumentos difamatorios, un alejamiento del tratamiento de las noticias de las secciones de política y sociedad, desplazándolas hacia la de policiales y -en muchas oportunidades- abriéndole micrófonos y otorgándole espacio concreto a personas que directamente aventaron un discurso racista y de odio en contra del pueblo mapuche. Lejos estuvieron de encarar sus notas, crónicas e informes para tratar de entender -y luego comunicar- que las situaciones de tensión territorial entre privados y comunidades responden a algo muy sencillo y también desatendido. Nunca se efectivizaron los relevamientos territoriales para determinar cómo se implementa la distribución y la coexistencia en geografías donde existen dos actores claros:

Por un lado los habitantes de territorios comunitarios tradicionales, grupo humano que desde la sanción de la nueva Constitución queda asistido por el derecho que se consagra a partir de una posesión territorial efectiva, es decir: un derecho que se sanciona desde del hecho constitutivo de haber habitado y seguir habitando esas tierras. Por eso es un derecho válido para los pueblos preexistentes, quienes nunca han abandonado la vida en esas tierras.

Por el otro lado, las empresas o personas físicas tenedoras de títulos de propiedad privada.

En este punto, toda vez que en el territorio conocido como Patagonia hay coexistencia efectiva de ambos actores, existe un nudo o cuello de botella que ningún estado ha tomado como acción de gobierno, ni ha buscado prácticamente una solución que distribuya y medie. En la mayoría de los casos aparecidos, ningún estado fue mucho más allá de lo meramente enunciativo.

Por eso -porque nada es claro si no se acciona lo que lo es necesario para aclarar las cosas- las puertas han quedado abiertas para que mediáticamente se cuele el discurso del odio, y para que la parte que tiene presencia mayoritaria en los intereses de los medios de comunicación masivos (la privada, claro está) pueda desarrollar una campaña de difamación sobre la otra parte, la del pueblo mapuche, la que habita ancestral y comunitariamente los territorios y la que exige que se haga valer el derecho constitucional a la posesión territorial comunitaria. Por todo esto, los reclamos y resguardos del lof (comunidad) Paicil Antreao en Villa la Angostura, los resguardos de Kaxipayiñ en Marimenuco y el más reciente resguardo de Fvta Xayen en el sector “Los Algarrobos” de Tratayen, han sido mostrados en la prensa como una ocupación, un avasallamiento en contra de la propiedad privada, una acción violenta por parte del pueblo mapuche, etcétera, etcétera.

A esta altura de los acontecimientos, no es difícil comprender que la estrategia comunicacional de los medios hegemónicos es demonizar a la parte actora que no responde a sus intereses económicos. No se está descubriendo nada nuevo ¿verdad? Lo cierto es que al difundirse éstas noticias cargadas de consideraciones maniqueas, y no mencionarse absolutamente nada de los derechos que asisten a ambas partes, o los distintos fallos judiciales que a favor de las comunidades se han encuadrado constitucionalmente, lo que se consigue es sembrar desprecio en la sociedad y ya se sabe bien que “a río revuelto...”

El viento sopla con la fuerza tozuda que suele tener en primavera y el paisaje que despliegaes el mismo de siempre: las matas más tiernas danzan y el jarillal se deja acariciar estoico, casi inamovible. Pero esta primavera hay una postal que no es la misma de siempre, es una secuencia distinta. En la parcela que todo el mundo llama “Los Algarrobos” hay un pedazo grande que está desmontado y la tierra vuela suelta, como si fuera una secuencia de una de esas películas filmadas en algún desierto de medio oriente, donde apenas e alcanzan a ver las siluetas de las personas atrapadas en la inclemencia. En medio de esa postal viva y terrosa, una wenufoye -bandera del pueblo nación mapuche- flamea sobre el techo de un pequeño refugio hecho de cantoneras. Esa construcción transitoria y precaria es lo que la comunidad mapuche de Fvta Xayen, radicada desde siempre en una franja del territorio conocido en cartografías provinciales como Tratayen, ha denominado: “El resguardo de Los algarrobos”.

 

Tratayen es la región ubicada entre San Patricio del Chañar y Añelo, en el triángulo conformado entre las Rutas 17 y 7. Hacia el suroeste de la 7, baja el Río Neuquén. Sobre la 17, se yergue la meseta. El lugar, dentro del mapa político económico de la región, ha perdido peso como sitio autónomo per se y poco se menciona como Tratayen, cada vez menos como Añelo y ha quedado rebautizado por esa entelequia conocida como “Vaca Muerta”. Tanto es así, que las personas que van de tránsito, haciendo turismo por la región, circulan por Tratayen o Añelo teniendo la sensación total de estar recorriendo “Vaca Muerta”, y no otro sitio.

Inocencia Romero camina por el corral más grande del puesto 3, que es como se le llama a su actual residencia, encaramada sobre la meseta que se yergue a un par de kilómetros de la ruta 7. Allí abajo, contra la ruta, está el resguardo de Los Algarrobos, lugar donde nació Inocencia hace 80 y tantos años, y allí vivió mucho tiempo de su intensa vida. Ahora está en la meseta, porque los sucesivos “reubicamientos de familias” la fueron llevando para arriba, al lugar donde llevar agua es un acto épico.

 

Es época de parición y varios chivitos medio guachitos andan buscando de dónde prenderse para tomar teta. Inocencia anda con el bastón en el corral, seleccionando con cintas de colores cuales chivitos tomarán de qué teta. Su andar lento se contrapone a la velocidad con la que sus hijos enlazan chivas para que den de amamantar. Uno de ellos es el logko Martín Romero, quien sonríe con la sonrisa más amplia del mundo y dice con mucha ternura: “la mami ya está grande, se le mezclaron un poco los chivitos este año”. En su decir hay respeto y amor por esa mujer que ha comandado la familia durante años, décadas y décadas. Inocencia es la hija de Damiana Paynemil, mujer compañera de vida de Luis Alberto Mardone, quienes tenían su ruka (casa) en Los Algarrobos y vivían en ese extenso territorio comunitario que iba desde la costa del Río Neuquén hasta bastante más arriba de Los Pilares. “Entonces los militares embalsaron el río -dice la mujer, cerrando los ojos para recordar-y ahí nos corrieron para acá arriba” Se mira las manos y piensa. En todos esos recuerdos hay una huella con impresiones de despojo. Solo vuelve a recuperar una sonrisa cuando se le pregunta sobre su huerta.

 

El resguardo de Los Algarrobos es noticia desde hace una semana y media en medios regionales y de diferentes partes del país, llegando inclusive a ser mencionado en una nota de tapa del Diario Clarín en la que se desprende que “los mapuches” (un genérico constante en medios nacionales, como si el pueblo nación mapuche fuera una sola “tribu”, alojada en un solo lugar desde el que pergeñan todas sus tropelías ilegales) le prohíben a un empresario neuquino ingresar a sus propias tierras.

Mas, en la vereda de enfrente de este discurso oficializado, listos y dispuestos a otorgar las explicaciones pertinentes con respecto al resguardo que están llevando a cabo en Los Algarrobos, se encuentra hoy por hoy la comunidad de Fvta Xayen que, en este mes de vientos, encara una vigilia en el refugio precario que montaron, soportando la increíble cantidad de tierra suelta que se levanta a raíz de la tala de monte nativo que efectuaron las máquinas contratadas por el actor conocido en medios como “el empresario neuquino”. Por esta tala, que surgió de la iniciativa del empresario Galván de cruzar la ruta 7 en dirección a la meseta para alisar el terreno para ampliar sembradíos, es que esa franja de territorio ha quedado yerma y desertificada, siendo un sector de circulación comunitaria e inclusive de llegada de ganado de las familias que habitan y conforman la comunidad de Fvta Xayen desde hace varias generaciones.

Martín Romero es el logko de la comunidad Fvta Xayen. Desde diferentes parajes del centro y este de la provincia solían visitarlo para pedirle trabajos de trenzado en cuero: “lazos, encimeras, lo que la gente quisiera, todo hacía” dice el logko, mientras, sentado frente a ella, ayuda a su madre a hilar la lana de ovejas que utilizaran para tejer pulóveres y alguna que otra manta: “ahora no trenzo más el cuero, la vista no me acompaña”, se señala los ojos y sonríe. Martín honra el recorrido de vida de sus ancestros sin desconocer ni soslayar las irregularidades acontecidas durante décadas que hicieron que la mayoría de las familias hayan sido empujadas coercitivamente hacia arriba, hacia la meseta, lejos del río. Es un hombre reflexivo, pero también de acción. Se lo puede ver enlazando una mañana, dentro del corral, y a la mañana siguiente uno lo puede encontrar en el resguardo del lof Kaxipayiñ, en Marimenuco, o conversando calmadamente ´a la orilla del alambre´ con la policía que se acerca hasta el propio resguardo de su comunidad. “Hay que juntarse, eso es lo que hay que hacer”, suelta al pasar, mientras le da forraje a los chivitos más grandes, todos reunidos en un pequeño corral. De regreso a la casa señala un poste caído y el alambre vencido, uno de los grandes vientos de septiembre hizo volar el techo de la habitación de su madre, completo, de cuajo. Todos ponemos cara de impresión, él sonríe, sabe que kvrvf (el viento) es un espíritu poderoso

 

El caso del resguardo de Los Algarrobos puede ser considerado como algo chico y de significancia relativa, pero -por el contrario- se convierte en algo emblemático toda vez que pone nuevamente en la palestra un tema que genera tensiones desde hace 27 años, cuando se reformó nuestra Constitución Nacional y se declaró el derecho de los habitantes de pueblos originarios a la posesión de los territorios que habitan ancestralmente. Este reconocimiento de carácter constitucional, trajo consigo una ampliación de derechos para las miles de familias que -en todo el país- habitaron genuinamente las tierras desde generaciones que llegan a perderse en la reseña temporal que los Estados (nacional y provinciales) son capaces de relevar mediante archivos oficiales.

¿Y si la preexistencia queda acreditada, dónde estaría el problema entonces? dirá el lector suponiendo que esto se resuelve lógica y fácilmente en un mundo con sociedades justas. Bien, el problema está en que este nuevo derecho reconocido, el de posesión legítima por habitación ancestral, choca en la mayoría de los casos con los derechos consagrados a través de la escrituración de propiedad que diferentes empresas o personas físicas particulares poseen, poseyendo documentos que el Estado Argentino certificó a través de la sesión de terrenos que declaró como públicos y fiscales desde finales del Siglo XIX hasta la fecha.

Allí, en esa dualidad, está el eje de esta tensión: la Constitución confirma que los originarios tienen derechos a poseer las tierras que ancestralmente habitaron, antes -inclusive- de la consolidación de los estados vigentes; pero poco y nada puede hacer semejante declaración de derechos frente a la realidad de despojo a la que fueron sometidas esas comunidades en todos estos años de acción directa de estados y privados. Ese despojo surgió y se hizo efectivo en campañas militares estatales, genocidios que -por suerte- han comenzado a revisarse desde lo histórico y lo jurídico. De esas matanzas acreditadas por la historia surge lo más ríspido y tensionante de esta problemática: diversos títulos de propiedad fueron extendidos sobre esos territorios de manera espuria, desatendiendo por completo la otra parte de la cosa: el derecho ancestral de las familias originarias a habitar esas mismas tierras que se estaban escriturando a favor de privados.

Es por todo esto que en este momento de la historia de nuestro país surge la tensión entre los dos actores con derechos legales sobre los mismos lugares: por un lado las comunidades preexistentes, habitantes de territorios gestionados de manera comunitaria y por el otro las empresas, holdings agrarios y personas físicas que suelen terminar mostrando a cámara sus títulos de propiedad alegando que la verdad última es la que dicta que una escritura de propiedad privada.

El werken (vocero de su comunidad) Diego Rosales cruza a contraviento por el espacio medio que queda entre Los Pilares, dos imponentes y gigantescas figuras de roca que se levantan por entre el monte de la planicie que está debajo de la meseta. Aquí y allá va señalando lugares en los que desde niño él y sus primos sabían que había restos fósiles antiquísimos, restos que -actuando en consecuencia a la filosofía ancestral mapuche- supieron proteger y cuidar comunalmente durante generaciones, hasta conseguir que los estadios nacional y provincial tomaran cartas en el asunto de la declaración y acción de preserva paleontológica. De esta acción de preserva conjunta realizado milenariamente por la comunidad de Fvta Xayen y recientemente por los protagonistas paleontológicos de Nación y Provincia de Neuquén, ha “nacido” para el mundo el dinosaurio Tratayenia Rosalensis (nótese: primer nombre, el del lugar, segundo nombre, el de la familia habitante ancestral del lugar que encontró y preservó los restos), una especie única hallada en los yacimientos paleontológicos de Tratayen que Diego, su papá y su mamá, sus abuelos y los abuelos de sus abuelos cuidaron durante siglos.

El werken rememora sitios, huellas, restos fósiles y diferentes pu newen (energías) que habitaron y habitan el lugar que ellos viven comunitariamente. Mientras recuerda y señala, también menciona que durante estas semanas de conflictos con Galván, personas de civil armadas con armas largas y vestidas de fajina militar, recorrieron la zona, entrando a las picadas petroleras y dejando en claro que hay cosas que se pueden hacer y otras que no, que hay lugares por los que se pueden circular y otros que no. Diego sabe de qué se trata esta presencia, pero no puede terminar de comprenderla, porque siempre han circulado libremente por ese territorio, en armonía con sus cotidianidades, cuidando y respetando cada acre. “Solo le digo a mi gente que no provoquemos ni discutamos con esa gente hasta que alguien de la justicia no se acerque, les pregunte y constate quienes son y a qué vinieron”, dice. Su primo asiente, pero en los medios se dice que los violentos son ellos dos.

 

Mientras las noticias de demonización mapuche se desparraman viralmente por las redes, el martes de esta semana (justo el día en el que las redes cayeron por ocho horas) el Gobierno de la Provincia de Neuquén se reunió con autoridades de INAI, con autoridades del lof Kaxypaiñ y con representantes del Zonal Xawnko de la Confederación Mapuche de Neuquén para conversar (por tercera vez en el año) sobre un tema puntual: el resguardo que Kaxypaiñ realizó frente a la entrada del Club Marimenuco, una cuestión que se nacionalizó como tema saliente. El tema que el gobierno consideraba central en la reunión, se solucionó. Frente a los ojos de la máxima institución nacional ejecutiva de los asuntos indígenas, Kaxypaiñ obtuvo una respuesta y la parte privada del club también. Pero lo más importante que surgió de aquella reunión fue algo que trasciende este resguardo en particular y que la Confederación venía militando desde hace mucho tiempo: el gobierno neuquino se comprometió a comenzar el 12 de octubre (¡que resignificación de esa fecha!) con las acciones que desemboquen en el inicio del relevamiento territorial en toda la provincia, acción que traerá muchísima claridad en este tema vinculado con los derechos de posesión (propiedad) de tierras comunitarias tradicionales, una instancia que los pueblos originarios de Argentina -y en especial el pueblo mapuche- vienen solicitando insistentemente desde hace décadas.

Resta esperar ahora que el relevamiento efectivamente comience, que las partes involucradas participen con proporciones de desempeño equitativas, que nadie de los que tienen que estar quede afuera. Una vez realizado esto tan importante, lo que sigue será hacer funcionar un cambio de paradigma en la manera de presentar en sociedad las cosas: ya no habrá oportunidad de demonizar comunidades, ni pueblos originarios. Si a las empresas les sigue cerrando el discurso de la propiedad privada por sobre todos los otros valores civiles y comerciales, no podrán acusar de bandoleros violentos a la otra parte, la que plantea, practicó y practica la posesión para el uso comunitario de los territorios habitados.

Con el relevamiento bien efectuado, los medios de comunicación deberían detener la demonización. Si mantienen el racismo y la injuria en pie… pues bien… muchas caretas volarán y terminarán por caer al piso para mostrar claramente desde dónde se enuncia y qué intereses se persiguen. Será este un kvrrvf (viento) de claridad que -tal y como hizo con el techo de doña Inocencia- demostrará quien es quien en materia de valores y en materia de búsqueda y comunicación de las verdades más justas.

29/07/2016

Sitios Sugeridos


Va con firma
| 2016 | Todos los derechos reservados

Director: Héctor Mauriño  |  

Neuquén, Argentina |Propiedad Intelectual: En trámite

[email protected]