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Un relevamiento realizado en todo el país por la consultora Innova Opinión Pública da en el corazón del relato libertario. El malhumor social por la plata que no alcanza y el deterioro de la calidad de vida hace de caja de resonancia de las denuncias de corrupción, que esta semana colocó en el centro de la escena al jefe de gabinete, Manuel Adorni.
Pero la peor noticia para el gobierno de Javier Milei está en la caída de las expectativas, en “la incertidumbre y la tristeza” con una amplia mayoría de los encuestados que vive el presente. El Presidente acumula un 59% de valoración negativa, dato que sin bien puede ser fluctuante, confirma el deterioro del clima social y político.
“Los hechos de corrupción que están alrededor del gobierno, en el contexto de esta percepción de la situación económica, adquieren otra relevancia, que es inversamente proporcional a cuando hay bonanza, donde la mirada suele ser más laxa”, advierte Guillermo Variego, director de Innova, quien en diálogo con
analizó los resultados del relevamiento.
Un vocero en apuros
La encuesta (1830 casos efectivos, mayores de 16 años de todo el territorio nacional) arroja una respuesta categórica sobre los hechos de corrupción que se le imputan a Manuel Adorni.
“Hicimos una pregunta concreta: ‘Para usted, el jefe de gabinete, Manuel Adorni, ¿es honesto o corrupto?’ Y obtuvimos una respuesta muy contundente: el 70% no le cree, piensa que es corrupto. El 26% responde que es honesto, mientras que el 4% no lo sabe”, relata Variego.
“En términos de análisis -subraya- nos preguntamos por qué calaron tanto y tan pronto estos hechos. Hay una contradicción clara entre lo que fue el posicionamiento de Adorni desde que entró a la política, incluso en su rol de vocero de la presidencia de la Nación, con todo esto. Entonces, la gente interpreta rápidamente ese nivel de contradicción”.
Las acusaciones sobre el funcionario se suman a otras que apuntan directamente al presidente Javier Milei y a su hermana Karina, secretaria general de la Presidencia, como el estafa con la criptomoneda Libra o los audios sobre supuestas coimas en la Agencia Nacional de Discapacidad.
El interrogante que desvela a los analistas, y también al corazón del poder libertario, es si el caso Adorni marcará una cota en la tolerancia social respecto a las denuncias de corrupción, dado que afectan una de las banderas centrales de la narrativa oficialista.
“Por su dinámica híper personalista, que se apoya sobre el liderazgo de Javier Milei, lo que afecta al Presidente afecta, de alguna manera, al gobierno. Hay que ver hasta qué punto el escándalo en torno a la criptomoneda Libra puede llegar a calar en la sociedad. Erosiona el relato, pero no se sabe con qué profundidad”, señala Variego.
Un escudo para Milei
El caso Espert, quien debió renunciar a su candidatura en los últimos comicios bonaerenses acusado de vínculos con el narcotráfico, es tomado como referencia por los analistas. Fundamentalmente, porque a pesar de lo ocurrido y probado el gobierno logró ganar la elección no sólo en la provincia de Buenos Aires sino en catorce distritos.
El titular de Innova reseña que desde la llegada de Milei a la Casa Rosada “hubo una cambios de funcionarios, incluso de candidatos, en situaciones polémicas, escandalosas, pero que no terminaron de afectar directamente a la gestión, ya que funcionaron como barrera, dejando el estigma o el escándalo solo alrededor del dirigente señalado”.
“En el caso Adorni, si bien ahora aparecen fotos con algunos dirigentes, la defensa es también cuasi personal”, subraya Variego, y añade que el jefe de gabinete “sale solo, de forma errónea en términos de gestión de crisis, primero en una entrevista y después en conferencia de prensa, y lo único que logra es profundizar la crisis”.
“El presidente -agrega- debe estar hasta un poco conforme con que la marca se la lleve a Adorni y que el ‘caso Libra’ pase a segundo plano, porque claramente lo que afecta al presidente alcanza a toda la gestión, a la suerte del gobierno”.
Desaprobado
En este contexto, según el relevamiento, la valoración negativa de Javier Milei alcanza el 59 %, en tanto que la positiva el 41 %. Esto confirma una caída en la imagen presidencial que, sin ser abrupta, es sostenida desde las elecciones de medio término, algo en lo que coinciden diferentes estudios de opinión.
“Se lo puede vincular con los casos de corrupción, pero también con la situación económica”, advierte el consultor, quien cuenta que “nosotros preguntamos cuál es el principal problema del país, y aparecen, en primer lugar, los sueldos, con el 27 %; el aumento de precios y tarifas, en segundo lugar con el 20 %; después la inseguridad, la corrupción, la desocupación y la pobreza”, agrega.
“Los dos primeros -concluye- suman el 47 %, casi la mitad de las respuestas. La preocupación pasa por el ingreso, el sueldo, los gastos, si se llega a fin de mes y se pueden cumplir los compromisos que cada ciudadano tiene; y esto estresa a la sociedad”.
Con la necesidad a flor de piel, la mirada colectiva puede volverse más aguda y puntillosa sobre temas que, si las vacas no estuvieran tan flacas, adquirirían otra dimensión.
Variego explica que “los hechos de corrupción que están alrededor del gobierno, en el contexto de esta percepción de la situación económica, adquieren otra relevancia, que es inversamente proporcional a cuando hay bonanza, donde la mirada suele ser más laxa”.
Expectativas a la baja
Desde que es presidente, Milei se refugia en las expectativas que genera. Aun cuando la mayoría de los argentinos sabía que su situación empeoraba, o que no era buena, una parte importante de ellos manifestaba que el futuro iba a ser mejor. Este capital político, ahora, se estaría erosionando.
“Nosotros preguntamos ‘qué siente usted frente a la actualidad del país’ y dimos ocho opciones de emociones, positivas y negativas: Incertidumbre, esperanza, tristeza, miedo, bronca, tranquilidad, entusiasmo, felicidad. La respuesta fue incertidumbre, con el 33 % de las menciones; después aparecen esperanza y tristeza con el 13 %; miedo con el 10 %, bronca con el 9 %, y cierran las otras, positivas”, detalla el analista.
Para Variego, “tenemos casi un tercio de la población que dice que la principal emoción que tiene es incertidumbre; y la incertidumbre no es fácil de gestionar”.
“Vemos también que las emociones negativas son muy superiores a las positivas, lo que indica que el ánimo de la sociedad está más cerca de una sintonía negativa que positiva, con lo cual las expectativas hacia el futuro, claramente, son menores”, argumenta.
La foto y la película
La imagen es contundente, pero también fiel. Una encuesta es una foto, un estado de cosas en un momento específico, determinado, pero no toda la película. Por esa razón, la pregunta que inquieta al gobierno es en qué medida, y de qué modo, el estado de ánimo puede volver a cambiar, a resultar de nuevo favorable.
Variego subraya que “con esta medición, y con estos datos, hay que prestarle atención a las problemáticas, ver si la preocupación de los ciudadanos sigue vinculada directamente a la situación económica. Eso va a hacer que la mirada empiece a ser mucho más aguda sobre los dirigentes y que estos puedan, o no, modificar la imagen que muestra el relevamiento”.
Y agrega: “Si eso cambia, es probable que todos estos escándalos empiecen a tener una mayor tolerancia. La valoración del gobierno va a ir en sintonía con esto. Lo que hoy predomina, y determina el clima social, tiene que ver con la economía de las familias”.
La sombra de los años 90, de los dos gobiernos de Carlos Menem, se agiganta en una comparación que Javier Milei no debe obviar. De la esperanza de un futuro mejor que canalizaba el aforismo menemista “estamos mal pero vamos bien”, al derrumbe que provocaron los casos de corrupción cuando el modelo económico que sostenía la convertibilidad comenzó a agotarse.
Variego traza un paralelismo entre aquellos días y los actuales en términos de expectativas. “Milei llegó a las elecciones del año pasado con una valoración no muy buena, en caída, pero logró revertir eso gracias al voto de confianza de la sociedad. El voto fue hacia el Presidente y hacia lo que él encarna como líder del proyecto, y no por otro argumento. Hubo un voto de confianza y una apuesta”.
Y aclara: “¿Esto se puede volver a repetir en 2027, con este estilo de gobierno y esta dinámica de gestión? Hay mucho camino por recorrer como para animarse a pronosticar algún rumbo en la elección presidencial del año próximo”.
Un llamado a la oposición
A la luz del relevamiento, hay otro interrogante que crece en una parte importante de la sociedad, y también, claro, del sistema político: ¿En qué medida estos números y variables están influidas por la oposición al gobierno, por su capacidad de constituirse en alternativa, de encarnar algo distinto?
“Nosotros preguntamos si lo mejor para el futuro del país es la continuidad de Milei y el 33 % dice que sí. Por un cambio de gobierno, se pronuncia un 58%. Esto, leído rápidamente, significa que hay mucha gente que quiere un cambio”, resalta Variego.
Sin embargo, al acercar la lupa y ver el detrás de escena de la aritmética, la ecuación no es tan clara, al menos en términos político-electorales. “Milei, en este contexto adverso, reúne prácticamente un 30% de los votos, lo cual es un piso muy interesante para una elección presidencial”.
La otra cara de esa moneda es la oposición. El consultor destaca que “todavía no aparece un dirigente opositor con un liderazgo claro, alguien que pueda capitalizar esto que pierde el gobierno”.
“Estos números, con las cosas como están, son una pérdida para el gobierno pero con posibilidad de recuperación, en la medida que no haya enfrente quien logre generar otro nivel de expectativa, ya hacia adentro de la política, ya hacia la sociedad, alguien que pueda disputar simbólicamente el escenario político”, destaca.
Con un economía que según las estadísticas oficiales solo arranca en las regiones y actividades vinculadas al sector energético, al agro y a la minería; con el malhumor social que provoca el deterioro de los salarios, el empleo y el poder adquisitivo, y asediado por denuncias de corrupción, el gobierno de Javier Milei atraviesa un momento bisagra.
Los efectos de lo que hoy dicen encuestas y relevamientos dependerán, en buena medida, de lo que haga la Casa Rosada, pero también, de lo que suceda en la “vereda de enfrente”.
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