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Argentina
15/03/2026

De Milei a Lula, la guerra en Medio Oriente ya está entre nosotros

De Milei a Lula, la guerra en Medio Oriente ya está entre nosotros | VA CON FIRMA. Un plus sobre la información.

La guerra que Estados Unidos e Israel desataron contra Irán tiene consecuencias impredecibles. El impacto político y económico sobre la Argentina y América Latina. El belicismo de Milei, la templanza de Lula. El quiebre de Europa, la paciencia de China. Todo puede cambiar, pero la dirección es todavía una incógnita.

Daniel Giarone

El lunes pasado, con muy pocas horas de diferencia, Javier Milei y Luiz Inácio Lula da Silva le tomaron el pulso a la guerra que los Estados Unidos e Israel desataron el 28 de febrero pasado, cuando atacaron Irán. El conflicto empieza a sentirse en América Latina, tanto por sus implicancias económicas como por el reacomodamiento geopolítico que trae aparejado.

Mientras Mieli sostenía en la Universidad Yeshiva, en Nueva York, que era el presidente “más sionista del mundo”, calificaba a Irán como “enemigo” y pronosticaba que “vamos a ganar”, Lula recibía a su par sudafricano, Cyril Ramaphosa, llamaba a terminar con la guerra y planteaba que “si no nos preparamos para defendernos, en cualquier momento nos invaden”.

Las consecuencias del conflicto bélico, por estas horas imprevisibles y que agrieta alianzas históricas tanto en Europa como en Medio Oriente, multiplica los interrogantes en la región, que con la llegada de Donald Trump a la presidencia de los Estados Unidos sufre en carne propia la intervención militar, política y económica de la Casa Blanca.

“El impacto de la guerra es negativo para América Latina, básicamente porque lo que hace es alinear a los gobiernos de derecha con Donald Trump y con la entrega de espacios territoriales para operar como bases militares. El llamado ‘Escudo de las Américas’ es la confirmación de que hay una serie de países que están dispuestos a ceder sus espacios aéreos, territoriales y soberanos para la intervención de Estados Unidos en la región”, explica a Va Con Firma Yair Cibel, licenciado en Comunicación Social y director de la Diplomatura en Periodismo Internacional de la Universidad de Buenos Aires.

En el plano económico lo que ocurre es similar, aunque con marcadas diferencias según el posicionamiento de cada gobierno. “Lula está haciendo otra cosa (que Milei) y en el país más grande de Sudamérica. Y México también. Las reformas laborales tanto en Brasil como en México, incluso en Colombia, van para otro lado que en la Argentina. Acá se está privilegiando a las empresas grandes. Entonces va todo para el mismo lado: Acuerdo en Estados Unidos, RIGI, reforma laboral”, asegura a Va Con Firma el politólogo con formación en política económica Hernán Herrera, quien además coordina el área de Economía del Instituto Argentina Grande.

El patio trasero

Latinoamérica va hacia “un refuerzo de la doctrina Monroe, en una reversión de ‘América para los norteamericanos’ donde Trump asume que la región es su patio trasero y radicaliza el sometimiento”, alerta Cybel. Y pone como ejemplo la controvertida visita de un avión de la Fuerza Área de los Estados Unidos a Tierra del Fuego en enero pasado.

“El avión visitó Ushuaia, donde está la conexión bioceánica; San Juan, donde está la cuna de nuestros recursos minerales; y Neuquén, la base hidrocarburífera argentina. Esto demuestra cuál es el interés de Estados Unidos: el control de rutas estratégicas, las conexiones y los corredores bioceánicos; el control de materias primas sensibles, como los minerales raros, el litio, el oro; y el control de los hidrocarburos, el eje en la energía. Imaginan una Argentina exportadora, pero esta vez de energía y minerales”.

“Lo que estamos viendo -detalla- es una radicalización de las derechas hacia el interior de nuestros países y también una militarización del mundo. Lula salió a advertir que nadie más que nosotros podremos defendernos. Brasil, un país que históricamente ha pregonado la solución pacífica de los conflictos, está viendo que frente a la belicosidad es necesario fortalecer los sistemas de defensa, algo que Argentina hace en sentido contrario, con la entrega de espacios estratégicos a potencias extranjeras”.

El mapa regional se completa con la oposición a la guerra y a las acciones unilaterales de los Estados Unidos por parte de las principales economías de la región, encabezadas, además de Lula, por Claudia Sheinbaum (México) y Gustavo Petro (Colombia).

“Lula es un contrapeso a la figura de Milei. No fue a la cumbre de las Américas, como tampoco lo hicieron México y Colombia. Brasil, como potencia del BRICS y pionero en la discusión de un mundo multipolar, es antagónico a lo que promulga Estados Unidos. En este sentido se puede leer el encuentro con el presidente de Sudáfrica, el de la cooperación Sur-Sur de dos países muy importantes en América y África”, destaca Cybel.

Una economía vulnerable

Arrastrada por el precio del petróleo (al cierre de esta nota el barril superaba los 100 dólares) la economía mundial empieza a sentir los coletazos de la guerra, lejos de la euforia belicista. La pregunta es qué puede pasar con economías como la argentina, muy dependientes del precio del dinero y de los dólares que no genera.

“Argentina es muy vulnerable a cualquier situación de shock externo. Al no tener regulaciones a la salida de divisas, a la volatilidad de las inversiones; cualquier movimiento fuerte nos genera cimbronazos. Por eso hay que construir regulaciones que no nos dejen tan expuestos, e independencia económica para tener algún tipo de gobernabilidad. Hoy hay apertura en la salida de divisas para personas humanas y eso se nota con mucha fuerza cuando ocurre este tipo de shocks. Necesitamos un plan industrial, de desarrollo nacional, y situaciones como esta lo alejan todavía más”, explica Herrera.

En este contexto, explica el experto, el gobierno pierde gobernabilidad. “La certidumbre, como están las cosas, termina siendo más ajuste, en lugar de más plan industrial. Esto, con una obra pública 80 % abajo de lo que era en 2023, y con subsidios que cayeron el 60 %. Todo hace que el ajuste se profundice, porque necesitan tener control sobre el sector externo, que exige más dólares. Y genera una economía aún menos productiva”.

Entre los efectos positivos del nuevo escenario, algunos analistas señalan la mayor capacidad del país para producir hidrocarburos, fundamentalmente gracias al desarrollo de Vaca Muerta. Herrera anota que “si los precios son más altos puede haber más inversiones en Vaca Muerta, y en lo vinculado a la energía; la minería también va a tener una mejora, y los precios pueden mejorar en el aceite de soja y en los alimentos”.

“El 20 % del movimiento del crudo del mundo -añade- pasa por el estrecho de Ormuz, que al cerrarse o cuasi cerrarse, hace que caiga la oferta de todos esos productos, porque la producción de alimentos, por ejemplo, también depende mucho de la energía para su elaboración. Destaquemos, además, que si podemos referir un aspecto beneficioso, es porque Vaca Muerta tiene una política de estado detrás, desde la estatización de YPF, por lo menos”.

¿Y ahora qué hacemos?

El interrogante es qué impacto puede tener el nuevo escenario mundial en términos de producción interna. “Con la lógica de la desregulación y del RIGI, estamos lejos de que los beneficios lleguen al conjunto de la sociedad. Podés tener buenos precios, pero no está claro que por ese camino se genere más industria, al revés. Tomamos la ventaja de los precios, pero vemos que aumentan las cosas y sigue cayendo el mercado interno”.

La guerra también puede tener un impacto negativo sobre la inflación, bandera central de la administración nacional. Más aún cuando el Índice de Precios al Consumidor (IPC) está lejos de desacelerarse: el INDEC lo fijó en 2,9 % para febrero, con un incremento interanual del 33,1 %. Lo que se agrava por la caída de la actividad económica.

“Los aumentos –explica Herrera- reducen los ingresos en un contextos donde se despiden trabajadores vía apertura importadora y por la caída de mercados externos ante la falta de competitividad por el precio del dólar; un conjunto de cosas que achican el mercado interno. Y la industria, en términos generales, depende más del mercado interno que del externo. Recordemos que hay 22000 empresas menos desde que Milei está en el gobierno”.

“Se busca una reconversión a nivel industrial, pero sin pensar cuánto aprovechar de esa reconversión. Se deja crecer a los sectores extractivistas, y que estos se disocien del ciclo del país. Ellos pueden crecer, pero la Argentina sigue cayendo. Y esto es un problema”, advierte el especialista.

Haz lo que yo digo…

Milei sumó en marzo su visita número 16 a los Estados Unidos, con el llamativo récord de viajar a Norteamérica casi una vez cada dos meses de gobierno. El alineamiento incondicional con los Estados Unidos, sin embargo, no disimula los contrastes.

“El proyecto económico de Trump tiene poco y nada que ver con el proyecto libertario. Trump busca que Estados Unidos deje de ser dependiente de cadenas de suministro de los países con los que está en disputa, ya que cede posiciones tecnológicas dentro de una globalización en la que ya perdió. Busca que esas industrias vuelvan al país, o por lo menos estén en naciones amigas, aun cuando estas no obtengan mayor beneficio”, destaca Herrera.

Y agrega: “Está pensando en cómo producir más y hacer que los estadounidenses tengan mayor producción en un contexto muy agresivo. Estados Unidos se dio cuenta de que estaba perdiendo posiciones y salió a hacer estas cosas, aunque es muy difícil saber dónde ni cómo terminan”.

Para el politólogo, la realidad nacional es la opuesta. “Argentina enfrenta la retracción externa y la dificultad de acceder a los dólares. Aun pensando que la situación actual produzca ‘viento de cola’, si después no se logra desarrollo interno a nivel regional, y ampliado con otros países, va a servir para muy poco”.

“Lula está haciendo otra cosa y en el país más grande de Sudamérica. Y México también. Las reformas laborales tanto en Brasil como en México, incluso en Colombia, van para otro lado que en la Argentina. Están reduciendo las jornadas semanales, por ejemplo. Acá se está privilegiando a las empresas grandes que están vinculadas con este estado de cosas. Entonces va todo para el mismo lado: Acuerdo en Estados Unidos, RIGI, reforma laboral”.

En términos políticos, los planetas sí parecen alinearse y sitúan a la Argentina como la referencia principal en la región del nuevo orden mundial que Trump pretende instalar.

Así lo entiende Cyble, para quien “Milei está claramente alineado con el eje Epstein. Es decir, una alianza incorruptible entre el sionismo y el bipartidismo estadounidense. No se trata solo de intereses geopolíticos y económicos, sino de un alineamiento ideológico, que también tuvo Bolsonaro, que se fue a bautizar al río Jordán, en Israel, o poseen Trump y su yerno (Jared Kushner), que es uno de los principales operadores del sionismo”.

El especialista ubica en esta posición al marido de Patricia Bullrich, Guillermo Yanco, e incluso a dirigentes del peronismo. “Lo más complejo es que el sionismo -advierte- no está solo en los proyectos de derecha, sino que permea en las estructuras del peronismo. Preocupa lo de Milei, por supuesto, pero también lo de quienes deberían denunciar ese mundo de explotación y genocidio”.

Gritos y susurros

La incertidumbre respecto a lo que puede ocurrir no es patrimonio de la Argentina, pero lo que el gobierno haga, o deje de hacer, atenuará o acentuará los males que lleguen con el mundo que surja después de la guerra.

“Si la Argentina logra estabilizarse, tiene más dólares, y más problemas en el mundo para colocar u obtener oferta; si hay algún tipo de reindustrialización espontánea, porque todavía estamos en el ciclo de reconvención y caída de industrias, el gobierno pierde gobernabilidad, porque modifica la lógica del modelo actual”, subraya Herrera.

“Pero quizás esto no ocurre y tiene la capacidad de mantenerse en esta lógica durante años. Hay que ver también como trabajan con la deuda, si no se arrebata. Y si perforan el riesgo país. Si esto es así, van a seguir en la senda actual. La preocupación más grande viene por el lado de cuánta industria, cuánta producción y cuánto desarrollo e inclusión se puede generar”.

En el terreno geopolítico la perspectiva tampoco es tan clara, entre otras cosas porque los tiempos de potencias como Rusia, y fundamentalmente China, parecen ser otros.

“La posición de Rusia es compleja porque es un país que si bien está muy alineado históricamente con Irán, también tiene diálogo muy fluido con Israel, con quien tiene intereses comunes en distintas partes del mundo”, menciona Cybel, para quien China, en cambio, “tiene una posición casi peronista: prefiere el tiempo a la sangre, como dijo Perón alguna vez”.

Y suma: “China sabe que en materia económica, financiera, científica y tecnológica está superando a Estados Unidos, pero que tiene dos derrotas todavía claras: la militar y la comunicacional. Estados Unidos le lleva varios cuerpos tanto en el desarrollo militar como en la industria cultural”.

“Por eso creo que mira, con la paciencia de ser civilización milenaria, lo que pasa en el mundo. Sabe manejar el ‘tiempo oriental’ frente a la vorágine que impulsan Trump y Occidente”.

Lejos de la intervención corta y fulminante que pretendía Donald Trump, la guerra contra Irán no parece ser un movimiento rápido en el tablero geopolítico. Tampoco lo serán las consecuencias económicas, políticas y militares que tendrá en América Latina, llamada a un papel que hubiese sido preferible evitar.

29/07/2016

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