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En las unidades de detención de la provincia de Neuquén más de 500 personas se inscribieron este año para completar sus estudios de nivel primario y secundario. Desde que comenzó la pandemia y con la suspensión de las clases presenciales sufren enormes dificultades para acceder a la educación. Los obstáculos principales son la falta de un protocolo para dar clases presenciales, y la ausencia de computadoras y de conexión a internet para dar clases virtuales. Para no caerse del sistema, los alumnos completan cuadernillos que, muchas veces, se pierden en el laberinto del sistema penitenciario, mientras que los docentes buscan dar continuidad educativa a quienes, aseguran, son el "último orejón" del sistema educativo.
La Educación en Contextos de Privación de Libertad es la modalidad destinada a garantizar el derecho a la educación a todas las personas privadas de libertad en la provincia. El Centro Educativo Provincial Integral Nº 1 (CEPI) es la institución encargada de administrar y organizar los diferentes niveles educativos dentro de esa modalidad, que se dicta en todas las unidades de detención de la provincia (tres ubicadas en Neuquén capital, y una en Chos Malal, San Martín de los Andes, Junín de los Andes, Cutral Co y Zapala), los espacios de internación (dos en Neuquén y uno en Arroyito) y el Complejo Penitenciario Federal de Senillosa.
Las personas detenidas en la cárcel federal tienen entre 21 y 65 años, algunos son oriundos de Neuquén o de otras provincias, y otros son foráneos, principalmente provenientes de países de América Latina pero también hay de Estados Unidos y Europa. En tanto, en las unidades provinciales hay alojados jóvenes de 18 años en adelante.
Actualmente, hay entre 250 y 300 estudiantes matriculados para estudiar en el nivel medio, y otros 270 en el nivel primario. Entre un 30 y un 35 por ciento de la población carcelaria total de Neuquén concurre a las aulas del nivel primario, y un 40 por ciento está terminando el secundario. El porcentaje restante corresponde a detenidos con estudios secundarios completos.
Antes de la pandemia, en cada una de las unidades había un espacio que se adecuaba para que funcione como escuela. En las unidades más pequeñas, por lo general no cuentan con un espacio específico, entonces se acondicionan otros ambientes, como la cocina o la sala de visitas de un pabellón, para dar clases.
Cuando comenzó el aislamiento, adaptar el sistema a la virtualidad fue imposible. En primer lugar por la falta de conexión a internet en los penales y en segundo lugar porque no hay computadoras para armar aulas virtuales, sumado a que los detenidos, hasta mediados de año, no podían tener teléfonos celulares a los pabellones.
La directora de nivel medio del CEPI, Helga Rostand, dijo a
que "sabemos que nuestros estudiantes cargan un estigma bastante grande en la sociedad, no son la población privilegiada, y entendemos que hay otras poblaciones escolares que están atravesando esta misma situación en el afuera, entonces sabemos que nuestros estudiantes no son prioridad. Son el último orejón del tarro en el sistema escolar".
La directora de primaria del CEPI, Elcira Sifuentes, lo definió de esta manera: "nosotros somos los últimos a los que el Concejo de Educación atendería porque están los otros niveles previos: primario, inicial, especial, medio y bueno, el contexto de encierro todavía está a la espera de que se ocupen y nos acompañen".
En diálogo con
, señaló que "en nuestro nivel no tenemos recursos, no tenemos partidas, no tenemos nada del Concejo Provincial de Educación. Cada escuela tiene su partida para limpieza, para refrigerio. Bueno, nosotros a nivel primario no tenemos absolutamente nada", enfatizó y apuntó que solo hay un fondo que el Concejo le da a la modalidad, que "no alcanza para nada".
Cuadernillos traspapelados en el laberinto penitenciario
Si la pandemia sorprendió y trastocó la forma de llevar adelante la enseñanza en todos los niveles, la adopción de nuevas formas y métodos no se dio igual en todos los ámbitos educativos. La educación en contextos de encierro tuvo particularidades y dificultades propias.
"En ninguna de las unidades había conectividad. Tampoco contábamos con máquinas ni dada por el estilo como para ponerlas a disposición, entonces se apeló a cuadernillos que los docentes realizaban, se sacaba fotocopia y se les entregaba a las autoridades de los penales", indicó Rostand.
A su vez, cuando comenzó el ASPO "teníamos imposibilitada la circulación y tampoco podíamos ingresar a las unidades entonces habíamos establecido que algunas autoridades se acercaran a los domicilios del referente o directivo, entregaran los cuadernillos a quien había que entregárselos, se establecían las fechas de devolución, utilizando al Servicio Penitenciario como mediador", agregó.
"Eso trajo aparejado que el contacto con nuestros estudiantes no fuera ni por casualidad posible, porque no teníamos los medios", remarcó la docente.
Por su parte, Sifuentes apuntó que "el año pasado tuvimos que buscar la manera de revincularnos a nuestros estudiantes y la manera que encontramos fue planificar secuencias didácticas por medio de cuadernillos, que fueron hechos teniendo en cuenta a quién se los íbamos a ofrecer".
Agregó que entre las cosas que tuvieron en cuenta estuvo "la infantilización del contenido", dado que se trata de estudiantes adultos y jóvenes. "Nosotros no tenemos una currícula de adultos entonces la tuvimos que empezar a diseñar", indicó, porque "la presencialidad te da muchas posibilidades y el distanciamiento y el cuadernillo nos hicieron buscar estrategias para brindarles todas las herramientas plasmadas en el cuadernillo para que cada uno pudiera abordar sin mayores dificultades".
Luego indicó que "nosotros dejábamos los cuadernillos y luego recepcionábamos un 30 por ciento de lo que enviábamos. Seguridad era el nexo para entregarles el material y algunos, por ejemplo, fueron trasladados y llegaban estudiantes nuevos. Otros cuadernillos venían completos hasta la mitad, o con cuatro letras distintas. Hubo de todo".
Más allá de los contenidos, la desvinculación con los estudiantes es el agujero más difícil de saldar. "Nosotros trabajamos con estudiantes y no pudimos tener una charla o un acercamiento que no sea solamente por medio de un papel", graficó y se lamentó porque "nada va a reemplazar la presencialidad".
Sin computadoras ni internet: la virtualidad imposible
A mediados del año pasado la justicia autorizó el ingreso de teléfonos celulares a los pabellones para que las personas detenidas puedan comunicarse con sus familiares, ante la prohibición de las visitas presenciales. El acceso a un aparato quedó sujeto a las posibilidades del entorno de proveérselo y abrió una ventana a la educación virtual.
El problema, explica Rostand, es que los celulares "no son todos nuevos, no todos tienen cámara, algunos tienen el Nokia con el que sólo llaman a los familiares, así que no podemos contar con los aparatos de los estudiantes" para fines educativos.
Desde el CEPI tienen que proveer a los pabellones de computadoras para armar aulas virtuales donde los alumnos puedan conectarse con sus docentes. Pero "tampoco es que nosotros contamos con muchas computadoras", aclaró Rostand, sino que "las que tenemos ahora fueron donaciones", que quedan al resguardo de cada institución y las pueden usar los estudiantes en las instancias de examen o para reproducir videos que les envían los docentes con contenidos.
En ese sentido, están solicitando al Ministerio de Educación que cuando lleguen las netbooks que prometió el gobierno nacional, algunas de ellas, sean destinadas a las unidades para crear aulas virtuales. "Eso va a facilitar que haya máquinas en todos los lugares y ahí podemos pelear un poquito mejor la provisión de la conectividad, que es el otro problema", explican.
Hasta el día de hoy, las unidades carcelarias de la provincia siguen sin contar con conexión a internet. El servicio debe ser garantizado por el ministerio de Seguridad de la provincia. Hasta ahora, solo hay conexión para los policías y, según Rostand, "lo están pagando de su bolsillo".
En la unidad penal de San Martín de los Andes se firmó un convenio con la cooperativa de internet local y se les facilitó la conectividad a los estudiantes, que pudieron tener videollamadas para dar clases durante el año pasado. Pero en el resto de las unidades eso no ocurrió.
"Nosotros tenemos un déficit enorme en el tema virtual", afirmó Sifuentes y graficó que "en la Unidad 11 hace un año que nos están diciendo que el cableado ya está, que vamos a poder utilizarlo, pero no. Siempre falta un cable, un aparato que conecte la señal con el aula, entonces no se ha podido".
Un año y medio de pandemia y ningún protocolo
Ante la distención de las medidas de aislamiento, cuando comenzó el ciclo lectivo este año, los docentes pudieron ingresar a las unidades a llevar cuadernillos. Pero no a dar clases.
Rostand explicó que "se estaba armando un protocolo específico para la escuela en cárceles teniendo en cuenta las características de los espacios escolares que tenemos, pero esto va a quedar ahí en stand by si se vuelve atrás con la posibilidad de circular".
"Hasta que los ministerios de Educación y de Salud no se pongan de acuerdo en este protocolo que nos han pedido que hagamos, nosotros no nos podemos acercar", agregó Sifuentes, y clamó que "nosotros necesitamos que Salud avale nuestro protocolo".
"Ahora con las nuevas restricciones estamos pendientes de un hilito de volver a que se nos imposibilite entrar a las unidades. Si se vienen restricciones mayores, lamentablemente, vamos a tener que insistir con esto de la conectividad", apuntó Rostand.
Las consecuencias del desbarajuste del año pasado es que mucho de los estudiantes decidieron recursar el año. "No desertaron pero sí pidieron volver a hacer el año", señaló y amplió que "algunas personas que quedaron con muchas o todas las materias en proceso pidieron volver a hacer el año porque no entendieron, porque se les complicó, porque se les extraviaron los cuadernillos o porque nos mandaban los cuadernillos pero a nosotros no nos llegaban".
Sifuentes afirmó que "lo único que esperamos a esta altura es tener la conectividad y revincularnos con los estudiantes a través de una plataforma, poder verlos y que ellos sepan que de este lado estamos nosotros y los podemos acompañar".
Rostand, para finalizar, indicó que "va a ser difícil conseguir las cosas que necesitamos pero de todas maneras tenemos que garantizarles el derecho a la educación y tiene que ser de la mejor manera posible. Lo estamos haciendo con los recursos que tenemos pero se requieren más".
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